Con ojos de lector
Polemiza, que algo queda (XI)
Un libro de Fina García Marruz dio pie a una polémica en la que Antonio José Ponte y Jorge Luis Arcos discreparon sobre la crítica concebida como empeño negador.
En 1997 se publicó, bajo el sello de las Ediciones Unión, el ensayo de Fina García Marruz La familia de Orígenes. Al año siguiente, La Gaceta de Cuba (número de marzo-abril) incluyó en su sección Crítica un trabajo titulado Una familia tan tebana como cualquiera, que firmaba Antonio José Ponte (Matanzas, 1964). Éste se ocupa en el mismo de la obra de García Marruz, perteneciente "a esa parentela de libros origenistas que esbozan amplios panoramas de historia literaria y que ofrecen un lugar en ella a la labor del grupo Orígenes".
Parte Ponte de la idea sostenida por García Marruz, de que los poetas que acostumbraban reunirse en su casa eran todos como una familia. Recuerda la ensayista que Martí llamó a los poetas modernistas "una familia en América", y esa coincidencia, comenta Ponte, "basta para que, en una teoría de conjuntos bastante inexplicable, los escritores del grupo Orígenes hagan una familia dentro de la familia de escritores americanos que empezara el modernismo". Asimismo y para explicar mejor su tesis, García Marruz divide la poesía hispanoamericana en dos grandes bandos: el del modernismo literario, el reformismo político y la religión católica; y el del vanguardismo literario, el criticismo político y la religión protestante. En ese sentido, prosigue Ponte, "hechas estas divisiones, su autora puede, de pronto, abandonarlas y decidir que escritores como Vicente Huidobro y César Vallejo pasen de ser considerados vanguardistas a ser considerados modernistas. Porque Vallejo llamó a Darío alguna vez 'el cósmico' y Huidobro recibió en otra ocasión un consejo poético de Darío".
Cita después a García Marruz, a propósito del aburrimiento que Freud producía a los origenistas. Afirmación memorable, para Ponte, de la cual "se salvan Virgilio Piñera y Lorenzo García Vega". Le hace, no obstante, una objeción: "que Freud aburriera no es señal inequívoca de que ellos hubieran aburrido a Freud. No porque un grupo de personas se reúna en su aversión a Copérnico, el universo se habrá vuelto ptolomeico".
A juicio del autor de Las comidas profundas, La familia de Orígenes es, por sus intenciones, un ensayo que se emparenta con obras mayores como La expresión americana, de José Lezama Lima, y Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier. Pero no alcanza "ni la altura de éstos, ni la altura de otros ensayos de su autora. Su trazado resulta confuso y en ocasiones se pierde. (Martí es su más cara forma de discontinuidad.)". Y señala que "al buen lector de ensayos, incrédulo de la matematicidad de las demostraciones, le resultarán poco atrayentes las cuestiones de rótulo que trata (vanguardismo, neobarroco, modernismo, origenismo, barroco de Indias…)".
Asimismo considera que tal vez por el hecho de haber sido escrito como conferencia para ser presentada en el Coloquio Internacional Cincuentenario de la Revista Orígenes (1994), el texto posee una ambición "que abre tantos frentes que deja luego incumplidos. Fértil para propiciar la discusión oral, como libro le falta ser pensado a fondo, completado". Al final de su trabajo, Ponte apunta que "resultaba arduo hacer considerar al lector que el grupo Orígenes es una familia, para encima hacerle creer que es una familia felizmente llevada". Y concluye que para ser un libro empeñado en destrucciones letradas, La familia de Orígenes "resulta una escaramuza fallida".
Aguar la fiesta a toda costa
En ese mismo número de La Gaceta de Cuba aparece un artículo de Jorge Luis Arcos (La Habana, 1956), Veleidad de un estilo, en el que discrepa de los juicios emitidos por Ponte. Lejos de compartir los señalamientos críticos de éste, escribe que cuando oyó a García Marruz leer su texto en el coloquio de 1994, supo que "estaba en presencia de uno de los ensayos más deslumbrantes que haya tenido ocasión de escuchar". Y añade que además de ser "un recuento de las fuentes nutricias del origenismo" y "el testimonio de una vida, de un destino", La familia de Orígenes "es, por encima de todo, conmovedor".
Pasa luego a ocuparse del artículo de Ponte, acerca del cual dice que "enuncia constantemente argumentos que no demuestra, apoyándose fundamentalmente en la veleidad de su propio estilo". Le critica el no polemizar con ideas, sino adoptar "el gesto de quien quiere, a toda costa, aguar la fiesta". Y considera que "resulta patético el gesto de quien quiere mofarse del otro, por la sencilla razón de no compartir sus ideas o su estilo de vida o la calidad de un destino diferente; afán negador contra un texto que se propone ofrecer el testimonio de una intensa aventura del espíritu ya cumplida".
Arcos menciona otros puntos del trabajo de Ponte con los cuales no concuerda, y pasa a detenerse en el que hace más profunda su discrepancia: el de que La familia de Orígenes es un libro empeñado en destrucciones letradas. Eso lo lleva a afirmar que "todo el texto de Ponte está lleno de afirmaciones que, como la anterior, no demuestra; de una no disimulada ironía, y, sobre todo, de una voluntad acerbamente negadora (el texto de Fina García Marruz no le merece un solo elogio)". Todo ello, reconoce, Ponte logra expresarlo "con una gran desenvoltura estilística".
Al final de su trabajo, Arcos formula varias interrogantes: ¿cómo un libro con tal riqueza de relaciones y matices, con tan vasta y reveladora precisión de fuentes y tan hermosa prosa poética, merece "un juicio tan displicente y en el fondo tan sombrío"? ¿Qué motiva en Ponte tanta profunda amargura? ¿Cómo la confesión y el testimonio de una vida dedicada al estudio de nuestra cultura puede provocar "tanto puntual empeño negador"? Y en última instancia, ¿para qué sirve la crítica negadora? Arcos cierra su artículo comentando que aunque siempre ha admirado la elegancia de la prosa de Ponte, su agudeza, su sensibilidad para la percepción de matices, así como la eticidad de su poesía, piensa que en esta ocasión "su ademán crítico no ha sido el más feliz".
En el siguiente número de La Gaceta de Cuba, Ponte contestó a Jorge Luis Arcos en Otra manera de vivir juntos. Aclarar que para responderle usará ejemplos tomados de La familia de Orígenes, que "contiene, casi siempre encubierta, una alta cuota de crítica negadora". Crítica ésta inútil para Arcos, algo de lo cual procura convencer, según Ponte, "con ejemplos empobrecedores".
Como ella misma admite, García Marruz llamó ininteresante al modernismo hispanoamericano. O como escribe Ponte, "lo negó. Ahora no lo niega, lo aprovecha. Es decir, lo niega parcialmente a conveniencia: con tal de colocar a Orígenes en Hispanoamérica, y convertir la relación modernismo- Orígenes en una comunidad (…) Condenado antes por sus parciales oropeles, resulta ahora que esos mismos oropeles ni siquiera forman parte suya". García Marruz, continúa Ponte, niega también los vanguardismos, en particular el surrealismo, "definido mayormente por la crueldad de un episodio que despierta cierto humor en ella".
La crítica negadora en La familia de Orígenes, afirma Ponte, "sacrifica diferencias hasta conseguir un aglomerado. De unas cuantas dudosas tangencialidades, Fina García Marruz es capaz de hacer un puente. Va de un autor a otro para obligar a una familia y ofrece, como premio de tanta gruesa manipulación, salvar a ese aglomerado en la 'infinita posibilidad'". Bajo el pretexto de la búsqueda de esa infinita posibilidad, elimina además la posibilidad múltiple. "Aplaca toda diferencia, borra, confunde, tergiversa 'con algún humor', hasta obtener un discurso que posee la calidad estrecha, acerada, de desfiladero, de las ideologías".
Critica Ponte a la autora el dividir el mundo en dos ecuaciones contrapuestas (modernismo-catolicismo-liberación, de un lado; modernism-protestantismo-dominación, del otro), para negar la segunda mitad. Según él, "simplifica soberanamente, confunde la obra de muchos escritores con las peores políticas de sus países". Semejante fundamentalismo, expresa, tal vez pueda sostenerse como programa político. "Pero lo que en política puede ser nacionalismo, deviene en provincianismo en el arte. Y conformarse con sólo la mitad de la riqueza espiritual del mundo resulta, por continental que sea esa mitad, provincianismo".
Casi al finalizar su trabajo, Ponte escribe que lo que debió preguntarse Arcos es de qué sirve disimular la crítica negadora. A ello agrega: "Tal vez lo que molesta más en la lectura de este libro de Fina García Marruz no sean sus negaciones, sino los gestos de bondad con que esas negaciones se ocultan, la ternura cubana con que intenta taparlas". Al final, Ponte apunta que "para recordarse en familia, Fina García Marruz debió encontrarse otra manera de vivir juntos, debió entregarse a una pelea descubierta, como la de Lorenzo García Vega en Los años de Orígenes o las de Virgilio Piñera". Y concluye que al final uno arriba a "la convicción de que la crítica, negadora o no (si negación de negación de negación, da igual ya el signo matemático), vale para que continuemos hablando, con la pluralidad de la literatura, aun después de La familia de Orígenes y de otros Apocalipsis parecidos".
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