Ventana del lector

La Señora Juanita

Una consulta con una psíquica lleva a la autora a descubrir un testimonio sobre las cárceles cubanas


Se puede escribir no un libro, sino miles si cada uno de nosotros, los cubanos del exilio, contamos nuestra experiencia personal para salir de la cárcel cubana cuyas rejas son el límite marino que circunda la otrora Perla del Caribe, hoy Isla del desencanto.

Conocí hace muy poco tiempo a una anciana mujer cuya impronta me dejó tan impactada que le arranqué la promesa de que me contara su historia personal para llevarla a un libro. La señora, que en estos momentos lleva sus noventa y cinco años con una serenidad y parsimonia propias de esta edad, me narró que fue presa política y canjeada por el Gobierno cubano cuando el ex presidente norteamericano Jimmy Carter inició un prometedor diálogo con el Tiranosaurio de cuyo resultado devino un canje en el que ella junto con un grupo de presos políticos arribó a Estados Unidos en los años ochenta.

De cómo la trataron en la cárcel, de las torturas verbales de que fue objeto, de las amenazas y las múltiples vejaciones de que fue víctima habla en voz baja y cadenciosa dejándonos la sensación de escuchar un cuento prohibido que nos transporta a un mundo desconocido por muchos cubanos en el país que se jacta de no violar los derechos humanos.

Llegué casualmente a casa de la Señora Juanita por pura curiosidad. Queriendo conocer más allá de lo que nos depara el día a día, alguien de pronto me dijo que si quería consultarme con la Señora Juanita. Me eche a reír. Encontré tan descabellada la idea de una consulta personal que lo tomé a broma. Con todo respeto, no creo en vaticinios, ni predicciones futuristas, ni en sibilas modernas. No creo en santos. No creo en adivinadores. Y sin que nadie se ofenda, tampoco creo en la Virgen María aunque la venero por ser la Madre de Dios.

Realmente no creo en nada de esas cosas porque solo creo en Dios, a quien le doy el crédito absoluto. Por lo tanto, era tan remota la idea de que yo fuera a ver a la Señora Juanita como de que haría un viaje a la Luna el próximo mes. Y ahí quedo el asunto.

Pero ya la semilla estaba sembrada. En mi mente no germinó el pensamiento de saber más de lo que me corresponde, sino la más pueril curiosidad de indagar por qué tanta gente iba a verla. Y todos coincidían en lo mismo: como acertó en mí.

Una de esas mañanas en que no sabes cómo vas a jugar con tu vida, la llamé. Tal vez no había un buen programa de televisión, ya me había leído el último buen libro prestado o no sabía qué hacer con mi breve tiempo libre y decidí tentar el destino. Terminé llamándola. Me contestó una voz gangosa y baja que apenas entendí. Achaqué a sus muchos años la densidad de su palabra. Me dio una cita para las 2:00 de la tarde. Mi hijo, tan solícito, se brindó a llevarme. Llegué justo una hora antes de lo previsto. La Señora Juanita estaba en plena siesta digestiva.

Entonces me senté a estudiar el entorno. Si ella fuera una poderosa sibila sería millonaria, pensé. Es lo mismo que siempre he pensado de estas psíquicas. Pero el ambiente hogareño no era precisamente el de una millonaria. Comencé a juzgar la decoración interior y, hasta donde llegaba, el grado de confort familiar. Soy sincera, no me disgustó.

De pronto, un cuadro más allá de mi cómoda visión atrapó mi mirada. Varias palmas enjutas de frondosos penachos verdes se adueñaron de mis ojos porque me recordaron la foresta natural de mi país. Con toda la delicadeza del mundo pregunté quién era el pintor. Esperaba escuchar un nombre conocido o desconocido de los medios que yo aún ignorara. Alguien me dijo: es del nieto de Juanita. Y se dedica a pintar. Ah, tiene muchos cuadros pintados. Eso no contestó mi pregunta. Yo quería saber a estas alturas si se dedicaba a la pintura desde el punto de vista profesional, pero no me atreví a preguntarlo.

Entonces, como saliendo del ensueño de la lenta digestión, la Señora Juanita me dedicó una cálida mirada y me dijo: ven, que te voy a atender. Oh, milagro. Media hora antes de lo previsto.

Una atenta mano condujo su sillón de ruedas a una habitación y allí nos quedamos reconociéndonos, la Señora del Tiempo y yo, la escéptica.

Por señas me invitó a tomar asiento frente a ella y con una lentitud digna de Cien Años de Soledad, me dijo que partiera en tres el manojo de cartas.

Delante de mí comenzaron a pasar mis primeros anos, la soledad de mi primera infancia, la desazón de mi adolescencia, la incertidumbre de mi juventud.

En la segunda partición aparecieron amores fugaces u olvidados, envidias que dañaron y marcaron mi vida, esperanzas rotas y sueños no vencidos.

En la tercera, me dijo que era una persona dichosa; me dio risa. ¡Dichosa! respondí preguntando. Sí, dichosa, dijo con seguridad mientras entraba lentamente de nuevo en el letargo digestivo que yo misma había interrumpido casi una hora antes. Por momentos dormitaba y reaparecía briosa para darme algunas instrucciones. Llegamos a la etapa de los matrimonios y los hijos. Repetí, solo uno, no he tenido más. Pero aquí salen dos. Me dijo. No, solo uno. Conteste. Es que son dos nietos. Por eso salen dos, traté de arreglar el asunto. Pero eres dichosa porque no has rodado en este país, tienes techo, tienes trabajo. Y reafirmó: eres una mujer dichosa.

En la medida en que hablaba conmigo me di cuenta de que era una persona sabia más por los años vividos que por alguna profesión al respecto. Y como todo sabio, podía predecir por señales del desarrollo psicólogo y la conducción de capciosas preguntas cualquier entrevista personal. El tiempo favorece eso.

Sin darme cuenta, comencé a preguntarle sobre su vida, la forma en que llegó a este país, cuándo y cómo lo hizo. Fue de ese modo que supe que había sido una presa política canjeada cuando la gestión personal del ex presidente Carter. Suave, lenta y serena me habló de su pasado, de cómo enfrentó el régimen castrista, de cómo fue vejada, de qué manera la encarcelaron, así como de las cárceles a las que fue confinada. Tuvo miedo, pregunté: claro. Pero lo vencí. Al final, terminas venciéndolo.

La consulta futurista del Tarot de la Señora Juanita no me impresionó realmente tanto como a muchos les habrá sucedido porque, repito, no creo en vaticinios del hombre.

Mas, lo que sí me impresionó y me dejó con ganas de volver a ver a la Señora Juanita fue su propia historia. Una historia personal que merece la pena contarse para que no quede solo como una simple huella en el recuerdo de alguien, sino para que muchos sepan de qué forma ignominiosa han sido humillados en su propio país muchos y muchas cubanas antes de poder conocer la palabra libertad.

Dios quiera que la vida nos dé el tiempo suficiente a ambas para dejar un preciado legado de sufrido testimonio de una mujer en las soterradas cárceles de Cuba por el único delito de no estar de acuerdo con el régimen castrista y haberse enfrentado al mismo. Muchas historias personales palidecen ante la de ella.

© cubaencuentro

9 Comentarios


9 by ateo convencido (Usuario no autenticado) 27/03/2011 14:20

Para evitar tantas confusiones mejor no creo en nadie ni nada. Punto.

8 by Very Confundido (Usuario no autenticado) 19/03/2011 2:00

Si Maria es la madre de Dios, entonces ¿quiere decir que Maria antecede a Dios? Y yo que pensaba que Dios (yo eso lo defino com Inteligencia Infinita) habia creado el Universo. Todos los dias se aprende algo nuevo, aunque esto voy a tratar de olvidarlo.

7 by Omar Mantra. omar_mantra@operamail.com (Usuario no autenticado) 07/03/2011 23:02

Hola: Realmente presionado por el tiempo y muchas cosas que escribir, pues como tú hace años me dedico a este noble oficio, mal pagado azaroso y la mayoría de las veces incomprendididoi. Pero no puedo dejar de escribir mi comentario para ti antes de continuar mi propio trabajo. Comienzo por decirte que tu título es un gancho que linda con lo falsario, cuando lo leí pensaba que ibas a comentar algo relacionado con Juanita Castro, la hermana de Fidel Castro, y por ende un personaje interesante para la comunidad cubana. Leo tu artículo y descubro que nada que ver con lo que yo pensaba. Continúo leyendo y veo como expresiones de fe que no son tan legítimas y en el fondo demuestran el temor a decir la verdad de lo que sientes. Y así todo lo que escribes dice y desdice lo que quiere decir. No crees en la virgen María pero crees en su hijo .!! Sorprendente!!. No crees en nada, pero crees en Dios . ¿Porque no acabas de decir que no crees en religiones ni dioses que ellas veneran? Simplemente porque temes perder el beneplácito de tus lectores. No crees en adivinos, nigromantes, tarologos, atrologos ni toda la cohorte que se dedica a predecir el futuro y sin embargo te sometes a los rituales de la ilustre dama y tratas de justificar sus desaciertos. Al final, sacas una carta, de tu manga, no de las de ella, y descubres es una exiliada política que ha sufrido las torturas y los desafueros de las cárceles fidelstas, dejando bien claro que su liberación es producto de la gestión del presidente Jimmy Carter. Si fuese la época de elecciones presidenciales y Carter no estuviera ya tan desgastado por la obra del tiempo, diría que estás haciendo campaña política por su reelección . Caramba,estimada colega, te llamo a la coherencia y el respeto hacia tus lectores y seas profesionalmente honesta, sincera, sin embages y digas lo que piensas, para que ilustres a otro como debe ser nuestra función primaria. No niego que tienes talento y tus propios errores lo demuestran, pero te sugiero que definas lo que escribes y para qué y quienes y olvídate les pueda gustar o no, pues recuerda que para gustos se hicieron los colores y para escoger las flores. Como dice el título de un programa suramericano (fíjate como en encubro a propósito la nacionalidad) que se llama "Caiga quiern Caiga" y " dale pa^' lante" como diria un cubano. Omar Mantra OMAR_MANTRA@OPERAMAIL.COM

6 by marta lima (Usuario no autenticado) 30/01/2011 3:00

MI NOVELA TE LA REGALO < COMO LOGRE EL SUENO AMERICANO

5 by Irma Pujol (Usuario no autenticado) 23/01/2011 4:00

Me parece bien -como experiencia-. Yo, si creo por supuesto en Dios, pero tambien en su madre, la virgen Maria, en todos los Santicos. Y creo que existen personas con dones -sin querer hacerse millonarios, con el gift- que merecen nuestro respeto. Cada cual es duenio de creer en lo que desee. Estamos en un pais que nos permite -ademas- expresarlo. Tu historia sobre "la seniora Juanita" es interesante. Tu, la hiciste interesante con tu impecable narracion. Pero, lo que interprete es que es mas parte de tu vida, que la de la propia Junita, sea esta, una psiquica, vidente, espiritista, o como se le quiera llamar. Escribes bien y te felicito por tu relato.

4 by MARTA LIMA (Usuario no autenticado) 15/01/2011 20:40

MIQUERIDA AMIGA YA ESE DISCO ESTA RAYADO ,HAY QUE CREAR YA ESTAMOS CANSADOS DE NOVELA CASTRISTA, ESCRIBE LA MIA QUE ES DISTINTA Y DIFERENTE,,,.MARTA LIMA

3 by Mario Faz (Usuario no autenticado) 14/01/2011 19:40

Parece que el nombre Alvaro esta ligado a no se que actitud acida, provocadora, venenosa, lo digo porque un comentarista radial muy ligado a Max Lesnik y Francisco Aruca, ya fallecido..que Dios lo tenga en su Santa Gloria; era de nombre Alvaro pero de apellido Sanchez Cufuentes. Este Sr. arguelles me suena a argolla ese aditamento donde se cuelga cualquier cosa y parece que la unica funcion que este Sr. es descolgar sus comentarios enganchados por otros. Pobre hombre! Su mediocre frustracion quiza sea la causa de su odio a todo aquel que piense o diga algo con su propia cabeza, el necesita de otras para vomitar su hiel.

2 by Alvaro Arguelles (Usuario no autenticado) 14/01/2011 5:41

Muy conmovedor, aparentemente. La autora quiere que creamos a pie juntillas todo lo que cuenta la cartomántica Julita, le da crédito ciegamente, al igual que lo hace con los vaticinios de la popia señora, No es mi intención juzgar a la cartomántica, no sé si está en el grupo de los que engañan conscientemente a sus clientes, o en el de los que creen que de veras tienen poderes especiales. Lo que deseo resaltar es la ligereza de la autora y la manera festinada en que aborda asuntos serios. Este artículo, abundante en lugares comunes del más trasnochado "anti-castrismo", es uno más de la larga serie. Debe agradarle mucho a Pérez Roura y especialmente a Saavedra. ¡Bienvenida al Versailles, señora autora!

1 by Mario Faz (Usuario no autenticado) 13/01/2011 21:40

Mercedes: tu corto relato pareciera extraerse de la experiencia de haber viajado en una maquina del tiempo al pasado, esa maquina que solo existe en los recónditos laberintos de nuestra memoria. Es que hay que empujarse u obligarte a sentar ante una computadora o maquina de escribir y ponerte a escribir una novela sobre la memoria humana? A que esperas? Nos presentas una persona que en sus vivencias muy personales llega al final de la vida recordando y volviendo a vivir otras decenas de años más de su vida. Es que entonces la inmortalidad del alma radica en nuestra propia memoria o de esa memoria volcada en unas cuantas cuartillas? Guardamos la memoria de políticos, generales, filósofos, pintores...músicos, poetas y locos. Porque no guardar la memoria de un ser insignificante, un simple ser humano, desvalido; en una sociedad que lo vapulea sin merced y lo lanza herido y exhausto pero no vencido a la nueva orilla. Espero hallas leído el "Viejo y el Mar" de Hemingway o por lo menos visto la pobre versión cinematográfica. El autor gano un Nobel por esa novela, que por cierto la medalla del premio esta o debe estar en la sacristía del Santuario de la Caridad del Cobre. La lucha del pescador por vencer al descomunal pez no es otra cosa que el espíritu humano luchando por vencer la adversidad. Al fin cobra el premio de su lucha pero en su regreso triunfante con el trofeo los tiburones lo despedazan y solo llega a la orilla con la prueba de haber vencido; la cabeza del pez con la formidable espada. Su recompensa no son los tanto o cuanto dinero vendiendo el pescado sino la satisfacción de haber vencido y nos enseña que el Hombre, el Ser Humano esta hecho para vencer. Ese fue el aliento que nos concedió el Creador cuando nos hizo del “ex limo térrea”. Si no lo crees vete a la Capilla Sixtina y contempla el fresco de Miguel Ángel Buonarrotti en el frontispicio. Te aprecia sin conocerte. Mario Faz mariojfaz@gmail.com

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