Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Opinión

Celebración sin amnesia

¿Sigue vigente el mensaje de Juan Pablo II? ¿Celebramos anclados en la nostalgia lo que enseñó, anunció y denunció el Papa?

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Ha habido esfuerzos desde diversos ángulos para "despapizar" Cuba, término inventado por el Partido Comunista para intentar borrar aquella experiencia. Lamentablemente, y aún peor, algunos han intentado cubrir con un piadoso manto de silencio lo que consideraron como un listón demasiado alto para las condiciones de Cuba, que no es Polonia.

No hay nada peor que la incredulidad y la falta de confianza en nuestro propio pueblo. Es esterilizar a priori la obra del Espíritu Santo, que "sopla donde quiere". Sin duda, los cálculos políticos fueron prioridad para unos y otros.

No obstante, recuerdo la reacción de un joven —unos días después de la visita—, al preguntarle yo, que iba a Roma, qué quería le dijese al Santo Padre. El joven habanero, entre decepcionado y sagaz, me dijo sin pensarlo: "Dile al Papa: Santo Padre, gracias, no se preocupe, que por usted no ha quedado".

Celebrar es ponerse en marcha

Hoy, diez años después, sigue quedando el reto de nuestro lado. Del lado de cada cubano y cubana. Por eso tiene sentido celebrar este aniversario. Pero celebrar sin amnesia. Celebrar sin parálisis. Celebrar es moverse. Celebrar es revivir, ponerse en marcha. Es pasar de los meros sentimientos a la acción con corazón. Celebrar es cambiar. Cambiar para bien.

Cuba vive hoy una "hora de oportunidades" para todos: es la oportunidad para que los ciudadanos despierten a su soberanía desde abajo; es hora de que los grupos de la sociedad civil ejerzan su rol de propuesta y presión. Es hora de que el gobierno comience a hacer "los cambios estructurales" que anunció el pasado 26 de julio; es hora de levantar "el exceso de prohibiciones y medidas legales que hacen más daños que beneficios. La mayoría pudiéramos decir que fueron correctas y justas en su momento, pero que no pocas de ellas han sido superadas por la vida" —como expresó Raúl Castro el pasado 28 de diciembre en la Asamblea Nacional—.

También es hora de que se vea y promueva el deseo expresado en ese mismo discurso: "quien ocupa un cargo de dirección debe saber escuchar y crear el ambiente propicio para que los demás se expresen con absoluta libertad. Es algo que debe incorporarse de manera definitiva al estilo de trabajo de cada dirigente…" ( Granma, 29 de diciembre de 2007, p. 3).

Ninguna transición pacífica se ha hecho sin que el gobierno participe de alguna manera. Y ninguna transición pacífica ha venido del gobierno sin la presión y las exigencias de los ciudadanos al interior del país. El colmo sería que en Cuba los ciudadanos y la sociedad civil nos sentáramos a esperar que todo cambio venga sólo del Estado. Nunca llegará. Como no llegará de modo pacífico, si el Estado no se toma en serio y pone ágilmente en práctica esos cambios estructurales que anuncia.

Libertad sin estabilidad es caos. Estabilidad sin libertad es represión. Venga ya la mencionada "absoluta libertad" indisolublemente unida a la responsabilidad ciudadana. Sabiendo que la libertad no es nunca absoluta, porque termina donde comienza la libertad del otro; ni la responsabilidad totalmente individual o de un solo grupo, porque es siempre respuesta compartida. Libertad y responsabilidad: esta sería la moneda de dos caras capaz de alcanzar la transición pacífica, que es el clásico nombre del itinerario hacia la libertad sin perder el camino de la estabilidad.

'No busquen fuera lo que pueden encontrar dentro'

La visita del Papa sirvió, en bandeja pontificia, lejos de presiones hegemónicas de los centros de poder político, una mística, unas actitudes, unas claves ciudadanas y una ética para el cambio en Cuba cuidadosamente encarnadas en nuestra situación nacional, y articuladas coherentemente con nuestra cultura. No es, en fin, un mensaje venido de fuera de nosotros mismos, sino un mensaje que saca, a la luz de la conciencia, nuestra matriz y nuestra identidad de inspiración cristiana.

Muchas serían esos haces de luz para una ética del cambio, pero hay una que pudiera ser síntesis y programa de vida. No casualmente fue destinada especialmente a los jóvenes. Es un itinerario de actitudes para todos los cubanos de la Isla y de la diáspora, sean creyentes o no. Es una convocatoria de la más amplia inclusión, por el que se puede llegar a "construir una sociedad nueva":

"Queridos jóvenes, sean creyentes o no, acojan el llamado a ser virtuosos. Ello quiere decir que sean fuertes por dentro, grandes de alma, ricos en los mejores sentimientos, valientes en la verdad, audaces en la libertad, constantes en la responsabilidad, generosos en el amor, invencibles en la esperanza. La felicidad se alcanza desde el sacrificio. No busquen fuera lo que pueden encontrar dentro. No esperen de los otros lo que Ustedes son capaces y están llamados a ser y a hacer. No dejen para mañana el construir una sociedad nueva, donde los sueños más nobles no se frustren y donde Ustedes puedan ser los protagonistas de su historia" (Homilía de Juan Pablo II en la Misa de los jóvenes en Camagüey, 23 de enero de 1998, párrafo 4b).

Que la celebración sea acicate. Que la clave sea la responsabilidad y la participación de todos los cubanos sin exclusión, que no esperemos más que venga de fuera lo que tenemos que hacer nosotros con nuestro sacrificio, y que la mística sea creer que nuestros más nobles sueños se podrán convertir en realidad con la única "fórmula mágica" que construye nueva convivencia: el protagonismo ciudadano.


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