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Actualizado: 14/06/2021 10:41

Irrupciones

Idalia Morejón habla sobre el proyecto Paideia-Tercera Opción, al que la revista 'Cubista Magazine' dedica su último número.

Licenciada en Lengua y Literatura Francesa por la Universidad de La Habana (1987) y doctorada en Integración Latinoamericana-Área de Literatura Comparada (2004), Idalia Morejón se ha especializado en la historia intelectual cubana del último medio siglo. Su consistente trabajo le ha permitido hilvanar hitos fundamentales de esa historia en una lógica novedosa. La lectura crítica, la inspección de archivo y el uso de un lenguaje apropiado al objeto se mezclan en el "expediente Paideia", que preparó para la revista Cubista Magazine. Su edición constituye un aporte esencial a nuestra historia reciente.

En ensayos como 'Eppure si mouve: Las transformaciones de la norma poética en Cuba', o en los que estudia 'Lunes de Revolución', se sitúa en los orígenes de la política cultural cubana. ¿Cuáles son las líneas de continuidad que detecta en aquel origen y que se pueden seguir hasta la actualidad?

Si localizo tu pregunta en los orígenes de la política cultural en la revolución y asumo que exista una relación con el presente, lo que pudiera llamar líneas de continuidad son precisamente las interrupciones/irrupciones de los intelectuales en una estructura de orientación ideológica unidireccional, mal capacitada para crecer al lado de otros tantos programas de carácter social, considerados prioritarios dentro del presupuesto económico del gobierno cubano a partir de 1959. De ahí que esas rupturas afirmen una cierta homogeneidad cualitativa, incompatible con los diferentes niveles que rigen la cultura en Cuba.

En sus trabajos recoge momentos que evalúa como intentos de buscar cierta autonomía dentro de la política del Ministerio de Cultura. Cita un ejemplo un tanto clásico: la revista 'Pensamiento crítico'. ¿Cree que en algunos intentos de matizar el esquematismo de la historia escrita de las últimas décadas se esté siendo un poco complaciente con el alcance real de publicaciones como la citada?

Con relación a Pensamiento crítico, si existe complacencia es en el hecho de no haberla estudiado y divulgado lo suficiente, por ser una de las publicaciones que en su momento abordó temas importantes sobre la base de una cultura social, que perecieron cuando la revista desapareció. Y esto ocurre junto a una preocupación visible por esbozar criterios dentro de la intelectualidad. Considero que una revista especializada en filosofía política y sociología, cualquiera que sea su orientación, siempre es un espacio necesario; inclusive más necesario si consideramos que ella existió antes que el propio Ministerio de Cultura cubano.

Respecto a la investigación y expediente acerca de Paideia, lo primero que interesa es por qué precisamente Cubista Magazine para publicar ese trabajo.

Este trabajo, que demoró casi dos años, fue pensado por Cubista como un modo de contribuir al análisis de las relaciones de poder en Cuba a través de su campo intelectual; algo que en el caso de Paideia y Tercera Opción, después de 17 años, no había sido acometido.

¿No piensa que la ansiedad de los jóvenes de Paideia para lograr una inserción dentro de la cultura cubana de fines de los ochenta y principios de los noventa se deba precisamente al regreso abrupto de algunos de sus facultades e institutos en la antigua URSS, o el camino semi-independiente que escogieron frente a las instituciones educativas de la Isla?

A fines de los ochenta el momento no podía ser más complejo, se respiraba más contradicción de la habitual y con el regreso viajaron también muchas intenciones; sólo que el Trópico no estaba preparado para las ideas frescas, y lo que para algunos fue un fiasco dentro del juego de la transparencia (recordemos el IV Congreso del PCC), para otros como los que integraron Paideia y Tercera Opción, la acción de proponer funcionó como un compromiso estoico. La documentación levantada por Cubista puede ilustrar ese controvertido capítulo a partir de las demandas para nada irreales, aunque ingenuamente discursivas, del selecto grupo de jóvenes de entonces.

El gusto de los jóvenes de Paideia por la filosofía y la investigación social se da junto a la falta de formación académica de algunos en este campo específico. ¿Tiene esto algo que ver con la elección filosófica y con el tipo de escritura de la misma que desarrollaron?

Entiendo que en la formación de los jóvenes de Paideia el interés por la identidad fue lo que definió los métodos de su preparación. Aunque resulte poco convencional para algunos, este tipo de estudios se encuentra más cerca de la tradición pedagógica de la revolución cubana, que de un sistema poco ortodoxo; pues intentaron por sobre todas las cosas absorber filosofía como punto de ignición, para aplicar una disciplina de trabajo dirigida a proponer, con el entusiasmo del momento, la reevaluación de los mecanismos organizativos del Ministerio de Cultura dentro de la política general del Estado.

Cuando ubica a Paideia en la 'década de los noventa', no está siendo exacta. Más bien alcanzó su clímax en la primera mitad de esa década. ¿No cree que es una precisión que vale la pena hacer dado lo esencial que es el tempo de los exilios e insilios cubanos?

Tal vez la inexactitud proviene en parte del hecho de que estos acontecimientos tuvieron lugar entre 1989 y 1992, pues no debemos olvidar que los miembros más perseverantes de Paideia, como Rolando Prats, Omar Pérez y César Mora, pasaron a organizarse en Tercera Opción.

Con relación a las fechas, lo único que puede ser interesante, fuera de los datos del dossier, es el momento en que Paideia se desactivó como grupo, en la segunda mitad de 1990, para convertirse paulatinamente en una especie de proceso introspectivo, ya no de un grupo de personas, sino de sus miembros por separado, dentro y fuera de Cuba. Esto ha derivado, no sé si involuntariamente, en una cierta mística de lo que fue y de lo que pudo ser, que llega al 2006 con una energía enrarecida por el tiempo.

Al leer la entrevista a Omar Pérez en 'Cubista Magazine' me percato de lo arduo que debió ser lograr un expediente integral tratándose de personas de personalidad intelectual de tanta agudeza e intensidad. Si quiere compartir alguna anécdota al respecto, creo que los lectores de EER lo agradecerían.

Con Omar esa agudeza e intensidad están presentes de una manera auténtica, aunque no por ello debe sobreentenderse que en su caso el trato fue más difícil que con otros colaboradores. Frente al propósito de presentar los documentos y considerar su valor cultural, político y sociohistórico, las polémicas que en determinados momentos de la edición de este número tuvieron lugar entre los antiguos miembros de Paideia y Tercera Opción —que sin dudas son un excelente material para hacer el making of de una película de espionaje— pasan a un segundo plano.

© cubaencuentro

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