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Actualizado: 20/12/2014 5:25
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Música

Atentamente tuyo, Ernesto Lecuona

Un libro en dos volúmenes recoge parte de la correspondencia, escrita entre 1929 y 1960, por quien es ampliamente reconocido como nuestro principal compositor

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Luego de muchos años en el infierno de censura y olvido al cual se condenaba oficialmente a los artistas que optaban por el camino del exilio, la figura y la obra de Ernesto Lecuona (Guanabacoa, 1895-Santa Cruz de Tenerife, 1963) han sido recuperadas en la Isla. Al igual que en el de muchos otros artistas, en su caso no cabe hablar de una recuperación para la cultura cubana, porque nunca ha dejado de pertenecer a la misma quien es ampliamente reconocido como nuestro principal compositor, además de ser el que más ha contribuido a la difusión internacional de nuestra música.

Justo cuando se va a cumplir el medio siglo de su fallecimiento, ha visto la luz Ernesto Lecuona: Cartas (Ediciones Boloña, La Habana, 2012). Se trata de una obra en dos tomos, que suma en total 676 páginas. Su compilación se debe al periodista e investigador Ramón Fajardo Estrada (Bayamo, 1951). Durante cinco años, este se dedicó a rastrear y recopilar la correspondencia del creador de Siboney. Tras una paciente y laboriosa búsqueda, logró reunir 193 cartas, fechadas entre 1929 y principios de 1960. Para ello, como él precisa, acudió a varias fuentes. Algunas misivas forman parte de los fondos Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona del Archivo Nacional de la Música, así como del Archivo Nacional. Las de este último sitio formaban parte de la documentación que se hallaba en El Chico Country Club, la última morada habanera del compositor. Asimismo Fajardo Estrada pudo acceder a cartas que estaban en posesión de personas como María de los Ángeles Santana, Hortensia Coalla y Pedrito Fernández, aparte de otras que Lecuona envió a diarios habaneros.

Desafortunadamente, hay una parte del epistolario del músico que se ha perdido para siempre. Cuando este partió definitivamente para Estados Unidos, el 6 de enero de 1960, se llevó consigo su archivo. Sin embargo, no era todo, como comenta Fajardo Estrada: “Partituras, fotografías y otros documentos de su propiedad, entre estos un gran número de epístolas, quedaron entonces bajo el cuidado de Elisa Lecuona, pero lamentablemente, casi la totalidad del archivo de ella -así como la papelería que dejó su hermano- fue lanzado a la calle por los ocupantes de la vivienda de la también pianista y compositora, tras su fallecimiento. La ignorancia acerca del significado de esos materiales indujo tal proceder, que privó a los musicógrafos de la Isla de páginas de inestimable trascendencia”.

El rescate de este epistolario, al que de otro modo no tendríamos acceso, constituye por tanto una valiosa contribución de Fajardo Estrada. El mérito de su trabajo es, sin embargo, doble, pues ha preparado lo que, en propiedad, es un epistolario crítico. Cada carta va acompañada de numerosas notas e introducciones, que revelan intenciones y significados oscuros para el lector de hoy. Este dispone así de una completa documentación adicional, que incluye la identificación de personas, fechas, datos. Asimismo más de la mitad de las páginas del segundo tomo la ocupan las notas biográficas de personalidades mencionadas, otro aspecto que resulta esencial para la mejor comprensión de esos textos. La edición incluye además 200 fotografías, que por lo general se relacionan con el contenido de las cartas en donde aparecen. En resumen, todo lo que resulta imprescindible para poder sacar el mayor provecho de la lectura de esas cartas.

Quienes emprendan la lectura del libro, han de quedar gratamente sorprendidos al descubrir a un Ernesto Lecuona que hasta ahora desconocíamos. Me refiero al hombre que tenía una verdadera afición a escribir cartas, tanto a familiares y amigos, como a artistas, escritores, periodistas, empresarios, directores de casas discográficas y admiradores. Fajardo Estrada anota que, de acuerdo a los recuerdos de personas allegadas a él, “el maestro dedicaba horas de su descanso cotidiano a atender una vasta correspondencia, aunque estuviera inmerso en el complejo proceso de creación, o atareado por ensayos, estrenos de sus obras o preparativos de viajes a naciones de Europa y América. El cansancio nunca le impidió responder -muchas veces a altas horas de la noche- las múltiples misivas recibidas ni redactar las enviadas por él a tanta gente con la que se relacionó dentro y fuera de Cuba”.

Esas cartas demuestran que a Lecuona no solo que le encantaba escribir cartas, sino también que sabía escribir bien. No es casual que unas cuantas de las mismas se reprodujeran en la prensa de la época. En ellas, el compositor, además de hablar de sus propias experiencias, hace un pormenorizado recuento de todo lo que veía en los países visitados por él en sus giras. Por ejemplo, en octubre de 1931 escribió a Francisco Moreno Plá, periodista del diario El Mundo. Allí plasma sus impresiones sobre Hollywood y autoriza a su amigo a que las dé a conocer, “con un poco de arreglos”. A continuación, copio un fragmento:

“Empezaré por decirte, que Hollywood no me hizo ninguna impresión, pues sin conocerlo, ya me lo había imaginado como es: un pueblo, o un barrio, mejor dicho, de Los Ángeles, que quiere ser europeo, sin dejar de ser yankee. Tiene cosas muy bonitas, pero son las menos.// Los Ángeles, en cambio, es una ciudad muy linda en su aspecto yankee. La fama de Los Ángeles como ciudad europea o latina, no se la veo por ninguna parte. Sin embargo, es una ciudad linda.// Respecto a los estudios, siempre pensé lo que he podido comprobar aquí: mucha fantasía y más nada.// Esa fantasía, en que la gente eminentemente cinematográfica cree a ojos cerrados de esos estudios, de los artistas de cine, de Hollywood, etc., es eso: fantasía echada al aire por las revistas y periódicos…// Los artistas de cine, son como otros artistas… Los hay para todos los gustos… En lo único que se diferencian de los otros es en los sueldos que ganan semanalmente cuando hacen películas”.

Generoso y solidario con sus colegas

Naturalmente, Lecuona se refiere en muchas cartas a sus exitosas presentaciones en el extranjero. En mayo de 1936, se hallaba en Buenos Aires, donde debutó en Radio El Mundo. Envió entonces una carta a Mario Lescano Abella, que este reprodujo en el diario habanero El Avance Criollo. De la misma, es este fragmento: “Después de mi debut en la radio, se recibieron más de cinco mil cartas… todas llenas de felicitaciones, y pidiendo repeticiones de algunos números, entre ellos, Malagueña, y fotografías… autógrafos… etcétera. Mis audiciones, las más caras de Buenos Aires, las compra, las tres por semana, Boccanegra (el aceite de oliva más popular de este país). En los conciertos de los domingos, me presento con una orquesta de 50 profesores; en los de los lunes y jueves, con otra orquesta, de 30 profesores, además de Ernestina y Esther, y los jueves, el tenor Arvizu. La Coalla actuará conmigo en esas audiciones… y todos los elementos que vengan para la compañía cubana, serán invitados por El Mundo para actuar en su «estupendo broadcasting»”.

A Lescano Abella, Lecuona le vuelve a escribir en julio y le comenta: “Debo comunicarte que la Damisela encantadora ha batido todos los récords, pues además de ser ya del dominio público en todo Buenos Aires, se han vendido más de 5.000 ejemplares en cuarenta días. ¡Algo espantoso…! Dicen los editores que no se recuerda otro caso desde La cumparsita… Aquí un éxito de venta, amigo Mario, pasa de 80.000 ejemplares, llegando, en algunos casos, hasta 120.000 ejemplares… Todos esperan que esta «damisela» llegue a esa cifra… Para Vigo me voy sigue el mismo camino”.

En marzo de 1942, el periodista Augusto Ferrer de Couto convocó a un homenaje al compositor y director Rodrigo Prats Llorens. Se dirigió a Miguel de Grandy y a Carlos Fonts, empresario y dueño del Teatro Martí, respectivamente, para que cedieran ese popular coliseo. De Grandy rehusó, alegando que eso perjudicaría las ganancias económicas de la temporada. Al enterarse, Lecuona envió a Ferrer de Couto la siguiente misiva: “Querido Augusto:// Antes que empresario, soy artista.// Puedes contar con el teatro de la Comedia para celebrar tu anunciado homenaje a Rodrigo Prats, que estimo merecido por todos conceptos.// Al propio tiempo me complazco en brindarte mi actuación personal para esa fiesta que, como todas las organizadas por ti, ha de obtener un éxito digno de Rodrigo Prats y de su organizador.// Atentamente tuyo”. Lecuona fue siempre muy generoso y solidario con sus colegas de profesión, y en numerosas ocasiones les brindó su apoyo. De esa noble actitud suya hay varios ejemplos en el epistolario.

En una misiva de julio de 1924, le expresa a Gonzalo Roig: “Haces perfectamente en laborar patrióticamente, pues ese es el trabajo más noble y más honroso que podéis hacer. Hay que pensar siempre en Cuba, y laborar para Cuba… ¡Este ha sido mi lema!”. Y luego escribe: “Hasta en mis canciones lo he demostrado, que he procurado siempre lleven poesías de cubanos… Es un dolor, que habiendo tan grandes poetas en nuestra tierra, haya señores que recurren a los poetas extranjeros… ¿no lo crees tú así? Eso no es hacer labor nacionalista… Es el colmo, que hasta en las obras de canto, tengan por sus versos que arroparse con vestidos ajenos para darles más valor a ellas. Esto siempre lo he combatido, y me parece un error gravísimo, que nos desmerita ante los mismos extranjeros. Yo tengo dos canciones, versificadas por extranjeros, accidentalmente, pero el resto, que es de una mayoría aplastante, llevan poesías de cubanos. Y con la orquesta, debes hacer lo mismo, y acabar de una vez con ese extranjerismo que nos empequeñece, y nos está aniquilando”.

Concluyo esta mínima antología, espigada de Ernesto Lecuona: Cartas, con una fechada en abril de 1962, cuando ya el compositor residía en Tampa. Se la dirigió a Emilia Suárez Solar Hernández, madrina de su amigo Pedrito Hernández. En ella, le da las gracias por prender con frecuencia velas a una imagen de la virgen de la Caridad del Cobre que perteneció a él. He aquí el texto:

“Querida Cuca:

“Unas líneas para agradecerle sus frases cariñosas que me envía con el ahijado. Estoy bastante bien. Deseando verlos pronto. Yo creo que pronto, para mayo, estaré con Pedrito en España, pues ya le habrá dicho que se va a estrenar Lola Cruz.

“Quiero dejarle aquí mi agradecimiento por esa luz que usted le pone a mi virgen de la Caridad… Ella se lo agradecerá mucho… Esa virgencita mía es muy milagrosa. A mí me ha concedido casi todo lo humano que le he pedido. Yo casi podría decirle que TODO… Si yo le dijera a usted los milagros que me ha hecho esa virgencita, se quedaría usted asombrada. Pedrito sabe de algunos de esos milagros.

“¡Siga encendiendo esa luz!... ¡Y muchas gracias por ello!

“Que siga bien… ¡No suba y baje muchas veces esos tres pisos!... ¡No es saludable!

“Nos veremos después de mi viaje a España.

“Un abrazo para usted,

“Ernesto Lecuona”.