Actualizado: 16/08/2017 17:36
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Disidencia, Oposición, Intelectuales

La intelectualidad rastacuera

Jamás un judío salió de Alemania a hablar en otro país contra los nazis y regresó enseguida sin dar con sus huesos tras las rejas o en la fosa

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A un cuarto de siglo de la desunión post-soviética, todavía hay quienes vienen a contarnos que la cosa política y la pobreza en Cuba traen su causa de copiar instituciones de la URSS. Así está lloviendo el gerundio remojado / de la lluvia sobre lo llovido, porque esa copiadera era bien sabida y se criticaba mucho antes que los cuenteros de hoy fueran a estudiar comunismo científico u otras brujerías precisamente al País de los Soviets. El problema de verdad estriba en por qué la copia subsiste tras haber desaparecido el original y en cómo podría desaparecer también la copia.

Al cabo tenemos que si bien la intelectualidad orgánica del castrismo repica las órdenes del único partido sin proponer alternativas de solución a los problemas, la intelectualidad del anticastrismo se desfoga en criticar aquella por ser mediocre e incompetente sin avergonzarse de serlo también.

El credo del guacamayo

Eso de repicar la toma de partido a ciegas es una disfunción que comparten intelectuales de ambas banderías del problema cubano, pero sobre todo aquellos que simplemente cambiaron de bando y siguen dándose la patada de que, hoy como ayer, hacen ciencia.

La misma tesitura complaciente que tuvieron ayer con el Gobierno perdura hoy ante los disparates de la oposición, que se exaltan como iniciativas o proyectos por la libertad y la democracia pese a que la racionalidad de unas y otros equivale a sostener que el círculo puede cuadrarse.

Ya no sirven para nada ni siquiera los cuentos del Holocausto y otras cosas judías que se endilgan al pueblo cubano. Jamás un judío salió de Alemania a hablar en otro país contra los nazis y regresó enseguida sin dar con sus huesos tras las rejas o en la fosa.

Así y todo, la claque intelectual del anticastrismo sigue alabando sonseras antes que advertir realidades para encaminar mejor la oposición. La crítica se deja para ejercerla nada más que contra el enemigo, como si hubiera algo más que criticarle al castrismo tras casi seis décadas de letanías sin haber aclarado la premisa cardinal para enfrentarlo: por qué no ha dejado de vencer.

En ese babiney tenemos la yunta perfecta para arar sin descanso: lidercillos políticos sin masas con proyectos disparatados o fallidos, e intelectualoides sin tino con yerros escandalosos al ejercer el criterio a favor de la oposición o en contra del Gobierno, desde sonar la hora de la disidencia con el Proyecto Varela hasta desaparecer una ley o urdir “desaparecidos” en el registro electoral.

La otra copiadera

Y en cuanto a copiar, la oposición pacífica principió a hacerlo desde que el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) transitó a Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (PPDHC) en 1988 y tuvo la ocurrencia de remedar el plebiscito nacional en Chile para abrir el camino hacia las pamplinas.

Aquí y ahora la oposición no tiene otra opción racional que dar guerra en las urnas, porque no se trata de que esta sea una propuesta de alguien para tumbar al Gobierno, sino de que es la única carta política que le queda por jugar al anticastrismo tras perder tanto la guerra civil como la carrera de fondo en la paz.

No solo fracasó el movimiento políticamente correcto [porque buscaba movilizar al pueblo] de Todos Marchamos, pues tan solo marchan algunos, aunque lo hagan de por vida, sino que el paso del tiempo sin lograr nada terminó por virar las tortillas en Estados Unidos y la Unión Europea.

José Daniel Ferrer, Manuel Cuesta Morúa y otros opositores planean dar guerra electoral a partir de las próximas elecciones (2017) municipales [únicas que admiten libre proposición de candidatos], pero este ademán políticamente correcto tiene como plataforma la Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD), que copia al descaro la Mesa de Unidad Democrática (MUD) de Venezuela y de este modo se desvirtúa la puja por las Asambleas Municipales al venir convoyados los candidatos con un programa de cambios tales como elecciones libres y plurales, reconocer a la diáspora cubana como parte de la nación y estimular el desarrollo de la pequeña y mediana empresa privadas, que no son cosa de los delegados a dichas asambleas.

En el contexto cubiche, la genuina función opositora de los candidatos de MUAD consiste en que, una vez elegidos, aboguen por rechazar las candidaturas a diputados a la Asamblea Nacional, las cuales se someten a la aprobación de las Asambleas Municipales. Tampoco esto es una propuesta, sino la única manera de meter figuras de la oposición en el parlamento e intentar los cambios antedichos. Entretanto los delegados a las Asambleas Municipales no tienen otra función que (des)atender a las necesidades del barrio.

Esa es la única carta opositora racional que queda sobre el tapete político, a menos que, alumbrado por la luz de Yara, el paro nacional “gradual” que Antúnez anunció el 8 de agosto de 2013 en Miami fructifique como la huelga general del 12 de agosto de 1933 que tumbó a Machado.

El Partido de la Patria

Machado y también Batista no fueron dictadores que la nación cubana merecía, como sí lo fue Fidel Castro. Y así como la intelectualidad castrista que tiene, esa nación merece también la intelectualidad anticastrista de que dispone, sobre todo aquellos que cambiaron de casaca porque le pisaron los callos o atinaron a darse cuenta, como cualquier balsero, que la vida resulta más soportable fuera de la Isla de Cuba pintoresca.

El quid radica en que el balsero común y corriente no hacía ciencia a favor del Gobierno antes de embarcar y tras desembarcar empezó a hacerla en contra del Gobierno. Allá simplemente robaba o mentía para sobrevivir, y aquí no viene a hablar de la patria, sino del pago de la renta, la carestía de la vida, los seguros y los créditos… A ese nivel de sinceridad y franqueza no puede tragarse ni al pobre infeliz que planifica dentro la transición a la democracia en cinco pasos, ni a la claque intelectual que alaba desde fuera semejante alienación como discurso de la resistencia.

Coda

Entretanto no queda más remedio que divertirse en Internet con un intelectual que se vio obligado, por la propia Internet, a hacer algo que nunca hizo: hablar de sí mismo, o con un brigadier que noticia que Castro “prepara su mausoleo en el Pico Turquino”, como si, de haberlo tenido previsto, no hubiera tenido tiempo para mandar a hacerlo cuando estaba al pico de la piragua en 2006.

Y no queda más remedio porque arando con la yunta descrita más arriba no habrá jamás una Cuba libre y soberana, ni pluralista ni tolerante, ni científica ni humanista, sino una Cuba que seguirá viviendo del cuento con intelectuales vividores o advenedizos.


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Mujer pasa junto a cartel revolucionario en Cuba.