Pintura

El maestro Rafael Soriano: 60 años de labor pictórica

Soriano no reproduce en su pintura, pero sí representa, y esta representación evoca, sin jamás caer en lo literal, la vitalidad de la vida


El pasado 28 de enero el museo Lowe de la Universidad de Miami, inauguró la exposición Rafael Soriano, Los otros mundos dentro de sí. Esta extraordinaria retrospectiva de 60 años de labor pictórica (abierta al público hasta el 27 de marzo) fue organizada por el curador y museólogo Jesús Rosado. Con un total de 75 obras —pinturas, dibujos y cerámicas— Rosado nos enmarca y contextualiza la producción artística de uno de los grandes pintores de Cuba y de América surgidos en la década de los años cincuenta.

Soriano nació en Cidra, Matanzas, y se crió a partir de sus diez años en la capital de su provincia natal. Su padre era barbero y su madre ama de casa; ambos apoyaron incondicionalmente el talento de su hijo. Ya a los 15 años Soriano estaba estudiando pintura y escultura en la Academia de Bellas Artes San Alejandro en La Habana, graduándose en 1943. Ese mismo año volvió a Matanzas y fue fundador de la Escuela de Bellas Artes de la provincia —a esta escuela dedicaría gran parte de su vida como maestro y director, hasta partir para el exilio en los años 60.

Su primera pintura, como Flor a contra luz y Músicos tocando un órgano, demuestra un sentido original del color que va mas allá del tropicalismo, y una concepción de las formas definidas entre los descriptivo y lo expresivo. En los años 50 Soriano se casa con Milagros Tundidor, su inseparable compañera hasta hoy en día (gran carpintera, Milagros construirá los marcos de Soriano a partir de llegar al exilio). En estos años Soriano comienza su etapa geométrica/concreta en su pintura, que durará hasta salir de Cuba. Al opuesto de sus colegas, que pintaban dentro del geometrismo de manera mecánica, Soriano comprende las lecciones de Piet Mondrian y su búsqueda a través de lo concreto es por la cuarta dimensión, la cual es una metáfora de lo trascendente y espiritual. Varios ejemplos de este período se ven en la retrospectiva como pintura geométrica al nivel de lo mejor producido en New York o Buenos Aires.

La llegada de la revolución en 1959 transformó la vida de la Isla en todos sus niveles. Desilusionado con el giro totalitario del régimen, Soriano, con su esposa e hija, partió para el exilio en 1962. El exilio fue una experiencia devastadora y Soriano no pudo pintar por varios años. Pero al volver al caballete, a mediados de los 60, ese mismo doloroso exilio transformó a Soriano en un pintor extraordinario. Lentamente su pintura se alejó de la geometría estricta y poco a poco fue forjando un nuevo vocabulario donde lo orgánico definía las formas, las cuales evocaban cuerpos, y el espacio se abría a una infinitud llena a su vez de terror y posibilidades, como “la noche oscura del alma” de la que nos habló San Juan de la Cruz. Ya en 1980 Soriano estaba en la cúspide de su madurez pictórica: Surcos de luz es evidencia de esto. Un cuadro perfecto, Surcos de luz, representa una enorme forma biomórfica que evoca paisaje y figura. Dentro de la forma los colores cambian de uno a otro como la naturaleza misma, que nunca es estática. En el fondo el verde viridiana representa la serena infinitud del universo. La obra es una metáfora del poder vivificante de la luz, es decir, del espíritu. Soriano no reproduce en su pintura, pero sí representa, y esta representación evoca, sin jamás caer en lo literal, la vitalidad de la vida.

En esta retrospectiva encontramos varias décadas de pintura de primera, al igual que dibujos de un gran rigor. El maestro Rafael Soriano se niega a prestarle atención a las últimas modas. Al contrario, su pintura se centra en sí misma y profundiza, escuchando su voz interior y siéndole fiel. Rafael Soriano tiene pocos contemporáneos que estén en su nivel de calidad artística dentro de la plástica cubana (solo pienso en los escultores Roberto Estupiñán y Gay García), y dentro de su generación en Latinoamérica maestros como Fernando de Szyszlo, Rodolfo Opazo y Armando Morales son sus iguales. Esta magnífica exposición —amorosa labor de Jesús Rosado y la hija del artista Hortensia— nos da evidencia de que Rafael Soriano es un pintor intuitivo con una lúcida inteligencia pictórica, la que nos da acceso a un profundo contenido emocional. Como espectadores, solo nos queda decir: “Gracias Maestro”.

© cubaencuentro

1 Comentarios


1 by Pichardo Rau Fosa (Usuario no autenticado) 19/02/2011 20:21

Buena cronica sobre un gran pintor. Lastima que el autor es un católico de izquierda!

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