Actualizado: 21/07/2019 2:08
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Haití

¿Qué canción va a entonar “Sweet Micky”?

Toma posesión en Haití un popular cantante, Michel Martelly, que estuvo a punto de ni siquiera pasar a la segunda vuelta

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En Haití ha pasado de todo últimamente: un seísmo arrasador, una epidemia de cólera fulminante, un huracán sin piedad, el regreso incólume de los antiguos dictadores y, por último, unas elecciones presidenciales muy confusas, animadas y pintorescas.

Pero a partir de hoy tienen un nuevo presidente aunque el futuro no sea, ni siquiera, previsible.

El resultado de todo esto se materializa con la toma de posesión del presidente Michel Martelly, de 50 años, un popular cantante que estuvo a punto de ni siquiera pasar a la segunda vuelta.

Martelly juramenta el cargo delante del símbolo de las vicisitudes recientes de su país, el derruido Palacio Nacional —que albergó desde el dictador François “Papa Doc” Duvalier hasta el ahora desempleado presidente René Préval— y que se encuentra rodeado de campamentos de refugiados, desplazados por el seísmo de enero del 2010.

Martelly es conocido como “Sweet Micky”, algo así como el “el sabroso Micky”, un nombre que lo hizo uno de los cantantes más populares de Haití, pero está por probarse si seguirá siendo conocido así, una vez ejerciendo el poder, con todo tipo de compromisos, arreglos, escollos y ocultas intenciones.

El flamante mandatario asume el cargo en medio de una profunda crisis cuyas vertientes, económica y anímica. No se sabe cuál es la mayor. El país sobrevive literalmente de la caridad internacional y la lentitud en la reconstrucción no anima a nadie ni genera esperanzas en el futuro.

No existe nada en Haití, exceptuando los haitianos. El sistema jurídico es una farsa, la máquina estatal yace todavía soterrada en los escombros del seísmo, la salud pública es un chiste, las escuelas sobreviven a duras penas y la sociedad legislativa es una interrogante. No tiene ni siquiera espacios donde ejercer sus funciones, ya que los edificios del Senado y el Parlamento no resistieron el terremoto.

El progreso de la reconstrucción es lento. Aunque el actual primer ministro, Jean Max Bellerive, se multiplica en esfuerzos de movilizar la comunidad internacional para ayudar a la reconstrucción, lo cierto es que de los 1.000 millones de dólares anuales prometidos, ni el 10 % han llegado al país.

Es por ello, que los analistas esperan que en un muy corto espacio de tiempo, pese a que lo eligieron en un ambiente de euforia popular, a Martelly se le agotará la “luna de miel” con sus conciudadanos. En el fondo, todo el liderazgo político haitiano se ha enfrascado en el último año en una lucha intestina donde ha primado la conquista de espacios políticos sobre la solución de los problemas reales de la población.

Durante el proceso electoral, tanto presidencial como legislativo, nunca se cumplieron ninguno de los plazos establecidos. Los resultados de las presidenciales nacieron polémicos, el cesante presidente Préval intentó que el ganador de la primera vuelta de los comicios fuera su yerno, el empresario Jude Célestin, pero la Comisión Electoral Provisional, agobiada con las quejas populares de que Martelly resultó quedar en segundo lugar, tardó dos meses en decidir proclamarlo.

Al mismo tiempo, los partidos gubernamentales, cuestionaron los resultados de las legislativas, y la segunda vuelta, entre Martelly y la ex primera dama Mirlande Manigat, se llevó a cabo sin que nadie supiera cual era la base de apoyo en el Parlamento y el Senado con que el vencedor iba a gobernar.

Martelly, tampoco ayudó mucho a esclarecer el escenario. Su dos campañas nunca dejaron claramente establecidas sus prioridades. Hubo muchas promesas pero casi ninguna explicación de cómo las implementaría y, mucho menos, una visión clara de cómo vislumbra el futuro del país.

En eso, se espera que su discurso inaugural del sábado redunde en algunas explicaciones o ideas. De todos formas, cualquiera que sea su objetivo, implementar cualquier idea hoy día en Haití es una tarea de titanes.

El desempleo es desastroso ni se anticipa claramente la creación masiva de empleos. En casi año y medio no se ha invertido un centavo en desarrollo y Martelly va a tener que gobernar con un Parlamento en el cual la oposición a su elección es la mayoría. Aunque no tengan donde sentarse. La crisis se resolvió hace un mes, con la proclamación de los resultados de las legislativas que, tal como las presidenciales, valieron más las negociaciones que los designios populares.

Lo único nuevo en la ceremonia de posesión de Martelly este sábado son dos cosas. Por primera vez un candidato presidencial recibe el poder de un opositor y en el país estarán asistiendo a la ceremonia —sin duda por televisión— dos ex dictadores: el tenebroso Jean Claude “Baby Doc” Duvalier, diestro en la porra, la tortura y la muerte, y el ex padre salesiano, Jean Bertrand Aristide, que de líder popular se convirtió en un consumado agiotista de la ayuda estadounidense que lo regresó al poder, en 1994.

¿Qué canción va a entonar “Sweet Micky” para dar un futuro claro y próspero a los suyos?


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