Actualizado: 01/02/2023 22:50
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La Cumbre del Comandante

Salamanca, la ausencia de Castro y varios por qué.

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Días atrás, el gobierno de España le hizo dos regalos a Fidel Castro: el primero, invitó a su Ejército a participar en el desfile militar del 12 de octubre en Madrid; el segundo, no invitó a los disidentes cubanos a la recepción de la embajada española en La Habana con motivo de la misma fecha. Pero el que más le ha gustado a Castro ha sido el regalo colectivo que le hizo la Cumbre Iberoamericana de Salamanca. Hay que ver lo contento que está el Comandante celebrándolo con su servidumbre.

Con frecuencia me preguntan cómo es posible que, después de casi medio siglo destruyendo a Cuba —y sin el amparo de la URSS desde la época de la Perestroika—, Castro continúe gobernando. En mi respuesta no dejo de destacar lo mucho que tiene que ver en ello el respaldo que al déspota siguen dando lo mismo dictaduras que democracias, amén de sus aliados ideológicos y socios comerciales.

En un editorial de estos días, el madrileño El País apunta: "Quizás uno de los elementos característicos de estas cumbres más necesitado de desguace es el inmerecido protagonismo que la dictadura castrista adquiere en ellas". Bien dicho. En unas más que en otras, Castro siempre ha sacado rédito político y mediático de las inoperantes Cumbres Iberoamericanas, las cuales, para empezar, al aceptarlo lo legitiman como "presidente", cuando deberían rechazarlo por dictador, que es lo que es y todos lo sabemos. Pero en ninguna ha triunfado como en la de Salamanca, a la que no se asomó, ni falta que le hizo.

Sin hacer alusión alguna a la índole totalitaria del régimen que él acaudilla —la única dictadura que existe en el continente americano, con más de 300 presos políticos y casi tres millones de exiliados dispersos por el mundo—, la Cumbre de Salamanca complació con largueza a Castro: condenó el embargo comercial y financiero impuesto a Cuba por EE UU (y lo condenó llamándolo "bloqueo", que es como a él le gusta) y exigió a Washington, tal como él quería, la extradición a la Venezuela de Hugo Chávez —donde el Estado de derecho amenaza derrumbe— del anticastrista venezolano de origen cubano Luis Posada Carriles, acusado de terrorismo.

Ante lo visto, son inevitables algunas preguntas: ¿Por qué la Cumbre de Salamanca condena el embargo norteamericano y no condena la violación permanente de los derechos humanos en Cuba? ¿Por qué exige a EE UU la extradición de Posada Carriles a Venezuela y no exige a Cuba la extradición a EE UU de la terrorista norteamericana que mató a un policía y se fugó de una cárcel de Nueva York hace unos meses, a quien Castro protege? ¿Por qué los mandatarios presentes en la Cumbre, en la que tan bellas palabras sonaron en loor de la democracia, no aprovecharon la oportunidad para demandarle a Castro, signatario como algunos de ellos de la Declaración de Viña del Mar, que libere inmediatamente a los centenares de cubanos que mantiene en prisión por expresar opiniones contrarias a las de él?

Estoy de acuerdo, cómo no, con que el embargo norteamericano sea condenado. Ojalá lo supriman: sirve a Castro de pretexto para reprimir a sus objetores y de coartada para justificar el fracaso de su régimen. Encima, el viejo zorro lo usa para posar de víctima. Con gran éxito entre memos y rojetas.