Actualizado: 21/04/2017 10:09
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Cuba, Castro, La denuncia de hoy

El fin del “bloqueo”, la entrega de la Base Naval de Guantánamo... y todo lo demás...

La llegada en masa de cubanoestadounidenses o estadounidenses netos a Cuba tiene al oficialismo de la Isla en vilo

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En la recién concluida XVII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados celebrada en la isla de Margarita, Venezuela, el gobernante cubano Raúl Castro ratificó lo que ya sabemos.

“Para sostener nexos normales con Estados Unidos, además del cese del bloqueo y la devolución de Guantánamo, es necesario que se ponga fin a otras políticas lesivas a la soberanía de Cuba, como programas subversivos e injerencistas”, expresó el mandatario cubano.

Esto va para largo. Se supone.

Si bien el llamado “bloqueo” se ha flexibilizado considerablemente, sobre todo luego de que el Gobierno de la Isla y el de EEUU restablecieran relaciones diplomáticas hace poco más de año y medio, la eliminación “técnica” del mismo requeriría de un proceso legislativo para nada rápido y para nada fácil.

Raúl Castro lo sabe y apuesta a pedir todo, aun lo imposible por ahora, a cambio de entregar nada.

La administración de Obama está jugando una partida basada en una futura guerra de desgaste, Caballo de Troya mediante.

Es decir, la arribazón a la Isla de cientos de miles de estadounidenses en un futuro no lejano, hará ver a los cubanos, poco a poco, “la verdad de la vida”. Y así, el desencanto podría dar paso a la desobediencia civil para con el Gobierno, y sus posteriores consecuencias.

O sea, los cubanos de a pie, quienes hoy son las víctimas de este pugilato entre el gobierno isleño y el del Norte, tomarán conciencia definitivamente de que ya el tiempo de cantar con vehemencia La internacional después de los discursos o de tragarse una alocución de barricada sin moverse de la fila o mirar por la televisión un noticiero lleno de cañaverales, siembra de boniatos o entrega de diplomas por el deber cumplido, ya pasó a mejor vida.

Tomarán los cubanos conciencia definitivamente de que el “imperialismo” está ahí, existe, no se puede negar y, por lo tanto, sin auparlo hay que tomarlo en cuenta para marchar adelante.

Tomarán conciencia definitivamente de que ya hoy en día la “ideología” entra por la cocina, pasa al comedor y se regodea en el aire acondicionado o en una cámara fotográfica digital ultrarrápida. Así es, no de otra manera. O sea, lo que el Gobierno cubano tanto repudia: “los malos hábitos de la sociedad de consumo”.

En líneas anteriores escribí que, de acuerdo con lo expuesto por Castro en la Cumbre, “Esto va para largo. Se supone”.

Agregué “se supone” porque hasta un bebé sabe que alguien o algo —y es el caso del régimen de la Isla— puede ir contra la corriente durante mucho tiempo, pero no toda la vida.

La llegada en masa de cubanoestadounidenses o estadounidenses netos a Cuba tiene al oficialismo de la Isla en vilo. Principalmente al “oficialismo cultural”. Llevan casi dos años advirtiendo sobre la penetración que planea (“planea”, qué cosas dicen) el enemigo mediante la música, la literatura, las artes en general y en fin por medio de “las ideas exóticas”.

Solo un gigante con pies de barro le teme a estas maneras de “penetración”. En cualquier país de América Latina, por ejemplo, se editan innumerables libros —de ficción o no ficción— que enaltecen las ideologías más peregrinas y no pasa nada. O se promueve lo más malsano de la música popular y tampoco pasa nada. Se trata de la libertad de pensamiento, de expresión. Finalmente, la lógica y el buen gusto o al menos el gusto atinado triunfan.

Ese chiste de “la batalla de ideas” ya no convence. O nunca convenció. Fue un invento del régimen de la Isla para mantener al pueblo marchando a paso doble; como desde hace más de 50 años.

Hago hincapié en una de las expresiones de Raúl Castro en el discurso citado: “es necesario que se ponga fin a otras políticas lesivas a la soberanía de Cuba, como programas subversivos e injerencistas” (las cursivas son mías).

Esto de “políticas lesivas” es algo semejante a esas columnas que en las informaciones estadísticas llevan el título “Otros”.

O sea, ahí cabe todo lo impensado que pueda aparecer por aquí y por allá. En este caso todo lo que se le pueda ocurrir a Raúl Castro y su equipo, hoy, mañana y hasta el infinito. ¿Y entonces?

El rancio discurso de Raúl Castro en la Cumbre empalma, por decirlo de alguna manera, con lo expresado por el candidato republicano a la presidencia de EEUU, Donald Trump, durante la visita que realizara a Miami durante el pasado fin de semana.

Si resulta elegido, ha prometido Trump que cancelará la política de apertura con el gobierno de la Isla a menos que en esta se establezcan “libertades religiosas y políticas”.

Y expresó además que “Todas esas concesiones que Barack Obama ha dado al régimen de Castro fueron hechas a través de órdenes ejecutivas, lo que significa que el siguiente presidente puede revertirlas, y eso es lo que voy a hacer a menos que el régimen de los Castro escuche nuestras demandas”.

Como está la batalla electoral entre Hillary Clinton y Donald Trump, no es muy descabellado pensar que el aspirante republicano, con estas declaraciones, levante su nivel de aprobación en Florida.

Así las cosas, la postura radical de Raúl Castro en la Cumbre de los No Alineados resulta como agua bendita para la postura radical avisada por Trump en Miami.

Veremos.

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