Actualizado: 31/10/2020 1:43
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EEUU, Pandemia, Trump

Los riesgos de Trump y de quienes le rodean

El presidente presumió de los tratamientos desarrollados en EEUU para atender a los pacientes de covid-19, pero algunas de las drogas que él recibió solamente están al alcance de unos pocos privilegiados

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“¡Me siento mejor de lo que me sentía hace 20 años!”, dijo eufórico Donald Trump al salir del hospital después de sólo tres días de tratamiento por covid-19.

Pese a su energía no se puede decir que esté plenamente recuperado y muchos han criticado su rápido retorno a la Casa Blanca, donde sigue con su tratamiento y mejorando, según sus médicos, informa la BBC.

“Nadie que sea un líder no haría lo que hice. Y sé que hay un riesgo, un peligro, pero está bien”, dijo el lunes al retornar a su residencia.

El martes en la mañana el mandatario publicó numerosos tuits en los que ratificaba lo bien que se sentía y expresaba su deseo de regresar a la campaña electoral y en participar en el próximo debate en contra de su rival por el Partido Demócrata, Joe Biden, previsto para el 15 de octubre en Miami.

Pese a la imagen de normalidad que se transmite desde la Casa Blanca, la decisión de Trump de abandonar el centro médico donde era atendido en un plazo tan breve conlleva algunos riesgos de salud y políticos de importante calado.

Riesgos para Trump

Aunque Trump fue autorizado para abandonar el centro de salud donde estaba recluido, su médico tratante, el doctor Sean P. Conley, había reconocido el mismo lunes que el mandatario aún no estaba fuera de peligro.

El presidente estadounidense suma al menos tres factores de riesgo para la covid-19: es hombre, tiene 74 años y sufre de sobrepeso.

Dadas estas condiciones, los especialistas consideran que debe estar bajo cuidadosa observación durante al menos los primeros diez días luego de haber sido detectada la infección, pues en ese periodo el estado de este tipo de pacientes puede deteriorarse rápidamente.

Argumentando que las leyes sobre privacidad de los pacientes les impiden ser más específicos, los médicos de Trump han dejado numerosos vacíos sobre el estado de salud del mandatario, incluyendo algunos elementos fundamentales como el estado de sus pulmones.

Sin embargo, entre los datos que han revelados hay alguno que encienden las alarmas: el uso de la dexametasona.

Según explica James Gallagher, corresponsal de Ciencia y Salud de la BBC, este esteroide ayuda a salvar vidas al aplacar el sistema inmune del paciente y evitar una reacción excesiva, pero debe ser aplicado en el momento adecuado pues si se administra demasiado pronto puede empeorar las cosas al limitar la capacidad del cuerpo para combatir el virus.

“Este no es un medicamento que usualmente le daría en la fase leve de la enfermedad”, señala Gallagher.

La OMS recomienda el uso de esteroides en casos “severos y críticos”. En lo que concierne a Trump, sus niveles de oxígeno en sangre llegaron a caer durante el fin de semana por debajo de 94 %, que es uno de los criterios usados por los Institutos Nacionales de Salud para considerar que hay una “enfermedad grave”.

Riesgos para los otros

Durante el fin de semana que estuvo hospitalizado, Trump salió del hospital en un auto blindado para saludar a un grupo de sus partidarios que se habían congregado cerca del centro médico.

Muchos especialistas no dudaron en calificar el paseo como “irresponsable” por cuanto, al tratarse de un vehículo sellado, el mandatario podía estar exponiendo de forma innecesaria a un contagio a los agentes secretos que le acompañaron.

La sorpresiva y criticada salida de Trump del hospital para saludar a sus seguidores

Ahora que está en la Casa Blanca, la presencia de Trump puede exponer al contagio al personal que allí trabaja, especialmente si como ya hizo el lunes al llegar allí, insiste en quitarse la mascarilla.

Recientemente numerosas personas que trabajan o han asistido a la residencia presidencial han dado positivo en los test de covid-19.

En respuesta a las inquietudes por los posibles contagios tras el regreso de Trump, la portavoz de la Casa Blanca Judd Deere afirmó que están tomando “todas las precauciones” para proteger tanto a la familia presidencial como al personal que labora allí.

Pero el alta médica del mandatario implica otros riesgos de salud para el conjunto de estadounidenses y, en especial, para sus seguidores por los mensajes que Trump ha transmitido en torno a su experiencia como paciente.

Hasta el martes, Estados Unidos seguía siendo el país con mayor número de infectados (más de 7.400.000) y de muertes (más de 210.000) en el mundo. Sin embargo, en su mensaje al país Trump dijo que no había que temer a la enfermedad y que, incluso, se sentía mejor que hace 20 años.

De igual modo, el presidente estadounidense presumió de los medicamentos y tratamientos desarrollados en ese país para atender a los pacientes de covid-19 pero, en realidad, algunas de las drogas que él recibió solamente están siendo administradas a pacientes que están participando en ensayos clínicos y a unos pocos escogidos como Trump.

Las palabras de Trump causaron preocupación entre sus críticos, que afirman que pueden llevar a las personas a bajar la guardia ante la enfermedad.

Por si fuera poco, el presidente estadounidense publicó en Twitter y Facebook un mensaje en el que insinuaba que la covid-19 podía ser incluso menos letal que la gripe estacional.

Facebook borró el post y Twitter lo ocultó, porque violaba sus reglas sobre información engañosa y potencialmente dañina en relación con la covid-19.

Riesgos para su campaña

Según la prensa estadounidense, cuando Trump resultó positivo por covid-19, algunos de sus asesores vieron una oportunidad para que el mandatario le diera un giro a las críticas recibidas por el manejo de la pandemia, así como a los señalamientos del Partido Demócrata, que le acusa de intentar minimizar la gravedad de la enfermedad.

El planteamiento era que, tras recuperarse plenamente, el mandatario podía reincorporarse a la campaña electoral con un mensaje empático dirigido a todas aquellas familias estadounidenses que habían sido golpeadas por la pandemia y, al mismo tiempo, ofrecer un discurso optimista resaltando que pese a lo dura que es la enfermedad sí es posible superarla.

Esta idea, sin embargo, no llegó lejos.

En sus mensajes tras recibir el alta, Trump no hizo mención alguna al resto de estadounidenses afectados por la enfermedad, ni siquiera a aquellos que trabajan en la Casa Blanca; y, en lugar de destacar los peligros de la enfermedad, transmitió la imagen de que no es nada que deba preocupar demasiado.

“Parece que su equipo de campaña no discutió la idea con su candidato. Tú esperarías que alguien que ha pasado por una crisis de salud grave hubiera tenido una suerte de despertar, que encontrara algo religioso en esto, pero él parece incapaz de hacerlo”, dijo Brendan Buck, quien fue asesor del expresidente del Congreso Paul Ryan, a The New York Times.

Con su actitud actual, Trump parece haber redoblado la apuesta por su estrategia previa, una en la que la pandemia es un “virus chino” que será derrotado por la vacuna y los tratamientos médicos que desarrolla Estados Unidos bajo su gobierno.

Esa retórica podría reforzar la percepción negativa que una parte del electorado tiene sobre el manejo que ha hecho la Casa Blanca de la pandemia, pero también le permite presentar la enfermedad como una de muchas batallas que Trump ha debido enfrentar y superar durante su mandato y que incluye la investigación sobre los supuestos vínculos de su campaña en 2016 con Rusia y el fallido intento de impeachment en su contra.

Esta idea fue expresada por Miranda Devine en un artículo en el tabloide sensacionalista New York Post —una publicación impresa similar a Fox News, aunque incluso de inferior calidad— que el propio Trump citó en Twitter:

“Si el presidente regresa a la campaña, será un héroe invencible que no solamente sobrevivió a las trampas sucias que los demócratas le lanzaron, sino también al virus chino. Él le mostrará a Estados Unidos que ya no tenemos que tener miedo”, escribió Devine.

Se trata de un discurso que rechaza una parte del electorado estadounidense pero que le ofrece una épica que puede ayudar a mantener movilizados a sus votantes cautivos.


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