Actualizado: 12/08/2022 22:46
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¿Gusanos?

La dicotomía 'gusano-compañero' no vino de Martí, sino de aquellos que sustituyeron la política por la guerra: los nazis.

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La terminología del "gusano" y el "compañero" no venía de Martí, sino de aquellos que sustituyeron totalmente la política por la guerra, que es por naturaleza dicotómica: los nazis. Como ha recordado Hannah Arendt, en el Tercer Reich los judíos no fueron eliminados en calidad de enemigos políticos, sino de "alimañas".

Asimismo, después de acabar con la sociedad civil y establecer un estado permanente de psicosis de guerra en que la dicotomía del revolucionario y el gusano (patriota-traidor, comunista-burgués) se identifica con la oposición entre la nación y el imperialismo, Castro ha denigrado a una disidencia a la que no deja de negarle la condición de oposición política: los "gusanos" son mezquinos, mercenarios, traidores, delincuentes.

La deliberada confusión de la contrarrevolución y la criminalidad común está, significativamente, en la base de uno de los subgéneros literarios promovidos por el régimen en los nefastos años setenta: la novela policial revolucionaria.
Anacronismos

Hoy resulta cada vez más evidente que han quedado definitivamente atrás los tiempos en que semejante discurso gozaba de cierto apoyo popular. Si recordamos la "mayoría silenciosa" que reeligió a Nixon a pesar de las ruidosas manifestaciones contra la guerra de Vietnam, ¿no podría hablarse, en nuestro caso, de una mayoría silenciosa que, a diferencia de aquella, tiene vedada toda manifestación pública, pero que se hace oír en lugares como las paradas de las guaguas, los taxis de 10 pesos, las colas…?

Esa mayoría silenciosa lo es cada vez menos, ha ido ganando espacio en sitios oficiales como las peñas humorísticas de los teatros de La Habana, e incluso en la televisión, en programas tan populares como ¿Jura decir de la verdad? y Deja que yo te cuente.

Y la mejor prueba de la desafección al régimen de esa mayoría silenciosa, es el desuso de una palabra: "compañero". Su anacronismo implica también el anacronismo del "gusano", en la medida en que ambos opuestos complementarios conforman una misma retórica obsoleta.

Los "gusanos" que se fueron en los sesenta se convirtieron en "mariposas" una década después; de las remesas de aquellos otros, la "escoria" que se fue por el Mariel, vive también en su penosa decadencia el régimen de Castro, el mismo que como parte de la "ofensiva revolucionaria" de 1968, decía de quienes esperaban su salida del país que "mientras más gusanos sean, mejor los van a recibir allá; mientras más vagos, más parásitos, más lumpens, más contrarrevolucionarios, mejor los van a recibir allá", y prohibía "el trapicheo de paquetes desde Estados Unidos a Cuba".

Los gusanos, en fin, sólo existen hoy en el catecismo de las mesas redondas y en las denigrantes sátiras a los disidentes que pasa la televisión estatal.

Recuerdo que la edición cubana de El mundo de ayer (Instituto del Libro, 1969) añadió, en el pasaje en que Sweig cuenta cómo durante su viaje a la Unión Soviética, alguien le puso disimuladamente en el bolsillo una nota manuscrita alertándolo de que las cosas en aquel país diferían de la imagen ofrecida por las autoridades, una nota al pie que advertía que aquella era una estrategia "utilizada por los gusanos de todas las épocas". El "gusano", esa categoría que la estulticia comunista quiso transhistórica, es ya, por suerte, historia.


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