Actualizado: 14/08/2020 10:52
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Cartel cubano, Diseño, Cartel

Cambiar lo evidente por lo sugerente (II)

En esta segunda parte, Antonio Pérez Ñiko habla de su experiencia en el ICAIC, de algunos de los carteles que más recuerda y de la actividad que ha desarrollado en México, donde confiesa ha adquirido madurez, otros gustos, amores y amistades que hacen del ahora algo especial

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Aparte de los carteles cercanos a la estética pop que diseñaste en los primeros años, en tu obra cartelística para cine se advierte un uso marcado del blanco y negro. ¿Por qué esa preferencia por esos dos colores?

En realidad, siempre que iba al ICAIC veía los carteles de los otros compañeros, llenos de esos coloridos inolvidables. En el mural que estaba en el departamento de publicidad se pegaban todos los carteles realizados. Era una masa de colores, bonita, pero sin contrastes sustanciales. Cada cartel era una obra de arte, pero en el conjunto no ocurría algo más. Y ese algo me pedía que cambiara. Esto sucedió y tuve la oportunidad de diseñar el cartel para la película Ganga Zumba. El negro y blanco decidió estar presente y el cartel fue aprobado y se imprimió. Recuerdo que cuando llegué a ver su resultado, estaba pegado ya en el mural y me dije: ¡Lo logré! En aquella masa de bellos colores, Ganga Zumba resaltaba por encima de todos. Y así seguí incursionando, cada vez que se me daba la oportunidad creativa de incluir el blanco y negro en los carteles que diseñaba.

¿Cómo era el ambiente de trabajo en el departamento donde laborabas en el ICAIC?

¡Maravilloso!, a pesar que existía la inevitable competencia entre todos. Nunca hubo un alarde que surgiera y dañara el compañerismo que teníamos entre todos los que trabajamos allí. Tuve afectos y amistad por encima de lo que hacíamos. Eduardo Muñoz Bachs era mi amigo-hermano. También lo fue René Azcuy, con quien pude entablar un especial afecto durante muchos años. Y así el resto de los que formamos parte del equipo de trabajo. Unos más, otros nunca menos.

Las limitaciones materiales con las que se hacían los carteles, ¡no crees que contribuyó en cierta medida a estimular la creatividad?

¡Por supuesto! No había colores para realizar el trabajo gráfico ni la impresión, pues teníamos muy pocos colores para hacer los originales. Tampoco papeles para imprimir con calidad. La información visual, estaba casi desaparecida. Pero lo que sobraba era la imaginación. Que cómo se desarrollaba el trabajo, no sé. Porque solo había lo que la naturaleza te dotaba. Teníamos siete colores de temperas chinas. Colores con los que había que hacer maravillas para tornarlos bonitos. Los tipos de letras solo eran doce, pese a lo cual se lograba dar presencia y calidad a la letra que usábamos.

Tanto tú como los demás diseñadores, ¿eran conscientes entonces del valor artístico que tenían los carteles que creaban?

Que yo recuerde, ninguno de los que trabajábamos allí éramos conscientes de lo que hacíamos. Era un trabajo bello y retribuía el placer de hacer algo, pero jamás pensamos que fuera a convertirse en Memoria del Mundo, Nacional y Regional de América Latina y del Caribe, título otorgado por la UNESCO, en 2017 y 2018. Y mucho menos que iba a ser designado Patrimonio Cultural de la Nación Cubana en el pasado 2018. También creo que por este mi hacer, diría casi eterno, ahora en marzo la Universidad Veracruzana me otorgará el Doctorado Honoris Causa. Y se agrega a ello que se incluyeran carteles míos en la increíble exposición Carteles cubanos: Revolución y cine, 1959-2019, en el Museo de Artes Decorativas de París, perteneciente al Louvre, que se presentó desde octubre de 2019 a febrero del 2020.

De los más de 300 afiches que diseñaste en el ICAIC, ¿puedes mencionar algunos de los que te dejaron más satisfacción?

Lo extraordinario de este trabajo es que, haciendo memoria, cada uno tuvo su historia. Ya fuera por razones del hacer o por lo que tomamos como principio en su creación. Es muy difícil para mí realizar una selección objetiva. Porque a veces impera el gusto y en otras, lo que padecí en su diseño. Incluso, hasta esa selección realizada por otros que aplican determinados criterios y necesidades de exposición o significaciones históricas.

Ya mencioné Iluminación íntima, al que le doy la mayor de las importancias por ser el primero. Me impuso retos y finalmente sus resultados, a lo largo de estos cincuenta y dos años de realizado, siguen en mis preferencias. Otros de la época pop, como Stress es tres tres, también me siguen gustando por sus resultados. Gigi es otro cartel que fue realizado como un homenaje al pintor italiano Modigliani y a su estilo. Frenesí, que fue un cartel reproducido en una importante revista de diseño gráfico internacional, hace muchos años. El caso Mattei, en el que llené y tomé iconos que representaban a la sociedad de su momento, con un hecho de significación histórica que conmovió a la sociedad italiana. Para una película también italiana, Nos amamos tanto, diseñé un cartel que resultó requerido para que apareciera en la ambientación de un lugar dentro de una serie norteamericana de televisión, muy vista. Y también fue usado como propaganda de la exposición de carteles cubanos de cine en el Museo de Artes Decorativa de París. Otro cartel que se mantiene entre mis preferidos es El Danzón, por el juego entre el zapato y lo que conservamos en la memoria de esta forma de música y su identidad cubana.

Y hay muchos más. Pero para no agobiar con tanta explicación, termino con el que ahora es parte y ejemplo de mi identidad gráfica: Soy tímido... pero me defiendo. Cartel que fue toda una experiencia en la búsqueda de hacer algo diferente, tomando como punto de partida el título de la película. Era mostrar que se podía dar la timidez con algo que se produjera con el análisis de lo visto. Lo mejor que tiene este cartel, en la actualidad, es que ya yo soy él.

¿Recuerdas qué sentías en esa época al ver tus carteles en aquellos paragüitas que había por La Habana?

Me parece que en su momento no ocurrían manifestaciones de asombro o de sentimientos que yo pudiera recordar en la actualidad. Puede que lo cotidiano imperara en esos instantes. Lo cierto es que en este pasar del tiempo nos damos cuenta de cuánta importancia tenía esa manera de enseñar el trabajo realizado. Estos portadores del arte del cartel cubano de cine se perdieron y ya solo queda el recuerdo de quienes le vivieron. Fueron una consecuencia de lo que realizaron los franceses en los inicios del cartel moderno. Y para que se le viera y admirara. Suele suceder que tienes algo y no sabes cuánto representa.

Desde 1988 vives en México. ¿Fue difícil abrirte camino?

Creo que al llegar a México vine protegido por lo que realicé en Cuba como diseñador de carteles. Me invitaron porque quienes lo hicieron conocían lo realizado por mí. Sin duda era un diseñador cubano reconocido y las instituciones culturales y académicas me requerían. Y lo aproveché y, sobre todo, lo disfruté. Por ello, sigo aquí, contento de haber mostrado lo que soy capaz.

Has dicho que, de las dos etapas de tu trabajo, la cubana y la mexicana, esta última es la que mejor identifica tu obra. ¿Qué distingue la labor gráfica que has realizado en México de la realizada en Cuba?

Sin el afán de contradecirme, me parece que lo valioso es que he trabajado mucho. Tanto en Cuba como en México. Acá he tenido la enorme ventaja de hacerme mayor. He crecido en edad y en experiencia. Eso es fundamental para ser más crítico y cuidar lo que hago, dándolo a quienes reclaman el trabajo de diseño con todo el cuidado y dedicación necesarias. En México me he dedicado especialmente al diseño de carteles. Soy cartelista. En Cuba, me sentía más el diseñador que hacía todo lo que se le pidiera. La experiencia aportada allí fue única e indispensable para lo que he hecho durante el resto de mi vida gráfica. Aquí tengo madurez, otros gustos, amores y amistades que hacen del ahora algo especial. Lo reconozco y lo cuido.

Llevas ya varios años impartiendo clases en la Universidad Gestalt de Diseño de Xalapa. ¿Qué te estimula de la docencia?

La docencia ha sido una actividad que ha tenido suma importancia para mi trabajo de diseño. Es una especie de alimento que estimula la creatividad. Estar con los jóvenes, orientarlos y ver de lo que son capaces es muy importante.

La docencia la comencé en Cuba en 1970. En la Facultad de Arquitectura, seguidamente en el Instituto Superior de Artes y, después, en el Instituto Superior de Diseño Industrial, en la sección de Diseño Gráfico. Después fui invitado por la Universidad Veracruzana a impartir clases en 1981 y 1988. Desde entonces, no me he detenido en llevar experiencias y conocimientos a muchos alumnos. Lo mejor de todo esto es que ahora recojo la amistad, el respeto y admiración de muchos profesionales que fueron mis estudiantes. Es algo muy disfrutable.

En una ocasión expresaste que para ti lo máximo es el cartel. ¿Qué elementos consideras imprescindibles para diseñar un buen cartel?

En relación a esta pregunta, un cartel son ideas, es cambiar lo evidente por lo sugerente, es dar imagen a muchos temas. Es participar en otra manera de hacer arte gráfico. Es aprender a ver la vida como un cartel. Es tener en las manos y el pensamiento repletos de un arte especial y diferente al acostumbrado. Es estar cerca, junto a los que te ven y sabes que disfrutan. ¡Es mi vida!

¿En qué medida las nuevas tecnologías facilitan el trabajo del diseñador? Y aunque seguramente las usas, ¿sigues haciendo bocetos a mano?

Sin dudarlo un instante, aplicar la tecnología al diseño actual puede ayudar a la creación y sobre todo a la realización. Diría que lo que obtenemos como resultados gráficos sería imposible lograrlo con las manos. Cuando me dispongo a trabajar tengo la ayuda de un asistente. Me asombra ver y sentir lo que puede hacer y lo que sabe para llevar a cabo lo que necesito. Siempre pienso que, si en mis tiempos iniciales o en la etapa de tanto hacer en Cuba, hubiera existido esta tecnología, lo realizado se habría duplicado o hasta triplicado.

Sin dudarlo, todo lo diseñado por mí es a partir del lápiz. Es mi compañero e instrumento querido y respetado. Tanto lo es, que incluso tengo una colección de lápices para mi uso. Diseño, boceto, anoto lo que voy a realizar. Lleno de indicaciones que van desde la posible imagen, el color preferido, el tipo de letra que veo y lo que va apareciendo, el color adecuado. Todo se guarda como boceto, lleno de lo que quiero hacer. Esto, para que lo que va surgiendo en mi mente no se pierda. El lápiz me ayuda y lo quiero y respeto.

¿Nunca te ha interesado incursionar en la pintura?

Voy a ser de esta pregunta la de pensar menos. Con una respuesta como... NO. Simplemente, respeto el arte de lo pictórico, lo admiro y gusto de él. Pero soy ante todo diseñador gráfico. No necesito nada más. Es suficiente para sentirme realizado. Dedicarle toda mi atención e interés al diseño gráfico es suficiente. Y para mí, además, vital.

Eres un buen lector. Y además te gusta escribir, como se pone de manifiesto en tu blog y en el libro De los instantes que vivo. ¿Qué te lleva a la escritura que no puedes expresar en imágenes?

No va por ahí lo que me ocurre. Al contrario, lo que hago de manera gráfica alienta lo que escribo y a la inversa. El escribir es un gusto importante que disfruto y me enriquece la creatividad. Es como buscar con palabras lo que haría con imágenes visuales. También es cierto que es una competencia entre mi compañera de vida y este ser que se dispone cada día a decir con la palabra todo lo que guardo para que ella lo lea y responda. Es un ejercicio intelectual admirable, como encontrarse con alguien que sea capaz de alimentarlo. Y lo debemos aprovechar y disfrutar. Sin importar si eres diseñador gráfico y si estás obligado a realizarlo con las imágenes. Es algo más que hacer y degustar en esta mi apreciable vida.