Actualizado: 20/04/2018 10:20
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Venezuela, Petróleo, Maduro

Las refinerías en Venezuela al borde del colapso

Se teme que la producción siga cayendo mientras el país está cada vez más aislado y la industria petrolera carece de inversores, incluso entre sus aliados políticos

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La falta de mantenimiento, la desinversión, la politización de los cargos, la emigración de personal cualificado y la corrupción han llevado a las refinerías petroleras venezolanas casi al borde de la zona de colapso. En la actualidad, operan a un 30 % de su capacidad, en el mejor de los casos. A la espera de un informe técnico final, el Gobierno considera cerrar algunas de ellas o reducir su actividad al mínimo para centrarse en las que puedan ofrecer soluciones inmediatas, informa el diario español El País.

El bache, junto a una constante merma en las cotas globales de producción de Petróleos de Venezuela (PDVSA), que está ya certificada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y que es reconocida por miembros del Gabinete de Nicolás Maduro, está generando fallas graves en el abastecimiento de combustible. Rafael Quiroz, profesor de postgrado en Hidrocarburos en la Facultad de Economía de la Universidad Central de Venezuela, afirma que la producción petrolera del país está llegando a sus niveles más bajos en 70 años: 1,5 millones de barriles diarios. A finales de 1997, la producción petrolera venezolana sobrepasaba holgadamente los tres millones de barriles, y en 1970 había llegado a arañar los cuatro millones. Quiroz sostiene que en la OPEP están previendo que el desplome de PDVSA podría colocar la producción venezolana en el sótano de los 1,2 millones de barriles diarios a finales de este año.

Por primera vez en su historia, el país ha tenido que recurrir masivamente a la compra de gasolina importada para cubrir su demanda interna. En muchas ciudades venezolanas han sido frecuentes, por temporadas, largas filas de coches aguardando su turno para poder abastecerse. En regiones enteras solo se consigue desde hace mucho tiempo combustible de 91 octanos. También son muy escasos, y están exorbitantemente caros, los aceites para motores, las ligas de frenos, el combustóleo y el combustible para la aviación, todos productos tradicionalmente abundantes y muy económicos en Venezuela.

Los mandos de PDVSA están haciendo un esfuerzo por mantener en la pertinencia operativa la refinería de Amuay, en el Estado Falcón, que pertenece al Complejo Refinador de Paraguaná, el más grande del mundo, y que comprende además las refinerías de Cardón y Bajo Grande. La compañía ejecuta traslados de personal y el uso de repuestos de otros centros del país para mantenerla a flote. Las tres plantas tienen una capacidad instalada de cerca de un millón de barriles diarios de petróleo.

Quiroz no duda en señalar que la fosa en la cual se encuentra metida PDVSA —señalada varias veces por la revista América Economía como la sociedad mercantil más poderosa de Latinoamérica en sus informes—, guarda relación con la dispersión y politización de sus objetivos y el relajo absoluto de sus protocolos de mantenimiento en los años del chavismo. Una situación que llevaba años evidenciando síntomas en graves accidentes industriales que nunca fueron investigados.

La crisis de PDVSA se concreta en un momento en el cual parte importante de sus gerentes más conocidos enfrentan graves acusaciones de corrupción. Esto incluye a sus tres últimos presidentes: el otrora poderoso Rafael Ramírez, mano derecha de Hugo Chávez, hoy en el exilio y Eulogio del Pinto y Nelson Martínez, que han ocupado el puesto durante la Administración de Nicolás Maduro y ya están en prisión.

Para intentar salvar las operaciones en Amuay, Petróleos de Venezuela intentó concretar un acuerdo con la petrolera rusa Rosneft, y con China Petroleum Corporation, aliados tradicionales de Caracas. El pacto iba a contemplar una inversión masiva y una reposición total de equipos, que obligarían al Gobierno de Maduro a hipotecar Citgo (filial estadounidense de PDVSA) como garantía. El acuerdo no llegó, sin embargo, a concretarse en virtud de la magnitud de las inversiones planteadas y la imposibilidad que tendrían los inversores en controlar las decisiones y las utilidades de aquel esfuerzo, impedidos como están por las propias regulaciones de la legislación venezolana.

Hicieron falta casi dos décadas de chavismo para convertir el mar de petróleo sobre el que flota Venezuela en un espejismo. Y no porque se hayan agotado las riquezas, sino por el profundo descalabro de la industria petrolera venezolana, los desmanejos y abusos del régimen, y una inoperancia que puso de rodillas a un sector que fue la envidia de América Latina, señala por su parte infobae.

Pero hay peores noticias: la crisis no tocó fondo, la producción de crudo sigue en picada y los efectos del colapso aceleran un contagio político y social que amenaza con desestabilizar a los países vecinos.

Un informe del think tank Atlantic Council, de Washington, elaborado por el reconocido especialista Francisco Monaldi, le puso números al deterioro.

La producción, indica el trabajo, está hoy “en los niveles de la década del 80”: 1,6 millones de barriles diarios en enero y 1,55 en febrero, 29 por ciento menos que un año atrás y menos de la mitad de lo que era cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999.

La producción está hoy en los niveles de la década del 80, menos de la mtad de lo que era cuando Hugo Chávez llegó al poder, en 1999.

La proyección en esa época era llevar la producción de crudo a 4 millones de barriles diarios, pero el destino se torció. “La crisis viene de largo, sus raíces están en el pasado”, graficó Monaldi, investigador del Instituto Baker de Políticas Públicas en Rice University. “El colapso de la industria petrolera ahondó la debacle económica de Venezuela”, agregó.

El panorama es alarmante para un país con una dependencia casi total de un sólo sector productivo. “Mas de la mitad de lo que se produce no genera ingresos para la compañía nacional Petróleos de Venezuela SA (PDVSA). En vez, el petróleo es vendido con enormes pérdidas en el mercado local o es utilizado para repagar préstamos a cambio de crudo, principalmente a Rusia y China”, indica el informe del Atlantic Council, titulado El Colapso de la Industria Petrolera de Venezuela y sus Consecuencias Globales. “Los pagos atrasados a socios y proveedores se apilan, lo que lleva a las empresas de servicios a reducir su actividad en el país y desincentiva la participación de empresas extranjeras en joint ventures con PDVSA”, sigue.

A diciembre de 2017, PDVSA acumulaba una deuda financiera de $3.000 millones con socios, de los cuales $1.580 millones adeudaba a la china CNPC, $690 millones a Chevron y $580 millones a Repsol. “Pero esto no incluye una deuda muy superior con (la firma rusa) Rosneft, de unos $5.000 millones”, según consigna el informe. Así y todo, Venezuela sigue entregando —a cambio de respaldo político para el régimen— unos 50.000 barriles diarios a países del Caribe, principalmente Cuba.

Como señaló Monaldi en la presentación de su informe, en la que estuvo Infobae, en manos del régimen de Nicolás Maduro la industria petrolera venezolana “ingresó en una espiral de muerte”.

Coincidió en esta evaluación David Goldwyn, director del Atlantic Council y presidente de la consultora en energía Goldwyn Global Strategies, quien afirmó que “no hay nuevas inversiones en la industria del petróleo en Venezuela y se acelera el declive, con la consecuente interrupción en la cadena de pagos y el agravamiento de la situación de los trabajadores del sector”. A su juicio, la producción debería rondar hoy los 5 millones de barriles diarios.

Durante años el chavismo usó los recursos de PDVSA para comprar lealtad, pero ahora no hay más plata y empiezan a verse las divisiones que hay en el régimen

La violencia política, los índices alarmantes de pobreza, que llega al 80 %, y la ola de refugiados están llevando la crisis a los países vecinos. “La seguridad regional está en riesgo, ya son más de 600.000 los refugiados venezolanos en Colombia y los números suben. Hay un potencial de desestabilización en los países vecinos y en el Caribe”, sostuvo Rebecca Bill Chavez, subsecretaria de Defensa para el Hemisferio Occidental del Departamento de Defensa entre 2013 y 2017, durante el Gobierno de Barack Obama.

El gran interrogante es qué puede pasar en el futuro. Según Monaldi, la producción de crudo en Venezuela “seguirá en declive”, con una caída estimada a lo largo de 2018 de entre 250.000 y 350.000 barriles diarios adicionales, “pero que podría ser mucho mayor si el default venezolano es total y se le imponen más sanciones” al régimen.

La reconstrucción de la devastada industria petrolera demandaría unos $15.000 millones anuales si se quiere mejorar la producción en un millón de barriles diarios en la próxima década, y esos fondos no pueden surgir de PDVSA, sino que tienen que provenir de inversores externos. No va a ocurrir mientras Maduro esté en el poder. “El escenario más realista —afirmó el experto del Atlantic Council— es que la producción siga cayendo, haya menos inversiones extranjeras en el sector petrolero venezolano y el país esté cada vez más aislado del mundo”.


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