Actualizado: 23/09/2019 16:12
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San Lázaro

Miles de creyentes pagaron sus promesas a San Lázaro

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AFP/ La Habana. Miles de cubanos peregrinaron este sábado hasta el Rincón, en las afueras de La Habana, para rendir tributo a San Lázaro, una deidad que los católicos identifican con San Lázaro Obispo y los santeros con Babalú Ayé.

Caminando de rodillas sobre el asfalto, en una mano un puro, en la otra una vela, Roely Román, de 18 años, cumplió su promesa, la misma desde que tiene siete años y que su madre hizo por él.

Bajo un intenso sol se le hicieron interminables los casi 30 metros que lo separaban del portón de hierro y las puertas de la pequeña ermita del Rincón, que junto a un leprosorio, es el principal lugar de devoción a San Lázaro, en las afueras de La Habana.

Ataviado con las ropas que le hizo su madre con tejido de yute, Roely llegó al santuario la mañana del sábado, poco antes de que el cardenal Jaime Ortega oficiara una misa ante miles de feligreses.

"Tengo un riñón más pequeño que el otro. Cuando bajé de la guagua (autobús), se me perdió mi perrito y tampoco veo a mi mamá, tengo que hacer esto solo", dijo a la AFP mientras avanzaba lentamente a su destino, el altar de San Lázaro.

Colmada de flores de todos los colores, la imagen del santo u orisha (deidad de los cultos de origen africano), representado en un enjuto mendigo en harapos, con barba y muletas, martirizado por grandes llagas en su piel, lamidas por dos perros, fue el centro de un hormiguero humano, como cada 17 de diciembre.

Cientos de fieles se estrujaron para poder entregar su ofrenda: un habano, un trago de ron, una vela de color morado o un saquito repleto de monedas reunidas durante todo el año.

En medio del bullicio, un golpe seco se escuchó junto a una de las columnas cercanas al altar. Abstraído, un hombre de sombrero de paja, con sus zapatos colgando del cuello y vestido igual que Roely, con un pantalón hecho de yute, golpeaba contra el piso su bastón.

Al pie de la columna erigió su altar personal: una pequeña imagen, junto a un ramo de flores, un puro y un trago de vino seco, un bultito con restos de comida y un devoto, él, Jesús Oviedo, quien le hablaba al santo mientras golpeaba el bastón tallado a mano.

Entre sus cosas sobresalía un papel, es una carta sellada y escrita con mala ortografía en tinta azul, manchada de vino: "Para el Viejo. Feliz Día. Bendición", se leía en el sobre.

"Vine a entregarle esta carta al señor. Ahí le explico todas mis necesidades y le pido que me ayude. Tengo problemas de salud y también económicos, no tengo vivienda propia, he vivido toda mi vida agregado", dijo a la AFP el hombre, de 37 años, quien trabaja en una agencia de seguridad y protección de bienes del gobierno.

A San Lázaro se le atribuyen propiedades curativas de la lepra, el sida, la viruela, el cólera, y de problemas gástricos, úlceras, gangrenas, embolias, parálisis, erisipelas y amputaciones.

A muchas personas con esos padecimientos se les ve junto a un plato en espera de una moneda en las afueras de la ermita, visitada por el Papa Juan Pablo II en su histórico viaje a Cuba, en enero de 1998.

Roely estuvo allí hace siete años. Lo llevó su mamá. Esta vez todo fue más duro. Quizás el próximo año la experiencia no sea tan cruel. Su promesa, así lo decidió su madre, deberá pagarla hasta que muera.