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Dibujo, Straet, Descubrimiento

El Descubrimiento más allá del encuentro erótico

La alegoría en la ilustración de Van der Straet trasciende lo sexual

Este dibujo de Jan van der Straet (c 1575) se ha convertido en un emblema del Descubrimiento. La mujer reclinada, desnuda, en un exuberante paisaje del Nuevo Mundo, saluda al hombre europeo que se encuentra delante de ella, blindado y con un bastón con crucifijo en la mano derecha y un astrolabio en la otra. Oculta discretamente debajo de la túnica del hombre hay una espada.

La representación muestra al Descubrimiento como un encuentro erótico entre un europeo completamente vestido y una india americana desnuda. Una imagen que fue establecida en la imaginación cultural occidental durante bastante tiempo.

En la lámina de Van der Straet, las manos del europeo están llenas, las de la india vacía. Esta extiende su mano derecha hacia el hombre en un gesto ambiguamente suspendido entre el saludo y la invitación. Difícil discernir con absoluta certeza si ella se está levantando para abrazarlo o está en el proceso de reclinarse e invitarlo a unirse a ella en la hamaca.

En cualquier caso, la escena sugiere mucho más que un simple encuentro erótico: es el preludio de un intercambio en América, desnuda y recostada, solo tiene para ofrecer su cuerpo mientras Europa, el hombre erguido y con armadura, aporta su conocimiento y la fe.

La alegoría en el encuentro erótico de Van der Straet trasciende lo sexual. Hay valores culturales que privilegian la postura del hombre europeo en contraste con la de la mujer india, que es demasiado receptiva, abierta y vacía a pesar de su apariencia deseable, que se ve reforzada por el entorno de jardín pastoral.

Sin embargo, el paisaje idílico lo es solo a primera vista. En un segundo plano, estratégicamente situado entre las dos figuras, justo encima del brazo de la mujer que hace señas, hay una escena caníbal: tres indios, desnudos como la mujer, están asando una pierna humana. La seducción entonces adquiere un carácter perturbador: los valores culturales de género trastocados evidencian una necesaria advertencia: la alegoría de Van der Straet no solo inventa, sino que traduce los signos de un discurso justificativo de la colonización y conquista.

© cubaencuentro

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