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Actualizado: 13/06/2024 22:37

Cuba, Intelectuales, Huelga

Errores de agosto

La intelectualidad orgánica del comunismo cubiche temprano se creyó en posesión de la ganzúa que abría todas las puertas de acceso a la teoría y la práctica, afirma el autor de este artículo

La historiología cubiche registra, en la huelga de agosto de 1933, el grave error de la bandería comunista que Abraham (Fabio) Grobart definió así: “El Partido ha luchado durante toda la dictadura de Machado y terminó por no luchar cuando estaba al caer” (1).

Tras convertirse en paro casi nacional una huelga de transportistas habaneros revirados contra Machado por razón de impuestos (2), el 7 de agosto de 1933 se difundió la fake news de que el dictador había renunciado. La gente salió a la calle y la represión ese lunes no dio pie a listas de detenciones arbitrarias, como estamos acostumbrados hoy, sino de muertos y heridos de bala. Así y todo, la cúpula del Partido Comunista pactó con Machado el regreso gradual de los huelguistas al trabajo, a medida que se fueran satisfaciendo las demandas económicas y excarcelando a los presos políticos.

Al compás de la Internacional Comunista, que mandó este cablegrama: “Demoren venta final”, el núcleo dirigente del Partido sostuvo que no volver al trabajo hasta que cayera Machado conduciría a un callejón sin salida, pues no se podía tumbar al dictador sin levantarse en armas y, como no estaban disponibles, era preferible “Machado debilitado” que propiciar la intervención yanqui (3).

En informe al IV Congreso de Unidad Sindical (Estadio Cristal, 12-16 de enero de 1934), Rubén Martínez Villena tendría que admitir: “Las masas, con su instinto revolucionario y su experiencia, corrigieron el error (…) continuando la huelga y barriendo la dictadura de Machado” (4). Sólo que así puso en la picota las credenciales del Partido Comunista, pues de nada habían servido la licenciatura en guiar a las masas, la maestría en analizar la situación histórica y el doctorado en conducir la revolución.

¿Otro paro en agosto?

Tal como sucede hoy con la intelectualidad impura, fiel aún al tardocastrismo, y la intelectualidad honesta, que dejó de serle fiel tras algún pisotón en el callo y ahora defiende a ultranza al anticastrismo tardío, la intelectualidad orgánica del comunismo cubiche temprano se creyó en posesión de la ganzúa que abría todas las puertas de acceso a la teoría y la práctica. Martínez Villena, por ejemplo, afirmaba “la indigencia de todos los grupos y sectores políticos en el país ante la firmeza convincente y la realidad irrefutable del más ligero análisis marxista, [pues] con el marxismo-leninismo no cabe discusión (…) que no termine con el aplastamiento de los que le contradigan o le fuerzan” (5).

De este modo eructó la guayaba de que “la doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta”. Tan sólo por serlo, la bandería comunista tenía ganada de antemano toda discusión, sin importar qué alegara el adversario. Cualquier parecido, mutatis mutandi, con lidercillos de la oposición y ciertos tertulianos de este mismo foro no es pura coincidencia.

En el anticastrismo tardío, la tesitura prevaleciente consiste en descontaminarse de toda realidad —incluso aquella delante de las narices, como se aprecia más arriba en la composición fotográfica de Alfredo Triff— así como en justificar, a contrahílo de Martí, que se pierda tiempo “en intentar lo que hay fundamentos sobrados para creer que no ha de lograrse” (6), como el paro nacional que Antúnez convocó el jueves 8 de agosto de 2013 en Miami (7).

Este error de agosto no es de Antúnez, por llamar sin orden ni concierto a “paralizar las estructuras del régimen” y dar pie a “una Asamblea Constituyente”, sino más bien de la claque exiliar y tertuliana que, en su desespero por la longevidad del castrismo, se embulla con cosas así, ya sean de Antúnez o de otros que “hasta el bobo de la yuca puede darse cuenta de que no van a resolver nada” (8).

Pero ya no se trata de que las opiniones contrarias a ese anticastrismo de cornetín conciten malhumor o repudio, sino que suele tergiversarse para refutarlas o se contrarrestan con argumentos falaces. Acaso en espléndida confusión con Orlando Bosch, Luis Posada Carriles se trajo a colación en este foro como militante del Movimiento 26 de Julio que puso bombas a favor de Castro. Ni qué decir del gas hilarante con que se soltó que los periódicos y revistas anteriores a 1959 no pueden consultarse en hemeroteca sin autorización previa del Consejo de Estado. Y por estos declives de ignorancia y ofuscación arriban tertulianos, exiliados y opositores tan molestos con los hechos favorables al punto de vista del adversario —ya sea real o imaginado por ellos mismos— que sólo atinan a negarlos en berrinche sin alegar ningún argumento lógico.

Coda

Así, el anticastrismo tardío viene arreando con el lastre que históricamente cargaba la bandería comunista pre-castrista: ser el partido de la equivocación permanente (9).


Notas

(1) Rojas Blaquier, Angelina: Primer Partido Comunista de Cuba. Sus tácticas y estrategias, 1925-1935, Editorial Oriente, 2005, I: 193.

(2) El pasado 27 de febrero, 14yMedio y el Jeral difundieron un llamado que, por haberse impuesto tarifas fijas para los tramos de recorrido en taxis particulares, rezaba: “Los transportistas de toda Cuba haremos una huelga”. Nadie reportaría en qué paró esta huelga.

(3) Para una valoración metatrancosa del error de agosto consúltese Soto, Lionel: La revolución precursora de 1933, SI-MAR, 1995, 444 ss.

(4) Miranda Francisco, Olivia: Rubén Martínez Villena. Ideario Político, Sociedad Económica de Amigos del País, 2003, 432.

(5) Martínez Villena, Rubén: “La aventura del artículo de un comunista y sus enseñanzas”, El Trabajador, 4 de agosto de 1933, en Rubén Martínez Villena. Ideario político, ed. cit., 286-291.

(6) “Lectura en Steck Hall (Nueva York)”, 24 de enero de 1880, en Obras completas. Edición crítica, Centro de Estudios Martianos, 2002, VI:145.

(7) “Opositor cubano ‘Antúnez’ llama a Paro Nacional contra estructura del régimen”, El Nuevo Herald, 8 de agosto de 2013.

(8) Fernández, Esteban: “El desespero y el embullo”, Nuevo Acción, 24 de junio de 2015.

(9) Al pacto con Machado siguieron la alianza electoral con Batista (1938) y otro error durante su dictadura (1952-58) que el Che Guevara criticó así: “En Cuba, el partido comunista no dirigió la revolución. Fue incapaz de discernir los métodos correctos de lucha y se equivocó en su estimación de las oportunidades de triunfo. Ese error, sumamente serio, no fue fatal, porque teníamos a Fidel…” (Hoy, 24 de agosto de 1963). Con este último pactó la vieja guardia comunista para terminar disolviéndose hacia 1962 en el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS).

© cubaencuentro

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