Exteriores
Muros 'buenos' y muros 'malos'
Condena a la valla entre México y EEUU y silencio sobre la que separa Corea del Norte de China. ¿A quién trata de engañar La Habana?
El muro que levanta Estados Unidos a lo largo de su frontera con México ha sido y es motivo de indignados comentarios por parte de la prensa oficial cubana. No han sido pocas las Mesas Redondas que han dedicado espacios a cuestionarse el derecho del gobierno estadounidense a regular la entrada de inmigrantes a su territorio, y se han explayado largamente acerca del desprecio que tal muro supone para con el pueblo mexicano.
Los medios de difusión que se encargan de embutir a la opinión pública nacional, explican que el Tratado de Libre Comercio suscrito ente México y Estados Unidos es el principal acicate de los mexicanos que cruzan la frontera en busca de un futuro más promisorio, asegurando que la construcción del muro beneficia e incrementa la actividad de contrabando que se deriva del tráfico ilegal humano. Este es, sin dudas, un muro malo.
A tenor de lo anterior, en el caso de los cubanos que huyen de la Isla por cualquier vía, incluyendo la propia frontera mexicana, la prensa oficial asegura que son víctimas de las privaciones "que nos impone el bloqueo", así como de "los cantos de sirena de la Ley de Ajuste Cubano".
Las referencias oficiales a los que "se van" de Cuba, eluden cuidadosamente mencionar que una característica que marca el fenómeno migratorio en nuestro caso, es el hecho de que los cubanos emigran a cualquier parte y no sólo a Estados Unidos, porque el paso definitivo que inicia un cambio de vida es marcharse del país, sin importar a dónde.
Es así que, mientras los eventos migratorios que marcan a las naciones más pobres tienen como destino principal a las naciones del primer mundo, los cubanos que aspiran a marcharse optan por la primera oportunidad para escapar de la pobreza sin fin y de la falta de libertades. España, Chile, Perú, Francia, Italia, Suiza, México, Canadá, Argentina, Brasil, República Dominicana, Suecia, Rusia y hasta Haití, entre otros disímiles puntos donde no existe una Ley de Ajuste que los favorezca, son algunos de los destinos que sirven de refugio y hogar sucedáneo a decenas de miles de compatriotas.
Víctimas de su propia trampa
Todo esto hace recordar otros muros. Por ejemplo, el que levanta el gobierno de Israel en la franja de Gaza es —sin dudas— un muro malo. Pero, si nos proyectamos al pasado, el muro de Berlín, que separaba a los alemanes en dos facciones; una socialista ("democrática", decían) y una capitalista, desde el final de la segunda guerra mundial, y en el que murieron tantos ciudadanos (curiosamente de la parte socialista, es decir, democrática) tratando de pasar a la capitalista, nunca fue criticado desde los medios de comunicación en Cuba. Es más, se consideraba como el muro bueno que había evitado la contaminación general del capitalismo —siempre tan contagioso— a toda la ciudad.
No obstante, estas digresiones —lejos de comentar las "informaciones" oficiales que se divulgan por medios de prensa nacionales— sólo pretenden remarcar una escandalosa falta de información: no se ha dedicado ninguna mesa redonda ni un reportaje de la prensa plana o del noticiero de televisión a la construcción, por parte del gobierno chino, de un muro en su frontera con Corea del Norte.
¿Es que hay muros buenos y muros malos? ¿Qué determina la diferencia entre el muro que separa a México de Estados Unidos y éste? La mayoría de los cubanos ignoran la construcción del muro chino: la prensa oficial no ha logrado encontrar un buen argumento que lo justifique sin incurrir en lamentables contradicciones: ¿Cómo demostrar que el que construye China es un muro "bueno"?
Y es que los regímenes totalitarios, con la censura de información que les es inherente, suelen caer en sus propias trampas. Cuba no puede aprobar el muro de China porque ello supondría un desaguisado político con Corea del Norte, al que se supone debe brindar apoyo. A la vez, no puede incurrir en el terrible error de criticar al gobierno Chino, principal proveedor comercial de la Isla; así que opta por callar y tratar de cuchichear y negociar entre bambalinas para quedar bien con Dios y con el diablo: algo similar a lo que sucedió con el desafortunado evento del chantaje nuclear de Corea del Norte, que el gobierno cubano no se atrevió a condenar por las claras, aunque tampoco tuvo la osadía de aprobar abiertamente.
Hasta donde se ve, Corea del Norte está resultando un aliado político bastante conflictivo, con el que se está haciendo muy difícil comulgar. Muy complejas se han puesto las cosas para los encargados "provisionales" del gobierno de La Habana: lidiar con los conflictos crecientes a nivel internacional; y con un presidente enfermo, anciano y majadero a nivel doméstico.
© cubaencuentro
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