Actualizado: 05/12/2022 11:09
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Utopía versus libertad

Inercia social y mudez de los sin voz: el castrismo continúa su sorda y terca andadura.

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Se produce y se consume sincrónicamente y como no existen las clases, pues se abolió la propiedad privada, se establece por decreto que el interés, el egoísmo y la codicia burguesas se extinguirán por falta de motivación: armonía siniestramente igualitaria, pues la utopía pretende delirantemente la construcción de un "hombre nuevo", enemigo del "antiguo". Sin embargo, este último, cuando vive en democracia, disfruta de verdadera igualdad, pues cada uno puede ser uno mismo y, por tanto, diferente de los demás sin que eso suponga discriminación o persecución alguna, al estar tal ordenamiento social basado en el imperio de la ley.

La unanimidad sin fisuras

El proyecto utópico totalitario confunde interesadamente la supuesta "igualdad" con la uniformidad, castración impuesta desde el poder a la pluralidad de formas y expresiones de participación social, de acuerdo con un perverso criterio que persigue la unanimidad sin fisuras. Así presta mucho interés a la educación y a elevar el nivel cultural de las "masas", pero no al sentido de preparar hombres libres para la vida, capaces de buscar y encontrar en la sociedad el lugar para su reproducción como individuo, sino que imparte una formación de carácter doctrinario inspirada "en las mejores tradiciones combativas" y en los manuales de " machismo-leninismo" más trasnochados.

Tal magisterio se propone convertir en rehenes a las "nuevas generaciones" para que estas asuman actitudes obedientes y deudoras del poder. De tal suerte, se inmuniza la innata capacidad de los jóvenes para cuestionar e impugnar los métodos con que se gobierna, asegurándose una supuesta continuidad histórica.

Mientras permanezca semejante estado de inercia social, de tiempo congelado, de mudez de los sin voz, la utopía continuará su sorda y terca andadura. La población perdió hace mucho su apetencia por la libertad y carece, por tanto, de una cultura de la democracia, pues ha sido privada de sus derechos políticos. Los mismos han sido ejercidos en exclusiva desde 1959 por quien les prometió soberanía y bienestar, justicia social y defensa, postulados sobre los que se fraguó el consenso político inicial.

Los cubanos ignoran que la libertad consiste en la autonomía de los individuos en la colectividad para establecer y revocar leyes, elegir y deponer a los gobernantes, disfrutar de garantías jurídicas y de la posibilidad de examinar por cualquier medio no perjudicial para otros la plenitud de su subjetividad. Asimismo, desconocen que desde que en 1959 abdicaron de las prácticas democráticas para pasar a depender de las decisiones de un caudillo mesiánico, salieron de la institución de la libertad para formar parte de un rebaño incapaz de influir en el curso de sus propias vidas y su destino.

Para quebrar tal postración es necesario fomentar en la población la conciencia de que puede por sí misma ser sujeto de sus propios cambios. Sin embargo, la gran mayoría todavía no tiene conciencia del "poder de los sin poder", pues el miedo, la dependencia, la incapacidad para superar la apatía, el terror instigado y otro más subjetivo, pero que ha calado profundo en la mentalidad social, los paraliza.

En qué momento la población de la Isla superará su inercia para convertirse en protagonista de las transformaciones es aún una incógnita, pues el poder ha eludido su responsabilidad por el creciente malestar culpando al sempiterno enemigo, mientras ejerce una eficiente represión sobre las asociaciones disidentes. Entretanto, la válvula de escape de la inmigración continúa siendo la opción más utilizada por el elemento más joven de la sociedad para materializar sus ansias de libertad y bienestar material.

Todos estos factores proporcionan aliento a la utopía a la vez que complican extraordinariamente los futuros escenarios en los que se dirimirá el futuro de la nación, haciéndolos depender en último término de la desaparición física del dictador. No obstante, tanto en Cuba como en el exilio, ya se perciben las primeras señales que anuncian que las premisas para la transición hacia un régimen de libertades comienzan a madurar.


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