Opinión
Pensar y escribir la historia
En Cuba, la historiografía ha carecido de la polémica necesaria desde 1959 hasta la fecha.
El novelista Reinaldo Arenas deja ver en sus relatos su visión caótica de la historia de Cuba, en la que la historia misma condena a la Isla al eterno infortunio; una historia cuyo hilo conductor es la desgracia. Afortunadamente, estas visiones pertenecen a la literatura del autor de Antes que Anochezca y escribir historia es un ejercicio mucho más complejo en el que influye el contexto social y político del historiador, además del espacio social donde realiza su trabajo.
En Cuba, la escritura de la historia, o historiografía, ha sido un ejercicio que lamentablemente ha carecido de la polémica necesaria, pues los debates en torno al tema, desde 1959, han sido relativamente pocos, al no contar con instituciones que los propicien, en tanto la narrativa de la historia ha estado fuertemente condicionada por el discurso político.
La historia como arma
El pasado es un recurso simbólico de gran riqueza donde los poderes echan mano para legitimarse por medio de un proyecto educativo. A partir de la llegada al poder de los Castro en 1959, hasta prácticamente 1968, se tomaron algunas medidas relativas a la escritura de la historia, como la fundación en 1962 de la Escuela de Historia, en la Universidad de La Habana, que graduó a la primera generación de historiadores de esa etapa.
Por otro lado, se crearon una serie de organismos políticos —como la Unión de Jóvenes Comunistas y la Federación de Mujeres Cubanas— que tenían entre sus funciones la escritura de cierto pasado. Pero como la política estaba por encima del mero conocimiento de la historia, se reconfiguró su papel como arma de la revolución. Esta arma simbólica se encargaría de erradicar los mitos creados por la historiográfica burguesa y, con ello, elaborar otros nuevos mitos con miras a absolver, por medio de la exaltación alegórica del pasado, un presente que tenía poco que festejar.
Al tiempo que se fundaban organizaciones para propiciar la investigación y la escritura de la historia desde una visión de Estado, como el Instituto de Historia de Cuba, en 1967 (cuyo primer director fue Julio Le Riverend), el Instituto Cubano de Estudios Históricos e Internacionales, creado en los años cuarenta por Emilio Roig, desapareció, después de su último congreso nacional en 1960, aun cuando Roig permaneció como Historiador de la Ciudad de La Habana hasta su muerte, en 1964. La creación del Instituto Cubano del Libro favoreció también que la impresión y difusión de los textos de Historia fueran únicamente desde el Estado, con una visión conveniente al proyecto revolucionario.
Uno de los textos de mayor difusión desde los primeros años de la revolución fue Fundamentos de la historia de Cuba, de Blas Roca, que ofrecía una óptica marxista bastante esquemática, donde los períodos de la historia del país están encuadrados en los modos de producción. A falta de una tradición marxista en los estudios de Historia, tanto Roca como algunos miembros del Partido Socialista Popular (PSP) marcaron los primeros derroteros en la historiografía.
Desde 1944, Carlos Rafael Rodríguez planteaba una escritura de la historia desde el marxismo, lo que tuvo poco impacto después de 1959. De acuerdo con Rodríguez (dirigente del Buró Ejecutivo Nacional del PSP), el marxismo, en tanto "teoría del proletariado", establece que la burguesía dejó de ser la clase conductora de los destinos e intereses de la nación desde 1895, por lo que, desde entonces, la vanguardia en la lucha por estos le corresponde a la clase obrera.
Por su parte, Manuel Moreno Fraginals estableció la necesidad de adoptar el método del materialismo histórico, para que la historiografía cubana, en tanto científica y "verdadera", superara su condición de burguesa y creadora de mitos. Para lograr tal objetivo, se requería, a juicio del experto, un historiador comprometido con su sociedad y su presente, e inmerso en la lucha de clases, por lo tanto, un historiador proletarizado.
Desde fines de los años sesenta, el historiador Jorge Ibarra vislumbró lo que sería una parte importante de la historiografía cubana, sobre todo la elaborada en los años setenta: "la fórmula es bien simple: la obra de algunos epígonos marxistas, más la tradición positivista cubana, igual a una 'hechología' marxista". De ahí que, años después, Ibarra no vaciló en estimar que en la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana, dada su débil formación teórica, se sembraron dragones y se cosecharon pulgas.
Cien años, una misma historia
No fue hasta el discurso de Fidel Castro por el centenario de las guerras de independencia que comenzó propiamente la narrativa del período revolucionario. En su arenga, Castro hizo un revisionismo, al establecer los principales cortes, héroes y antihéroes, así como los sujetos y procesos determinantes. Dicho en pocas palabras, la historia de Cuba es la de los cien años de lucha por la independencia: comienza en 1868 con el Grito de La Demajagua y finaliza con el triunfo de la Revolución en 1959. Puede sintetizarse con la frase: "Nosotros entonces habríamos sido como ellos; ellos hoy habrían sido como nosotros".
De forma rápida y un tanto esquemática, se puede decir que la historia es "un eterno Baraguá". Por lo tanto, los períodos más estudiados y, al mismo tiempo, más promovidos por el Estado, son la primera guerra de independencia, la guerra de independencia de 1895, que centra su atención en la figura y obra de José Martí; y la primera intervención norteamericana, con un recuento estricto de los eventos políticos y militares, y los intentos de anexar Cuba a Estados Unidos.
Gran parte de las investigaciones sobre los hechos de la primera mitad del siglo XX en Cuba han sido dedicadas a las luchas estudiantiles de los años veinte, la revolución del 33 y, por supuesto, la "lucha libertadora" de los años cincuenta, que prácticamente ha absorbido el análisis de esa época.
De igual forma, el personaje histórico por excelencia es el "revolucionario": desde Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, José Martí y Julio Antonio Mella, a Fidel Castro. La selección de estos temas y personajes no es gratuita, sino que podría enmarcarse dentro de un proceso de construcción de una tradición revolucionaria, en la cual el pasado significativo y simbólico le da forma a la misma tradición, con características que en conjunto ofrecen una versión lineal de la historia, una continuidad en los procesos y, por lo tanto, una versión donde el principio y el fin es la revolución de 1959.
La nación y lo nacional, entiéndase lo revolucionario (de acuerdo con la historiografía de 1959 en adelante), se debaten, en estos cien años, contra su versión anti, ya sean los intereses norteamericanos, españoles o cubanos, o cualquier política o ideología que no abogara por la vía revolucionaria.
La construcción de una tradición revolucionaria y nacionalista en las narrativas de la historia denota un pasado cerrado y rígido, que deja muchos espacios y personajes en blanco, sobre todo en su urgencia por llegar y justificar el presente socialista.
El discurso político y la historia
Los discursos de Fidel Castro estaban cargados de largas referencias al pasado, siendo un lugar común sus palabras al tomar triunfante la capital hasta la "batalla de ideas", pasando por todas sus intervenciones en los congresos del Partido Comunista. En la visión "estatólatra" de la historia recae el peso de las acciones y determinaciones de la dirigencia, que encuentra también un espacio de legitimación, pues para Fidel Castro, ávido lector de historia militar, la historia es un mero tribunal que emite condenas y licencias a su antojo.
En resumidas cuentas, la escritura oficial de la historia es un discurso tradicional que se escribe y se hace desde los hechos políticos y militares, la guerra y la revolución, y en el que los períodos de paz son el tiempo muerto del discurso de la revolución, como dijera el historiador Rafael Rojas.
Establecemos que el hilo conductor de la historiografía isleña es la eterna lucha por salvaguardar los intereses de la nación, ya que a partir de las guerras por la independencia y su continuidad histórica, como se mencionó, se creó una supuesta misión histórica para cumplir los destinos de la nación; los enemigos externos son requisito fundamental para manejar intereses internos y justificar agresivas políticas.
Un acercamiento a ciertos momentos del pasado inmediato de la revolución tiene dos efectos: dificulta las comparaciones entre sistemas económicos y políticos y, al redimensionar el presente revolucionario, poniendo el acento en aquellos aspectos negativos del pasado, crea la ilusión de que se vive en mejores condiciones. Por lo tanto, la historiografía revolucionaria, como otras tantas, no sólo hace un análisis desinteresado del pasado, sino que a través de éste, no sólo se pretende entender el presente, sino que permite construir los cimientos del futuro.
La visión de la historia desde el Estado no es un ejercicio propio del régimen cubano, sino de los sistemas políticos en general, sobre todo de aquellos que en épocas pasadas hacían hincapié en la construcción del Estado-nación. La diferencia entre la historiografía hecha en la Isla y la que se elabora en sociedades democráticas, radica en que en esta última las diferentes versiones del pasado conviven sanamente y, lo más importante, existen las posibilidades y los recursos para que el historiador aborde los hechos desde metodologías que pueden brindar elementos para la desmitificación del Estado-nación.
Actualmente, coexisten diversos pasados, lo que no significa que haya pluralidad. Las narrativas tradicionales prevalecen y tienen mucho auge, como se observa en los títulos que publica el Instituto Cubano del libro, en el plan de estudios de la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana, y en las investigaciones del Instituto de Historia de Cuba.
Estos relatos rígidos y cerrados del pasado prevalecen hasta la fecha. Sin embargo, a mediados de la década de los años noventa, comenzó una nueva etapa, que aborda el pasado básicamente desde la historia social.
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13 Comentarios
13 by Ariadna Prats (Usuario no autenticado) 24/01/2009 9:00
Me refería, creo entendiste mal, al Partido Autonomista, legalizado tras la Constitución española de 1876.La historia del reformismo en Cuba es otra: polémico, diverso, pero no institucionalizado.Se perfectamente donde se ubica el reformismo en la historia de Cuba.Los diccionarios son también muy útiles Elier, por ejemplo, para la historia conceptual. Deja que los autonomistas decidan, por quiénes los estudiamos, si se horrorizan o no. Tal vez, los independentistas sean los primeros espantados de interpretaciones maniqueas en pleno siglo XXI.
12 by Elier Ramírez Cañedo (Usuario no autenticado) 23/01/2009 18:41
Deberías leer con más detenimiento y porfundizar un poco más en la historia del autonomismo. El autonomismo, como ideal, existió incluso desde fines del siglo XVIII cuando empezaron a elaborarse los primeros proyectos autonómicos. Después de la Guerra de los Diez Años, gracias a la lucha independentista, fue que el autonomismo adquirió su base legal. Adrianna, soy yo entonces quien te sugiero que trabajes un poco más la historia conceptual.
11 by Ariadna Prats (Usuario no autenticado) 22/01/2009 21:40
Todavía no respondes a la pregunta sobre lo que queires decir con "oficialistas del dinero" o es que solo te crees auténtico tú? Por otra parte,escribir historia crítica es mucho más digno que ser cómplice de la historia oficial, esta última vetusta, obsoleta, recompensada por fanáticos ortodoxos. Coincidimos en los trabajos de curso de 3er año de la licenciatura, claro con el detonante que yo tuve de tutora a María del Carmen Barcia y tu no. También te recuerdo que yo ya como profesora del departamento de historia de Cuba de la UH, te presté el libro de Marta Bizcarrondo y Antonio Elorza, claro en aquella época tu no te fijaste que este libro provenía de una "editorial enemiga" radicada en España cuyo director Victor Batista, podía según tu, respoder al apodo de antipatriótico. El autonomismo como partido nació en 1876, no se porque hablas de un autonomismo previo al 68 que se llamaría reformismo. Lo que debes decir en todo caso es que el autonomismo previo a la guerra de 1895 tuvo figuras como Sanguily, Varona y otrso que transitaron al independentismo y otros como Giberga se quedaron anquilosados en reformas a un mismo tronco común:la metropoli. El autonomismo en Cuba como partido político es una cosa y las corrientes reformistas, incluyendo al anexionismo es otra. Sigues anclado en las creencias que aprendiste en la escuela, trabaja más la historia conceptual, digo si tienes acceso a ella.
10 by Elier Ramírez (Usuario no autenticado) 21/01/2009 10:41
Es cierto que el autonomismo cubano del siglo XIX hay que analizalo en su evolución histórica y multiplicidad de matices. Por ejemplo, el ideal autonomista anterior a la epopeya del 68 no puede catalogarse de antinacional, pues la nación cubana estaba prácticamente en ciernes. Otra cosa muy distinta es analizarlo después de una guerra de diez años que dejó muy bien delimitados los nuevos perfiles de la nación cubana. Si el independentismo había demostrado que era la única alternativa de la época que permitía el tránsito nacionalidad-nación, en el antindependentismo del autonomismo posterior a la guerra del 68 estuvo la mayor negación a la nación cubana. Es verdad que no es lo mismo un Cortina y un Labra, que un Fernandez de Castro y un Montoro en relación con la problemática de la abolición y la escalvitud. No hace falta que nadie me lo recuerde, pues bastante tiempo he estado analizando todas esas diversas posiciones. No como Adriadna Prats, que para definir la posición del autonomismo en relación a la nación cubana se centró solo en el discurso político de dos de sus figuras: Montoro y Govín (trabajo de curso de 3er año de la licenciatura en Historia de la Universidad de la Habana) Tampoco es necesario que me remita a la obra de Carmen Barcia y Oscar Loyola, pues ya he tenido el placer de leer sus trabajos. Incluso tuve el honor de ser alumno de Oscar Loyola. Es verdad que soy joven aún y que no escribo como Rojas -por suerte para mí que soy auténtico-, pero no por eso debo limitarme a expresar mis criterios, ni por eso ellos tienen menos valor. Una cosa si está muy clara para mí a mis 26 años: nada más excecrable que la actitud de los que escriben en contra de su patria en función del dinero que les paga un país extranjero. Hasta los autonomistas estuvieran horrorizados.
9 by Historiador (Usuario no autenticado) 11/01/2009 0:00
Elier Ramírez acaba de dar una lección de historia oficial en su comentario a un artículo publicado en Cubaencuentro, una publicación, por cierto, que el gobierno cubano acusa de instrumento de la CIA. Para saber qué es historia oficial y qué es historia crítica no hay más que confrontar su comentario sobre Rojas con el que Rojas hace de los trabajos de Ramírez sobre el autonomismo. Rojas se refiere a Ramírez con respeto mientras que Ramírez acusa a Rojas de "oficialista del dinero". ¿Qué quiere decir Ramírez con esta acusación? ¿Por qué no es más explícito, por favor? Por otro lado, los trabajos de Rojas poco tienen que ver con los de Tarragó y Byrne. Le recomiendo a Ramírez que lea sin prejuicios el primer capítulo de Motivos de Anteo y que luego juzgue con cabeza propia, sin repetir mecánicamente lo que establece la ideología oficial.
8 by Ariadna Prats (Usuario no autenticado) 06/01/2009 21:40
Te recuerdo que Rafael Ma de Labra fue el presidente de la sociedad cubana abolicionista y te remito a los discursos públicos de Antonio Govín. Debes leer más sobre el autonomismo y no ser tan radical pues no ser independentista no es ser antinacional y menos en el siglo XIX cubano. Otra cosa, cuando tu escribas como Rafael Rojas entonces se te podrá tener en cuenta.Estás jóven todavía y debes abrir tu panorama intelectual, deslindar ideologías de ideas, matizar figuras, proyectos políticos con circunstancias históricas determinadas. También te remito a historiadores cubanos como Oscar Loyola y María del Carmen Barcia quienes tienen una postura muy acertada sobre el autonomismo.
7 by Elier Ramírez Cañedo (Usuario no autenticado) 05/01/2009 22:40
Una cosa es tratar de hacer un análisis lo más objetivo posible sobre el autonomismo cubano del siglo xix y otra es tratar de endilgarle el papel que jamás tuvieron en la historia cubana, cosa que han hecho Rafael Rojas, Hugo j Byrne, Rafael Tarragó, entre otros. Todas estas figuras que son oficialistas del dinero que entra a sus bolsillos, han tratado infructuosamente de colocar a los autonomistas a la altura de los independentistas cubanos. Es cierto que los autonomistas hicieron notables aportes en la literatura, en el arte de la oratoria, en la filosofía, en el periodismo y en la crítica estética. Es totalmente cierto que esa historia está aún por escribirse. Pero decir que su proyecto era una forma de construcción nacional, es pura entelequia. Revísese la documentación de la época y no se podrá decir otra cosa. Los autonomistas no solo estuvieron en contra de la materialización de el estado nacional cubano, sino que prestaron los servicios más innobles a España (incluído a Weyler) con tal de extirpar de raíz esa posibilidad. Se creían los defensores de la evolución, cuando en verdad por lo que luchaban era por al involución. Los nuevos contornos nacionales quedaron fijados en Guaímaro, en la psiquis de los cubanos y fueron además reconocidos por varios países lationoamericanos. Entonces, su estrechez de miras los dejó en el el nacionalismo anterior a la Guerra Grande, cuando ya a esas alturas la nación cubana había encontrado cauce en la Guerra del 68. Se pusieron en contra del nacionalismo más radical, el que les había dado la legalidad que disfrutaban y el que había permitido el tránsito de nacionalismo a nación. Por otro lado, su proyecto excluía a negros, mulatos y chinos, con lo que se dejaba fuera a la mayor parte de la población cubana. Es cierto que dentro de las filas independentistas también existía el racismo, pero su proyecto incluía a todos los cubanos. Sobran los argumentos entonces para decir que los autonomistas fueron antinacionales. Para decir otra cosa habría que olvidar que existió una guerra de Diez Años, que cosntituyó el crisol de la nación cubana.
6 by Elier Ramírez Cañedo (Usuario no autenticado) 05/01/2009 22:40
Una cosa es tratar de hacer un análisis lo más objetivo posible sobre el autonomismo cubano del siglo xix y otra es tratar de endilgarle el papel que jamás tuvieron en la historia cubana, cosa que han hecho Rafael Rojas, Hugo j Byrne, Rafael Tarragó, entre otros. Todas estas figuras que son oficialistas del dinero que entra a sus bolsillos, han tratado infructuosamente de colocar a los autonomistas a la altura de los independentistas cubanos. Es cierto que los autonomistas hicieron notables aportes en la literatura, en el arte de la oratoria, en la filosofía, en el periodismo y en la crítica estética. Es totalmente cierto que esa historia está aún por escribirse. Pero decir que su proyecto era una forma de construcción nacional, es pura entelequia. Revísese la documentación de la época y no se podrá decir otra cosa. Los autonomistas no solo estuvieron en contra de la materialización de el estado nacional cubano, sino que prestaron los servicios más innobles a España (incluído a Weyler) con tal de extirpar de raíz esa posibilidad. Se creían los defensores de la evolución, cuando en verdad por lo que luchaban era por al involución. Los nuevos contornos nacionales quedaron fijados en Guaímaro, en la psiquis de los cubanos y fueron además reconocidos por varios países lationoamericanos. Entonces, su estrechez de miras los dejó en el el nacionalismo anterior a la Guerra Grande, cuando ya a esas alturas la nación cubana había encontrado cauce en la Guerra del 68. Se pusieron en contra del nacionalismo más radical, el que les había dado la legalidad que disfrutaban y el que había permitido el tránsito de nacionalismo a nación. Por otro lado, su proyecto excluía a negros, mulatos y chinos, con lo que se dejaba fuera a la mayor parte de la población cubana. Es cierto que dentro de las filas independentistas también existía el racismo, pero su proyecto incluía a todos los cubanos. Sobran los argumentos entonces para decir que los autonomistas fueron antinacionales. Para decir otra cosa habría que olvidar que existió una guerra de Diez Años, que cosntituyó el crisol de la nación cubana.
5 by Ariadna Prats (Usuario no autenticado) 31/12/2008 19:40
Efectivamente me refiero al libro de Mildred de la Torre que es una apología llana del independentismo frente al autonomismo acusando a este último de antinacional, antipatriótico y anticubano. El trabajo de curso de tercer año de la lic en historia que realizó Elier Ramírez bajo la tutoría de Rolando Rodriguez es otro tanto de los textos que revalorizan la historia oficial, es decir trabajos que para nada deslindan figuras del autonomismo, discurso político y acción política. Vuelvo a felicitar a Laura García sobre todo por su referencia a una nueva historia social que en los último años ha reinterpretado temas de la historia de Cuba.
4 by Historiador (Usuario no autenticado) 31/12/2008 15:20
Ariadna Prats se refiere a la mención que Rojas hace de los trabajos de Mildred de la Torre, Elier Ramírez y otros historiadores oficiales sobre el autonomismo. En el artículo "Dilemas de la nueva historia" sólo se mencionan esos trabajos, no se critican. Pero en varios de sus libros Rojas ha criticado ampliamente a esos autores.
3 by cochinillo ilustrado (Usuario no autenticado) 31/12/2008 10:40
José Luis Sito, no hables tanta m... LO que la autora quiere decir con esa frase es que la escritura de la historia desde el estado, o la idea misma de una historia oficial, no son privativas de régimenes como el cubano; pero ella en ningún momento niega la diferencia entre lo que ocurre en los régimenes totalitarios y en los democráticos. Más bien agradezcámosle a Laura que, sin ser cubana, se interesa por echar alguna luz sobre estos temas.
2 by joseluis sito (Usuario no autenticado) 31/12/2008 6:00
"La visión de la historia desde el Estado no es un ejercicio propio del régimen cubano, sino de los sistemas políticos en general" El régimen cubano es un régimen totalitario, ¿y usted pretende comparar la manera de estudiar la Historia y divulgarla en un sistema democrático, con la manera de estudiarla y divulgarla por la dictadura socialo-castrista? ¿Usted ha leído alguna tesis o estudio o escrito sobre la muerta Unión Soviética? ¿Ha comprobado como la dictadura socialista cubana se parece a la dictadura socialista soviética y más específicamente al estalinismo? ¿Ha comprendido como las dos se burlan de la Historia y la reescriben, la interpretan a su gusto, la maquillan, la trastornan, la falsifican? La frase arriba citada es sencillamente una técnica para absolver. Quizás ni se haya dado cuenta. Es esto lo más trágico de todo el contenido de su texto. Un mundo de falsificadores, y entre estos los hay que ni siquiera comprenden que falsifican. Lo único que los mueve es el afán de escribir por escribir, es decir la actividad mecánica de aquel que no tiene nada que decir. Estimada Laura Freyre, un esfuerzo más y póngase a pensar. RESISTENCIA ¡! UNION ¡! VIVA CUBA PRONTO LIBRE ¡!
1 by Ariadna Prats (Usuario no autenticado) 31/12/2008 5:40
Estoy de acuerdo contigo sobre todo pensando que la historiografía cubana merece un estudio desmitificador desde dentro y desde fuera de Cuba. En este sentido el científico social Rafael Rojas ha dado pasos significativos en su reciente artículo sobre historiografía cubana. A Rojas le falta al parecer una lectura más profunda sobre los textos y autores que cita, sobre todo en el tema del autonomismo en Cuba para darse cuenta que muchos de lo escrito son apologías a la corriente independentista en el siglo XIX cubano.