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Con ojos de lector

La tradición reinventada

Con 'Natural', Pedro Luis Ferrer prosigue el proyecto, iniciado con 'Rústico', de dar a conocer su producción musical más reciente.

Para Ponte

A la chita callando y como si quisiese hacer honor a su nombre, la compañía Escondida Music está recuperando la música de Pedro Luis Ferrer (Yaguajay, 1952), luego de los varios años de alejamiento de los estudios de grabación a los cuales estuvo confinado. A la salida el año pasado de Rústico, se ha venido a sumar hace pocos meses Natural (2006), que al igual que el compacto anterior recoge muestras de la producción más reciente como compositor e intérprete de Ferrer.

De acuerdo a lo que ha declarado él, Rústico y Natural forman parte de un proyecto que contempla en total cuatro discos. Ambos han sido grabados en el modesto estudio que posee en su casa en La Habana. Y además de la independencia que ello le proporciona, responde a su propósito de crear una música sin maquillaje ni añadidos superfluos. Son esas condiciones técnicas precisamente las que le permiten conservar ese estado natural y rústico que quiere posean esas canciones. Cada compacto, ha adelantado Ferer, tendrá su propia personalidad, su propio sello distintivo, su propia lógica. Y entre sus planes está el invitar a músicos extranjeros para que trabajen con él en los próximos compactos.

Esa búsqueda de una música genuina, prístina y despojada de cosméticos adulteradores se hace evidente desde las primeras notas de Fiesta de mujeres, el tema que abre el disco. Ese tres tan maravillosamente tocado por Ferrer nos devuelve un sonido que, con la introducción de la tecnología y los instrumentos electrónicos, hemos ido perdiendo. "Oh, mujeres, preciosas mujeres, / a mí me gustan naturales / sin pintas ni andariveles", canta en otra de sus composiciones. Y uno piensa que, además de a las mujeres, se refiere también al programa estético que desarrolla en las dieciséis piezas recogidas en Natural.

Tres, maracas, guitarras, bongoes, claves, marímbula, güiro, cajón, tambores batá, son ésos los instrumentos utilizados por Ferrer y los integrantes de su bunga, nombre que él prefiere dar al pequeño conjunto que lo acompaña. Opción coherente y sabia para interpretar unas canciones que beben en algunos de los géneros tradicionales cubanos. A ellos Ferrer se acerca, sin embargo, con una actitud nada arqueológica ni sumisa. Me parece oportuno recordar aquí la tesis que Pedro Salinas desarrolla en su brillante libro Jorge Manrique o Tradición y originalidad. El poeta y ensayista español prueba que el gran acierto de Manrique consistió en el modo en como supo asimilar a fondo una larga tradición de la literatura española (la elegíaca), para hacerla suya y recrearla con medios propios. La tradición, como demuestra Salinas, constituye un patrimonio que lejos de ser un estorbo para el artista, representa un impulso, un estímulo para su creatividad. El gran peligro al hacer uso de ella reside en no ir a parar al tradicionalismo, en no saber emplearla, en repetirla mecánicamente, en no revitalizarla con la fuerza de un yo original.

Quien esté familiarizado con las manifestaciones más representativas de nuestro acervo musical, de seguro ha de identificar en el compacto de Pedro Luis Ferrer sonoridades pertenecientes a la guaracha, los ritmos afrocubanos, la música campesina. Pero ninguna se escucha aquí en su estado puro, ni conserva su estructura original. Ferrer ha ido a ellas para recrearlas con un espíritu atento por igual al respeto como a la libertad creativa. Fue a ellas para reinventarlas, no para repetirlas servilmente. A partir de esta premisa, crea incluso géneros nuevos, como el bautizado por él como la changüisa. Ésta resulta de la mezcla del changüí, variante del son propia de las zonas montañosas de Guantánamo, y de la tonada espirituana y el coro de claves, ambos procedentes de la región central de la isla, la misma donde nació Ferrer.

Nunca pierde el buen gusto

La nota que predomina en el compacto es festiva y rítmica. Se abre con esa fiesta alucinante en la cual sólo hay mujeres, entre ellas marcianas con antenas. Mas ya se sabe, "si faltan los varones, / vivan las hembras; / mañana los mancebos / hoy las doncellas". Está además esa dosis de humor que nunca falta en las composiciones de Ferrer, y que es una de las cualidades suyas que yo siempre he admirado. La hallamos, para poner un ejemplo, en Que le den con qué, en cuyas primeras estrofas Ferrer canta: "Manquito el hijo de Gloria / es manco de nacimiento/ y ha tenido muchas novias/ pues en el resto es perfecto. // Manquito se enamoró / de una belleza absoluta / y ha tenido mala suerte / porque le salió muy bruta". (¡Hey, cuidado con esta última rima!).

Ese aire festivo ni impide la inclusión de composiciones más reposadas y recorridas por un elegante lirismo. En realidad, destacar en ellas este último aspecto es incorrecto, pues Ferrer es un compositor que sabe moverse muy bien dentro de los personajes y los temas populares sin perder el buen gusto y el aliento poético. En todo caso, si lo hago es para referirme a canciones como Algo me dice, Como primavera, Dime, La vida me da, en las cuales, aunque no desaparece del todo, el humor se repliega y atempera para permitir a Ferrer hablar del amor, la reflexión moral, la realidad social.

En el abordaje de esta última, el cantautor se muestra ahora más sutil e inteligente, como si hubiera aprendido las lecciones del Bertolt Brecht de las Cinco dificultades para decir la verdad. Ese nuevo acercamiento aparecía ya en ¿Cómo viviré, mi cholita?, incluido en Rústico. En Natural tiene una excelente muestra en Repeticiones, en donde critica las fórmulas periclitadas que se resisten al cambio y pretenden eternizar el inmovilismo: "Repitiendo las repeticiones me dirán/ que repita lo que han repetido sin cesar:/ no argumentes, no pienses, no intentes discrepar. / Viejamente los viejos molinos de unidad / (…) Repitiendo repiten la suya realidad; / se repite la historia del sabio, nadie más. / Muchedumbres respaldan el rumbo, tempestad; / y en mi pecho dolor infinito, soledad".

En Natural hallamos a un Ferrer letrista más depurado, más sintético, más elíptico aunque no por eso menos claro. Su buen dominio del lenguaje se pone en evidencia en el uso expresivo de los diminutivos ("pelito de mi bigote"), en su recuperación de términos de rica sonoridad pero hoy en desuso (siquitraque, maruga, ñiquiñaque) y, en fin, en esa "sopita de jerigonza" que tan bien sabe hacer (recuérdense, de su etapa anterior, Pisatia la cucaracha, Cómo me gusta "hablal" español y Mario Agüe). Gracias a esas cualidades, algunas de las letras del presente compacto pueden funcionar muy bien como tales, esto es, como literatura. Remito a ejemplos como Vida me da, Repeticiones, Tonada del siquitraque y Changüisa del pecador.

Pero Pedro Luis Ferrer, quien se define a sí mismo como "un autodidacta esmerado", es además un compositor estupendo. Así que en su caso la coexistencia entre el artista que escribe las letras y el que les pone música es perfecta, sin que uno se imponga al otro. Las suyas son por eso canciones a las que basta escuchar un par de veces, para empezar a tararearlas. Algo que no siempre se puede decir de todos los trabajos de los grandes cantautores. Pienso en alguien de una calidad tan inmensa e incuestionable como Joan Manuel Serrat. Sus discos más recientes siguen teniendo excelentes letras, pero musicalmente son infumables. Lo mismo se puede decir de Silvio Rodríguez: El hombre extraño y Cita con ángeles convencen como poesía, pero en el otro plano dejan bastante que desear.

Son además canciones que Pedro Luis Ferrer interpreta muy bien, no tanto por el hecho de haberlas compuesta, que también, sino porque posee una voz hermosa y bien timbrada, así como una impecable dicción (hay que ver lo difícil que resulta encontrar cantantes cubanos que articulen bien, de modo que se les pueda entender sin problemas). En Natural, al igual que hizo antes en Rústico, Ferrer une a su robusta voz (de barítono, la calificó un crítico) la de su hija Lena —también colabora en los coros Lerlys Morales—, lo cual le da a las grabaciones un contrapunto muy agradable.

Cuando fue lanzado su disco anterior, Pedro Luis Ferrer comentó: "Cuando la gente se pone a hablar sobre el concepto de cubanía, siempre digo que soy el cubano que yo quiero ser. Yo soy mi propia versión de lo que es un cubano. Mi propia versión del son. Mi propia versión de la trova. E incluso mi propia versión de la revolución cubana". Ese mismo espíritu independiente y libertario está presente en los dieciséis temas de este magnífico compacto que es Natural. Por si alguien tuviese dudas, Ferrer se encarga de recordarlo en una de las composiciones: "Simplemente mi nombre, mi espacio, mi lugar / el derecho a vivir lo que siento, libertad; / otra luna, otro sol, otra casualidad; / otro bien, otro mal, otra forma de estar".

© cubaencuentro

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