Opinión
La Moscovia infinita
Un testimonio sobre la impronta cultural de la extinta Unión Soviética (la casi exótica metrópoli) en la isla del socialismo a lo cubano.
Motivado por el reciente e interesante dossier del blog Penúltimos días sobre la Unión Soviética, me he animado a escribir estas impresiones personales. Confieso que el tema de la impronta cultural de la extinta Unión Soviética en Cuba siempre me ha atraído de una manera muy particular. Aunque se puede escribir mucho sobre esa relación con la casi exótica metrópoli, prefiero hacerlo a través de mi experiencia personal.
Los cubanos fuimos la más occidental comarca del Imperio, su arrabal tropical, también exótico para el otro. Pero, como trataré de sugerir aquí, fue un exotismo —el ruso en un cubano— interior. Una de las anécdotas orales que prefiero de José Lezama Lima, cuando trabajaba en el Instituto de Literatura y Lingüística, es la siguiente: Vinieron un día a pedirle su opinión sobre unos convenios de colaboración con los hermanos países socialistas, dentro de lo que llamaban entonces los planes quinquenales… Lezama se limito a reír sin parar, con lágrimas en los ojos, mientras repetía por toda respuesta, con su peculiar entonación asmática, una sola frase con la cual parecía decirlo todo contra ese lenguaje burocrático, casi kitsch: "La Moscoviaaa"…
Por alguna razón que no me interesa explicarme a mí mismo, ahora, que vivo en Madrid, en un reparto de Arganda del Rey llamado La Poveda, lo nombré desde el primer momento como La Moscovia, acaso por su casi exuberante e intensa población rumana (la panadería se llama Transilvania). Pero no se me escapaba una suerte de ironía risueña implícita en el sobrenombre: un cubano que emigra a la Madre Patria y termina viviendo en la Moscovia, en cierto modo, como un pueblo imaginario habitado por exiliados del Imperio.
Mi primera experiencia con la Moscovia sucedió cuando leía con pasión en la década del sesenta los cómics norteamericanos Los halcones negros, que luchaban, con chinito Chop-Chop incluido, contra los "pillos" del comunismo internacional. Memorable fue mucho después, cuando proyectaron en Cuba una película coreana, donde ante el avance del glorioso ejército rojo de Kim Il Sun, los propios soldados coreanos del sur exclamaban: "¡Huyamos como ratas despavoridas!".
De niño, mi bisabuela de Cárdenas, muy "gusana" —como se decía entonces—, sacaba a cada rato de su cuarto (ignorancia mediante, por supuesto) un libro que atesoraba allí como una prueba irrefutable de lo terrible que era el comunismo, titulado La dictadura del proletariado…, escrito por V. I. Lenin. Pero ella decía, enfática: "Lo ven, lo dijo Lenín (acentuando la última vocal), el comunismo es una dictadura", y daba la discusión por cerrada. Después, cuando padecí la plaga de los manuales de marxismo-leninismo, pero también estudié filosofía con pasión, recordaba siempre la ambigua clarividencia de mi bisabuela.
Alguna vez en Cuba cometí una relación amorosa con una avasalladora rubia de los Montes Urales (así también se llama una calle de mi pueblo madrileño). Buscaba en ella una energía salvaje, eso que se ha dado en llamar el alma rusa, un verdadero pathos entre trágico y romántico, y un carácter fuerte muy singular (ya ven, estos son los peligros de lo exótico). Por cierto, siempre me intrigó el hecho de que en Cuba había rusas casadas con cubanos, nunca rusos casados con cubanas… En fin, buscaba acaso eso que se denomina "lo ruso" (conformado previamente por mis lecturas, por la música clásica y el gran y selecto cine ruso y soviético) y que enseguida sabemos qué significa casi a un nivel inconsciente. Un eco (¿una cicatriz?) de un imaginario que tengo grabado muy profundamente dentro de mi percepción de la realidad.
Otra isla sin nombre
Con tanta intensidad como la impronta española o norteamericana, o incluso la francesa o la alemana, no puedo percibir el mundo sin Dostoievski, sin Tolstoi, sin Chejov, sin Chaikovski… Pero tampoco ciertamente sin esa Rusia profunda —también inexorablemente soviética— de las películas de Andrei Tarkovski o de Nikita Mijalkov. Por muy universal que sea el mensaje de Solaris (basada, por cierto, en una novela de Stanislav Lem), no podría haber existido sin la expansión cósmica de la Unión Soviética. Tampoco La infancia de Iván o, incluso más profundamente, Stalker o sus últimas películas — El espejo, Nostalgia y El sacrificio—, sin la impronta del estalinismo.
Sin poder profundizar en estos temas, sólo indico que la mirada de Tarkovski es toda una ontología (y poética) de lo ruso. Su película Andrei Rubliov es acaso su mayor aporte a la cultura mundial. Me recuerda, por su aliento shakesperiano, El Rey Lear ruso, otra película memorable del también director de Hamlet, Grigori Kozintsev, que prefiero a otro clásico, El Rey Lear en versión de Kurosawa.
Pero ¿qué decir de Oblomov o de Pieza inconclusa para piano mecánico? Lo mismo me sucede con el cine de los polacos Andrei Wajda, Kawalerovich, Hoffman, Polanski, Zanussi… O con aquellos ballet simbólicos del cineasta húngaro Miklos Janesó… ¿Cómo olvidar al gran actor polaco Cybulski o a Daniel Olbrychski? O ciertos escritores checos y polacos. Sin una producción de cine masiva como la de la Unión Soviética, el cine polaco era de una calidad general sostenida casi única en el mundo.
Recuerdo que iba a la Cinemateca a ver estas películas cada vez que se proyectaban, no importa que ya las hubiera visto montones de veces. Allí me encontraba una y otra vez con Raúl Hernández Novás, con Jorge Domingo, con Manolo Rodríguez, con Jorge Iglesias, después con Omar Pérez… A veces éramos sólo unas cuantas personas en esa inmensa sala casi vacía pero con un "frío" tan agradable y tan exótico.
¿Qué buscábamos allí, casi con pasión de culto, dentro de la isla tropical del socialismo a lo cubano? ¿Qué otra isla sin nombre disfrutábamos allí, a la misma vez cerca y lejos de ese comunismo político imperial que aborrecíamos? Bueno, acaso lo mismo que podíamos disfrutar con Twain o Melville, a contrapelo de otra cultura superficial norteamericana. Aunque también recuerdo la alegría cómplice del público de la Cinemateca cuando vimos Sin anestesia, de Andrei Wajda, pero ya eso fue en el umbral de la disolución del Imperio… Y no tengo que insistir en que la lectura de El maestro y Margarita, de Bulgakov, como después de Milan Kundera, me proporcionaron una suerte de complicidad de víctima del Imperio.
También recuerdo ahora cuando en el año 1981 fuimos un grupo de profesores amigos del Instituto Superior de Arte: Raquel Carrió, Raquel Mendieta, Gloria María Martínez y Aimée Hajdú (por cierto, esta última de ascendencia húngara y que en realidad parecía una princesa húngara en el destierro), a la Biblioteca Nacional para recabar libros para formar la incipiente biblioteca de dicho instituto. Nos enviaron al piso 15, llamado de reserva, para que escogiéramos los libros que consideráramos pertinentes para la biblioteca del ISA.
Cuál no sería nuestra sorpresa cuando comprobamos que allí se escondían (se reservaban o sepultaban) toda una serie de libros en grandes lotes que no se quería que el lector cubano leyera. Junto a filas interminables de Fuera de juego, de Heberto Padilla, y Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat, estaban los de Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, pero también una novelita espléndida, Las puertas del paraíso, del polaco Andrzejewski, y otros de Gombrowicz, o la novela del español Sender, Las criaturas saturnianas —sobre la profunda y casi satánica relación de una princesa rusa con el conde Cagliostro—. Libros entonces también, estos últimos, considerados subversivos por los oscuros antecesores del otrora director de la Biblioteca Nacional, Eliades Acosta…
El alma rusa
Regresando al tema que más me interesa, ¿quién que es no es un poco Raskolnikov? Raskolnikov, ese joven casi existencialista imantado por el mito napoleónico, como Lucien de Rubrempré o Julián Sorel, o Fabricio del Dongo… El propio Napoleón ¿no tuvo su tragedia rusa?
Recuerdo que fue en mis lecturas de Nietzsche que descubrí a Dostoievski… Incluso en las innumerables películas de guerra soviéticas que padecimos en aquella época, había a veces algo que escapaba a la ideología oficial y que remitía al gran alma rusa. Por ejemplo, en una película basada en una novela de Shólojov, Ellos se batieron por la patria, había una escena en que los tanques alemanes avanzaban inexorablemente hacia unas trincheras donde unos soldados soviéticos esperaban una segura muerte. Entonces, uno de aquellos soldados comunistas, ante la inminencia de la muerte, comenzó a llorar y a invocar a Dios como sólo un ruso, entre patético, trágico y romántico, puede hacerlo. La grandeza de aquella escena, con música de fondo apropiada, era arrasadora, suerte de vuelta de tuerca de la película coreana comentada.
Bueno, para concluir. No tengo nostalgia de los muñequitos rusos, porque, por edad, disfruté primero los norteamericanos. Pero sí tengo una nostalgia enorme, sin consuelo posible ni paliativo visible en el horizonte —por los peligros de la globalización—, por las lecturas y los filmes que alimentaron mi espíritu en mi juventud de la Moscovia infinita…
Hay una ironía chejoviana, una displicencia y un imposible oblomovista, un existencialismo a lo Raskolnikov, un humor y un lirismo melancólico a lo Bulgakov, así como una lentitud en el habla y en la gestualidad, una religiosidad diferente pero tan profunda; una intensidad ora contenida, ora desbordada; una efusividad tan cariñosa, casi campesina o familiar; un estigma de alcoholismo casi fatal; hasta una manera de llorar; una energía salvaje o telúrica; una mirada de estepa blanca interminable; un erotismo demediado por algo infantil y a la misma vez como bárbaro, y también, ¿por qué no?, una amargura, una frustración insondables, alimentadas por setenta años de experiencia soviética (y menos mal que no se ha cumplido la sombría profecía de Cioran, quien en Historia y utopía predice el triunfo futuro del imperio soviético), cuyos orígenes seguro se remontan mucho, mucho más atrás, los que me resultan ya no sólo familiares sino parte indiscernible, para bien y para mal, de mi manera de percibir la realidad.
© cubaencuentro
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14 Comentarios
14 by DRA PROF KARY TORRES ANDREA TUTOR (Usuario no autenticado) 04/03/2011 1:02
Es una pena, que no recuerde la más excelente película que haya visto: un monólogo con una actriz rusa, jubilidada en la actualidad y no sé, si aún vive, que se exhibió en la Cinemateca del Cine Rampa. En la Sala, estábamos sólo 2 personas, ambas féminas, y no nos conocíamos, tampoco, intercambiamos criterios. Observé, por esa costumbre profesional de observar socialmente, seguíamos el filme con una atención de sólo pueden aquellas personas, que entienden cada palabra y la idiosincracia de los actores. Cuando no se comprende la idiosincracia y hasta el humos de una Cultura, no es culpa de la Cultura misma, sino dela incultura del espectador. Nos puede suceder a todos ante el otro, que somos nosotros mismos antes o después de recorrer el globo terráqueo por generaciones. Esa película rusa, que no recuerdo el nombre, la tuve muy presente a la hora de decidir cómo enfrentar la estructura y la forma de narrar mi novela "VALS PARA KARLA": una vida en restrospectica; una vida, que comenzó en Rusia a los 20 años; una vida y tema sumamente interesantes y actuales. Mi Rusia sorprende y enamora a los lectores, que en muchos casos, tienen una idea preconcebida de Rusia, cual paraje aburrido, lleno de vastedad y discurso político, salpicado de borrachos. No es así Rusia, aunque haya de ello en Rusia. Sería un placer para mí, que Arcos escribiese una crítica de mi novela. Pudiese decir a los anti-rusos, que no he visto mejores reproducciones cinematográficas de libros importantes que las de Moskfilm, tampoco mejores películas de guerra, por lo menos, no existe otro cine, que pueda darnos mejor la segunda guerra Mundial, tan real y de forma tan vívida. Del mismo modo, no hay mejores películas de procesos judiciales que las americanas. Un saludo cordial y le animo a que siga escribiendo magníficos comentarios culturales. Aunque "Niet", demasiado negativo para mi gusto, con su cabeza torcida y anti-rusa. La negatividad es una enfermedad psiquiátrica, propia de personas mayores o camino al Más Allá. Yo vivo en España, hace 11 años; he permanecido meses en Holanda; he atravesado Europa por tierra de Santander hasta Berlín y sus alrededores, sin embargo, puedo mirar de frente a Rusia y a mi pasado, y decir: ¡Fue bello! ¡Hay más cosas, pero no es mejor! Y, tomo muy buen vino en España y pierna de jamón hembra. También, tomaba buen vino en Rusia y de diferentes países. Eso sí, bebía menos, porque éramos muy sanos, muy tiernos, angelicales.
13 by DRA PROF KARY TORRES ANDREA TUTOR (Usuario no autenticado) 04/03/2011 1:02
Me parece, que el Aguafiesta es un ser trasnochado e imparcial. No creo, que Lezama Lima, aunque puede haber tenido actitudes y pensamientos políticos no acorde con el "sovietismo", es decir, el comunismo soviético, de ningún modo, puede haber sido tan estúpido de reirse de la Cultura Rusa. Sólo un estúpido no puede ver la grandeza y profundidad, humanismo de la Cultura Rusa. Grande, en Literatura. Grande, en Música. Grande, en Teatro. Grande, en Ballet. Hay ciegos políticos, en todas las tendencias ideológicas, pero, peor aún, llevarlo a la esfera de lo cultural El Aguafiesta es un ignorante, que se escuda en Lezama. No conozco a Arcos, pero su artículo habla de un gran conocimiento cultural. DRA PROF KARY TORRES Pseudónimo: ANDREA TUTOR ESCRITORA Y ENSAYISTA PROFESORA E INVESTIGADORA DE LA UH GRADUADA DEL MGIMO UNIVERSIDAD DOCTORADA EN IAL AC RUSIA
12 by DRA PROF KARY TORRES ANDREA TUTOR (Usuario no autenticado) 04/03/2011 1:01
¡Magnífico comentario cultural! Le invito a leer mi entrevista "Universidad de La Habana y Papel de la Intelectualidad", donde le dedico un amplio espacio a mi amiga y compañera de trabajo de la UH, la Lic. Aimeé Hajdú, que vive en Bruselas, Bélgica, y Usted menciona. Web. www.andreatutor.com Me ha encantado el tema de su trabajo, por mi, también romántica, experiencia rusa y por algunos de los autores, que menciona, que se encuentran entre mis preferidos, por ejemplo, Bulgakov, precisamemnte, por su "Master y Margarita", que yo tuve la oportunidad de leer en la Lengua del Autor, en Ruso, en Moscú, en 1989. Un saludo muy cordial DRA PROF KARY TORRES PROFESORA E INVESTIGADORA DE LA UH Pseudónimo: ANDREA TUTOR ESCRITORA Y ENSAYISTA
11 by Veronica Proskurnina (Usuario no autenticado) 16/06/2008 17:40
Muchas gracias por el articulo, cada vez que oigo que a los rusos se les llama ¨bolos¨ se me revuelve algo por dentro. LLegue a conocer a un ruso que se autodenominaba ¨bolo¨, y eso me parecio lo mas triste del caso. No existe un pueblo que haya sufrido mas y haya perdido tanta gente en el siglo 20 (tal vez los judios, pero no vivian en un solo pais). Rusia ha sido destruida por el sistema socialista, igual que CFuba, y solo sus riquezas naturales le permiten sobrevivir. No entiendo por que provoca tanto rechazo en algunos.
10 by camilo loret de mola (Usuario no autenticado) 01/10/2007 17:30
Arcos: gracias por un magnifico articulo. Gracias por llevarme a la habana de los jueves, por la tarde a la entrada del cine. Como Fabricio nunca me quedo claro si estuve en el Waterloo de Stendhal, no en el de Carpentier. Pero del cine sovietico vi maravillas, inclusive en el quinquenio gris lleno de tanques y gritos de urra. Un dirigente comunista Polaco que moria en medio de una andanada de fuegos artificiales, marco mi vida. como adorador del Principe Mischkin, te pido obvies los comentarios de las "almas muertas".
9 by Ivan gonzales (Usuario no autenticado) 01/10/2007 3:00
Lo ruso fue señal de cheo o alejado a la moda, por que al lado de occidental parecía aburrido y sobre ideologizado, pero en la medida que el tiempo pasa y no por efecto de nostalgia, he aprendido a valorar cosas notables de aquel bombardeo que sufrimos durante 30 años en el afán de sovietizar a la más grande de las antillas. Siberiada, Ven y Mira, Espantapajaros, el cine de Tarkosky, sin contar el cine sovietico clasico son parte de esa herencia que forma parte del patrimonio universal, aunque sean tavarich. Al final fueron los mismos rusos quienes resolvieron la discución de Se puede y No se puede(¿se acuerdan de esos muñequitos?)y pudieron dar sus pasos a la libertad, sabiendo que si se podía. Eso nos falta aprender a nosotros.
8 by Cristal (Usuario no autenticado) 29/09/2007 9:20
Gracias a Jorge Luis Arcos por esta confesión aglutinadora de tantas experiencias valiosas de su mirada en retrospectiva. Yo recibí un bautismo de poesía y fe cuando leí la traducción en pantalla de aquel bocadillo del maestro de Rubliov cuando le dice que es imperdonable desaprovechar el talento que da Dios. En imágenes y lecturas así se clarificaron nuestros espíritus, y gracias a esto y algo más (la amistad, entre otros dones)tenemos aún lucidez y resistencia par enfrentar a un mundo que por momentos parece deshumanizarse. A veces tengo la impresión de que entre quien escribe un artículo y quien lo lee media un abismo. Otra cosa: Cuando los libros rusos eran una plaga, qué suerte haber encontrado un libro de íconos que hoy no pudiera pagar a esos precios irrisorios. Gracias Jorge Luis por airear este tópico.
7 by El aguafiestas (Usuario no autenticado) 29/09/2007 9:10
Como en las personalidades, lo mejor de su nota, es al mismo tiempo su defecto. "Lo ruso" para Lezama era, como Ud igualmente recuerda, motivo de risa infinita, de ahí entonces que su nostalgia de Ud también produzca risa, como la esperanza de los burocratas en los modelos de la URSS hizo desternillarse al poeta de Trocadero. Y no es que a este último haya que seguirlo en todo, pero pocas intuiciones caribeñas han calado tanto en las ironías geográficas y culturales como la de Joseíto con respecto a nuestro otro. La gran cultura rusa que ud recupera en su crónica es tan imperial como los gobiernos de la que se desprende, la crítica social no tiene porque ser positiva en sí misma y si bien varias de esas películas y novelas contienen un valor estético, su evocación política es jerarquíca, vertical y absolutamente reverencial de un mundo sin atributos democráticos. Por otra parte, que Ud y el resto de los escritores nombrados,vivos o fallecidos, todos firmas hoy en el campo literario de la isla, participaran de ese rito metanarrativo todavía en los setenta, dice mucho de lo poco que su generación aprendió de las anteriores, cuyas fallas ideológicas pueden haber sido muchas, pero cuya razón cultural ya era standard en el mundo poscolonial. Es otras palabras, habían superado el encantamiento imperial de lo blanco estepario, adentrándose en los laberintos de lo amazónico.
6 by JUAN BERNAL (Usuario no autenticado) 28/09/2007 19:10
Jorge L. Brother, tu tienes que haber crecido traumatizado por ver diariamente los muñe ruso. Te portabas mal y te castigaban frente al TV a ver los muñe rusos. Todas esas peliculas rusas con tremendo TABACO.
5 by Andrei (Usuario no autenticado) 28/09/2007 17:50
Querido Gaspadin. Ve al metro de Moscú ahora, y verás a quienes leían antes (verdad que era así) hojeando frívolas revistas o jugando a la play.
4 by gaspadin (Usuario no autenticado) 28/09/2007 17:50
Y que me dicen de vokzal dlia dvoij, zhestocky romans y moskva sliozam ñi vierit? (estacion para dos, romance cruel y moscu no cree en lagrimas). No cabe duda de la calidad cinematografica del cine ruso/sovietico..incluso hoy por hoy los expertos señalan a minenociets potiemkin (acorazado potiemkin) de einsestein como la mejor obra cinematografica de todos los tiempos a la par de citizen kane. tuve el privilegio de vivir 8 años en moscu donde aprendi el idioma y asimile la idiosincracia rusa...fue una experiencia maravillosa compenetrarme con esa cultura milenaria que ha aportado tanto a la cultura universal. una de las cosas que mas me llamo la atencion durante mi estancia fue observar al 98% de los pasajeros del metro de moscu sumergidos en sus lecturas diarias de travesia...una vez discutiendo con mi profe de ruso durante una clase de primer año, le pregunte que que ella entendia por arte...penso un instante y respondio "...iskustvo eto chuvstvo prekrasnovo" (arte es el sentido de lo maravilloso)
3 by Jorge Luis Arcos (Usuario no autenticado) 28/09/2007 14:10
Jorge Luis Arcos. No se preocupe, amigo Manuel, que no me puede aguar una fiesta imposible, y le agradezco mucho su comentario Mi experiencia es sobre todo de la década de los setenta. Aquellas películas eran un oasis dentro de un contexto muy, muy sombrío. Eran, además, lo que podíamos conocer. Una parcela del mundo. El cine contemporáneo norteamericano nos estaba por entonces vedado. Con respecto a las versiones o a la calidad intrínseca de algunas películas, ya aquí interviene el gusto personal. Yo sólo indico preferencias dentro de una altísima calidad que no pongo en duda. También recuerdo Trono de sangre… La versión norteamericana de Solaris, me parece pésima, tomando en cuenta incluso la enorme diferencia de tiempo y de posibilidades técnicas, entre ambas. Me gusta mucho, sin embargo, La esfera, que toma elementos de Solaris y Stalker… Sí, mi amigo, uno salía de la Cinemateca e iba a 12 y 23 y ya estaba en el infierno… Gracias
2 by Niet. (Usuario no autenticado) 28/09/2007 14:10
Para mí todo eso tuvo encanto hasta que pude ver el resto del mundo. Hoy en día, veo algo ruso y miro para otro lado. Se trata de una deficiencia mía, lo reconozco, de una enfermedad, pero me he vuelto alergico a los tavarich.
1 by Manuel Bu Dominguez (Usuario no autenticado) 28/09/2007 13:10
Estimado Arcos, Creo que todos vamos a coincidir en que el aporte de la cultura rusa, ya no tan solo soviética, al patrimonio universal, con sus pro y contras, es un hecho indiscutible que dejó sus estelas en la Isla. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa y nos aleja de ese vínculo ideológico con la fallida URSS, los únicos que se quedan reconociendo la importancia de esa cultura, son un grupo de nostálgicos bien intencionados, de aquellos que terminábamos la jornada en pizzeria de 12 y 23. Lo que me llamó la atención (y me pareció gracioso) fue su simpatía por algunas películas soviéticas de entonces, no porque no estuviera bien hechas o carecieran de arte, sino porque vistas hoy a la luz que arroja el "tiempo perdido", esos filmes han quedado viejos y desfasados. Si tenemos en cuenta que vivimos una época en la que queríamos encontrar respuestas y señales en cada cosa que nos venía de allende los mares, habría que decir que hubo que tener bastante resistencia y una buena dósis de cafeína para soportar ladrillos como Solaris o Stalker. Miré usted si Solaris no tiene remedio, que la última versión de Steven Soderbergh con Geeorge Clooney, es tan "heavy" como la original. En fin, no le quiero aguar la fiesta, pero le confieso que el Rey Lear (Ran) de Kurosawa, es mejor recordado que su versión rusa. Sencillamente porque la japonesa tenía el folclor a su favor que la hacía más digerible. No se olvide de aquellos vestuarios, la espléndida y monumental fotografía, y sin dudas la actuaciones. ¿O que me dice del Hamlet (La fortaleza escondida) en aquella memorable escena en que Toshiro Mifune lo acribillan a flechazos como a un San Sebastian?. Nada...