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CAFÉFUERTE: “Documento: Carta-Declaración de Agustín País García”
Me apresuro a aportar datos para demostrar la falsedad de las declaraciones aparecidas en el blog La Voz de Oriente y otros medios periodísticos acerca de una persona presuntamente adoptada como hijo por mi mamá Rosario Garcia, madre de nosotros tres, Frank, Agustin -el que escribe- y Josué País García, producto del matrimonio con nuestro padre: el Reverendo Francisco Pais Pesqueira.
1. El señor reportado como hijo adoptivo y llamado Tomás, de la raza negra, medio ciego, con problemas mentales y sin documentos de identidad, tiene 65 años, 10 años menos que yo; por lo tanto, cuando yo salí de Cuba en 1957, con 21 años, él tendria 11 años. En todos esos años viviendo en la casa con mis hermanos y mi mamá nunca se oyó hablar, ni nadie dijo, ni nunca se vió a ningún muchacho del que se hablara que fuera adoptado por mi mamá.
2. Después de Frank y Josué muertos (30 de julio- 30 de junio, respectivamente) y yo fuera de Cuba, la Sra. Carmen Almaguer, quien vivía en la esquina de nuestra casa, cuidaba de mi mamá. La última vez que estuve en Cuba, en el verano del 1960, conversaba con la Sra. Almaguer diariamente y ella nunca mencionó, de ninguna manera, la posible existencia de un hijo adoptivo de mi mamá.
3. Cuando la Sra. Almaguer salió de Cuba, la Sra. Hortensia San Román cuidaba de mi mamá. En cartas con la Sra. San Román nunca ella habló de la posibilidad de un hijo adoptivo.
CUADERNODECUBA: “La cifra mágica”, por Alejandro Armengol
¿Constituye el envío de remesas a Cuba una fórmula para el financiamiento del régimen, como desde hace años vienen afirmando en Miami y recalcando los repetidores de ese exilio agotado en fórmulas caducas, o es simplemente una ayuda humanitaria?
La pregunta nace viciada por el giro torcido que adquieren las palabras en que se presenta.
Hablar de financiamiento del régimen implica un esfuerzo consciente dirigido a sostenerlo. Como aún gran parte de la economía del país está en manos del Estado ―es decir, del gobierno― resulta inevitable que cualquier envío de dinero contribuya a la economía nacional y por supuesto a las ganancias del gobierno de los hermanos Castro.
Hay, sin embargo, un matiz que vale la pena enfatizar: convertirse en cliente obligatorio de determinada empresa ―no importa que este caso esa empresa sea el Estado― no significa financiar un gobierno hostil. Con el énfasis que se le otorga a la palabra por el exilio recalcitrante, que rechaza los envíos de dinero y los viajes a Cuba, lo que se intenta es reducir a colaboracionista del régimen de Castro a cualquier hijo, hija, padre o madre de familia, tío o vecino que visite la isla. No es más que un simple acto de intimidación verbal. En este sentido, se trata de enmarcar en una disyuntiva política lo que cada vez se convierte en un asunto familiar para quienes decidieron o se vieron obligados a irse de Cuba.
ELPEQUEÑOHERMANO: “Bienvenido al pasado”, por Ernesto Morales
Si de alguna forma impensable por estos días lograra yo cinco minutos con el presidente Barack Obama, creo que los emplearía para transmitirle un mensaje claro: “No vete la cláusula que restringe los viajes y remesas a Cuba, presidente.”
No sé si le diría que tengo a todos los míos en Cuba, y que en mi año de vida en los Estados Unidos no he dejado de repetir, con impertinente constancia, que alejar a los cubanos de dentro y de fuera es poco más que una injusticia: es una grave equivocación.
Pero le aconsejaría al presidente no vetar, por el caso Cuba, el proyecto de ley presupuestario que antes del próximo día 16 quedará aprobado o rechazado por el Congreso, y donde el representante federal republicano Mario Díaz-Balart deslizó hábilmente su enmienda para regresar la política de viajes y remesas a la Isla a los tiempos de George W. Bush.
¿Por qué? Pues porque igual que cada pueblo tiene al gobernante que merece, también cada sector en una democracia tiene las medidas que merece, promulgadas por los legisladores que elige y merece.
Y aunque el veto de Obama evitaría la catástrofe de cortar lazos entre los exiliados y la incipiente sociedad civil cubana, y ahorraría no poco sufrimiento a madres que en lo adelante solo podrán ver a sus hijos una vez cada tres años, no creo que deba ser Obama, un estadounidense nacido en Hawaii, el que deba velar por los nuestros si los propios cubanos eligen, o permiten que otros elijan, a quienes a la postre dictarán leyes en su contra.
CUBANET: “Alarma en el pulguero”, por José Hugo Fernández
Patizamba, contrahecha, tropezando a cada paso con ella misma, igual que Chencha La Gambá, la apertura al trabajo por cuenta propia sigue respondiendo a su principal expectativa: mantener entretenida a la gente en Cuba.
Sobre todo en La Habana, donde difícilmente transcurra un solo día sin sobresaltos para ese contingente de menesterosos que se apilan en espacios restringidos -dicen las autoridades que para no afear la ciudad-, tratando de vender casi todos la misma mercancía, asediados por los extorsionistas de oficio, y tensos a tiempo completo por algo que es todavía peor: la incertidumbre ante lo que pueda ocurrir, sea pronto, mañana, o tal vez dentro de un rato.
PENÚLTIMOSDÍAS: “Ellos, los opositores”, por Miriam Celaya
Si fuera posible clasificar los años tal como los vinicultores catalogan los vinos, yo diría que el 2011 ha sido una buena cosecha. Buena, para los cubanos que aspiramos a un futuro cercano de civilidad y transformaciones en la Isla y que hemos asistido a un gradual, pero sostenido acercamiento entre diferentes grupos de la sociedad civil alternativa, y a un reconocimiento mutuo de espacios y derechos comunes a todos. Para el gobierno, no tanto.
Para no pecar de alguna injusta e involuntaria omisión, eludo hacer una lista de esas burbujas de ciudadanos de diferentes tendencias, generaciones, profesiones y orígenes que vienen ampliándose como la levadura, quebrando el aislamiento en una sociedad largamente crispada por el temor o la desconfianza entre éste o aquel grupo o individuo. Baste apuntar que en el transcurso de este año ha crecido ese entramado de espacios de libertad surgidos espontánea y libremente, y se podría conjeturar que en ese tejido social están cifradas muchas esperanzas y aspiraciones de una Cuba necesariamente diferente y mejor.
CUBANET: “Mariela, mucha lengua y poco seso”, por Leannes Imbert
Se cuenta que en la Antiguedad el dueño de Esopo le ordenó cocinar el mejor plato de la región. Así lo hizo el esclavo y, al concluir el banquete, el amo preguntó: “¿Qué fue eso tan exquisito que cocinaste?”. A lo que Esopo respondería: “Lengua”. Entonces el señor le ordenó que cocinara el peor plato. Y luego, ante la misma pregunta, Esopo respondió otra vez: “Lengua”.
En efecto, la lengua es una de las mejores y de las peores cosas que poseemos los seres humanos. Todo depende de cómo sea usada.
Muchas personas olvidan enchufar el cerebro antes de poner a funcionar la lengua. Y luego, cuando intentan retractarse de lo que su lengua dijo, es demasiado tarde.
Tal es el caso de la doctora Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), quien parece haber heredado de su tío la costumbre de hablar mucho con el fin de decir poco.
PUNTDEVISTA: “Garrincha: 'En Cuba siempre hay algo que está generando cuotas de absurdo”, por Joan Antoni Guerrero (Entrevista)
¿Cuál ha sido según tu punto de vista el impacto de la evolución política del régimen castrista en el humorismo gráfico cubano?
Por una parte lo ha perjudicado y por otra lo ha beneficiado. Primero déjame aclarar una cosa. Por lo general, cuando se habla de humorismo gráfico, hay una tendencia casi inevitable en pensar en humor político y, dentro del humor político, el humor que se hace para la prensa. Desde principios de la Revolución se extendió el precepto, la teoría o la intención de que se podía hacer humor desde el poder. El humor no puede estar nunca con el poder, no hay manera de que el humor pueda estarlo, porque estar con el poder significa alguna limitación. El humor tiene que tomar distancia para lo que sea, para criticar, reflexionar, olvidarse, hacer reír o pensar, y eso no es posible hacerlo desde el poder y se nota. Los intentos por intentar justificar o argumentar de que sí hay un quehacer humorístico considerable son intentos patéticos por tratar de justificar el hecho de que tú puedes hacer humor con toda libertad. Puedes hacer humor, humor erótico, general, puedes hacer un humor costumbrista siempre y cuando no utilices un símbolo o hagas alguna referencia al gobierno cubano o a alguna de sus figuras. O a lo mejor ni siquiera estás haciendo la referencia, pero en ese momento pasa algo y entonces eso que has hecho, de buenas a primeras, no es conveniente publicarlo o te lo editan. O sea que el hecho de que la Revolución cubana haya dado muy poco espacio real para la crítica y el pluralismo significa que solamente vas a poder hacer un sólo tipo de humor, de humor político quiero decir.
Y Fidel intocable...
Hacer una crítica, aunque no te estés burlando, de algo que haya dicho un ministro o Fidel o Raúl eso en Cuba era impensable. Entonces no hay manera de que me puedas decir a mí de que sí, de que tenemos espacios para la crítica. En realidad no los hay. El otro argumento que han usado siempre algunos caricaturistas cubanos que han defendido esa postura desde el punto de vista revolucionario, es asegurar que en otros países es peor. Pero no dicen que "problema de muchos consuelo de bobos". A mí no me importa que en China haya censura o que en el otro lugar metieran preso al otro. Yo quiero tener mi espacio, eso nunca ha existido en Cuba. Ojo, otro aspecto que ha influido mucho en el humor de la prensa en Cuba es que en la Isla es muy común que las personas que tienen responsabilidad editorial no siempre son periodistas o no tienen una formación periodística. Ellos son ante todo miembros del Partido [Comunista de Cuba], la gran mayoría. Eso condiciona a la persona cuando tiene que editar o evaluar tu material. Por eso yo pienso que, viendo las cosas desde un punto de vista tradicional, el humorismo gráfico cubano se ha afectado. Es curioso porque a los mismos caricaturistas les cuesta un poco de trabajo reconocer que en Cuba no tienen su espacio, la gente se va acostumbrando. A mí una de las cosas más patéticas, y con la que yo disfrutaba mucho cuando estaba en Cuba, es que a veces nos reuníamos dos o tres caricaturistas que teníamos confianza entre nosotros y nos poníamos a hablar de las caricaturas que hubiéramos querido hacer pero no podíamos.
ENRISCO: “Efecto dominó”, por Enrique del Risco (con vídeo)
El cortometraje “Efecto dominó” del realizador francoalemán Gabriel Gauchet es hasta la fecha la película que refleja con más contundencia lo que sin demasiados rodeos puede definirse como la barbarie cubana. Una barbarie abonada con esmero por siglos de historia violenta, de desprecio por el débil y también por décadas de machismo de estado, grosería programática y engreimiento entusiasta en las virtudes del miedo disfrazado de guapería. Una barbarie que el ojo extranjero de Gauchet y el oído local del autor de los diálogos, Francisco García González, captan en sus más rutinarios e inquietantes detalles. Porque si atroz es la historia que narran estos 28 minutos de película –inspirada, me cuentan, en sucesos reales- la violencia soterrada que la circunda, la terrible familiaridad con que nos hemos acostumbrado a ella resulta mucho más espeluznante.
Ganadora de catorce premios internacionales hasta la fecha “Efecto dominó” ha sido rechazada por el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, un rechazo bastante comprensible si se tiene en cuenta el celo con que los que dirigen el festival y el país cuidan de una imagen que este corto descompone con alevosa candidez.
LOSHIJOSQUENADIEQUISO: “Fidel Castro: Culpable de asesinato a la nación cubana”, por Ángel Santiesteban
La dictadura cubana critica la posibilidad que brinda el gobierno de los E.U. al aceptar a los cubanos que cruzan el estrecho de la Florida en un intento por alcanzar sus sueños. Escriben extensos manifiestos para disfrazar la realidad de la Isla, y culpar a los que reciben el problema. Lo que significa mirar la consecuencia y olvidar la causa.
Por supuesto, ¿quién dentro de Cuba cuestionaría esa mirada obligada del problema? ¿Quién se atrevería a cuestionar la “causa”, cuando no lleva otro nombre que los hermanos Castro. ¿Qué han hecho con este país? ¿Dónde está lo logrado a costa del sacrificio de los inmolados bajo sus órdenes? ¿A cuánto asciende el precio de perdida humano y material en los últimos cincuenta años? ¿Por qué Fulgencio Batista ya no parece tan tirano? ¿Quién se encargó de superarlo, de ser más extremista y dictador? ¿Quién llenó las cárceles y fusiló a jóvenes insatisfechos, desesperados, a disidentes y todos los que se les opusieron? ¿A cuánto ascendía los años de prisión por intentar salir del país ilegalmente? Los sancionaban con la misma condena que le impusieron a Fidel Castro por asaltar el cuartel Moncada en Santiago de Cuba.
CAFÉFUERTE: “Testimonio: Los indignados del Malecón de La Habana”, por Ignacio Medina
Pocas veces en la vida se tiene la posibilidad de ser testigo de sucesos trascendentales en el acontecer de un país. Cuando esto sucede, lamentablemente solo nos damos cuenta al separarnos temporalmente del hecho en sí, y a veces no nos queda más remedio que vertirlo de alguna manera.
Quisiera entonces hacerlo aquí, con todo lo que implica. El pasado 9 de diciembre la vida me puso, sin planearlo, en la siempre histórica avenida del Malecón de La Habana, luego de una jornada laboral algo agitada. Me convertí así en fortuito testigo de una paranoia subcutánea en barrios como Arroyo Naranjo, Cerro, Centro Habana y Plaza.
Como parte de esa categoría que nos coloca entre los cubanos “de a pie”, me dirigía en la mañana al trabajo cuando tuve que -literalmente- pedir permiso a los agentes de la policia que custodiaban y tenían casi cercadas alrededor de cuatro manzanas, incluyendo la mía. La causa, a la cual tuve acceso por el cubanísimo boca a boca del barrio, fue una posible “acción del grupo de contrarrevolucionarios del Consejo Popular”.
Inevitablemente dije para mis silencios: “Bien movidito el inicio de este dia”. Pero no estaba ni remotamente enterado de lo tan movido que terminaría siendo. Al llegar a mi centro laboral, se me comunicó que la zona estaba cerrada y que el local iba a servir como “puesto de mando” de la Seguridad del Estado, pues se esperaban acciones de la oposición.
PENÚLTIMOSDÍAS: “Las ciudades perdidas de René Vázquez Díaz”, por Juan Carlos Castillón
“Supongo que la gente estará molesta por mi libro…” me comentó alguna vez René Vázquez Díaz en la Librería Universal poco después de publicar La isla del Cundeamor (Alfaguara). Y yo, que practico la insobornable honestidad del librero, le tranquilicé: “No te preocupes, no hay nadie molesto. Nadie lo ha leído”. Al margen de mi evidente mala leche, le estaba diciendo la verdad. A pesar de su prestigiosa editorial, y de una crítica favorable en El Nuevo Herald, no vendí más de media docena de ejemplares del libro —biblioteca pública incluida. No me extrañó a mí, no le extrañó al dueño de la librería y no debió haber extrañado al autor. Era un libro artificial sobre una ciudad que el autor no conocía bien, escrito desde lo que me pareció el desprecio, y para escribir desde el odio y el desprecio hay que tener, por lo menos, el talento de Céline. Y RVD no es Céline.
Aquel libro fue un poco posterior a un evento internacional convocado en Estocolmo, que juntó a autores cubanos de la Isla y del Exilio, en cuya organización intervino el autor de manera muy destacada —y polémica. En aquel momento necesitaba ser, parecer, tal vez incluso creerse él mismo —porque si tus mentiras no te engañan a ti ¿a quién van a engañar?—, alguien equidistante entre un gobierno de extrema izquierda, bajo el que a fin de cuentas había decidido no vivir, y un exilio que aborrecía. Lo extraño es que siendo RVD un hombre de izquierdas, bastante más a la izquierda a juzgar por este nuevo libro que la mayor parte de los socialdemócratas españoles, su obsesión parece ser encontrar, inventar en realidad, ese inexistente centro por el cual vagar como el “lobo solitario de la literatura cubana”, etiqueta que le endosó un oscuro crítico y que el autor, complacido, no se cansa de repetir.
Ciudades junto al mar, su último libro, son unas memorias truncas, que hilan las circunstancias de un periplo vital en cuatro escenarios: Cuba, Polonia, Suecia y EE UU. Empiezan cuando el autor está a punto de desertar del paraíso, retrocede a una infancia llena de nostalgias —como suelen serlo todas en todas partes del mundo— y concluye, de forma demasiado abrupta e inexplicable, en la década del setenta, con la promesa del autor de que siempre será un enemigo jurado del Miami cubano.
CUADERNODECUBA: “Entre la moral y la economía”, por Alejandro Armengol
A grandes rasgos, el debate sobre la oposición en Cuba se divide en dos tendencias: los que sostienen que los moderados cambios económicos que ha llevado a cabo el gobierno de Raúl Castro son el principio de una apertura mayor, cuya fecha aún es imposible determinar, por lo que todo se queda en una esperanza, y los que priorizan o exigen cambios políticos profundos ―en el sentido de un avance hacia la democracia―, que no se han producido y nada indica se llevarán a cabo de inmediato.
Hay también un importante sector, que considera que los cambios económicos y políticos deben realizarse de forma simultánea, pero que en definitiva termina situándose del lado de los exigen mayor libertad, o al menos cierta libertad.
Hoy en día, lo que se escucha y lee pueden reducirse a la fórmula del vaso medio lleno de agua: los que ven en cualquier iniciativa hacia la economía de mercado un avance libertario y los que encuentran en una supuesta protesta en un pueblo de la isla el comienzo de una oleada de manifestaciones y actos ―al estilo de lo ocurrido en la llamada ´´Primavera Árabe´´ y antes, durante la caída del Muro de Berlín― que podrán fin al gobierno de los hermanos Castro.
En ambos casos, estoy viendo el vaso más vacio que lleno. Las reformas económicas que ha puesto en marcha el gobierno cubano ―o comienza a poner en marcha― son más importantes de lo que se quiere reconocer en Miami, al tiempo que tanto se ha intensificado la represión como producido un aumento de los actos de oposición, de forma pública y en cualquier rincón del país.
ELBLOGDEMONTANER: “Delitos y mentiras de un hotelero español. Una respuesta a Damián Barceló”, por Carlos Alberto Montaner
En un artículo publicado este domingo 11 de diciembre en Diario de Mallorca el señor Damián Barceló miente o ha confundido los detalles de nuestro encuentro en 1992.
Por esa época, los Hoteles Meliá forjaban sus lazos económicos con la dictadura castrista y, por lo que yo entendí, algunos de sus directivos –quizás el propio Gabriel Escarrer, hombre al que se le atribuyen fuertes creencias religiosas—tenían ciertos escrúpulos de conciencia y decidieron examinarlos conmigo. Eso sí, eligieron un hotel de Madrid y la cita fue casi clandestina y con un acuerdo de confidencialidad que ahora, ignoro por qué, el señor Barceló rompe para contar, a su manera, lo que realmente discutimos y qué fue lo que se dijo.
En principio, no me sorprendían las vacilaciones morales del grupo Meliá. Al fin y al cabo, se trataba de vincularse a un socio que practicaba el apartheid contra su propio pueblo –los cubanos no podían alojarse en esos hoteles— y numerosas habitaciones contaban con cámaras ocultas colocadas por la policía política con el objeto de controlar o extorsionar a quienes mantuvieran alguna conducta íntima que los situara en posiciones vulnerables para luego ser reclutados o amenazados.
ANODIS: “Quita Spielberg lado lésbico a “El color púrpura”
Steven Spielberg ha admitido en una entrevista que suavizó a propósito el contenido lésbico de “El color púrpura” (1985), una de sus más conocidas adaptaciones, y lograr así la calificación de película permitida a mayores de 13 años.
“Había algunos aspectos en la relación entre Shug Avery y Celie, muy detallados en la novela de Alice, pero que no nos permitirían acceder a una clasificación PG-13”, ha declarado Spielberg a Entertainment Weekly. “Cogí algo que era muy erótico e intencional y lo reduje a un simple beso. Y fui muy criticado por ello”, admite. Spielberg, sin embargo, no se arrepiente de haberlo hecho así, y cree que la sugerente secuencia del beso es acorde con el tono que quiso dar a la película.
“El color púrpura”, adaptación de la novela de Alice Walker, consiguió once nominaciones a los Óscar y lanzó al estrellato a la entonces desconocida Whoopi Goldberg. La película suponía la primera gran incursión de Spielberg en el drama intimista, después de rodar éxitos de taquilla como “Tiburón”, “En busca del arca perdida” o “E.T.”, entre otras. Pese a todo, el director no quiso renunciar a hacer una película de masas con gran éxito comercial y por ello eliminó aspectos que podían perjudicar a la distribución de la película. La relación lésbica quedó así solo insinuada.
CAFÉFUERTE: “Silvio Rodríguez se estrena como reportero de barrio” (La Guayaba de Cartón)
Los vecinos de un barrio marginal de La Habana está sin agua desde hace varios meses y el cantautor Silvio Rodríguez ha salido a reclamar por ellos.
Pues sí, al filo de los 65 años, Silvio, nuestro Silvio, se ha volcado a las andanzas de reportero de barrios desde su blog Segunda Cita para pedir un tanque en favor de los residentes en Lugardita, un “llega y pon” de las afueras de Boyeros, en La Habana.
Tal vez rememorando sus empeños críticos de Resumen de Noticias, cuando temía que lo acusaran por mortificar a los perseguidores de las primaveras, o cuando tenía que partirse en dos para no ser interpretado , pues “casi siempre sucede que se piensa algo malo”, el cantor ex diputado se ha tomado en serio las carencias de Lugardita.
“Es sólo una pregunta… Lo único que falta, desde hace más de un año, es un tanque de cemento. Según dicen, estuvieron trabajando un tiempo y no lo continuaron. ¿Por qué no acaban de ponerlo? ¿Es tan caro? ¿Es tan imposible? ¿Por qué todavía no hay agua en Lugardita?”, se cuestiona Silvio en un texto recién publicado.
El post de Lugardita ya iba por los 220 comentarios, en los que se ha discutido si es verdad la foto -evidentemente trucada- del encuentro entre John Lennon y el Che Guevara, y casi nada del tanque de agua, que ahora con los cambios de Raúl Castro seguramente podrá resolverse con un puñado de pesos convertibles en algún establecimiento estatal para materiales de construcción.