Opinión
La balsa en el espejo
¿Quiere menos Washington a los 'pies mojados' cubanos que a los 'espaldas mojadas' mexicanos?
Además de la materialización de un anhelo y un cambio total de vida, el emigrar define no sólo al individuo sino a su nación de origen. Pero en el caso específico de los cubanos, a través de los años ha ocurrido una transformación paulatina, amplia y profunda al mismo tiempo, de la forma en que vemos a quienes llegan de la Isla.
De observados a observadores hemos traspasado una mirada tras otra hasta contar hoy, más que con la diáspora de un pueblo, con algo cercano a los fragmentos de una explosión dilatada en el tiempo, en los cuales un cubano que llegó a Miami en los primeros años, tras la llegada de Castro al poder, guarda pocos puntos de contacto con otro que sólo conoció la sociedad establecida luego del primero de enero de 1959 y hace poco tiempo que vive en esta ciudad.
En vez de destacar estas diferencias, algo repetido hasta el cansancio, vale la pena analizar brevemente el cambio en la representación del inmigrante, una simbología que ha evolucionado del mito del héroe-balsero a la denuncia del contrabando humano, de la epopeya de enfrentar la Corriente del Golfo en débiles embarcaciones —o en muchos casos incluso en simulacros de embarcaciones— a los guardafronteras persiguiendo las lanchas rápidas. Y aunque la tragedia no deja de estar presente, la entrada ilegal de cubanos ha perdido su justificación política, vista ahora en el mejor de los casos como un drama familiar y condenada por muchos que, por los medios más diversos, siguieron un camino similar.
Cubanos empapados
Irse de Cuba de forma ilegal, en la mayor parte de los casos, ya no es contemplado como un desafío a las leyes del régimen castrista ni se considera un escape de la tiranía; es sencillamente una violación de las fronteras de Estados Unidos, un asunto familiar y un delito.
Sólo un cambio tan notable de percepción sobre el inmigrante cubano (la palabra balsero abandonada, ante la presencia o la ausencia de embarcaciones más poderosas utilizadas para la fuga) explica que las nuevas medidas migratorias se consideren sólo en uno de sus aspectos, como normas cuyo principal objetivo es poner fin al contrabando humano, y no se hiciera mención a otra característica que conllevan: cerrar una vía de escape a la situación imperante en la Isla. En la famosa ecuación "pies secos/pies mojados", empapar a todos los que aspiran a inmigrar ilegalmente, tratar por todos los medios de que nadie se pueda secar en la arena de las playas del sur de la Florida.
Este esfuerzo para poner fin a la inmigración ilegal y acabar con el contrabando humano responde no sólo a los intereses fronterizos y de estabilidad nacional de Estados Unidos, así como a la necesidad de frenar una actividad delictiva, sino que también avanza en la elaboración de una política migratoria respecto a Cuba de cara al futuro, cuando llegue el día en que los cubanos perdamos gran parte de nuestros privilegios a la hora de emigrar, debido a un cambio político en la Isla. No más el proclamar la llegada a "tierras de libertad" como salvoconducto de entrada.
Las medidas continúan el camino ya iniciado a mediados de la década de los noventa, en que al tiempo que se estableció la devolución de los cubanos, y se convirtió la fuga en un doble escape —de las autoridades norteamericanas en alta mar, además de las cubanas en mar y tierra—, se empezó a observar el fenómeno migratorio, por parte de los propios exiliados cubanos, de forma similar al existente en otras naciones —México, Haití, Latinoamérica en general—, al considerar a los recién llegados, y al considerarse estos también en muchos casos, inmigrantes económicos.
Sin embargo, las nuevas medidas vuelven a mezclar la política, e incluso la demagogia, con las cuestiones puramente migratorias, al tiempo que ignoran que la situación en la Isla no ha cambiado en lo más mínimo, lo que sigue justificando la fuga.
Es más, estas normas tratan más bien de enfrentar el hecho de que muchos cubanos optan por la existencia del régimen como una vía que permite —e incluso facilita— el irse del país: no Castro, no visa. Al aumentar el número de visas dedicadas a la reunificación familiar, se establece que de ahora en adelante cada vez más serán beneficiados quienes cuentan con el providencial pariente en Miami o en otras partes de EE UU.
Sin embargo, esta actitud de tratar el proceso migratorio bajo una óptica familiar, y por lo tantos despolitizada, contrasta con el intento desestabilizador que representa el alentar la deserción de los médicos cubanos que cumplen misiones en el exterior.
Profesionales sí
Si bien está el interés encomiable de aliviar la injusticia que representa la norma castrista de negarle la salida a los médicos —sus estudios gratuitos caen dentro de los "logros de la revolución" y no deben ser utilizados como una forma de chantaje—, al mismo tiempo se establece un criterio selectivo que La Habana no dejará de catalogar de estímulo a la "fuga de cerebros", además del hecho de que se prioriza el abandono de la Isla de los ciudadanos que durante más tiempo han mantenido la "integración revolucionaria" necesaria para el logro de una carrera universitaria.
Señalar este último aspecto requiere de una aclaración: nadie debe ser condenado por participar en un proceso en el cual se le ha exigido el cumplimiento de normas y deberes políticos asociados a los estudios superiores. Igualar oposición o apatía hacia el régimen con bajo nivel de escolaridad es no sólo desconocer la realidad cubana, sino comportarse como un demagogo o un estúpido.
Pero este enfoque pragmático no debe presentarse bajo un disfraz ideológico: al preferir la inmigración de profesionales cubanos, EE UU no hace más que aplicarle a la Isla los mismos criterios que utiliza respecto a India y a otros países en relación con los especialistas en computación. Sólo que aquí pretende obtener una ganancia doble: recibir personal calificado y dirigir el ataque, desde el punto de vista político, hacia uno de los pilares de la estrategia castrista.
Desde ambos aspectos, el político y el económico, Washington está actuando de acuerdo con sus intereses nacionales; lo único que aquí se le plantea es ponerlos en claro.
Por último, debe señalarse que hay un aspecto dentro de las nuevas medidas que es injusto y discriminatorio hacia quienes intentan escapar de la Isla por una vía marítima no autorizada. "Cualquier cubano que intente entrar ilegalmente a EE UU [y sea capturado] perderá el derecho a recibir los beneficios comprendidos [en los casos de reunificación familiar]". Aquí los cubanos salen peor parados que otros que intentan entrar ilegalmente al país. No hay duda que Washington quiere menos a los "pies mojados" cubanos que a los "espaldas mojadas" mexicanos.
Durante muchos años la política migratoria ha sido utilizada como un instrumento político, por parte de EE UU y Cuba. Ello ha beneficiado a muchos cubanos, pero no sin pagar un precio por ello. La Habana y Washington siempre han ofrecido diversas respuestas frente al fenómeno de los inmigrantes cubanos. Dos países disímiles unidos por un problema común, mientras miles de desesperados continúan buscando un destino mejor.
© cubaencuentro
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