Actualizado: 08/08/2022 15:58
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La cada vez más pequeña comunidad china de Cuba celebró la llegada del año del cerdo

En toda la Isla quedan sólo unos 280 naturales chinos, de una comunidad que llegó a estar integrada por miles de personas.

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AFP/ La Habana. El barrio chino de La Habana esperó este domingo la llegada del año del cerdo ante el desafío de vigorizar la herencia de una comunidad, otrora la más numerosa de América Latina, reducida a un puñado de ancianos adaptados a la vida de la Isla, pero tocados por la nostalgia.

Ellos son apenas los remanentes de una mayoría que murió de viejo o abandonó la Isla en la década de los años sesenta, al inicio del régimen de Fidel Castro, y ahora se reúnen en asociaciones, donde almuerzan, practican tai chi y juegan mahjong, similar al dominó, uno de los entretenimientos más populares en Cuba.

En el barrio chino se erige la Casa de Artes y Tradiciones, que organiza los festejos de la semana por el nuevo año lunar chino. Su directora, Carmen Eng, tiene rasgos típicamente asiáticos, aunque sus gestos y vestimenta, son los de una cubana.

"Ahora sólo restan unos 280 naturales chinos en todo el país; cuando en su momento más alto (la población china en la década de los cuarenta) alcanzó miles de personas", afirmó la mujer a cargo del centro.

Hace 150 años, en 1847, atracaba en el puerto de La Habana un barco de bandera española con unos 206 culíes, en su mayoría hombres solteros. "Los chinos de Manila", como los bautizó el pueblo, llegaron a la Isla como braceros.

Coco Chang, de 76 años, llegó a La Habana años después, huyendo de la guerra civil entre nacionalistas y comunistas de Mao Zedong y de la miseria. Otros chinos, con cierto nivel económico, llegaron en esa misma época desde California.

"Vine a los 16 años desde Cantón; trabajé un tiempo de cantinero en la Base Naval de Guantánamo y después llegué a La Habana", dijo el anciano, que se cambió el nombre al llegar a Cuba.

Nunca quiso crear una familia en la Isla. "No había dinero para casarse", asegura y repite una y otra vez en la asociación Min Chih Tang, donde pasa la mayor parte de su tiempo, que no le gusta hablar ni de mujeres ni de política.

Tampoco quiso irse. "Mis padres murieron en China y ya no tenía dónde ir", señaló.

A su lado, Antonio Li Wuang, de 60 años, le ayuda a expresarse. Descendiente de chinos, Li se quedó solo en La Habana, luego de que sus padres se fueran a principios de la revolución hacia California con su hermano de ocho años y lo dejaran a los 16 años con una tía.

"Nunca más los vi", dice y cuenta que está casado con una cubana y tiene dos hijos, de ocho y diez años, que no hablan ni una palabra de chino.

Ahora va a la asociación a leer, entre otras cosas, el periódico Kwong Wah Po con noticias sobre China y la comunidad cubana, sentado delante de una pared desvaída con fotos de Fidel Castro y el presidente venezolano, Hugo Chávez, junto a un artículo sobre la visita del ex jefe de Estado chino Jiang Zemin en 2001.

Sobresale un poster con una foto del monumento dedicado a las luchas de ciudadanos chinos por la independencia cubana, que en lo más alto del pedestal, reza: "No hubo chino cubano desertor, no hubo chino cubano traidor".

"Estar en Cuba es como ver una película de China de hace 20 años", dijo Tao Yan, de 40 años, que nació en Shangai y ahora aprende español en la Universidad de La Habana, al referirse al régimen cubano.