Actualizado: 18/10/2017 20:02
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EEUU, Trump, Clima

Trump aisla a EEUU

Estados Unidos se suma a Nicaragua y Siria, en no compartir los compromisos adoptados en París a finales de 2015 sobre el cambio climático

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El presidente Donald Trump renunció el jueves a liderar la lucha global contra el cambio climático e irritó a sus aliados al anunciar su retirada del Acuerdo de París, una decisión que no destruirá el pacto, pero sí dañará los intereses estadounidenses en el mundo, según expertos consultados por Efe.

El populismo y el aislacionismo se impusieron sobre los ruegos del G7 y de muchas empresas estadounidenses en la esperada decisión de Trump, que sumó a Estados Unidos a la minúscula lista de dos países —Nicaragua y Siria— que no comparten los compromisos adoptados en París a finales de 2015, informa la agencia Efe.

Trump, que podría haber decidido sencillamente cambiar sus compromisos bajo el pacto, optó en cambio por hipotecarlo todo por un guiño a su base electoral, con un dramático discurso en el que prometió “recuperar la soberanía” de EEUU y subrayó que no le eligieron los ciudadanos de París, sino los de Pittsburgh (Pensilvania).

“Hoy Trump anunció que Estados Unidos ya no es un líder y ya no quiere ser un líder”, dijo a Efe un reconocido experto en cambio climático y relaciones internacionales, Adil Najam, decano en la Escuela de Estudios Globales de la Universidad de Boston.

“El verdadero impacto de esta decisión no se notará en el cambio climático, ni siquiera en el Acuerdo de París. El verdadero golpe ha sido a la posición de Estados Unidos en el mundo”, añadió Najam.

La “abdicación de liderazgo” por parte de Trump, según el experto, deja vía libre para que otras potencias como China y la Unión Europea (UE) asuman esa posición y moldeen las acciones internacionales de acuerdo a sus intereses, al tiempo que añade irritación a sus ya debilitadas relaciones con el bloque europeo.

Trump trató de suavizar el golpe al prometer que impulsará “negociaciones” para que Estados Unidos regrese “o bien al Acuerdo de París o a una nueva transacción (internacional sobre el cambio climático) bajo términos que sean justos” para su país.

La Casa Blanca aseguró poco después que el propósito de Trump de llegar a otro acuerdo “va en serio” y que planea abordar el tema con la oposición demócrata y los aliados de EEUU en el mundo.

Pero los expertos consultados por Efe no creen que esa oferta sea “viable”, dado que el Acuerdo de París “fue el resultado no solo de años, sino de décadas de conversaciones con un equilibrio de intereses muy delicado”, en palabras de Najam.

“Estados Unidos fue el país cuyos intereses se vieron mejor representados en el Acuerdo de París. No hay ninguna indicación de que el mundo pueda darle a EEUU más de lo que tiene”, apuntó Najam.

Más rotundo fue David Victor, un profesor de política global y cambio climático en la Universidad de California en San Diego, quien opinó que la oferta de renegociación de Trump es “completamente hipócrita”, porque “el diseño del acuerdo permitía a los países ajustar sus propios compromisos” sin necesidad de abandonarlo.

Lo que busca Trump al proponer una renegociación del acuerdo es “una tapadera para su propia inacción”, dado su “total falta de compromiso con el tema del clima”, afirmó a Efe el director del Centro de Políticas Medioambientales de la American University de Washington, Daniel Fiorino.

Alemania, Francia e Italia ya cerraron la puerta a una eventual renegociación del acuerdo en un comunicado conjunto, y los expertos consultados coinciden en que el pacto firmado en París seguirá adelante sin la participación de Estados Unidos, que además no podrá hacer efectiva su retirada hasta noviembre de 2020.

“El gran perdedor en todo esto será Estados Unidos, porque será visto como mucho menos creíble en otras áreas de cooperación internacional”, aseguró Victor a Efe.

Respecto al Fondo Verde para el Clima, la cancelación de las contribuciones estadounidenses provocará “problemas masivos”, pero no acabará con el mecanismo, según pronosticó Victor, porque ahora mismo “la mayoría del dinero ya proviene de otros países”.

En el plano interno, el guiño de Trump a sus votantes en las zonas mineras de Pensilvania y Virginia Occidental se quedará probablemente en poco más que en eso, porque “la energía renovable está creciendo en EEUU y es improbable que haya nuevas plantas energéticas alimentadas por carbón”, recordó Fiorino.

“Estados Unidos seguirá haciendo avances en la reducción de emisiones simplemente por las fuerzas del mercado y las acciones de estados como California y Nueva York”, añadió el experto.

De Barack Obama a líderes de grandes empresas, pasando por alcaldes rebeldes y legisladores demócratas, el adiós de la Administración de Trump al Pacto de París levantó el jueves una ola de críticas en Estados Unidos. Obama vio como otra de las señas de identidad de su legado como presidente, la política medioambiental, se rompió en pedazos y acusó a su sucesor de poner a América “en el pequeño puñado de países que rechaza el futuro”. Ese grupo incluía hasta ahora a Siria y Nicaragua, que se negaron a firmar el acuerdo, y ahora tiene a la primera potencia mundial.

“Hace un año y medio, el mundo se unió en París en torno al primer acuerdo global para situar al mundo en el camino de las bajas emisiones de carbono y proteger al planeta que dejamos a nuestros hijos”, dijo Obama en un comunicado, y recalcó que “fue el liderazgo firme y con principios de Estados Unidos en el escenario mundial el que hizo posible ese logro”, informa el diario español El País.

El demócrata se puso a la cabeza de la manifestación en la lucha contra el calentamiento global y quiso enterrar el pasado del Protocolo de Kioto, cuando Estados Unidos, bajo la Administración de George W. Bush, decidió no adherirse usando argumentos similares a los actuales. El acuerdo entró en vigor el 4 de noviembre de 2016. Cuatro días después, Trump se erigió vencedor de las elecciones presidenciales y muchos lo vieron peligrar. Hoy ya es un hecho: los americanos se salen.

La concienciación sobre el calentamiento global, sin embargo, va más allá de las ideas o decisiones del nuevo presidente americano, defendió Obama. “Confío en que nuestros Estados, empresas y ciudades darán un paso al frente y harán aún más para liderar el camino”.

Varias grandes empresas, de hecho, anunciaron justo tras el anuncio de Trump que seguirían adelante con sus medidas medioambientales. Bill Gates recalcó que el cambio climático es “una preocupación seria” y se comprometió a “continuar su trabajo de décadas para reducir las emisiones de efectos invernadero y para ayudar a nuestros clientes a hacerlo también”. Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, confirmó que se marchaba del consejo de asesores que formó Trump con conocido ejecutivos y dejó un mensaje de condena en su cuenta de Twitter: “El cambio climático es real. Dejar París no es bueno ni para EEUU ni para el mundo”.

También algunos alcaldes se rebelaron contra las nuevas directrices de la Casa blanca, como el progresista neoyorquino, Bill de Blasio, o el de Pittsburgh (Pensilvania), Bill Peduto. De Blasio prometió que en los próximos días firmaría una orden ejecutiva para cumplir con los objetivos fijados por el Pacto de París. Peduto se pronunció en una línea similar, con la curiosidad de que Trump les había citado como ejemplo para exhibir su giro nacionalista: “He sido elegido por los votantes de Pittsburgh, no de París”, señaló. Aunque en Pittsburgh los electores optaron de forma masiva por Hillary Clinton, si bien el estado fue para Trump.

Mientras, los republicanos celebraron que su presidente cumpliera la promesa electoral. “Al renunciar a esos objetivos inalcanzables, el presidente Trump reiteró su compromiso de proteger a las familias de clase media y a los obreros del carbón”, declaró Mitch McConnell, jefe republicano del Senado. También lo aplaudió el líder conservador en la Cámara de Representantes, Paul Ryan: “Celebro al presidente Trump por cumplir su compromiso con el pueblo estadounidense y retirarse de este mal acuerdo”.

Estos apoyos se mezclan con la condena de grupos ecologistas o de legisladores progresistas, como el senador Bernie Sanders, que rivalizó con Hillary Clinton por la candidatura demócrata a la presidencia.

La cuestión es qué ocurre en las encuestas, si la promesa cumplida es celebrada por los seguidores de Trump, si en los pueblos de Michigan y Pensilvania que lo encumbraron a la Casa Blanca sí asumen que ese acuerdo del clima les perjudicaba económicamente.

La opinión de Trump sobre el cambio climático ejemplifica el carácter camaleónico del presidente estadounidense, analiza El País. Su posición más famosa es de 2012, cuando aseguró que el calentamiento global era un concepto inventado por China para dañar a la industria norteamericana. Lo escribió en Twitter y desde entonces la frase le persigue: “El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos para hacer no competitiva a la manufactura de EEUU”.

Durante la campaña electoral, el republicano repitió varias veces que el cambio climático era un “engaño”, pero luego negó haberlo dicho. “Creo que hay un cambio en el tiempo. No soy un gran creyente en la contribución del hombre al cambio climático”, dijo en una entrevista en marzo de 2016. “Había enfriamiento global en los 1920 y ahora tienen calentamiento global pese a que ahora no saben si tienen calentamiento global. Lo llaman todo tipo de cosas”.

Tras ganar las elecciones de noviembre, Trump aseguró tener una “mente abierta” sobre el asunto, pero puso a un negacionista climático al frente de la agencia medioambiental y ha diluido las regulaciones impuestas por el gobierno de Obama.

Parecería imposible ahora mismo, pero en 2009, antes de la cumbre del clima de Copenhague, Trump fue uno de los 50 líderes empresariales que firmó un anuncio en una página entera en el diario The New York Times en que se instaba a Obama a defender “medidas significativas y efectivas para combatir el cambio climático”. También le pedían adoptar “el cambio necesario para proteger a la humanidad y nuestro planeta”. Firmaban la carta Trump y sus tres hijos mayores, entre ellos su hija Ivanka, que ha sido una de las principales defensoras de permanecer en el Acuerdo de París.

El giro del magnate neoyorquino puede parecer insólito, pero se ha repetido en otros asuntos sociales. Por ejemplo, Trump defendía en el pasado el aborto y ahora se opone.

Las consecuencias de la decisión de Trump serán que la Tierra sufrirá mayores niveles de calentamiento, subirán las temperaturas medias, se acelerará el deshielo en los polos y crecerá el nivel del mar. Estas son las predicciones de los científicos que alertan de las consecuencias de no reducir las emisiones tóxicas. Si EEUU lo recorta menos de lo prometido, como segundo país más contaminante, el impacto puede ser aún mayor.

Una estimación de varios expertos consultados por Associated Press apunta a que cada año podría haber hasta 3.000 millones de toneladas más de dióxido de carbono en la atmósfera. Incluso si todos los países del Acuerdo de París cumplen su compromiso excepto EEUU, la tierra podría calentarse 0.3 grados centígrados más a finales de siglo —el objetivo es que no alcance los 2 grados para entonces y ya hemos superado más de 1,1 grado centígrado.


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