Actualizado: 15/11/2019 19:53
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EEUU, Trump, Racismo

Trump se identifica con la extrema derecha

Los supremacistas blancos siempre han acechado en la sombra en EEUU. Ahora “Donald Trump les dio permiso para salir al mundo real”, afirma experto

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La defensa que hizo el martes el presidente Donald Trump de los monumentos confederados —considerados por algunos como símbolo de racismo y supremacía blanca— fue similar a algunos argumentos esgrimidos por la derecha y a la fraseología de la extrema derecha, informa la Associated Press.

En su defensa aparentemente improvisada, Trump dijo que hay “personas excelentes en las dos partes” que participaron en una violenta confrontación que ocurrió el sábado durante un mitin de nacionalistas blancos en Virginia.

Algunos de ellos, señaló el mandatario, estaban en el evento para manifestarse en contra de la remoción de una estatua de Robert E. Lee, un general que se opuso a la abolición de la esclavitud en la guerra civil de Estados Unidos.

“Esta semana es Robert E. Lee y me di cuenta que el monumento de Stonewall Jackson también será derrumbado. Me pregunto si el de George Washington es el siguiente. O si es el de Thomas Jefferson para la próxima semana. Realmente deben preguntarse a sí mismos ¿Hasta dónde van a parar con esto?”, preguntó Trump, puntualizando que tanto Washington como Jefferson fueron dueños de esclavos.

Sus declaraciones fueron similares a las frases expresadas el lunes por la noche en el programa Fox News por el expresidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, y la presentadora Martha MacCallum.

“¿Hasta dónde van a parar con esto?” dijo Gringrich. “¿Y si no fuiste lo suficientemente sensible al Holocausto, deberíamos derribar todas las estatuas de Franklin Delano Roosevelt? Podrías tener argumentos para eso”.

“Podrías tener argumentos para Thomas Jefferson y George Washington”, indicó MacCallum. “¿Vas a cambiar el nombre del Monumento a Washington?”, señaló.

Gingrich destacó que los dos expresidentes fueron dueños de esclavos.

“Exactamente. A eso me refiero”, dijo MacCallum.

Las declaraciones de Trump también fueron similares a las de una publicación del lunes en el sitio web neonazi, The Daily Stormer.

“Estas protestas están ocurriendo en todo el país”, escribió Andrew Anglin después de que un monumento confederado fuera derribado el lunes en Durham, Carolina del Norte. “Yo les garantizo que llegarán a Washington y demandarán que también se retire el Monumento a Washington. Incluso podrían intentarlo, porque George Washington era dueño de esclavos. Lo más importante es que él era un hombre blanco que construyó algo”, se leyó en el sitio.

La página de internet de Anglin tomó su nombre del periódico Der Stürmer, el cual publicaba propaganda nazi. El sitio tiene secciones llamadas “Problema judío” y “Guerra de razas”.

Google canceló el registro del dominio de The Daily Stromer el lunes, luego de que Anglin publicó un artículo burlándose de la mujer que fue asesinada en el ataque en el mitin de Charlottesville y la llamara “gorda” y “sin hijos”.

Tensión racial acumulada

Las manifestaciones recientes de violencia política en Estados Unidos no salieron de la nada.

Los videos que aparecían en televisión el sábado eran estremecedores: estadounidenses pegándose entre sí con palos en las calles de una tranquila ciudad universitaria. Supremacistas blancos con antorchas, antifascistas que les hacían frente. Un lanzallamas improvisado con una lata de aerosol. Botellas de agua congeladas lanzadas como ladrillos contra las cabezas de los rivales.

Kevin Boyle, profesor de historia estadounidense en la Universidad del Noroeste, vio cómo se sucedían los acontecimientos sintiendo horror y una sensación de que, de forma casi inevitable, las tensiones raciales acumuladas durante años estallaban por fin, escribe Claire Galofaro en un artículo de la Associated Press.

“Dado nuestro contexto político, no me sorprende que hayamos llegado a este punto”, dijo. “Estoy terriblemente deprimido de que hayamos llegado a este punto, pero no sorprendido. No salió de la nada”.

Historiadores y politólogos llevaban tiempo advirtiendo que la política estadounidense se había convertido en una olla a presión, llena de tensiones raciales que volvían a acumularse hasta amenazar con un enfrentamiento mortal como el ocurrido el sábado en Charlottesville, Virginia, donde murieron tres personas.

La supremacía blanca siempre ha acechado en la sombra en Estados Unidos, dijo Boyle, cuyas clases se centran en la historia de la violencia racial y los derechos civiles. Después, cree el experto. Trump fue elegido e hizo que estos grupos se sintieran más reforzados en su odio.

“Donald Trump les dio permiso para salir al mundo real”, dijo. “Era preocupante cuando se mantenían en esa especie de triste y pequeño mundo de sombras en el que sólo hablaban entre ellos, pero no tan profundamente peligroso como cuando sienten que pueden tomar la plaza pública”.

El caos del sábado estalló en torno al que se cree fue el mayor grupo de nacionalistas blancos reunido en una década en el país. Más de 1.000 neonazis, cabezas rapadas y miembros del Ku Klux Klan acudieron a la localidad de Charlottesville para “recuperar Estados Unidos” con una protesta contra los planes de retirar una estatua confederada. Cientos de personas acudieron para protestar contra el racismo. Ambos bandos se enfrentaron en violentos altercados en la calle.

El día se tornó mortal cuando un coche arremetió contra una multitud de manifestantes pacíficos contrarios al racismo, matando a Heather Heyer, de 32 años. La violencia crecía desde hacía meses, con una serie de enfrentamientos entre miembros de la llamada “alt-right”, o “derecha alternativa”, un colectivo diverso de nacionalistas blancos, racistas y populistas antiinmigración y personas que se les oponen. Comenzó el mismo día en que Trump puso su mano sobre una Biblia y juró el cargo. Se produjeron escaramuzas en su acto de investidura entre sus partidarios, algunos de ellos nacionalistas blancos, y opositores. Más de 200 personas fueron detenidas.

Fue ese día cuando Richard Spencer, uno de los nacionalistas blancos más conocidos del país, se dio cuenta de que algo había cambiado de forma fundamental en el discurso político estadounidense. Estaba dando una entrevista a un medio cuando alguien se acercó a él y le pegó un puñetazo en la cabeza que quedó registrado en video.

“Estamos en un mundo totalmente nuevo”, dijo haber pensado entonces. “La violencia política es algo real”.

Unos días más tarde, varios antifascistas lanzaron bombas de humo, rompieron ventanas y encendieron una gran hoguera en la Universidad de California en Berkeley para protestar por los planes de que el polémico comentarista de derechas Milo Yiannopoulos diera un discurso en el centro.

Desde entonces se han sucedido los enfrentamientos violentos: 11 personas fueron detenidas por peleas en la Universidad de Nueva York, donde tenía previsto hablar el fundador de una organización masculina de derechas; ambos bandos cruzaron gritos en Pikeville, Kentucky; hubo choques en Nueva Orleans cuando la ciudad retiró un monumento confederado; la policía empleó granadas aturdidoras y detuvo a más de una docena de personas en conflictos en Portland.

Spencer y otros que apoyan al nacionalismo blanco culpan al otro bando.

“Con la victoria electoral de Trump, la izquierda radical de este país se ha desquiciado”, dijo Kyle Bristow, fundador de una firma de abogados dedicada al activismo de la llamada derecha alternativa.

Sin embargo, ambos bandos están de acuerdo en la idea común de cómo arraigó la creciente división racial e ideológica: algunos blancos estadounidenses empezaron a sentir que el progreso los había dejado atrás. El declive de la clase trabajadora blanca coincidió con cambios culturales drásticos como una demografía que se diversificaba con rapidez y la designación del primer presidente negro de Estados Unidos.

“Con la victoria de Barack Obama, se hablaba mucho de este momento posrracial, y en algunos aspectos fue extraordinario”, dijo Steven Hahn, profesor de historia de la Universidad de Nueva York. “Pero el racismo despiadado no tardó mucho en aparecer. Resultó instigar una enorme cantidad de ira, y creo que Trump lo heredó tanto como lo avivó”.

Trump fue uno de los miembros más destacados del movimiento que cuestionaba la ciudadanía estadounidense de Obama y su legitimidad como presidente. Su campaña se vio tiznada de retórica de tono racial sobre los peligros de los inmigrantes, que se ha mantenido durante su presidencia, indicó Hahn, que vio videos de los choques del sábado y vio semejanzas con el movimiento del Ku Klux Klan en la década de 1920.

“La conclusión es que, si no fuera por un puñado de neonazis marchando por allí, habría sido un día tranquilo habitual en Charlottesville”, dijo Kyle Kondik, del Centro de Política de la Universidad de Virginia. “Le guste o no, se supone que el Presidente, la persona que ocupa ese cargo, debe actuar como la persona que pone el baremo moral para el país, y creo que se está quedando bastante corto en ese aspecto”.

Kondik señaló a otros líderes republicanos que adoptaron una postura firme contra los racistas que fueron el sábado a Charlottesville. También expresó su preocupación por la rapidez con la que las tóxicas divisiones políticas empezarán a afectar a todas las partes de la vida estadounidense si el Presidente no restaura el baremo moral del país.

“Han sido unos días feos, y uno se preocupa si estamos retrocediendo en cuestión de relaciones raciales”, dijo. “Es algo desagradable en lo que pensar, pero algo en lo que debemos pensar como país”.


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