CON OJOS DE LECTOR

Un puente, a Remarkable Bridge

Se publica por primera vez en inglés una selección de la obra poética de José Lezama Lima.

Posiblemente, de estar vivo y si algún periodista lo hubiese interrogado sobre cómo se siente con esta nueva publicación, José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976) hubiera respondido: "¡Hombre! Cómo no voy a sentirme complacido. Me siento como un tirabuzón izado, con el cordel roto por un relámpago, que volviese a caer en las profundices líquidas y de un coletazo ganase el espacio de una cascada". Figurar dentro de una colección que lleva por nombre Poets for the Millennium, junto a André Breton y Paul Celan, no es algo de lo cual muchos poetas de lengua castellana puedan presumir.

Y sin embargo, la publicación de José Lezama Lima. Selections (University of California Press, Berkeley-Los Ángeles-Londres, 2005) se ha hecho esperar largamente. Ve la luz más de treinta años después de que se editó la traducción de su novela Paradiso, realizada por Gregory Rabassa (suyas son también las de Rayuela, La Casa Verde, Cien años de soledad, Bomarzo y Memorias póstumas de Bras Cubas). Ya en vida, Lezama Lima había sido reconocido como uno de los grandes poetas hispanoamericanos del siglo XX. De sus poemas Octavio Paz escribió que "son un océano de formas, un caldo criollo en el que nadan todas las criaturas terrestres y marinas del lenguaje español, todas las hablas todos los estilos". Cuesta por eso entender las razones por las que es ahora, a punto de cumplirse tres décadas de su muerte, cuando los lectores de habla inglesa tienen a su alcance la primera selección de su poesía. Pero en fin, el libro circula desde hace varios meses y es ése el propósito que me ha animado a redactar estas líneas.

Su compilador es Ernesto Livon-Grosman, quien es profesor en el Boston College, y a quien también se debe una antología de la poesía argentina. Su labor en este caso ha sido la de estructurar el volumen, para el cual también escribió una extensa introducción, Transcending National Poetics. A New Reading of José Lezama Lima. Las traducciones al inglés de los poemas de Lezama Lima pertenecen a James Irby, Roberto Tejada, Gary Racz y Nathaniel Tarn. Unas cuantas fueron hechas hace años, y algunas se dieron a conocer en revistas. Otras, fueron encargadas por Livon-Grosman para que formaran parte de su selección.

En el estudio introductorio, Livon-Grosman define brevemente los rasgos distintivos de la labor hecha por cada uno de los traductores. Las versiones de Racz, por ejemplo, corresponden a poemas de la etapa más barroca de Lezama Lima, y en su opinión recrean maravillosamente sus obstáculos y laberintos. Las de Tejada e Irby buscan, ante todo, una transparencia que lleve directamente al lector al centro mismo de los textos, y en ellas ambos logran crear un encanto similar al de los originales en español. Todas esas estrategias, concluye Livon-Grosman, se unen a la variedad de la selección, para componer un complejo panorama de la obra poética de Lezama Lima. Panorama que va del estilo expansivo de Noche insular: jardines invisibles a la calidad casi de haiku de Atraviesan la noche. Su poética, sostiene Livon-Grosman, se mantiene fiel a sus principios, como si el tiempo la hubiera llevado a cierto grado de compresión; pero en la última etapa de la obra lezamiana las imágenes han adquirido un elemento de ligereza. Continúan estando ahí, pero ahora es posible ver a través de ellas.

Para armar lo que constituye el cuerpo central de la antología, el compilador partió del criterio de incluir textos de todos los poemarios de Lezama Lima (excluyó Muerte de Narciso porque recoge en realidad un solo poema). De Enemigo rumor (1941) figuran Una oscura pradera me convida, Noche insular: jardines invisibles, Un puente, un gran puente y Sonetos a la virgen. De Aventuras sigilosas (1945), Livon-Grosman seleccionó Llamado del deseoso. De La fijeza (1949), Pensamientos en La Habana, Rapsodia para el mulo y los diez poemas en prosa que conforman el segundo bloque de ese libro. De Dador (1960) aparecen Para llegar a la Montego Bay, El coche musical y Visita de Baltasar Gracián. Finalmente, Fragmentos a su imán (1977) está ampliamente representado: La madre, Sorprendido, El cuello, Atraviesan la noche, Discordias, Antonio y Cleopatra, El pabellón del vacío, V ieja balada surrealista, Oigo hablar y Se desprendió. En total, treinta poemas que cubren noventa y tres páginas. La selección además está bien hecha, y en general reúne los títulos más significativos de la producción poética de Lezama Lima. Personalmente, sólo echo en falta un par de ellos: Ah, que tú escapes ( Enemigo rumor) y El arco invisible de Viñales ( La fijeza).

Consciente de que nada puede preparar realmente para el primer contacto con la riqueza y complejidad de la escritura lezamiana, Livon-Grosman no limitó su selección sólo a los poemas. Para poner en manos del lector algunas claves de acceso adicionales, incluye también el texto de Confluencias, el ensayo en que Lezama Lima trata de penetrar y arrojar alguna luz sobre su personal concepto de la creación poética. En José Lezama Lima. Selections se reproducen asimismo dos trabajos considerados canónicos dentro de la extensa bibliografía crítica sobre el escritor cubano: la entrevista que Armando Álvarez Bravo le realizó a mediados de los años sesenta y que es parte de su introducción a la Órbita de Lezama Lima (1966); y el ensayo de Julio Cortázar Para llegar a Lezama Lima (1967), que tan decisivo fue para el reconocimiento internacional de Lezama Lima. Por último, se ha incluido una carta que el autor de Paradiso remitió en julio de 1969 a Severo Sarduy, quien escribió unas notas para comentarla.

Poemas, ensayos, entrevistas, fotos

En las páginas introductorias, Livon-Grosman proporciona al lector no familiarizado con la obra de Lezama Lima una visión general esclarecedora y útil. Combina con buen criterio los aspectos que tienen que ver con la biografía del autor con el análisis literario, y logra que la claridad y la reflexión se fundan y potencien. Su estilo, conviene aclararlo, tiene poco que ver con el que se ha extendido como la verdolaga por el mundo académico, especialmente el norteamericano. Me refiero a ese discurso sobrecargado de citas y remisiones a fuentes de moda, y que emplea un metalengua supuestamente científica (metatranca, es el gráfico nombre con que lo conocen en Cuba), que en muchos casos viene muy bien para disfrazar un discurso hueco e insustancial. Pero el texto de Livon-Grosman, ya digo, no se inscribe en esa tendencia, lo cual estoy seguro que muchos lectores le han de agradecer.

En primer término, Livon-Grosman señala la dificultad de encasillar la poesía lezamiana dentro de las naciones preestablecidas de literatura nacional y corrientes literarias. Respecto a la primera, porque a estas alturas sabemos que lo que se identifica con ese nombre es siempre más abarcador que la suma de sus partes. Y en cuanto a las segundas, porque el autor de Aventuras sigilosas en buena medida se dedicó a romper las barreras existentes entre algunas de ellas. Alude también al problema de presentar a Lezama Lima como una figura unidimensional: representante de la revolución cubana o su enemigo; fundador épico de la cosmopolita revista Orígenes o asmático a quien esa enfermedad obligó a una vida de encierro durante largos períodos, y que casi nunca salió de su país y, a partir de cierta etapa, ni siquiera de su casa…

Livon-Grosman se detiene asimismo en la polémica que Lezama Lima sostuvo con Jorge Mañach en 1949. Lo hace para destacar que, a diferencia de escritores vanguardistas como el chileno Vicente Huidobro, que preconizaba el rechazo de los cánones literarios, el cubano trató no sólo de incluir a estos, sino además expandirlos más allá de las programáticas vanguardias, que Mañach asociaba a la novedad y la ruptura con la tradición. Livon-Grosman no ve a la Revista de Avance como el exponente de lo experimental y a Orígenes como representante de la línea tradicional y asentada en un espacio crítico indefinible. Menciona a autores cubanos de las nuevas generaciones como Reinaldo Laddaga, José Antonio Ponte y Duanel Díaz, quienes han aportado una nueva perspectiva interpretativa, que contempla a Orígenes y la Revista de Avance como partes que integran un mismo proyecto.

Acerca de su filiación barroca, Livon-Grosman sostiene que Lezama Lima veía esa estética como lo que realmente es: una invitación al lector para que asuma un papel activo y reescriba lo que lee. Su oscuridad resulta así una manera de incitar al receptor para que se adentre en los intrincados laberintos de sus imágenes y en su proceso de creación. Y añade que su preferencia por el barroco no constituía una continuidad del movimiento español, ni tampoco una búsqueda de la genealogía europea. Significaba para él un puente cultural entre el pasado hispano y el presente americano; un nuevo y único modo de fundir lo español y lo africano con las culturas indígenas latinoamericanas.

Apunta Livon-Grosman que la década que media entre la salida de Paradiso y la muerte de Lezama Lima, estuvieron, en esencia, marcados por problemas de salud. Y comenta que fueron además los años cuando su obra ganó e incrementó su prestigio internacional. En ese período al que se refiere, el asma no fue peor de lo que antes había sido. Lo que sí lo marcó realmente fue la marginación a que fue condenado, y a lo cual Livon-Grosman en todo momento evita aludir. ¿Por qué, si desde hace años es un tema sobre el que en la Isla se habla sin tapujos ni cortapisas? Es cierto que apunta que la recepción oficial de su trabajo fue desigual, y que hacia el final de su existencia perdió ese apoyo (empleo los términos que él usa). Pero es muy difícil que a partir de esas mínimas alusiones, los lectores a quienes está destinado José Lezama Lima. Selections puedan explicarse por qué, mientras en otros países se le traducía y premiaba, en su bibliografía no figura ni un solo título editado en su patria entre 1970 y 1977. Eso para citar sólo un detalle que puede advertir cualquier persona, con no más echar una ojeada a la lista de los libros publicados por el autor que aquí nos ocupa.

La edición que da pie a esta reseña incluye un abundante material fotográfico. Algunas de esas imágenes son muy poco conocidas, y todas en general aparecen muy bien reproducidas. En el pie de una de ellas, por cierto, se deslizó una errata: quien aparece al lado de Lezama Lima en la página XXIV no es Salvador Gaztelu, sino Ángel Gaztelu. Y otra corrección: Los años de Orígenes, el testimonio ensayístico o ensayo testimonial de Lorenzo García Vega, se publicó en Venezuela, y no en España, como escribe Livon-Grosman. Pocos reparos, sin embargo, para este libro que Lezama Lima se merecía desde hace años. Por fin, como anota Forrest Gander en la contraportada, su poesía ha logrado cruzar las fronteras idiomáticas y aquí viene a expandir sus límites.

© cubaencuentro

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