Sociedad

Esperando el batacazo

¿Prepara el gobierno a la opinión pública para la eliminación de los mercados agropecuarios?

Cunde el pánico entre la gente de aquí cada vez que la prensa oficial dedica algún espacio a temas controvertibles y que representan prioridades para el interés común. Sobre todo cuando se trata de trabajos críticos relacionados con la comercialización de bienes y servicios por cuenta propia, y muy especialmente con productos alimentarios.

No es para menos. Porque hasta los más lelos saben que la presencia de temas tales en los periódicos, muy rara vez responde a la iniciativa de quienes los firman o de sus jefes inmediatos, sino más bien a órdenes dictadas "desde arriba".

Por tanto, su publicación constituye una avanzada de nuevas disposiciones estatales que generalmente perjudican a la mayoría. Es práctica habitual. Así que tan pronto se publica la "crítica periodística", nos ponemos a temblar, esperando el batacazo.

Es justo lo que ocurre en estos días, luego de que el periódico Granma anunciara (el pasado viernes 10 de febrero) el inicio de la publicación de una serie de trabajos con el propósito de (cita textual) "abordar un amplio análisis sobre la producción, el acopio, la distribución y comercialización agropecuaria, la formación de precios, los impuestos y la falta de control que ha propiciado la actividad inescrupulosa de intermediarios que lucran a costa de las necesidades de la población".

Nótese que en el propio enunciado está explícito el primer error de enfoque, revelador en sí mismo de una de las conclusiones a las que sin duda arribará el "amplio análisis". Resulta que según este periódico, es la falta de control (estatal, por supuesto) lo que ha propiciado "la actividad inescrupulosa de intermediarios...". Y nótese que tal afirmación, categórica, sin margen para discusiones, se adelanta a partir de una supuesta defensa del pueblo.

Pero el pueblo conoce que la actividad, inescrupulosa o no, de los intermediarios no nació del espíritu santo, sino que es consecuencia directa de la falta de eficiencia del gobierno para producir, distribuir y comercializar los productos agrícolas mínimamente indispensables. Lo sabemos porque es historia antigua. Y no menos podría decirse sobre los altos precios, los que, por cierto, no sólo gravitan en las tarimas del comercio independiente, sino también en las pertenecientes al Estado.

Una entrevista

Si así nos muestran el portal, casi no necesitamos ver la casa. No obstante, no sería justo, ni siquiera inteligente, indisponerse en la víspera. Vale más esperar por lo que suceda, una vez realizado el "amplio análisis" de Granma.

Aunque, de hecho, el primer trabajo publicado, una entrevista a Orlando Lugo Fonte, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), muestra a las claras el origen y las verdaderas bases del problema, con todo y la posición desde la cual se expresa este hombre, que es diputado y miembro del Consejo de Estado.

Aunque no sea más que para ofrecer una idea de la dirección hacia la cual debieran ir los tiros, vale la pena reproducir algunos comentarios sueltos de Lugo Fonte, en particular los que guardan relación con el fenómeno de los intermediarios.

Según palabras textuales del presidente de la ANAP: "Si la empresa (estatal) o la cooperativa cumpliera, recogiera los productos a tiempo, los pesara y pagara en el término de 30 días, no habría tantas ilegalidades".

¿Y qué sucede en la práctica? Sucede que las cosechas se pudren, se pierden propiedades en el campo sin que aparezca la empresa estatal que debe acopiarlas para su comercialización. Y sucede, según Lugo Fonte, que "a veces pasan meses sin que los productores reciban el dinero por las cosechas entregadas". Sucede que "...cada vez que hacemos un levantamiento, hay 15 millones o 20 millones de pesos que se les deben a los productores por parte de los ministerios de la Agricultura y del Azúcar".

Entonces sucede que como consecuencia: "Los intermediarios que van a los campos llevan dinero en el bolsillo. Si se encuentran con un campesino que lleva esperando varios días a que le recolecten sus productos, ese agricultor opta por vender a esa persona, antes de que se pierdan".

Porque, además, puntualiza el jefe de los pequeños agricultores cubanos: "Este intermediario pesa la mercancía y paga al contado". Algo que no hacen las instancias estatales, las cuales no sólo demoran indefinidamente sus pagos, violando la ley, sino que ni siquiera pesan delante del dueño los productos que cargan, pues "por lo general las empresas de Acopio pesan en su nave de recepción, y después le informan al campesino, pero eso queda a la voluntad de uno o dos funcionarios (…) Por ejemplo, en el caso de la ganadería, hay muy pocas pesas para los animales. El campesino sólo puede vender una vaca o un toro al representante del Estado. Ese funcionario calcula el peso del animal y lo clasifica sobre la base de su criterio".

Razones para sospechar

Tal vez bastarían estos breves y muy cuidadosos testimonios para ir comprendiendo el papel jugado por el gobierno en el surgimiento y propagación de la "actividad inescrupulosa" de los intermediarios. Igual que bastan para esbozar una comparación entre ellos y los funcionarios (estatales) de acopio, si es que a la falta de escrúpulos queremos referirnos.

Sin embargo, considerando antecedentes, existen razones para sospechar que justo las cabezas de los intermediarios y, por extensión, las del comercio por cuenta propia, serán las primeras (quizá las únicas) que rueden como resultado de esta nueva serie crítica.

No en balde está cundiendo el pánico. Es algo que se nota desde ya, tanto en muchas tarimas vacías de los agromercados llamados "de oferta y demanda", como en la consternación de la gente ante los vendedores que se precipitan a dejar la raya apenas comienzan los enjuiciamientos.

Quiera la providencia que no estemos tropezando otra vez con la histórica obsesión del régimen por mantenerlo todo entre sus manos, fuertes y hábiles para apretar, pero para nada más.

Por si las moscas, habrá que ofrecerle flores frescas a San Lázaro, aliviador de la agonía, rogándole que el mencionado despliegue periodístico de Granma sea algo más que un pretexto para introducir otro capítulo de esa sufrida telenovela por entregas a la que podríamos llamar "Paredón para el trabajo independiente". Y habrá que apurarse para comprar las flores, no sea que también se nos pierdan, detrás o delante de los intermediarios.

Y que a nadie le extrañe. Ya que durante decenios, antes de que surgiera aquel primer mercado libre campesino, para ver en La Habana (y sólo desde lejos) flores frescas, había que trasladarse hasta el último piso de la funeraria de Calzada y K, a la capilla bautizada por el pueblo como 64, número que significa "muerto grande" en la charada.

Para no hablar del largo e insólito destierro de la malanga, el plátano, la yuca, la berenjena, el boniato, los frijoles recién cosechados, el ñame, la carne de cerdo (no mencionemos otras); o de casi todos los vegetales y hortalizas; o de las frutas en generalidad, desde la ciruela hasta el melón, arrasados de raíz (por un tornado con denominación estatal: Cordón de La Habana), y no vueltas a ver más que en fotografías viejas, hasta el día en que, con la soga al cuello, no les quedó otro remedio que despenalizar la actividad "inescrupulosa" de los independientes.

* Luego de la redacción de este artículo, han aparecido en el diario Granma otros reportajes "críticos" sobre los mercados agropecuarios.

© cubaencuentro

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