Actualizado: 17/10/2017 10:31
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México-Cuba

El dilema de Calderón

¿Puede pedirse justicia para los espaldas mojadas que llegan a Estados Unidos y a la vez devolver a los cubanos que arriesgan sus vidas en el mar?

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El 1 de diciembre tomará posesión como presidente de los Estados Unidos Mexicanos Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN). El ganador ha marcado con exacta diafanidad su posición en defensa de cada uno de los derechos humanos, en cualquier parte del planeta. Mucho más en la cercana Cuba.

Este segundo sexenio panista —a juicio de relevantes conocedores— será mucho más profesional y eficiente que el de Vicente Fox, en razón de que no llega al poder a abrir o desbaratar, sino a continuar y crecer. La mayoría en las dos cámaras, el apoyo empresarial e internacional, el auge económico favorecido por el precio del petróleo y sobre todo el prestigio de honradez, auguran seis años de prosperidad, a pesar de los enormes desafíos respecto de las desigualdades, el desempleo y la inseguridad pública; de lo reñido de las elecciones y de la actitud postelectoral de López Obrador y sus seguidores.

Las relaciones con Cuba —nuestro tema pertinente e impertinente— también encaran algunos conflictos, bajo la premisa obvia de que defender a Cuba es apoyar una conversión democrática, acabar con el absolutismo unipartidista. Y de otra condición: las pautas de las relaciones intergubernamentales y el principio de no injerencia en los asuntos internos de otro Estado.

Nos alegra que el nuevo gobierno mexicano proseguirá hacia el castrismo o neocastrismo la misma política en cuanto a las votaciones en organismos internacionales: condena de las violaciones de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por parte de la administración cubana, a la vez que condena del embargo y de las intromisiones por parte de la administración estadounidense.

Hasta donde llegan mis informaciones, Felipe Calderón se caracteriza por su serena defensa de las soluciones pacíficas, es decir, por ser un fervoroso afiliado al diálogo, no a la confrontación beligerante. México puede ser un eficaz mediador entre cubanos insiliados y exiliados, entre cubanoamericanos y la oposición interna, y sobre todo entre Washington y La Habana cuando se produzcan señales inequívocas de cambio dentro de las estructuras de poder gubernamentales que ahora detienen, arruinan a Cuba.

Claro que sabemos dónde se halla el límite, precisamente porque Castro no ha tenido límites respecto de ningún país, por supuesto que México incluido. El abierto apoyo al PRI primero y ahora al PRD, argumenta sin equívocos. Los intereses geopolíticos, sin embargo, obligan a la prudencia, a la mesura…

Lo que se espera de Calderón

Pero hay un conflicto, derivado pero sombrío, que indica una contradicción en la política internacional mexicana, donde los ahogados y heridos y malogrados cubanos ponen su pellejo. Me refiero a la política migratoria de México hacia los compatriotas "ilegales" que aquí arriban.

Este es un punto que esperamos resuelva Calderón y su equipo. No se debe estar pidiendo apertura, legalización, justicia hacia los espaldas mojadas que llegan a Estados Unidos, y a la vez devolviendo a los cubanos que arriesgan sus vidas en el Golfo sobre balsas que envidian la Kon-Tiki, las que Thor Heyerdal jamás hubiera abordado.

Los que condenamos el cruel endurecimiento de la frontera que marca el río Bravo, junto a la devolución que los yanquis hacen de los cubanos apresados antes de tocar tierra, creemos que México puede flexibilizar su política hacia nuestros hermanos clandestinos, cuyo número es, ciertamente, irrelevante no ya para una nación por lo menos diez veces mayor, sino para estados como Yucatán, Quintana Roo o Tabasco…

Un acuerdo migratorio con el castrismo, mediante el cual se reprime y devuelve a los desesperados que huyen, no juega con los principios humanistas. Y no se trata de favorecer que la gente arriesgue sus vidas, ya eso lo viene haciendo —y muy bien— la dictadura. Mucho menos de permitir que comerciantes inescrupulosos se enriquezcan con el tráfico de personas. La decisión que esperamos de Calderón, del PAN que de nuevo felizmente alcanza la presidencia, es que no devuelva a los que logran arribar.

Ocurrirán, ciertamente, protestas diplomáticas, represalias desde el palacio de la ex revolución… Ningún chantaje vale más que un ser humano. Se les haría, por ejemplo, el mismo caso que La Habana le hace a los reiterados pedidos para que libere a los pescadores mexicanos presos en Cienfuegos o elimine los permisos de salida a cubanos casados con mexicanos. El mismo caso que Castro hizo cuando México le exigió que pagara lo que debe —cientos de millones de dólares— o enviara las grabaciones de Ahumada.

Recientemente leí de la "repatriación" de un grupo de cubanos, pensé en una hermandad que no identifica si algunos boleros son de Veracruz o de Santa Isabel de las Lajas. El bolero… Uno dice: "Noche de ronda, / que triste pasas, / que triste cruzas / por mi balcón". El veracruzano Agustín Lara no hubiera devuelto ningún balsero a la noche triste…