Actualizado: 23/09/2017 15:02
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Disidencia, Oposición, Intelectuales

La intelectualidad rastacuera (II)

Tras más de medio siglo de castrismo, la democracia en Cuba no es problema de transición, sino de completo desmontaje y reconstrucción

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Cuatro meses antes de que Fidel Castro atacara el cuartel Moncada, Carl Joachim Friedrich presentó su ponencia The unique character of totalitarian society en conferencia de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Desde entonces se sabe que la dictadura de partido único ñángara viene convoyada con la ideología oficial que venga en ganas, la represión política, la dirección centralizada de la economía y el monopolio sobre las armas y los medios de comunicación masiva.

Ya no vale la pena ni recordarlo, porque el problema no estriba en que semejante Estado cancela el desarrollo de la nación, sino en cómo la nación podría cancelar semejante Estado. Algo que jamás podrá conseguir la nación cubana con esa oposición politiquera y pedigüeña de que adolece. En su más reciente episodio de circo, José Daniel Ferrer y Guillermo Fariñas rompieron con la concertación MUAD porque no contemplaba acciones cívicas en las calles. El líder de MUAD, Manuel Cuesta Morúa, desmintió que así fuera.

Transición del objeto

Tampoco podrá conseguirse la cancelación del Estado totalitario por influencia de los intelectuales. Así como la bandería anticastrista traga mamotretos sobre la transición a la democracia, la bandería castrista cifra el destino de la nación en el mamotreto que empalma la conceptualización de no se sabe qué modelo con el plan nacional de no se sabe qué desarrollo económico-social.

Lo que se sabe es que la discusión popular de tal mamotreto es mero trámite, pero cabe agregar que así se arrinconan más todavía los cubanólogos de dentro, tan pródigos opiniones ya sea a favor del régimen, si se quedaron, o en contra, si se fueron. No en balde los cubanólogos de oídas presenciaron cómo su pericia se devaluaba en picada ante la arrogancia del objeto de estudio Cuba en el reciente congreso de LASA (Nueva York, mayo 27-30, 2016).

El panel de LASA sobre las relaciones Cuba-EEUU premió a protagonistas políticos del restablecimiento: Josefina Vidal (MINREX), Roberta Jacobson y Jeffrey de Laurentis (Departamento de Estado). Quedaron atrás expertos como Soraya Castro (Universidad de La Habana) y William LeoGrande (Universidad Americana).

Tocar de oído la cubanología dentro se torna más difícil aún por el descenso en golden parachute del diplomático Jorge Bolaños y el espía Gerardo Hernández en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Mientras tanto los cubanólogos de afuera siguen traficando lugares comunes, ficciones y novelerías para mitigar el desespero con el embullo y hasta el engaño. De cada encontronazo con la realidad —como el pacto Obama-Castro— salen con que sobrevino algo imprevisible o inesperado.

Objeto de la transición

Tras más de medio siglo de castrismo, la democracia en Cuba no es problema de transición, sino de completo desmontaje y reconstrucción. Para semejante empeño no hay fuerza política ni vigor intelectual en ninguna de las banderías.

Salvo quienes cobran o buscan cobrar por ello, la transición a la democracia no interesa a la mayoría de los cubanos ni dentro ni fuera, porque saben que ni el gobierno ni la oposición arreglarán nada. Lo que importa es ir tirando como se pueda y eso no es asunto político, sino individual. Las familias perciben la emigración como estrategia de supervivencia y las expectativas migratorias retrasan incluso el ritmo de la reproducción.

Así discurre la transición real, que es demográfica. Las tasas cada vez más bajas de natalidad y cada vez más altas de envejecimiento se combinan con el crecimiento de la emigración de jóvenes y personal calificado. Cuba no podrá sostener a su población crecientemente envejecida sin avanzar en la productividad del trabajo y esto no podrá lograrse en el contexto económico crítico del socialismo burocrático. Sólo que tampoco podrá lograrse por obra y gracia de la oposición politiquera ni de la intelectualidad vividora. Lo que viene es el despelote.

Coda

Ese despelote será muy duro para muchos, muy beneficioso para algunos e insustancial para otros. La desigualdad se agudizará más allá del escándalo de Antonio Castro en el Mar Egeo, pero eso que llaman pueblo terminará por aceptarla como ha venido aceptando las demás cosas. Antes de quejarse y rebelarse por la estratificación social, los cubanos buscarán escalar lo más alto posible, a sabiendas de que la distinción arriba-abajo en política y en economía deriva de la naturaleza humana.


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