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CON OJOS DE LECTOR

Hecho en Miami

Dos jóvenes intérpretes y compositoras, Lena y JD Natasha, inician con una favorable recepción su andadura profesional.

Ciudad favorita de muchos artistas latinoamericanos que la eligen para residir o bien para grabar allí sus discos, Miami disfruta de una actividad musical tan intensa como incesante. Eventos, conciertos, lanzamientos de títulos recién salidos al mercado, la convierten en un sitio idóneo para el surgimiento de nuevos valores que buscan su oportunidad, o por lo menos esos quince minutos de fama a los cuales, de acuerdo a Andy Warhol, todos tenemos derecho. En lo que a música se refiere, cualquiera diría que el panorama está tan superpoblado que no vale la pena el esfuerzo. Pero pese a ello, si se posee talento siempre hay manera de hacerse un hueco.

Una de las que lo ha logrado es Lena, quien hace unos meses debutó como solista. En su caso, puede aplicarse aquello de que de casta le viene al galgo. Su padre es un conocido productor musical; su madre, la cantante Malena Burke; y su abuela, esa inmensa artista que fue Elena Burke. Su afición por la música le llegó, pues, por varias vías, y desde tempranísima edad. Empezó a cantar desde los tres años. A los cinco pasó a tomar clases de guitarra y de piano, a los siete. Tras doce de estudio, se hizo concertista.

Pero lo suyo, lo que verdaderamente le atraía era cantar. Al igual que muchos otros, se inició haciendo coros para artistas como Chayanne, Plácido Domingo, Gloria Estefan, Julio Iglesias, Jennifer López y Alejandro Sanz. Fue durante la grabación del No es lo mismo de este último, cuando su futuro artístico se decidió. El cantante español le preguntó si además de cantar, componía. Lena le contestó afirmativamente, se sentó al piano y le hizo escuchar un par de sus canciones. El propio Sanz ha comentado la impresión que entonces tuvo: "Al escucharle por primera vez interpretar sus temas al piano, sentí esa ansiedad que he sentido en otras ocasiones: la inquietud de presentar a otros lo que yo había descubierto". No dudó por eso en recomendarla a Warner Music Latina, algo que ella agradece cuando lo llama su "hado padrino". El talento de Lena se encargó de convencer a los ejecutivos de la compañía, que le ofrecieron un contrato. La primera materialización del mismo es el disco compacto Lena (Warner Música Latina, Miami Beach, 2005).

El disco fue grabado en Italia, y recoge doce piezas, todas las cuales llevan la firma de Lena. En ellas, la compositora e intérprete se decanta por un pop melódico en el cual predominan las temáticas amorosas. Las canciones transitan de las manifestaciones más arrebatadas e irreprimibles de ese sentimiento ( Tu corazón, Amanecerte la vida, Puedo jurar, Ven y…) al desamor ( Arrepentido, Que te perdone Dios). Lena incluye también un par de homenajes: uno a Cuba, en Ororeiya ("Aunque no volveré a tener/ tu sonrisa jamás/ aún siento en mis labios/ la sal de tu mar"), y otro a su abuela, en Eterna pasajera ("Y al no escuchar tu canto/ descubro que mi llanto/ te pertenece, Elena/ eterna pasajera/ que el viento se llevó").

Pese a ser el álbum de una debutante, Lena representa, en conjunto, un trabajo de muy buena factura. Los muchos años de estudio se hacen evidentes en el notable nivel de profesionalismo y el correcto dominio de la técnica que demuestra Lena como cantante. Su agradable tesitura vocal y su magnífica afinación constituyen un vehículo expresivo idóneo para que se destaquen más sus cualidades como compositora, sobre todo en temas como Arrepentido, Qué sería de mí, Amanecerte la vida. Y también, cómo no, en Tu corazón, que interpreta con Alejandro Sanz y que creó, como ella confiesa, pensando en él ("Me siento muy orgulloso y mi vanidad crece por segundos cuando Lena dice esas cosas", comentó él). En esa composición, Lena hace un cóctel con ritmos caribeños y aires andaluces, que ambos interpretan estupendamente. Pónganlo al lado del dúo que el propio Sanz hizo con Shakira en la insufrible La tortura, y coincidirán conmigo en que Tu corazón es infinitamente mejor.

Una rockera en pie de guerra

No debe sorprender por eso que su primer disco, Imperfect-Imperfecta (EMI, Miami Beach, 2005), lo grabase cuando tenía dieciséis años. Su salida en el mercado fue muy recibida, y le valió ser nominada como mejor nueva artista, en la pasada edición de los Grammy Latinos. A algunos además Imperfect-Imperfecta les hizo recordar a Pies descalzos, el compacto con el que se dio a conocer la colombiana Shakira. No porque JD Natasha tratara de emularla, ni la tomara como modelo a seguir. Otros la bautizaron como la Avril Lavigne latina, atendiendo al espíritu rebelde y al tono energético de sus canciones. En todo caso, mucho más fácil resulta establecer quiénes son las artistas a quienes ella definitivamente no quiere parecerse: ni a Thalia, ni a Paulina Rubio, ni a Fhey, ni a ninguna de esas chicas guapas cuyo, es un decir, estilo queda definido con exactitud en la expresión inglesa bubble-gum pop ( bubble-gum significa chicle o goma de mascar).

Si hubiese que mencionar a solistas y grupos a quienes JD Natasha confiesa admirar, hay que acudir a nombres como los de Nirvana, The Cure, Radiohead, Enrique Bunbury, David Bowie, Courtney Love, The Beatles, representantes todos del mundo del rock. Y de corte rockero es precisamente la música que ella compone y canta, aunque conviene decir que para expresarse prefiere hacerlo en español, pese a que se desenvuelve con igual soltura con el inglés. Pruebas al canto, ahí están los tres temas en ese idioma que hallamos en Imperfect. ¿Y de qué habla JD Natasha en sus canciones? (Y digo sus, porque catorce de las quince piezas son de su autoría). Pues de los sentimientos y conflictos que suelen compartir las chicas de su edad: el descubrir el engaño de quien prometía amor, cuando en realidad sólo buscaba una aventura pasajera; la evidencia de empezar a darse cuenta de que la vida no es tan fácil como uno creía.

JD Natasha añade también una dosis de rebeldía juvenil. Se rebela, por ejemplo, contra quienes sólo pretenden ver en ella a una jovencita tan guapa como hueca: "No soy una barbie de plástico/ tengo alma". Empieza a despojarse de lo que llama su "estúpida inocencia"; por eso, y a diferencia del álbum de Lena, sus canciones proyectan una visión desencantada y escéptica de las relaciones amorosas: "Estoy en casa/ leyendo tus cartas/ Ay, qué mierda/ Soy imbécil por quererte".

Imperfect-Imperfecta es, pues, una muy atractiva muestra de buen rock, hecho por una chica inconforme y que llega en pie de guerra. Vocalmente, sabe además defender sus canciones con energía y convicción. Se entrega a fondo y se acompaña con su guitarra para pasear un repertorio que va de temas más rockeros y movidos como Plástico y Tatuaje a otros más suaves como Lágrimas, Tanto, Tan cerca y Dime. A sus composiciones, no obstante, hay que ponerle un pero: si musicalmente no puede hacérseles reparos, no puede decirse otro tanto respecto a las letras, que en general son un pelín elementales y pobres. Es ése el único aspecto de Imperfect-Imperfecta en el cual se pone más de manifiesto la bisoñez de JD Natasha. Ella y sus productores harían bien en solicitar la colaboración de un letrista para sus próximos proyectos.

Hecho este reparo, quiero concluir esta reseña llamando la atención sobre el tema que cierra el compacto. Es una excelente y personalísima versión acústica del Hey Ya de Outkast. Que yo conozca, hasta ahora nadie se había atrevido a cantar este tema, que tan brillantemente interpretan sus creadores originales. Quienes lo conozcan, entenderán bien lo difícil que es imaginarlo por otros artistas. Mas he aquí que JD Natasha lo retoma, le da la vuelta y transforma el sarcasmo punk, infeccioso y festivo que André 3000 pone a la canción en un desgarrado himno de la ansiedad y la angustia juvenil. Si esto no es poseer talento, pues hay que decir que es algo que se le acerca bastante.

© cubaencuentro

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