Actualizado: 15/12/2017 17:30
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EEUU, Israel, Turquía

Tres posibles consecuencias de la decisión de Trump sobre Jerusalén

En el mismo Israel, hay hebreos que están en contra de lo adoptado por el mandatario de Estados Unidos

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“Esto no es más que el reconocimiento de la realidad”. Con esas palabras, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, justificó el miércoles su decisión de considerar oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel y de poner en marcha el traslado de la embajada estadounidense desde Tel Aviv hasta la llamada Ciudad Santa.

El mandatario estadounidense justificó la medida con el argumento de que Jerusalén es la sede actual de los poderes públicos de Israel y que, incluso, allí han acudido todos los mandatarios estadounidenses a reunirse con sus contrapartes israelíes, informa la BBC.

Pero esa situación de hecho es algo cuya legitimidad que no era reconocía por ningún país. Sólo Rusia había señalado este año que veía a Jerusalén oeste como la capital de Israel y a Jerusalén oriental como la del futuro Estado palestino.

Trump también solicitó mantener el statu quo en relación con los lugares sagrados de Jerusalén y ratificó el compromiso de su Gobierno con el proceso de paz entre israelíes y palestinos, así como el suyo a apoyar una solución de dos estados, en caso de que eso sea lo que acuerden las partes.

Sin embargo, su decisión generó fuertes críticas, no sólo por parte de países del mundo árabe-musulmán sino además de la Unión Europea y de la ONU.

BBC Mundo te cuenta sobre tres de las probables consecuencias de los anuncios hechos por el mandatario de Estados Unidos.

Una ola de protestas

Cuando a inicios de esta semana Donald Trump realizó una serie de contactos con los líderes de diferentes países para comentarles sobre la decisión que tenía previsto tomar sobre Jerusalén, se levantaron numerosas voces de alerta sobre el malestar que semejante medida podía generar entre la población árabe-musulmana.

El martes en la tarde, un conjunto de organizaciones nacionalistas palestinas y de grupos islamistas emitieron una declaración conjunta llamando a tres días de “ira popular” para protestar en los territorios palestinos, así como manifestaciones ante las embajadas y consulados de Estados Unidos alrededor del mundo.

Esas manifestaciones empezaron a producirse de forma pacífica el miércoles, aún antes de que la decisión estadounidense se hiciera oficial, en los propios territorios palestinos y en los campos de refugiados palestinos en Líbano.

Luego, empezaron a ser replicadas en ciudades como Ankara, donde hubo una protesta frente a la embajada de Estados Unidos, y en Ammán, donde hubo manifestaciones callejeras en contra de Estados Unidos e Israel.

Pero las protestas pueden aumentar de forma importante a partir de este jueves, pues cuando Trump pronunció su discurso ya era de noche en Medio Oriente.

“Esta decisión abre las puertas del infierno para los intereses de Estados Unidos en la región”, dijo a la prensa Ismail Radwan, un portavoz del movimiento palestino Hamás en la Franja de Gaza, tras haberse hecho oficial la decisión estadounidense.

Pocas horas más tarde, todos los grupos palestinos convocaron para este jueves a una huelga general, con movilizaciones masivas.

Más allá de la condena a la decisión estadounidense, el gobierno de Irán advirtió sobre los riesgos de una “nueva intifada”.

“La provocadora e insensata decisión de EEUU va a incitar a los musulmanes y va a enardecer una nueva intifada y una escalada de comportamiento radical, violento e iracundo”, señaló el Ministerio de Exteriores iraní en su página web.

Debilitamiento del proceso de paz árabe-israelí

Pese a las reiteradas menciones que hizo Trump durante su discurso sobre su compromiso con el proceso de paz entre árabes e israelíes, la decisión sobre Jerusalén puede afectar el papel de Washington en las negociaciones.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, criticó el anuncio del mandatario estadounidense y señaló que “equivale a que Estados Unidos renuncie a su papel como mediador de la paz”.

“Esto significa una demolición de todos los esfuerzos que se han hecho para alcanzar la paz”, afirmó Abbas en un discurso televisado.

Alcanzar un acuerdo definitivo entre árabes e israelíes es uno de los objetivos de política exterior que desde su llegada a la Casa Blanca se trazó Trump, quien puso al frente de esos esfuerzos a su yerno Jared Kushner.

Shibley Telhami, investigador principal del Centro sobre Políticas de Medio Oriente del Instituto Brookings, advirtió que la decisión de Trump sobre Jerusalén podría obligar al presidente palestino a abandonar los diálogos de paz.

“Incluso si Trump pudiera lograr que Abbas se tragara la jugada, la influencia que Abbas tendría que gastar para mantener cierto grado de legitimidad entre los palestinos inevitablemente vendrá a expensas de su capacidad para convencerlos de aceptar algún acuerdo que Trump ofrezca”, advirtió Telhami en un análisis publicado el martes pasado.

Crisis en el frente contra Irán

Telhami advirtió que la decisión del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel va en contra de algunos de los objetivos que el Gobierno estadounidense se ha fijado como confrontar la creciente influencia de Irán y luchar contra los grupos islamistas.

“Jerusalén es el tema perfecto que pueden usar Irán y los militantes islamistas para movilizar apoyos en contra de Estados Unidos y de quienes respaldan sus políticas”, escribió.

Los avances que alcanzó Teherán en los últimos años en su programa nuclear generaron gran preocupación tanto en Israel como entre los países árabes sunitas del Golfo, los cuales coincidían en su oposición al acuerdo con los iraníes respaldado por el Gobierno de Barack Obama.

Este proceso terminó impulsando un acercamiento entre Arabia Saudita e Israel, países que comenzaron a intercambiar información de inteligencia. Algo inédito hasta ahora.

“Con el presidente Trump hay una oportunidad para una nueva alianza internacional en la región y para un gran plan estratégico para detener la amenaza iraní”, dijo a mediados de noviembre pasado el jefe de gabinete de las Fuerzas de Defensa de Israel, Gadi Eisenkot, en una inusual entrevista publicada por un periódico saudita.

Sin embargo, la decisión sobre Jerusalén podría causar ruido en este acercamiento diplomático.

“Si Trump hubiera distinguido entre Jerusalén oriental y Jerusalén occidental, le habría podido dar cierto margen de maniobra a países árabes, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que han estado analizando la posibilidad de construir una nueva relación con Israel, pero no lo hizo”, dijo Hussein Ibish, investigador principal del Arab Gulf States Institute, con sede en Washington, en una entrevista con la BBC.

El impacto puede ser aún mayor pues también podría afectar los vínculos entre Turquía e Israel, dos aliados tradicionales de Estados Unidos en la región.

El martes pasado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, advirtió que el reconocimiento de la capitalidad de Jerusalén por parte de Estados Unidos era una “línea roja” para los musulmanes y afirmó que si eso ocurría su respuesta “podría llegar incluso hasta la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel”.

Turquía es un aliado importante para Washington en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico.

Pero la decisión de Trump no solo es objetada por los aliados de Estados Unidos en el mundo árabe-musulmán.

El próximo viernes el Consejo de Seguridad de la ONU realizará una reunión de emergencia para discutir este asunto: el encuentro fue convocado por ocho de los 15 miembros de ese organismo, incluyendo a Reino Unido, Francia, Suecia, Italia y Egipto.

Daniel Seidemann no tiene dudas de que la decisión del presidente de Estados Unidos, el más férreo aliado que tiene Israel, será contraproducente.

“Es claramente una decisión desestabilizadora”, le dice a BBC Mundo quien fuera asesor del exprimer ministro Ehud Barak (1999-2001), quien considera que “los israelíes, los palestinos y los estadounidenses estarán menos seguros”.

“¿Qué es lo más importante en pos del genuino interés nacional de Israel? El reconocimiento no servirá para solucionar la cuestión de fondo”, añade.

Seidemann, director de Terrestrial Jerusalem —una ONG que se dedica identificar el desarrollo de los controvertidos asentamientos israelíes en Jerusalén— no es el único dentro de Israel en advertir del posible impacto en la seguridad en la región.

“No sé cuáles serán las consecuencias sobre el terreno. ¿Qué pasará en los próximos días? No sé qué esperar”, dice en diálogo con BBC Mundo el parlamentario Ayman Odeh, líder de Lista Unida, el tercer bloque en importancia en la Knesset, la asamblea unicameral israelí.

“En cierto modo”, apunta, “es solo cuestión de tiempo para que las cosas exploten. Esto alimenta la desesperanza. Y cuando la gente se siente así, más siente que no tiene nada que perder y algunos pueden recurrir a la violencia”.

Poco más de 300.000 palestinos viven en Jerusalén y representan el 37 % de la población. En la práctica hay zonas de la ciudad que ya funcionan como la capital israelí: el Parlamento, los Ministerios, el Banco Central y el Tribunal Supremo están allí.

EEUU se ha convertido en el primer país en reconocer a Jerusalén como la capital israelí desde la fundación del Estado de Israel en 1948 y Odeh, quien ha descrito a Trump como un “pirómano que podría incendiar la región con su locura”, desaprueba cualquier decisión unilateral.

“Para la paz se necesita una reconciliación histórica. Hoy en la Knesset hablé con parlamentarios que entienden que el único camino para la paz es una solución compartida, pero que me decían que no pueden salir a decirlo”.

Eran Tzidkiyahu tiene 36 años, es israelí y nació en Jerusalén Oeste. Rodeado de aldeas árabes se convenció de que la ciudad era una.

“Es muy difícil de entender. Es estúpido”, le dice a BBC Mundo sobre la decisión de Trump. “No mejora nada sobre el terreno. No nos va a acercar a un acuerdo”.

Tzidkiyahu es investigador de The Forum for Regional Thinking (Foro para el Pensamiento Regional), un centro de análisis israelí, y organiza recorridos “turísticos geopolíticos” por Jerusalén Este, la que menos conocen los israelíes y donde los árabes son mayoría.

“No se eliminará ningún punto de control, ningún asentamiento, no tendrá un impacto real en la vida de los palestinos”, apunta, pero aclara que “le demostrará a muchos que la resolución política no está en el horizonte”.

Ello, dice, puede tener implicaciones como un incremento de la violencia y el refuerzo de la postura de quienes del lado palestino no buscan una solución pacífica al conflicto.

Jerusalén, concluye, “es definitivamente parte del problema, debe ser parte de la solución. Lo digo como israelí y en el interés de Israel. No veo la lógica en que se den pasos que fomenten la violencia y la desesperanza. No me importa ser una minoría. Me importa mi integridad intelectual”.


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