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Actualizado: 01/07/2022 16:17

Vereshchagin, Pintura, Martí

Vereshchagin, Martí, Putin y el horror de la guerra

Cuando una épica torcida no trasciende una época, y Putin imita a la de Stalin: vivir en Siberia y ser arrestado por mostrar un cuadro de Vereshchagin

Nunca deja de asombrar la persistencia del arte. Publica The Washington Post que un carpintero siberiano, Stanislav Karmakskikh, fue arrestado en Rusia hace unos días, por mostrar una reproducción del famoso cuadro de Vasily Vereshchagin La apoteosis de la guerra.

No es tanto la censura o la represión, cada vez más cotidianas por parte de Putin, sino el hecho de que Vereshchagin lo pintó en 1871. Más allá de la valoración estética —que responde a un momento— la realidad y el impacto del tema supera las expectativas.

Luego pienso que tampoco vale el asombro: la obra de Vereshchagin fue prohibida o limitada en varias ocasiones y no solo en Rusia. El pintor, que además participó en varias guerras, no murió en la cama —algo usual en el gremio—, sino ahogado junto a un almirante en el hundimiento de un acorazado durante la Guerra Ruso-Japonesa, el 13 de abril de 1904.

Sin embargo, la cárcel aquí es por el tema del cuadro —y su sorpresiva vigencia actual— y no por el pintor. Décadas atrás contemplé sin problemas las enormes telas de Vereshchagin en la Galería Estatal Tretiakov, aunque al parecer Putin está dispuesto a superar a Brézhnev, y alcanzar o hasta pasarle a Stalin.

Para cualquier escolar sencillo cubano, el nombre de Vereshchagin resulta especialmente conocido. No tanto porque este visitó la isla en 1900, sino porque José Martí escribió sobre él.

Que Martí (ese patriota que enseñaban en la escuela) escribiera desde Nueva York sobre un pintor ruso me deslumbró algo —tengo que confesarlo—, aunque lo escrito no lo entendiera del todo entonces y mucho menos me diera por averiguar de un pintor famoso que viajó por medio mundo por curiosidad y fama y por la otra mitad por curiosidad y guerra.

Podría parecer que Vereshchagin gustaba de esos conflictos, pero era todo lo contrario. Y eso fue lo que expresó en sus cuadros. Una de las consecuencias fue que, mientras los generales admiraban sus pinturas, al mismo tiempo hacían todo lo que estaba a su alcance para que los oficiales y soldados no las vieran.

Así ocurrió con Helmuth von Moltke the Elder, quien visitó una exposición de Vereshchagin en 1882 en Berlín. Al parecer el mariscal de campo prusiano quedó tan impresionado —y perturbado— con La apoteosis de la guerra, que emitió una orden prohibiendo a los soldados alemanes visitar la exhibición. Lo que demuestra un parecido alarmante entre todos los que hacen —y viven— de las guerras.

El caso de Martí es todo lo contrario.

Martí escribe una extensa reseña —más bien un ensayo— sobre una exposición de Vereshchagin en Nueva York, que aparece en La Nación el 11 de enero de 1889 (su última colaboración a ese periódico de Buenos Aires). Es uno de sus escritos sobre arte más famoso.

También —como suele ocurrir con Martí— un texto explotado, mediante la extracción de citas, para los fines más diversos.

Lo que escribe Martí en “La exhibición de pinturas del ruso Vereshchagin” merece varias lecturas. En ocasiones sus detalles de los cuadros superan a estos; en otras el análisis —que van mucho más allá de las pinturas y el pintor— por momentos deslumbra y en otros la brillantez de las palabras no disipa las dudas; su descripción de los asistentes es una excelente lección para que cualquier periodista aprenda a dar el “color local” (incluso en nuestros días) y en cierta medida anticipa al “nuevo periodismo”. Todo ello por una parte, aunque de pronto el tono exaltado me devuelve cierta distancia que siempre he sentido hacia la prosa martiana; ello sin olvidar que quien contempla las pinturas de diversas guerras es un escritor que se prepara para la suya.

Vereshchagin visitó Cuba ya concluida la guerra, con el interés de pintar sobre ella. Los cuadros que hizo al respecto son muy menores. Una trilogía sobre la batalla de las colinas de San Juan, otros dos sobre la captura de un espía, bocetos y algún retrato. Casualmente —¿o no?— al parecer se encuentran en Ucrania.

© cubaencuentro

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