Artes Escénicas
Conjuro para recobrar a Celia
En el musical de Broadway sobre la Reina de la Salsa sólo se salva la excelente voz de Xiomara Laugart.
Al finalizar Celia, the life and music of Celia Cruz, en el New World Stages de Nueva York, el público de pie, aplaude emocionado, pero, ¿aplaude la puesta que acaba de ver, o es un mágico conjuro para recobrar a la Reina de la Salsa?
Celia, el musical, se estrenó en Broadway luego de muchos tropiezos, cambios en el libreto, de actriz, y hasta correcciones a la dirección. Dos semanas hubo que aplazar el estreno y mandarse a correr.
Originalmente, el guión era del director Jaime Azpilicueta, conocido en España como "el rey de los musicales"; pero el grito de "¡Azúcar!" de la Reina de la Salsa no endulzaba ni a los actores, y hubo que llamar a Carmen Rivera ( La Gringa, La Lupe) y a su esposo, Cándido Tirado.
Los autores puertorriqueños criados en El Barrio, donde nació Tito Puente, trataron de ponerle salsa al libreto del español, y María Torres, la coreógrafa (otra boricua llamada de urgencia), trató de componer los bailes. Pero vísteme despacio que tengo prisa.
Dicotomía del personaje central
Aunque Celia se anuncia como un musical y cuenta con la dirección orquestal del experimentado Isidro Infante (productor de éxitos de la Guarachera de Cuba), para nada es un musical con canciones que narran la historia, a la manera de Broadway.
La comunión música-drama propia del género musical, en Celia se intenta al comienzo con dos canciones originales, pero luego se pierde, transformándose en una sucesión de viñetas dramáticas o cómicas alrededor de un extenso recital de Xiomara Laugart, quien interpreta temas que popularizó la guarachera.
'Celia la cantante' es Laugart; 'Celia la mujer' es Selenis Leyva, y esta dicotomía se hace difícil de superar: el paso de una a otra se traba en ocasiones, porque la actriz (que aplaudimos en Ana en el Trópico) se ve insegura, y su biotipo no encaja del todo con Celia-Xiomara.
El actor Modesto Lacén hace de Pedro Knight en dos tiempos. Transita con brillantez del anciano que narra el pasado al joven trompetista de La Sonora Matancera, pero arrastra la gestualidad juvenil a su regreso a la ancianidad, lo que le resta credibilidad.
La historia comienza con Pedro (Cabecita de Algodón) hundido en un sillón de hospital. Sus diálogos con el enfermero boricua que lo cuida (Pedro Capó) son la columna central de la puesta, que, en ocasiones a modo de flash back y otras como trasgresión del tiempo, va hilvanando anécdotas de la vida de la Reina de la Salsa.
Como pinceladas vemos cuando Ollita, su madre, le canta Drume Negrita, en el barrio habanero del Cerro, cuando "le tocan la campana" (descalifican) en el programa radial La Corte Suprema del Arte, cuando Fidel Castro, en 1960, va a verla al teatro Blanquita de La Habana y Celia se niega a cantarle Burundanga. Esa noche es la única integrante de la Sonora que no cobra.
El anticastrismo de Celia está enfatizado, vemos la muerte de Ollita y cómo Castro no le permitió asistir a su entierro; vemos el único regreso de la Guarachera a su patria cuando cantó a los balseros en la base naval estadounidense de Guantánamo, y la vemos arrodillada recogiendo tierra de su Isla para que la acompañe en su tumba.
Pero si hay escenas que justifican el melodrama (cuando Celia conoce que padece cáncer), la de ella en el cielo, con Pedro apareciéndosele con un frac blanco para celebrar sus bodas celestiales, podría integrar la antología del kitsch. Y Celia moribunda, con Pedro diciéndole "no puedes morirte Negra, hasta que Cuba sea libre", es panfletaria.
Un aplauso para Celia
Los bailarines, disímiles en técnica y tamaño, bailan con fuerza y expresividad, pero en la coreografía no hay nada novedoso, resulta cabaret de los años setenta.
La escenografía: tres arcos de piedras grises a través de los que se proyectan imágenes nostálgicas, nada tiene que ver con la alegría de la música de Celia Cruz, entorpece las entradas de actores y bailarines, obliga a dividir la orquesta —metales y piano a la derecha y percusión a la izquierda—, lo que dificulta la referencia de los músicos.
Pedro Capó representa con honestidad al enfermero, contrastante personaje que pareciera sacado del teatro bufo y que arranca carcajadas del público; saldría ileso si su balada con guitarra, que canta al final de la noche, no resultara un anticlímax.
Elogio merece Xiomara Laugart. Su interpretación de las guarachas, sones y rumbas que popularizó Celia le permiten explotar su hermoso registro central, y bailar. Lástima que veintitantos cambios de vestuario (algunos horribles) no le permitieran actuar. Los pocos bocadillos que le escuchamos, los sacó con desenvoltura.
Los muchos lunares de Celia, the life and music of Celia Cruz no impiden que, en la última escena, el público aplauda emocionado. Sin duda reconocen la voz de Laugart y el empeño de Lacén, pero en sus corazones dichos aplausos obedecen al deseo que todos sentimos de revivir a Celia Cruz, son el conjuro del pueblo para recobrar a su reina.
© cubaencuentro
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9 Comentarios
9 by Luis de Santiago (Usuario no autenticado) 21/11/2007 9:30
EL INSTRUMENTO NO ES "TRIPLE" SINO "TIPLE" Para mí, Xiomara, tú eres excepcional y te quiero con toda el alma. Tu último disco me gusta más de la cuenta. Pero recuerda que el instrumento no es "triple" sino "tiple". Te deseo mucha suerte y muchos éxitos.
8 by Leonardo Lugo (Usuario no autenticado) 14/10/2007 15:30
Disfruté del espectáculo, sobre todo de las interpretaciones de Xiomara Laugart, que recrea la manera de cantar y el estilo de Celia Cruz, sin dejar de ser Xiomara. La obra, en general, me parece bastante fiel a la persona y a la artista, aunque tal vez de manera un poco esquemática. En la cuestión política se insiste más de lo necesario, cuando quizás debió recurrirse a formas más sutiles. Las actuaciones son por lo general buenas, aunque no brillantes. Los personajes de Pedro Knight y del enfermero son los más logrados. También Xiomara, sin ser actriz, se aproxima bastante al carisma de la Guarachera de Cuba. Uno desearía que esta actuación de Xiomara sirviera para el conocimiento, reconocimiento y apoyo del público a esta gran cantante cubana. Verla con más frecuencia en clubes, en conciertos y en la televisión. Tener acceso a sus CDs y DVDs. Y los cubanos acordarnos de aquello que decía: ¡COOPERA CON EL ARTISTA CUBANO!
7 by Luis de Santiago (Usuario no autenticado) 11/10/2007 15:00
Lo mejor del espectaculo es, por supuesto, Xiomara Laugart con su potente y hermosa voz --ignorada por el ignorante gran publico estadounidense--, con su carisma y tambien con sus breves actuaciones. Por momentos, nos parece que es Celia. La actriz encargada del papel de Celia nunca llega a recordarnos a la Celia que conocimos.
6 by Beto Alonso (Usuario no autenticado) 05/10/2007 15:40
El comentario, lejos de ser destructivo, es sumamente equilibrado y me atrevería a decir que, en algunas partes, generoso. El espectáculo deja mucho que desear. El libreto, salvo una que otra pincelada costumbrista simpática, es sumamente expositivo, peca de poco teatral; la dirección brilló por su ausencia (los actores apenas se desplazan por el escenario: algo elemental en una puesta en escena de este género) y hablar de la existencia de una coreografía es faltarle el respeto a los coreógrafos. Las dos horas y 10 minutos se resisten sólo por la la música de Celia, brillantemente interpretada por la pequeña orquesta y por Xiomara Laugart. Después de cantar durante varios años en Estados Unidos con el grupo Yerbabuena, el público de Nueva York está "descubriendo" lo GRANDE que es como artista. El espectáculo no está en el circuito de Broadway, sino en off Broadway. (No es lo mismo ni se escribe igual). Dicen que cla producción costó dos millones, supongo que buena parte de esa suma la habrán empleado en pagar el alquiler de la sala, porque el dinero no se ve por ninguna parte. La escenografía es de una pobreza y una falta de imaginación apabullantes y el único vestuario llamativo es el de Celia-cantante. Los cuatro únicos bailarines dan grima y en ningún momento convencen de que la vida sea un carnaval. En cuanto a las alusiones políticas son, casi siempre, excesivas, forzadas y panfletarias, y en algunos casos despiertan dudas sobre su exactitud. Celia se merecía un buen libreto, con música y textos más integrados, muchas luces y color en la escena, y menos concesiones a la cursilería.
5 by La Avellaneda (Usuario no autenticado) 04/10/2007 21:50
Parece que al musical le falta un buen libreto y luego una dramaturgia creíble; pero no importa, la pieza está ahí para escuchar especialmente a una gran voz! Xiomara te deseo todas las cosas buenas de este mundo, porque eres una artista maravillosa .
4 by Raul Placencia (Usuario no autenticado) 04/10/2007 19:00
La critica debe comenzar por casa. Debemos aprenden a aceptar el analisis, la critica, buena o mala. El paternalismo, la sobre proteccion, nos ha hecho dano. Debemos comenzar por criticarnos nosotros mismos. Poner una obra hispana en medio de Broadway, donde se exhibe el mejor teatro del mundo, y que no este a la misma altura, mas que bien nos deja mal parados.
3 by Manuel Urquiza (Usuario no autenticado) 04/10/2007 19:00
No me parece bien que haga trizas a una obra hispana, actuada por hispanos. Si nosotros mismos nos arrojamos al fuego que vamos a dejar para los demas. Ademas, para quien trabajan los artistas, no es para el publico, y si el publico aplaude es senal que les gusto.
2 by Manuel (Usuario no autenticado) 04/10/2007 14:40
Y se edita un documental sobre su vida... creo. Muy bien.
1 by Pablo Mendez (Usuario no autenticado) 04/10/2007 10:50
La negra Xiomara es divina..Le deseo mucho éxito Pablo Mendez