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Actualizado: 24/04/2019 9:59

Netflix, Serie, Trotsky

Revisitando a «Trotsky» (I)

Otra visión sobre la serie rusa transmitida por Netflix

No siempre es fácil encontrar buenos materiales audiovisuales, ya sea desde el punto de vista artístico o informativo en Netflix, donde la buena calidad de la oferta se pierde como aguja en el pajar. Menos mal que he dado con la serie rusa de 2017, Trotsky, la cual tenía todas las de ganar (en lo que a mi atención se refiere) con respecto a cientos de obras infumables que te encuentras dentro de ese servicio en línea. Y no se trata solo de la calidad artística o su excelente ambientación histórica, sino que ya de por sí su personaje principal se convierte en un verdadero imán para el espectador, siendo como fue una de las figuras más apasionantes del siglo pasado, la cual por fortuna ha contado con una interpretación a su altura.

En mi caso Trotsky ha sido el objeto de un búsqueda personal, desde el momento en que comprendí y esto fue bastante temprano, que algo no encajaba en la doctrina marxista leninista inmovilista, en su lectura castrista en la que fui adoctrinado desde niño y que luego se convertiría en materia de estudio a nivel universitario, una doctrina que al anatemizar el trotskismo hacía ante mis ojos de esa orientación algo apetecible, quizás la solución de todos los males del socialismo del siglo XX, así consumí en lo que pude toda la información que caía en mis manos sobre los trotskistas, por lo general hecha desde la mayor enemistad, intentando desentrañar las verdades que ocultaba los críticos oficialistas, soviéticos o cubanos sobre el movimiento.

No fue hasta mi llegada a Suecia en 1993 que pude conocer trotskistas de carne y hueso, agrupados en el llamado “Partido Socialista“, así a secas, además de leer artículos sobre el trotskismo escritos por trotskistas o especialistas más o menos neutros. Estas lecturas me llevaron al interés por el trotskismo cubano sobre el cual escribí varios artículos para la revista Cuba Nuestra y que todavía pueden verse, a veces con mi nombre borrado, en páginas digitales, y no pierdo la esperanza de encontrar algún día el tiempo para para poder escribir un libro sobre el tema.

Pero mi idilio con el trotskismo estaba condenado a terminar, primero por la práctica de los propios trotskistas suecos, quienes parecían más interesados en defender una visión dogmática de lo que fue la revolución soviética, de coquetear con la cubana y de reivindicar al estalinista frustrado del Che Guevara que en aplicar consecuentemente los principios que parecían desprenderse de los escritos de su maestro.

En segundo lugar, porque investigando no tardé en descubrir el papel represivo ejecutado por Trotsky contra otras fuerzas de izquierda, por ejemplo, el caso de aquellos que un día fueron sus protectores y aliados, los rebeldes marinos de Kronstadt algo que, sumado al cultor a su propia personalidad —temas muy bien tratado en la serie—, le convirtió en el modelo inspirador para su enemigo Stalin.

El caso es que debo agradecerles a los directores, Aleksander Konstantinovich Kott y Konstantin Statsky una obra fílmica en ocho episodios, que no solo se puede ver uno tras otro, si el tiempo y la energía te lo permite, sino que además pueden repetirse de inmediato sin peligro de aburrimiento, así es el alto grado de información que nos transmiten.

Kott nació el 22 de febrero de 1973 en Moscú, Statssky, por su parte, el 29 de mayo de 1978 en Leningrado, es decir ambos tuvieron tiempo para conocer la Rusia soviética y aunque sin duda alguna se alimentan de las peculiaridades estéticas del cine que allí se hacía, no dejan de dar la visión fuertemente crítica que acompaño al cine de la etapa de la perestroika y los primeros del desmembramiento de la URSS, una crítica que se ha ido perdiendo con el tiempo y que con Trotsky y su brutal deconstrucción del bolchevismo, resurgen con la fuerza de un filme tan paradigmático en este ajuste de cuentas, con el pasado soviético.

Aquí se nos cuenta el lado oscuro de la revolución bolchevique, y para ello el director, Alexander Rogozhkin se vale de la evolución moral e intelectual del personaje de Andréi Pavlovich Srubov, jefe de provincial la CHEKA, la policía flamante secreta creada por Lenin, una vez tomado el poder por los bolcheviques para combatir a sus enemigos, valiéndose del terror. Dicha agencia se encarga de arrestar, interrogar y hacer desaparecer a intelectuales opositores, aristócratas, clérigos y a sus familias. La gran mayoría de estos son ejecutados en el sótano de un edificio, y sus cuerpos anónimos sacados en vagones, de manera casi industrial, como reses de un matadero. Srubov, frio y esclavo de la rutina, intenta razonar sobre la naturaleza de la revolución y el propósito de la CHEKA termina por enloquecer.

Es lo que le pasó al mismo aparato represivo con nombres cambiados, nacido en los tiempos en que Trotsky era después de Lenin, la segunda figura del gobierno, y que terminará con el volviéndose contra él y su familia, proceso que de manera sintética nos Aleksander Konstantinovich Kott y Konstantin Statsky nos muestran, aunque humanizando en demasía al agente Ramón Mercader. Por cierto, de madre nacida en Cuba: Caridad Mercader.

Habrá que perdonarles la licencia poética, mirando en el mismo servicio otro material que si bien resulta todavía complaciente, en mi opinión se ajusta más a la personalidad real del asesino, me refiero a El elegido, película española escrita y dirigida por Antonio Chavarrías, con el actor Alfonso Herrera, en el papel de un Ramón Mercader, como Dios Manda y no como ese enclenque, histérico, estalinista demasiado evidente, incluso cuando se infiltra en los círculos cercanos a Trotsky con la falsa identidad de Jacques Mornard.

Es en la relación Trotsky-Mercader donde se ven más claramente el talón de Aquiles de esta serie, eso no la hace menos recomendable, pues como ya sabemos no hay obra humana perfecta y arte al abordar el pasado tiene sus propias reglas, que no son las mismas a las que debe someterse el historiador profesional.

En sentido general “Trotsky” se hace eco de ciertos lugares comunes sobre la vida y muerte del revolucionario hebreo ruso que han sido criticados por el historiador Eduard Puigventós, en su una biografía de Mercader, publicada por la editorial «Now Books» bajo el título Ramón Mercader, elhombre del piolet, en la que analiza las mentiras que existen en torno a este personaje.

Según Las grandes mentiras del asesinato de Trotsky a manos de un comunista español, artículo dedicado por el periódico ABC a este libro con motivo del 75 aniversario del asesinato del revolucionario, se trata en realidad de una tesis doctoral reconvertida en obra literaria, donde Puigventós desmiente o corrobora una serie de afirmaciones, mundialmente conocidas sobre Mercader. Por ejemplo siempre se ha creído que Ramón Mercader fue reclutado en 1937 para asesinar a Trotsky, pero Eduard Puigventós sostiene que fue reclutado durante la Guerra Civil, pero para trabajar para la URSS y que no habría ofreció para tratar de matar a Trotsky hasta 1940, cuando falló el atentado en su casa y es tras el escandaloso fracaso que los servicios secretos soviéticos se plantean que lo mejor era que se acercara hasta el político una persona sola y así no poner en peligro su red de informantes, explicó Puigventós al ABC.

En la serie, y tal como se asegura en buena parte de la literatura sobre el tema, Mercader-Monard habría comenzado la relación con Silvia Ageloff, porque hacía de secretaria del político. Puigventós no es de la misma opinión, asegurando que cuando Mercader se acercó a ella, esta sólo tenía contactos con algunos círculos trotskistas, pero no conocía a Trotsky porque no era su secretaria. Lo que sí es cierto que su hermana Ruth había trabajado para Trotsky, pero ella no. Ageloff estaba afiliada y era un enlace del partido americano de los trabajadores, que era de ideología trotskista, pero nada más», completa el experto. A su vez, el autor sostiene que Trotsky no era, esa especie de amigo de Mercader, que nos presenta la película al tiempo que usa sus constante cuestionamientos para adentrarse en la memoria y las justificaciones del líder político. Puigventós ha podido contabilizar los minutos que ambos pasaron juntos antes del asesinato y afirma que son sumamente escasos, y siempre por iniciativa del agente estalinista.

En lo que si parecen estar de acuerdo el guionista de Trotsky y el escritor español es que Mercader, para ejecutar su plan, se valió de la vanidad del revolucionario, a quien le encantaba teorizar y pasar horas explicándose. Por ello, un día que estaba tomando el té con él le dijo que iba a escribir un polémico sobre la naturaleza imperialista del Estado Soviético y Trotsky que si bien criticaba el bonapartismo estalinista seguía creyendo en la naturaleza obrera, del estado por él fundado sobre las cenizas del imperio mordió el anzuelo decidió recibir al “periodista” para comentar y corregir juntos el texto. Así fue como, el 20 de agosto de 1940, Mercader se presentó en casa de Trotsky y cuando este se gira para aprovechar la luz de la ventana, le propinó un golpe mortal con un piolet en la cabeza.

En la película lo que vemos es una suerte de acoso verbal del revolucionario a su asesino el cual reacciona clavándole el maldito instrumento de picar hielo, caso como un acto de defensa psicológica, esta escena, junto a las de amor de Frida Kahlo (Victoria Poltorak), alternando entre Trotsky y Mercader, resultan ser las menos verosímiles de la películas, más adecuadas al romanticismo poliamoroso de nuestros tiempo que a lo que de verdad debió haber ocurrido con la pintora, aun cuando su insistente promiscuidad fuera cosa comprobada.

La serie rusa que nos ocupa fuer realizada por la productora “Sreda”, la cual echa manos a los magníficos recursos de los estudios “Lenfilm” de San Petersburgo, el segundo más grande de Rusia después de Mosfilm. Nótese, no ha cambiado el nombre recibido en 1934, con clara alusión a Lenin, el mismo Lenin que sale tan mal parado como bien dibujado en Trotsky, le interpreta el actor Yevgeny Stychkin, imprimiendo la condición de viejo zorro y manipulador que debió haber tenido el verdadero Vladimir Ilich Lenin, no el santo que nos presentaba el cine soviético lo mismo durante el estalinismo duro que tras el deshielo que a lo largo de todo el periodo del inmovilismo.

Sin duda alguna quien se lleva la palma en esta obra, además de sus directores, es Konstantin Yurevich Khabenskiy, bien conocido en Rusia o no tanto fuera de sus fronteras como lo que es, uno de los mejores actores de nuestro tiempo. Y no es que no se le haya visto en occidente, gracias sus trabajos en las películas en películas de terror Guardianes de la noche (2004) y Guardianes del día (2006). También coprotagoniza junto a Angelina Jolie en Wanted (Se busca) de 2008.

Khabenskiy, nació el 11 de enero de 1972 en la entonces llamada Leningrado, URSS (hoy San Petersburgo, Rusia). Sus padres eran ingenieros hidrológicos y el mismo siguió el camino de la tecnología estudiando electrónica en la Escuela Técnica de Electrónica y Automática de Aviación de Leningrado, que dejó a los de tres años de estudios cuando comprendió que eso no era lo suyo, convirtiéndose en músico callejero. Pero fue el trabajo técnico quien le llevó al arte dramático; trabajará como técnico de escenario en el Teatro-estudio “Subbota”.

De 1990 a 1995 estudió actuación en el Instituto de Teatro, Música y Cinematografía de St. Petersburg. En 1995 se gradúa como actor. Tuvo un período de cinco meses en el Teatro Raikin de la Sátira en Moscú, pero luego regresa a San Petersburgo.

Hará su debut en cine con la película de 1994 Na kogo Bog poschlet (1994), logrando la fama en su país después de coprotagonizar la serie criminal Uboynaya Sila (2000), Hay que decir que la presencia de este actor en la escena es muchísimo más amplia.

Yo lo descubrí hace unos años en la película El Almirante (2008), del director, Andrey Kravchuk, aquí el actor interpreta con cierto halo romántico a una de las figuras más denostadas por la historiografía soviética, el almirante Aleksander Kolchak, uno de los oficiales zaristas que se mantuvo fiel a su juramento al emperador ruso y que luchó contra el gobierno bolchevique después de la Revolución de octubre de 1917.

Por cierto, en la serie Trotsky vemos el fenómeno opuesto el de la integración de una parte de la vieja oficialidad rusa al ejército rojo, unos por patriotismo otros por carrerismo y con los que Trotsky tendrá que lidiar en su condición de constructor de las nuevas fuerzas armadas soviéticas.

Volví a reconocer a Khabensky, del mismo lado de la trinchera en Guardia Blanca (en ruso: Белая гвардия, lo que se translitera como Belaya Gvardiya); una serie de 2012 transmitida por el canal cultural más exigente de la Televisión sueca, el que emite la revista cultural AXESS, es un trabajo de la televisión rusa basada en la novela del mismo nombre escrita por Bulgákov, y que recuerdo estaba en mi casa de niño, como recuerdo del cierto grado de tolerancia vivido por las editoriales cubana a principios de los años sesenta, donde se atrevían a publicar obras un tanto contrarias a la ortodoxia soviética, como es el caso de esta novela que la que la guerra civil entre rojos y blancos es tratada con ciertos grises, no de la manera maniquea exigida grises, por canon del mal llamado realismo socialista.

Aquí le toca a Khabensky interpretar a Alexey Turbin es un médico militar que ha visto y experimentado mucho durante los tres años de la guerra mundial. Es uno de esos oficiales rusos que después de la revolución se encontraron en una situación de total incertidumbre en la vida política y privada. La retratando el destino de la familia Turbin invierno de 1918-1919 en Kiev. El trasfondo histórico de la película es la caída del poder ucraniano de Hetman Skoropadsky, y su régimen moderado bajo el protectorado alemán, el cual era considerado por los oficiales zaristas como un mal menor con relación al terror rojo que se estaba aplicando en Kiev por parte de los bolcheviques.

Y así llegué a un Konstantin Khabensky, bajo la piel de León Trotsky y en la Ciudad de México de 1940 al que los directores relacionan de manera temeraria con el periodista estalinista canadiense Frank Jackson, en realidad Ramón Mercader (Max Matveev), novio de Silvia Ageloff.

Al principio de la serie, Jackson suscita el rechazo en Trotsky, quien poco a poco va asumiendo una suerte de gurú ideológico que, valiéndose de la dialéctica, va a contarle a Jackson los momentos clave de su vida, de modo que pueda contrarrestar la visión difundida por sus enemigos, es así como bajo la necesidad de transmitir los eventos exactamente como lo percibió Trotsky, se convierte a su futuro asesino en un invitado de confianza y bienvenido en la casa.

Entre viajes al pasado y al presente la película nos muestra el atentado de mayo de 1940, cuando un destacamento de comunistas mexicanos vestidos como policías atacan la casa del ex líder de la revolución rusa. El hecho real es que la esposa de ese momento de León Trotsky, Natalia Sedova (interpretada por Olga Sutulova) le cubrió con su cuerpo, gesto que prefieren atribuir al fantasma de la primera mujer interpretada por la actriz Aleksandra Mareeva, en un ejercicio de misticismo propio del cine ruso actual. Se trataba en la vida real de Aleksandra Lvovna Sokolovskaya (1872–c. 1938) una revolucionaria marxista hebreo rusa y la primera esposa de León Trotsky, fallecida durante las Grandes Purgas de 1938. Estuvo casada con Trotsky entre 1899 y 1902, acompañándolo en la prisión y en el exilio siberiano juntos. El revolucionario escapó de Siberia en el verano de 1902, apoyado por Sokolovskaya Luego conocerá a la refinada Natalia Sedova, en París a fines de 1902, y esta será la causa de la desintegración del matrimonio, sin embargo, los tres mantuvieron una relación amistosa, como se ve en la serie.

Trotsky tuvo dos hijas con Alexandra quienes terminaron siendo criadas por sus abuelos paterno David y Anna Bronstein, los padres adinerados de Trotsky, en Yanovka, Ucrania, ellas eran Zinaida Volkova (1901-1933) y Nina Nevelson (1902-1928) y será una escena de su infancia la que servirá a los autores para exponer el antisemitismo rampante de los ucranianos. Según la serie la relación de las chicas con sus dos medios hermanos, concebidos con la Sedova, fueron buenas, la tragedia es que los 4 hijos morirán, por enfermedad, suicidio, fusilamiento y envenenamiento antes que el Padre, otra de las tragedias existenciales de Trotsky que aquí veremos. La realidad es que fue increíble que tanto Trotsky sobreviviesen al primer atentado en México, pero ahí parece agotado su buena estrella.

Lo más demoledor ideológicamente hablando de la película son las dos tesis que maneja sobre lo que fue La Revolución de Octubre, la primera es que el financiamiento que desde sus inicios por parte poderosos intereses enemigos de Rusia, como el que representa el potentado y socialista Alexander Parvus (Mikhail Porechenkov), se trata en realidad de Izráil Lázarevich Helphand más conocido por su seudónimo Alexander Parvus, fue un socialista revolucionario y hombre de negocios nacido en 1867 en Bielorrusia. En la serie nos lo presentan sobre todo como el hombre adinerado y vinculado a los intereses alemanes, que fabricó a Trotsky.

La segunda tesis es la de que el verdadero líder de la revolución había sido este hebreo y no Lenin, pero como Rusia no estaba preparada para ser liderada por un judío, Trotsky, bolchevique de último momento, decidió compartir la gloria al fundador de la secta socialista, quien ciertamente, si bien no en el mismo grado que Trotsky, tampoco estaba exento de sangre judía, algo que no se menciona en la serie, pero sobre lo que volveremos más adelante.

© cubaencuentro

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