Artes Plásticas

Oficio de ángel rapaz

Sobre 'Trace Crop Off' , la última exhibición de Ramón Williams en la galería Undercurrent Arts.


He recorrido Trace Crop Off, la última exhibición de Ramón Williams en Undercurrent Arts, espacio de Wynwood seductoramente primitivo que no podía ser mejor sede para acoger esta colección de registros fotográficos que presentó el autor. Una especie de trama arqueológica de lo vestigial, en la cual la presencia humana asume carácter tácito, excepto en la proyección de una silueta animada que se ha enfrascado en imparable carrera de fondo hacia una meta indefinida y que parece parábola del compendio causal del resto de la transitoriedad que se pretende ilustrar.

En el silencio wild de las demás imágenes se presiente una instintiva inquietud por anticiparse a la extinción del vestigio. Basta observar cómo las instantáneas se adelantan a retener rastros esencialmente mutantes, históricamente imperceptibles a la retina social deshabituada. Un acontecer intrascendente cuya marginalidad justificaba Rilke con la irónica autoinculpación de que al final "nosotros somos los más efímeros".

Lo interesante de esta inclinación intuitiva de Williams por someter el paisaje precario a la toma de un lente conceptual, es que, paralelamente, se presta para desdecir las desmitificaciones del aura romántica del artista durante la actual euforia postmodernista. Pienso que este suceso lo acerca más a la épica del reportero gráfico que, con dotes de poeta, propicia la resemantización de esas sumas de prisa y caducidad que configuran la supervivencia global.

Tal aprehensión aparentemente banal de eslabones que derivan hacia el desgajamiento o la metamorfosis, y cuya estética se consuma mediante muy elementales manipulaciones en el proceso de edición, no se restringe a la crónica visual de los entornos periféricos, sino que es portadora de una potencialidad analítica sobre el modus en que transcurre el tiempo humano durante su más reciente rumbo animal. En tal sentido, podríamos asumir estas imágenes como textos que abordan el objeto social perecedero desde exorcismos emancipadores equivalentes al de los mandalas tibetanos de arena. O sea, contemplar pausadamente la erosión inadvertida de nuestros propios signos puede servir de terapia.

Y es que, en efecto, el mosaico visual de Williams funciona a modo de mapa meditativo, conectado subliminalmente a ideologías, estilos de vida y culturas, cuya abrasión transita por la sucesión de texturas desvaídas, materia agónica, memoria bajo amenaza e integridad sacudida por el empuje depredador de elementos naturales y, sobre todo, por los propios artificios salidos de la mano del hombre.

Toda una muestra cifrada de las dinámicas del desgaste contemporáneo, de las cuales el autor se apropia para utilizarlas como recurso grafológico y comparar plazos de la existencia en términos de parodia y metáfora, a la manera en que lo insinuaba Jeff Wall en sus ensayos elaborados, con la diferencia de que Williams juega conspirativo a la captura de inmediatez y trazo en fuga, y más tarde, con el toque de tecnología, reforzará la consecuencia analítica del vestigio icónico.

En resumen, el peso argumental de esta semiótica de lo efímero estriba en el encuentro casi geodésico con la materialidad decadente que se genera en el fatigante maratón de la convivencia. Visto así, es documentalismo que se compromete en cierto modo con la metafísica lapidaria de Gordon Matta-Clark, sin sus conocidas proporciones de tremendismo y espectacularidad, y sí con percepción absolutamente fuera de lo ordinario y un esmerado acabado artístico que provoca deleite en cada imagen que se exhibe.

Para tal empeño, Williams habrá tenido que contar, simultáneamente a una logística eficaz, con la penetrante vigilia del antropólogo, y después, en el resto de las destrezas, sumar sólo esencialidades: pupila sensible, intelecto cultivado y el oficio en vuelo de un ángel rapaz que interceda ante las tensiones, desplazamientos y fenecimientos asimétricos que se van a manifestar en la fugacidad casi a punto de cautiverio.

© cubaencuentro

9 Comentarios


9 by A.T. (Usuario no autenticado) 01/07/2008 0:40

"Toda una muestra cifrada de las dinámicas del desgaste contemporáneo, de las cuales el autor se apropia para utilizarlas como recurso grafológico y comparar plazos de la existencia en términos de parodia y metáfora, a la manera en que lo insinuaba Jeff Wall en sus ensayos elaborados, con la diferencia de que Williams juega conspirativo a la captura de inmediatez y trazo en fuga, y más tarde, con el toque de tecnología, reforzará la consecuencia analítica del vestigio icónico." Muy bien dicho. Por cierto puse un comentario aqui muy al principio que parece que se fue a voline.

8 by Rolando Mendez Diaz (Usuario no autenticado) 28/05/2008 8:20

Ignorante: Tipo de gente que con cuatro malas palabras completa su léxico. El asunto no es que quien escriba lo haga con un diccionario de sinónimos y antónimos, como acostumbra a hacer el maestro de todo y oficial de nada que vive en Cuba Rufo Caballero, la cuestión es que por complacer al ignorante no se puede sacrificar la riqueza de nuestro idioma. En inglés con una palabra se designan diez cosas, en castellano tenemos diez palabras para designar cada cosa. De ahí la gran ventaja de Cervantes sobre Chaquespiar.

7 by EL IGNORANTE (Usuario no autenticado) 24/05/2008 4:00

Rolando Verde, otro mas con apellido de colores y que admira la cultura literaria como el distinguido y bien preparado Rosado. Cuando los periodistas como tu amigo Rosado se den cuenta, que en este periodico digital entran personas de todos los niveles de aprendizaje e intelecto, y se de cuenta que este tipo de escritos es solo para pocos y no para la mayoria; entonces estaran hablando el mismo idioma que la mayoria hace y habra mejor comunicacion y entendimiento entre todos. No abusar del español, por favor. Mientras, mi querido Verde, esa masturbacion literaria que aprecias en este trabajo, tiene tanto perfume que ni se puede oler. Por favor...

6 by Rolando Verde (Usuario no autenticado) 23/05/2008 20:40

Ignorante, sé lo que quieres decir. Pero el texto en sí es una de las salida del laberinto de silencios trazado por manos oscuras para este artista, más allá del abuso de los adjetivos (si RW los merece es otro asunto) dada la emoción de Rosado por lo que comenta. También él sabe decir"¡De pinga!", pero tendrías que escucharlo en el espacio que toca. Parece que también te mueve la obra de Ramón y esta es tu manera de decirlo. Aunque no estaría mal ver cómo escribes tú, que pareces lo que quieras menos ignorante. Rola.

5 by Lopez Ramos (Usuario no autenticado) 20/05/2008 9:00

Lindo texto Rosado y excelente exposición Ramón.

4 by EL IGNORANTE (Usuario no autenticado) 20/05/2008 9:00

Que coño escribi este hombre? El colmo de la picues linguistica y baba literaria. Afloja consorte. Habla español.' Tu escrito es un laberinto sin salida

3 by A.T. (Usuario no autenticado) 19/05/2008 18:20

Jesus: Muy atinado comentario de un show nada facil.

2 by Irene López Kuchilán (Usuario no autenticado) 19/05/2008 17:40

Nos traduces la mirada. Bravo, Ramoncito.

1 by unafan (Usuario no autenticado) 19/05/2008 17:20

Ese lente es impecable,ramoncito

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