Actualizado: 28/05/2024 14:48
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Opinión

Los balseros virtuales

Una 'internet a la cubana', pero sin perder el control. ¿Es ese el 'potro salvaje' que pretende domar Ramiro Valdés?

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La pasada semana se realizó en La Habana el XII Congreso Informática 2007 bajo el lema "Las tecnologías de la información y las comunicaciones y su contribución a un mundo mejor". Este evento, que se celebra cada dos años, recibió amplia cobertura a nivel internacional, no por su contenido científico-técnico o comercial (que no dudo haya tenido, por los nombres de algunos de sus participantes), sino porque su discurso inaugural estuvo a cargo del flamante ministro de Informática y Comunicaciones, "Comandante de la Revolución" Ramiro Valdés Menéndez.

El interés de los observadores internacionales surge básicamente por las expectativas que despierta el actual interregno cubano despierta, y el enigma que ha despertado la resurrección del ex ministro del Interior y aficionado al tema de la informática, desde la época en que fue condenado al ostracismo dentro de las estructuras de poder en la Isla.

Jinete con fusta y sin compasión

Una primera lectura de dicha pieza oratoria revela, ante todo, una reiteración del discurso oficial con referencia a su visión del tema de las tecnologías de información y comunicaciones (TICs), y su expresión más visible y concreta: internet.

El ministro de Informática no ha brindado una visión innovadora que explique por qué fue designado en dicho cargo. En su presentación ante la comunidad nacional e internacional de la informática y las telecomunicaciones, se hubiera esperado una proyección más sustanciosa. El tono de su discurso podría caracterizarse si se tiene en cuenta que la palabra "informática" aparece en ocho oportunidades, descontando las dos en que se utiliza para referirse al nombre del evento y al del ministerio que lo organiza. Por otra parte, el término "seguridad" registra también otras ocho ocurrencias.

Del texto se infiere que la estrategia del ministro de Informática será "dominar" las TICs, como un jinete que las someterá a "obediencia" con fusta y sin compasión. Falta por ver de qué medios se valdrá para lograrlo. Desde principios de los años noventa la simple aproximación a la red de redes provocó pavor en determinados círculos de poder en Cuba.

En 1991, en un documento interno sometido por un funcionario del Comité Central al otrora todopoderoso Carlos Aldana, se mencionaban los "riesgos" que implicaba conectarse a internet, pero que no quedaba otro remedio que hacerlo, ya que, de lo contrario, les pasaría por encima. Conclusión inteligente. De ahí en adelante esa ha sido la constante: utilizar las TICs en tanto no pusieran en riesgo lo fundamental para la élite gobernante: el control monopólico de la sociedad cubana.

La aplicación de esta estrategia de limitación del acceso a internet y otras ha provocado que Cuba ocupe la posición 32 en el continente americano, superada sólo por Honduras, Nicaragua y Haití —de acuerdo con el Índice de Oportunidad Digital de 2005 elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT)—, a pesar de las acciones que ha emprendido el gobierno con su plan de informatización de la sociedad.

A nivel mundial, la posición de Cuba es la 126. Aclaro que este índice está formado por una variedad de factores que van más allá del componente tecnológico. Si bien los indicadores de alfabetización en Cuba se registran como satisfactorios en las estadísticas oficiales, la cuestión central es que, una vez que se sepa leer, se pueda acceder libremente a todas las ideas, fuentes y opiniones.

De cara al futuro

A nivel internacional ( UNESCO: Hacia una Sociedad del Conocimiento, 2005), se ha planteado un nuevo paradigma: la sociedad del conocimiento que no sólo toma en cuenta las variables tecnológicas del acceso y distribución de la información, sino otras que garanticen un instrumento efectivo de desarrollo económico, social y humano, cuyo núcleo central gira en torno al derecho irrestricto a la libertad de expresión.

Se reconoce que sin libertad de expresión no hay intercambios ni debates públicos. Al mismo tiempo, queda claro que sin libertad de expresión los conocimientos pueden existir, pero no se dará un aprovechamiento compartido de los mismos ni tampoco existirá una sociedad del conocimiento. La libertad de expresión tiene hondas repercusiones económicas y sociales que la convierten en un instrumento especialmente útil para el desarrollo.

Ahora, ¿por qué este tema de internet resulta clave en las actuales circunstancias?

El papel de internet en la transición cubana ha sido estudiado desde diferentes perspectivas.


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