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México DF

Una cartera para mis suspiros

En el verano de 1946, hará pronto sesenta años, el poeta Eliseo Diego se sentía tan débil de salud que su madre lo envió a una clínica de Estados Unidos con esperanza de que encontrara allí alguna mejoría. En La Habana quedó su novia de toda la vida, su primer y único gran amor: era una muchacha delgada, de 24 noviembres, ojos vivarachos y cabello intensamente negro, llamada Bella Esther García-Marruz y Badía. El poeta Cintio Vitier, amigo de infancia de Eliseo, noviaba a su vez con Fina García-Marruz, también esbelta y tierna.

''Las hermanitas Marruz'' vivían entonces en un modesto apartamento de la calle Neptuno, en el corazón mismo de una Habana tan republicana como coqueta. Eliseo y Bella se escribían cartas a diario. Ese romance epistolar fue la cura definitiva del poeta de En la Calzada de Jesús del Monte. A su regreso, se casarían en la iglesia de Bauta, un pueblito de las afueras. En 1949 nació Constante (Rapi); dos años después, Josefina (Fefé), y quien escribe esta nota, yo. Permítanme enseñarles fragmentos de dos de aquellas transparentes cartas de amor.

'Tendré que seguir pantera'

La Habana, junio 4 de 1946. Mi querido Eliseo: ¡Será posible que hayas estado cuatro días sin carta mía pero, novio, si es que yo no puedo pasar tanto tiempo sin escribirte. Los carteros, antiguos amigos, se están portando muy mal con nosotros, que tantas veces les hemos dedicado párrafos en nuestras cartas. No se lo merecen. (…) Novio, ¡qué noticia me das con la de tu viaje de vuelta! Sí, ya sé que no es ahora pero tu novia, previsora, se hizo la idea de que vendrías en septiembre, así que cualquier fecha que no sea ésa, es para mí una sorpresa (…) Nadie es profeta en su tierra, Cucuso, nadie. Si bien, para que la regla sea perfecta, es necesario la excepción, y ésa eres tú, Cucurro. ¿Qué te parece el Lezamón (José Lezama Lima)? Eres la envidia de todo el que en Cuba escribe o quiere escribir. Nunca había leído algo tan generoso, tan entusiasmado. (…) En veinte años nuestra prosa dormía, solamente la tierna mirada de mi Niño de Oro pudo despertarla. Porque en veinte años, ¿quién sería el que se nos atravesó ahí, impidiendo que el Maestro dijese ''en los últimos cincuenta años''? Cintio comentó que le había sorprendido en la forma que el Maestro dijo ''la noche memorable''. ''Cómo, si Diego está enfermo, pudo escribir ese libro. Increíble, increíble'' (¿no sabías ese comentario?). (…) Hasta mañana, Eliseo, acabo de llegar del concierto de Malcuzynaki, pianista polonés. Es magnífico, mañana te contaré. Ahora un besito y hasta mañana, novio. Te quiero mucho. (…) Anoche fuimos al concierto, como te dije. Pasamos un rato delicioso, el de Malcuzynski, además de tener un nombre que se las trae, también se las trae tocando. No creo haber oído nada igual, todo el programa estaba dedicado a Chopin, que interpreta magistralmente. Lo único que impidió que la noche fuera perfecta fue la ausencia de mi corazón chiquito —porque yo también tengo uno. Mientras oía el concierto pensaba qué harías a esas horas y, para poder oír como quería, imaginé que pensabas en mí. Chopin contribuyó de buena gana al sueño de tu Cucusa. Nadie mejor que él. En el vestíbulo del teatro nos encontramos con Feíto (José Rodríguez Feo) que, lleno de una sana alegría, nos presentó a su hermana Olga. Es una muchachita de quince años, de ojos muy dormidos (…). Lo buscamos a la salida, pues Cintio, prepárate, lo iba a invitar a tomar algo al Carmelo. No encontrándolo, nos invitó a la Kiko (apodo de Fina) y a mí al Jardín. Caso insólito. La noche anterior nos había llevado al cine. Pero no, novio, no creas que eso es todo, hoy estuvo aquí por la tarde y, Cucuso, me alegró tanto, me trajo un regalito: las cartas de León Bloy a su novia. Pensé que tú me las querías regalar, pero sé que a ti también te da alegría que Cintio me las haya regalado, ¿no es así? Cucuso, me voy a convertir en una Bloycista famosa, el Maestro (se refiere a la dedicatoria que les hizo Lezama en el libro La mujer pobre, de Leon Bloy: ''A las hermanas García Marruz, a su distinción y a la gracia exquisita de su temperamento'', en marzo de 1946) así lo dispuso y contra él nadie puede. Ayer estuve hablando un gran rato con Lino Santo Tomás (amigo de juventud de mi padre), está muy delgado y con los mismos problemas de la vista que siempre. (…) Volvió a hablar con entusiasmo de tu talento, como hace siempre, y a celebrar que seas mi novio pues está seguro que yo soy la mujer que te hace falta. Yo supongo que él ve en mí esa cosa misteriosa que todos me ven, de valor y alegría. ¡Si supieran, Cucuso! Pero más vale que piensen que tu Cucusa es un contrapeso, que para saber lo que nosotros sabemos ya tendrán tiempo. ¿Qué no sabes a lo que me refiero? Cuso, yo tampoco, me he hecho un lío pero, para salir de él, te diré que me refería a mis secretos resabios y mi enorme debilidad, que tú sólo sabes. (…) Tendré que seguir ''pantera'' por el resto de mi vida.

Corazón chiquito

La Habana, 9 de junio de 1946. Querido Eli: Aquí está tu Yitina otra vez cansada por los exámenes y, como siempre, contigo. Ayer recibí tu cartica en la que me decías que sabías de mí, ¡qué bueno! (yo creía que nunca llegarían). Ya a estas horas habrás recibido todas, así es que, aunque tengo poco tiempo, corro a escribirte para que no dejes de saber de este ''corazón chiquito'', como me dices. (…) Luego (Agustín Pi) nos contó de una conversación que tuvo con Gastón, durante un almuerzo con él. Está G. peor de lo que nosotros nos imaginábamos. Adora al padre Spirali, dice que la labor que está realizando en Cuba es ejemplar, que todos los curas cubanos y gallegos que hay aquí deberían seguirle, la iglesia tiene que mezclarse con el pueblo, las iglesias tienen que ser claras, ventiladas, bonitas, nada de iglesias oscuras. Cuando Agustín le dijo que ésa era una influencia fatal, que nada de eso correspondía a nuestra tradición, etc., le contestó que él había recorrido ese camino y que sabía todo lo que él iba a decir, pero que todo eso era irracional. Cuando le habló de su poesía, de la poesía también respondió con el mismo tono. Todas esas cosas en su época romántica habían tenido su lugar, pero que había que vivir, y eso no daba para eso. ¿Qué te parece, Cucuso? Primero me dio tristeza, pero ahora tengo una de esas rabietas que sabes le dan a tu Currita, que me hacen pensar que cuando me enfrente con él me voy a mostrar indiferente. Pero no hay que hacerse ilusiones, vence la tristeza porque Gastón todavía no me es indiferente. Después, por la noche, vino Feíto (le di tu carta) a invitar —prepárate para la noticia— a Fina, Cintio y a Octavio a comer con… Lezama. Imagínate el cuadro y dime si no es escalofriante, tu Kiko está que tiembla como una hoja. Tú y yo nos salvamos de esa acometida pero, cuando estés de vuelta, te aseguro, o ya será una oveja mansa que venga a casa a comer torrejas, o nos ''endilgarán'' otra comida. Menos mal que para entonces ya tus nervios serán de acero pero ¿y tu Currita? (…) ¿Y tú, novio? Tantos cuentos, tantos chismes y ningún ''te quiero''. Pues no ha de faltar te quiero, Cucuso mío, te quiero mucho. (…) Cuídate mucho y piensa y quiere a tu corazón chiquito. (…) Ahora me voy a dormir, que es tarde, no sin antes hacerle una listica de lo que quiero:

1. Que reciban un beso mío.

2. Que me extrañen bastante.
3. Un par de besitos de allá.
4. Un juego de abrazos.
5. Una cartera para mis suspiros.

Un par de besitos para allá

Perdónenme este texto tan personal. Bella Esther García-Marruz, Currita, está apagándose en La Habana.

© cubaencuentro

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