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Actualizado: 26/11/2022 10:59

Natalie Morales, Cine, Lenguaje

Mujeres detrás de la cámara (I)

Natalie Morales debuta como realizadora con una historia llena de sensibilidad, encanto y humanidad, en la que prueba lo mucho que se puede expresar a través de la pantalla de un ordenador

En la cartelera de los cines de estreno en versión original de Madrid, han coincidido en las mismas fechas dos películas que, aunque muy distintas en cuanto a nacionalidad, temática y estilo, poseen algunas particularidades que las hermanan. En primer lugar, ambas son operas primas y quienes debutaron en la realización con ellas son mujeres jóvenes. Se trata, asimismo, de producciones hechas con un bajo presupuesto. Y, por último, sus directoras, que además comparten crédito como guionistas, narran historias en filmes que se distinguen por durar poco o bien el tiempo justo.

Con Language Lessons (Estados Unidos, 2021, 91 minutos), la norteamericana de ascendencia cubana Natalie Morales (Kendall, 1987) ha añadido a su currículum la profesión de directora. Hasta ahora, sus experiencias solo habían sido como actriz en películas y series de televisión. Precisamente, interpretó un pequeño papel en un capítulo de la serie de HBO Room 104, creado junto con su hermano Jay por Mark Duplass (New Orleans, 1976).

Este último vivió una pequeña crisis durante el confinamiento por el covid-19 y para salir de ella, se apuntó a unas clases de español por internet. En esos encuentros se hizo amigo de la profesora, una chica guatemalteca. De ahí nació la idea que se materializó posteriormente en Language Lessons. Le propuso a Morales que escribiesen juntos la historia, se pusieron de acuerdo y redactaron el guion a distancia, a causa de la pandemia. Durante la etapa más dura de la misma rodaron el film, que terminaron protagonizando ellos mismos y que fue producido por los hermanos Duplass.

Se dice que las épocas de calamidad y desgracias son favorables para los escritores y artistas, pues aumentan e intensifican su creatividad. Eso parece cumplirse en Language Lessons. Aquí el confinamiento a que el civid-19 obligó durante los primeros meses ha reducido el arte cinematográfico a lo esencial, al forzar a sus realizadores a partir de una premisa extremadamente simple, un juego a dos que es la simplicidad misma. Estamos además ante una muestra de ese cine que desde hace varios años viene explorando el empleo del punto de vista de la pantalla de un dispositivo (ordenador, teléfono inteligente, iPad), como una manera de responder a los hábitos actuales de comunicación social que han traído las nuevas tecnologías.

El argumento que desarrolla Language Lessons se puede resumir así. Will, el esposo de Adam, le regala un paquete de 100 clases de lecciones semanales de español en línea. La profesora es Cariño, una chica cubana que ahora vive en Costa Rica. Habla un inglés perfecto, aunque ella insiste en que Adam converse casi exclusivamente en español. Al principio, este se muestra desconcertado, pues se define a sí mismo como una criatura de hábitos extremos. No sabe cómo ni dónde encajar este nuevo elemento en su estructurada rutina diaria y por eso se resiste a modificarla. Sin embargo, no tiene la oportunidad de incorporar las clases, pues solo una semana después ocurre una inesperada tragedia personal que trastorna por completo su existencia. Adam decide entonces continuar con las lecciones de español y, para su sorpresa, la profesora se convierte en la salvación que él no sabía necesitaba. Entre ellos se establece así un vínculo emocional totalmente inesperado y lleno de complejidades, que es construido en dos idiomas.

Esa historia es narrada mediante una serie de videoconferencias, y la duración de cada una corresponde exactamente al tiempo que Adam y Cariño pasan en pantalla. Las escenas tienen además títulos como Inmersión, Comprensión, Gramática, Contexto, Fluidez, Crédito extra, que aparte de remitir al aprendizaje de un idioma, tienen ciertas correspondencias con la evolución de la amistad entre los dos personajes. Conviene apuntar que a estos es a quienes únicamente vemos a través del webcam (a Will solo se le ve en fotos y se le escucha al principio, hablando en susurro fuera de pantalla). Unas veces, Adam ocupa todo el encuadre y Cariño aparece en un pequeño recuadro en la esquina. Otras, esa configuración se invierte.

Aparte de los encuentros en el ciberespacio, en la película se incluyen mensajes individuales de imagen o de audio que ambos se dejan. Son esos los únicos planos que se emplean. La edición es también muy poca. La mayor parte de las secuencias comienzan con el inicio de la videoconferencia. Esta se mantiene ininterrumpidamente durante varios minutos y al finalizar, la pantalla se queda en negro. Asimismo, en algunos momentos se producen fallos técnicos, como oscilaciones de la imagen o audio discontinuo, que contribuyen a darle autenticidad a la propuesta fílmica.

Guion escrito a cuatro manos

El guion, escrito a cuatro manos por Morales y Mark Duplass, permite seguir esta historia de conocimiento mutuo por medio de la tecnología. Por la información que ambos se intercambian en los encuentros virtuales, sabemos que Adam es un acomodado cuarentón que vive en Oakland, California, en una agradable casa con piscina y muchas obras de arte moderno. Pertenece a su esposo Will, quien dirige una famosa compañía de danza. Adam aún se halla en el proceso de adaptarse a esa vida de ocio y bienestar. En una de las sesiones, le confiesa a Cariño que es homosexual, lo cual descarta la posibilidad de que la relación entre ambos pueda llegar a ser algo más que amistosa. El haber conocido a Will fue lo que lo impulsó a salir del armario. Antes había reprimido se sexualidad con un matrimonio con una mujer.

En cambio, Cariño, cuyo verdadero nombre es Caridad, vive modestamente. Y a diferencia de su alumno, se muestra reticente a compartir información sobre su vida. Argumenta que eso no sería profesional. Cuando a pesar de su reserva salen a la luz revelaciones personales que ha tratado de ocultar, da marcha atrás ásperamente e incluso intenta suspender las clases temporalmente. A través de ciertos detalles, Adam se da cuenta de que ella está pasando por un profundo dolor, e insiste en estar allí para ella, del mismo modo que ella lo ayudó, haciendo de consejera y terapeuta. Y finalmente, los frágiles muros que Cariño había levantado terminan por desplomarse.

A partir de una premisa tan sencilla, Morales y Duplass han creado una luminosa fábula acerca de las relaciones humanas y los lazos afectivos que surgen entre dos personas totalmente distintas, pero hermanadas por la angustia y la indecisión. A lo largo de la hora y media que dura el film, presenciamos cómo se forja esa amistad, cómo se construye la confianza. Entre Adam y Cariño se va estableciendo una cercanía que crece con cada nuevo encuentro. La interacción a la que las clases de español los obligan hace que surja una relación que ninguno de los dos imaginó que llegaría a ser tan profunda.

Language Lessons cuenta, en primer lugar, con un buen guion, que no fuerza las situaciones con solemnidad ni pretensiones reflexivas. La historia está narrada de manera intermitente, con unos diálogos a menudo bastante divertidos, en los cuales el español y el inglés se turnan. Duplas y Moreno incorporaron algunos trucos de guionista para atenuar el estilo monocorde de los encuadres, pero en todo caso resultan lícitos. En ese aspecto, han aprovechado además que las tecnologías modernas permiten que quienes están en línea se puedan mover por distintos sitios. Así, Adam mientras charla con Cariño usa la sauna, nada en la piscina o está echado en la cama. Ella, por su parte, habla con él al mismo tiempo que explora un bosque de bambú, descansa en una hamaca o toma una cerveza en la calle. De manera que se puede decir que la película no es totalmente estática.

Como actores, Duplass y Moreno realizan unas interpretaciones francamente buenas. Han hecho una atractiva construcción de sus personajes, y les insuflan una calidez y una honestidad emocional que nunca suenan falsas. Demuestran, asimismo, que se creen los diálogos que ellos mismos crearon. En su faceta de realizadora, Morales dirige el film con carisma y buen pulso. Prueba de ello es que su estreno como realizadora le valió el premio Filmmaker on the Rise (Cineasta en ascenso), otorgado por la Asociación de Críticos de Hollywood. A ese galardón hay que sumar los que el público concedió a Language Lessons en los festivales de Provincetown y SXSW de Austin.

Realizar una película que se desarrolla por completo a través de charlas por Zoom, era una tarea nada fácil. Dadas esas limitaciones físicas, cabría esperar que cayera en la rutina y agotase pronto su premisa. Afortunadamente, Language Lessons hace un inteligente uso de ese formato y prueba lo mucho que se puede expresar a través de la pantalla de un ordenador. A sus creadores hay que reconocerles el mérito de lograr que el espectador se interese y emocione con esta historia llena de sensibilidad, encanto y humanidad.

© cubaencuentro

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