Actualizado: 23/04/2024 20:43
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Biblioteca de Babel, Teatro, Literatura

La Biblioteca de Babel

Ulises Rodríguez Febles confiesa que abandona la lectura de un libro cuando al comenzarlo, descubre que al instante lo va olvidando, que no lo seduce, no le inquieta y que, por tanto, de nada vale seguir leyéndolo

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Desde hace ya varios años, Ulises Rodríguez Febles (Cárdenas, 1968) es un referente imprescindible de la escena teatral cubana. Tras iniciarse como autor y asesor, pasó a dedicarse a la creación dramatúrgica, campo en el cual ha sobresalido tanto por su talento como por su asombrosa fecundidad. Su extensa lista de textos estrenados incluye, entre otros títulos, La ventana tejida (1992), Don Juan tras la pared (1996), Canto último para Charlot (1997), El concierto (2002), Carnicería (2002), Huevos (2004), Sputnik (2005), Frida yo soy María (2006), Béisbol (2007), Corriendo con Terry Fox (2008), Cuarentena (2022). Sus textos han sido montados por grupos nacionales como Teatro D’Sur, Papalote, Compañía Rita Montaner, Teatro Icarón, El Mirón Cubano, Vital Teatro, así como El Puente (España) y Upstream Theater (Estados Unidos). Asimismo, han merecido reconocimientos como el Premio Virgilio Piñera y el otorgado por el Royal Court Theatre, de Londres. A su producción para adultos, buena parte de la cual se ha publicado, hay que sumar sus obras para el público infantil. Cinco de ellas fueron recogidas en el volumen La cabeza intranquila y otras obras. Antología tiritera (2014). En 2001 se estrenó como narrador con el libro de cuentos El señor de las tijeras, al cual siguieron las novelas Minsk (2014, Premio UNEAC) y Las últimas vacas van a morir (2022, Premio Guillermo Vidal). Rodríguez Febles dirige el Centro de Documentación de las Artes Escénicas, del cual es fundador.

1-¿Cuántos libros tiene tu biblioteca?

Tengo dos bibliotecas, una al alcance de la mano, en mi hogar, y otra, que me hago la ilusión que es mía en la Casa de la Memoria Escénica, que nombré La Selva Oscura, inventada en mi imaginación en un espacio que estaba lleno de documentos inservibles y se convirtió en una metáfora, de lo que puede brotar del abandono. Fue construida de residuales de maderas preciosas, talladas como un monte, con sus árboles, animales y espíritus, y no es una biblioteca que me dieron, una herencia de nadie, sino un sueño concretado a medias, porque creo e imagino que puede ser aún más extensa. La realicé con mi amigo el escultor Adán Rodríguez Falcón, insertada en el Museo de Esculturas en Madera de la Dramaturgia Cubana, y en sus anaqueles está parte de mi biblioteca personal, y también la de otros colegas, como fondos y la donación de gentes de Matanzas o Cuba, que han donado las suyas a la nuestra; por ejemplo, los libros del dramaturgo Amado del Pino, con autógrafos y ciertas anotaciones; los de Albio Paz, los de Freddy Artiles…

En mi hogar, dejé los imprescindibles, los que necesito casi siempre como consulta, el que estoy leyendo o los que me gustan admirar por su belleza, porque un libro en el anaquel de una biblioteca, también es un poco eso, el espacio más hermoso de cualquier lugar, una conexión con el universo, que Borges define muy bien en sus cuentos y especialmente en “La Biblioteca de Babel”. Entonces, en mi casa unos dos mil ejemplares, y en La Selva Oscura, que tiene varios espacios laberintos (montecitos, les llamo), unos 60 mil, en los que contabilizo los impresos y los digitales. Los que me pertenecen en La selva oscura están con la fecha en que lo compré, las circunstancias, algo que siempre hago o con autógrafos, son cerca de 6 mil libros. La biblioteca La Selva Oscura se extiende por otras áreas, fuera de sus propios límites, en el que hay ejemplares de los míos, y libros valiosos de diversas materias que me han regalado, que pueden ser de varios géneros, incluidos, algunos sobre plantas, grafología, los misterios del mar o de psicología, todos con una utilidad práctica o creativa.

2-¿Cómo los tienes organizados: por autor, por temas, por áreas lingüísticas o indiscriminadamente?

En mi hogar, los organizo según la importancia que le concedo en mi nivel de lecturas, por ejemplo los de consulta inmediata y los que son de mi autoría, los que me gustan releer o los que sé volveré siempre a ellos, por ejemplo los que me producen un placer como lector inigualable y son como una bitácora, que siempre regreso a sus páginas, algunos sobre teoría o historia del teatro, sobre teoría y metodología de los archivos, que es la especialidad que he asumido como profesión en la Casa de la Memoria Escénica, y que defiendo por su importancia y también por su casi inexistencia entre nosotros, por lo tanto tengo a Archivística: Principios y problemas, de Elio Londalini, el más poético, el más desafiante cerca de mí, junto a textos dramáticos de mis autores preferidos (Esquilo, Shakespeare, Müller, Piñera, Estévez, Koltés, Calderón de la Barca, Estorino... y unos cuantos más); ensayos sobre literatura, la Biblia, que es de los que tengo subrayados y con apuntes, y Borges, que me apasiona, especialmente sus ensayos y cuentos.

Con Borges, el de “La Biblioteca de Babel” y El Aleph hay un viaje, que me lleva a mí como lector, a otros, el de Ulises en La Odisea, La Eneida de Virgilio, la Divina Comedia de Dante; el Ulises de Joyce, El camino de Swan, El Quijote, de Cervantes, Edipo Rey de Sófocles, Viaje a la semilla de Carpentier, Los viajes de Gulliver, Pedro Páramo...

Hay múltiples maneras de viajes y también de cruzar fronteras en la literatura, múltiples formas de encontrar tu propio viaje, que constituyen búsquedas incesantes y que la lectura te propone como aprendizaje y excitación estética, cultural, ideológica, psicológica...

3-¿Qué criterio sigues para comprar: un criterio racional, la recomendación de un amigo, las críticas que se publican o te dejas llevar por el impulso?

Todos los criterios, según las circunstancias. A veces uno “persigue” un libro que deseas enriquezca tu biblioteca, cualquiera de las bibliotecas, la de mi minúsculo hogar o la de La Selva Oscura; otras veces, entras a las librerías, y descubres un libro que te interesa, que no tiene que ser un autor reconocido, porque me gusta descubrir autores y obras que puedan ser recomendables o excitantes como lecturas, decir, he leído, por ejemplo al joven poeta matancero Brian Pablo González en su libro El rumor de un lejano galope de caballos, y reconocer la excitación de su poesía, mientras lo leo: poemas sutiles, de una potencia lírica, que me hace pensar que ahí está el presente de nuestra poesía, y la reafirmación de una tradición. Ese libro, minúsculo de poesía, sigue en mi biblioteca personal, al alcance de mi mano; mientras leo o releo otros.

Un libro leído es como una fogata apagada, que prestó un servicio, pero sigue con un crepitar de luces, que la mantiene vivo. Creo que el criterio de otros, como el de los amigos, es a veces una motivación a comprar o leer un libro. Algo hay en ese libro recomendado después de la lectura: placer o decepción.

Desgraciadamente no hay una promoción eficaz de nuestros libros, de nuestros autores. Por eso admiro tanto la labor de Claustrofobia, que lideran Yunier Riquenes y Naskiset Domínguez. Pienso que el rol de la crítica es esencial en la motivación a comprar un libro, es una guía eficaz, aunque sea para luego estar en desacuerdo. Por ejemplo, había leído tantas reseñas, entrevistas, estudios sobre el apasionante libro de Irene Vallejo El infinito en un junco, que lo estuve “cazando” hasta que alguien me lo prestó; pero quisiera tenerlo en mi biblioteca personal, al alcance de la mano (o en el móvil) y no creo, que sea de los que se traspasen a la otra, a ninguna.

Funcionó, es un ejemplo, la labor de la crítica y un interés especializado, en ese criterio personal. Funcionó la luz en el libro, en las ideas que plantea, la profundidad intelectual, el placer estético que me produce, pues entonces hay diferentes maneras de llegar a un libro; pero siempre desde una motivación, un estímulo.

4-¿Qué haces para controlar la superpoblación, la cantidad excesiva de volúmenes?

Hago dos cosas en mi caso, los de mi biblioteca personal en el hogar, los llevo para La Selva Oscura, si tienen un sentido que vayan a sus anaqueles, por ejemplo los especializados en la escena, y a la vez, voy depurando de esta otra, que no es todo lo amplia que quisiera, ni puede crecer al cosmos como también quisiera, aunque mi sueño es que crezca, se extienda, intente llegar a otras áreas de la Casa y a otras zonas de la imaginación, por eso planteo proyectos que nunca se me conceden; pero que están en mi cabeza, mientras viva en Matanzas: el Memorial del Arte y la Literatura, el Museo de la Dramaturgia Cubana, (que no es el de ahora) de todos tengo los proyectos y los planos realizados por arquitectos, y en los que se incluye la biblioteca, que imagino, enriquecido con todos los libros posibles.

Pues en la pequeña selva, voy depurando todo aquello que no se relaciona con lo de ser una biblioteca sobre la escena, lo hago a partir de lo que menos valor literario tiene en las colecciones y la manera en que los he organizado como biblioteca especializada e intereses de la misma, en su origen y expansión. Expurgo, con un criterio, quizás equivocado, pero en los que manifiesto mi sensibilidad, visión bibliotecaria, criterio estético, que fusiona teoría, historia, pedagogía, y la jerarquía que lo escénico le impone en concretar una biblioteca, que sirve a muchos, a estudiantes, a otros teatristas, a interesados en el tema. Ese acto de servicio al otro, de tener una biblioteca actualizada y que lo intenta constantemente, es una premisa y un deleite para un bibliotecario profesional, porque de manera me siento así, un bibliotecario–archivista, y eso también me une a Borges, más allá de su obra literaria, nos une una profesión. Salvando la distancia, claro está.

5-¿Recuerdas el primer libro que leíste?

Las aventuras de Robin Hood, de Roger Lancelyn Green. Imagino que hayan existido otras lecturas mucho antes; quizás Había una vez, Oros viejos, porque mi mamá me los leía, la obligaba a leerlos, mientras le acariciaba la oreja hasta que se le calentaba, entonces pasaba a la otra oreja que estaba fría; pero el que recuerdo como si fuera el primero, el que más me impactó fue Las aventuras de Robin Hood, el que leí en voz alta, como siete veces. Lo leía mientras me saltaba muchas veces las narraciones y descripciones, para leer los diálogos, transformando la voz de Robin, El pequeño Juan, Scarlett, el príncipe o el Rey Ricardo Corazón de León.

Robin Hood me ayudó a perfeccionar la lectura y fue como la simiente, pienso yo, del dramaturgo que tenía dentro y del actor que siempre soñé, profesión respetada que hice durante mucho tiempo, hasta que descubrí, que el acto de escribir necesita también de esa metamorfosis, de ciertas técnicas que contribuyen a la escritura o al menos a la manera de experimentar el acto de la escritura. Siempre reflexiono sobre esa predilección mía desde pequeño por los diálogos.

Robin Hood me sigue apasionando, es mi héroe preferido por su visceral acto de rebeldía, su sentido de la libertad y justicia. También creo que su condición de proscrito en su propia tierra, es un símbolo, una metáfora de los condenados al ostracismo, al destierro involuntario, la prisión por cuestiones políticas. Matar el venado, comer la carne roja que le pertenece al Rey, o que el Rey se apoderó de ella, limitando a su pueblo a comerla, constituye un acto de irreverencia, transgresión de la Ley, del Poder, un canto a la libertad. Esa lectura definió mi héroe favorito, entre los muchos otros también me apasionan, y que leí desde muy temprano, mosqueteros, corsarios, niños predilectos como Tom Sawyer, principitos que aman a las rosas…

6-¿Cuál es el ejemplar más valioso que posees?

Es una pregunta difícil. Cada ejemplar, tiene una vida dentro de la biblioteca, un valor para uno, que se relaciona con muchos aspectos del lector que somos y la manera en que dialogamos con el universo de la literatura; también tiene que ver con su antigüedad, la significación del autor y la obra en específico, el contexto en que fue publicado. Voy a decirte dos, la publicación en 1838 de El Conde Alarcos de José Jacinto Milanés, impreso por el Gobierno y Capitanía General por S. M. en La Habana, cuyo valor está en la significación de la obra, el autor y el propio libro, no solo para Cuba, sino especialmente para Matanzas, por ser Milanés, un poco parte de nosotros, nos acompaña siempre, con su poesía más que con su teatro; además trabajo en la calle Milanés, y a solo una casa, de lugar donde vivió y murió, que es actualmente el Archivo Histórico. También tengo sus O bras completas, Poesías, t. 1, Edición nacional del centenario, con una introducción de José Augusto Escoto, Imp. El Siglo XX, La Habana, 1920. Fue un regalo de un afamado librero matancero Eugenio Vicedo.

7-¿Cuál es el libro que más veces has releído?

He releído muchos; pero los ensayos y los cuentos reunidos en el libro de El Aleph, de Jorge Luis Borges, específicamente el cuento que le da nombre al propio libro y “La Biblioteca de Babel”, los releo constantemente, lo tengo muy cerca de mí, me ofrece un gran placer, me activa estéticamente y profesionalmente. Una biblioteca es el lugar más hermoso que existe, como el mar o la belleza interior del monte, y en ese relato – ensayo, Borge plantea su infinitud (o no) y una serie de cuestiones filosóficas, que nos hablan del universo, la creación o la imposibilidad de la misma, la espiritualidad, una simbología atrayente. Entre el escenario de un teatro, que para mí es también un lugar mágico, prefiero la biblioteca, que es fascinante, y que Borges, me regala en su relato aparecido por primera vez en 1941, como algo aún más fascinante. Cada vez que viajo a cualquier lugar, las busco, y siempre me impresionan. Muchas son una metáfora, escrita en la imaginación de los seres humanos.

En Matanzas, teníamos una notable biblioteca, la Gener y del Monte, que tiene una significativa importancia en la isla, porque fue la segunda de las tres bibliotecas creadas durante la colonia en Cuba en 1833, con una historia muy particular según las colisiones de la historia del país, y en la que tuvieron un rol importante figuras como fundadores José Agustín Ibarra, Tomás Gener, Domingo del Monte, Ramón Guiteras y Gertrudis Guiteras Wadrrel. Fue un espacio en el que pasé mucho tiempo en mis años de estudiantes, un lugar amado de la ciudad; pero que en nada se parece a la que alguna vez, les perteneció a varias generaciones de matanceros, a la imagen que tengo, entre los anaqueles y las mesas de aquel tiempo.

Borges nos entrega en sus relatos-ensayos, unas visiones, atrayentes e inquietantes, que me han inspirado siempre. A partir de El Aleph, intento un libro testimonial y a la vez teórico, sobre mis experiencias en la Casa de la Memoria Escénica, con los archivos, y “El jardín de senderos que se bifurcan”, El Aleph, “Funes el memorioso” y “La Biblioteca de Babel”, con un poco de El nombre de la rosa y La ladrona de libros, de Markus Susak, y la gran parte de mi vida, que he vivido entre anaqueles laberinticos, me provocaron un texto dramático corto El bibliotecario de Alejandría, que es un sedimento de esas lecturas, y del peligro que corren las bibliotecas por las guerras, las bacterias, los desastres naturales y especialmente las desidias de los hombres. Un homenaje a un bibliotecario cubano Carlos Villita, que se quedó en la biblioteca, salvando sus libros de las entradas de las aguas, provocadas por un ciclón tropical.

8-¿Qué te hace abandonar la lectura de un libro?

Es como cuando entras a una exposición, y aunque te detienes delante de cada obra expuesta, cuando sales de la galería, hay una o varias, que te han transformado, que se van contigo, y otras, que no te inquietan, que olvidas al instante. Pues abandono el libro que cuando comienzo a leerlo, descubro que lo voy olvidando al instante, que no me seduce, no me inquieta que de nada vale seguir leyéndolo, porque no te atrapa, no es empático, no te sumerge en el universo que te propone, y hay otros libros, esperando por ti, que debes leer, muchos más de lo posible, y la vida no te alcanza para hacerlo.

9-¿Qué obra famosa no terminaste de leer?

Todas las famosas las termino de leer, pienso en las famosas en las que conforman un canon, es un desafío que me impongo, como lector, como autor y fue una disciplina que me impuse cuando era estudiante de Literatura. Quizás me demoro en hacerlo, pero llego al final e insisto en la relectura en algunos momentos que lo merecen, complejos, cargados de códigos; me fueron difícil el Ulises, de Joyce; Paradiso, de Lezama Lima; La metamorfosis, de Ovidio, y especialmente Los miserables, de Víctor Hugo, una novela que tuve al alcance de la mano, desde que era un niño, y aún puedo recordarlo entre los libros que siempre hubo en mi casa, y que leí, de la extraña manera en que lo hacía en esa etapa de la niñez, en que me identificaba con las partes dialogadas y las leía en voz alta, obviando las zonas descriptivas, que son bastantes.

Creo que la he leído varias veces, y llegué hasta el final, pero en algunas de esas lecturas hasta una más madura, me salté muchos fragmentos, y te estoy hablando de una de las novelas que yo recomendaría leer a muchos, que me seduce; pero creo que le falta síntesis, y que tiene zonas que aburren. Es demasiado larga para mi gusto, pero me seduce su valor histórico y humanista, la concepción de sus personajes, la manera en que nos habla de los valores, la redención, las injusticias y el sentido de la justicia, la bondad, el amor. Sin dudas es una novela más significativa que existe, por su trascendencia y profundidad en los grandes temas de la humanidad, y su personaje Jean Valjean es uno de los más seductores de la historia de la literatura. Un día la leí completa, como un acto de resistencia, en una carrera contra la extensión, y salí satisfecho, con deseo de volver a ella, algo que hago a veces, pero en lecturas fragmentadas.

10-¿Hay títulos de los cuales tienes más de una edición?

Varios de los trágicos griegos publicados por distintas editoriales, de Cuba y del extranjero en fechas diversas, del Quijote, de Miguel de Cervantes, del Teatro del Siglo de Oro español, de nuestra novela Cecilia Valdés, de Villaverde, de la poesía de Milanés; Los miserables, de Víctor Hugo…

11-¿Tienes un lugar específico para los libros escritos o editados por ti, eso que podríamos llamar la egoteca?

Los tengo en mi cuarto, los tengo en mi librero personal en la oficina de la Casa de la Memoria Escénica y están en La Selva Oscura, como debe ser conmigo y con cualquier autor, los tres ejemplares. También están las revistas en los que he publicado o en los que aparece algo sobre mí literatura. No sé si les pasa a los demás, pero también están en peligro de perderse, porque siempre aparece alguien que quiere leerte o que tú tienes interés que lea tu obra, y cuando vienes a ver, te has quedado sin un ejemplar o con uno sólo de algunos de tus libros. A alguien le presté el único, que me quedaba de El Concierto y otras obras, antología de mi obra dramática, publicada por Letras Cubanas, que contiene El Concierto, Huevos, Carnicería, Sputnik y el monologo Oráculo del Truhan, con prólogo de Amadito del Pino. Fue alguien de confianza, una amistad o un familiar, alguien muy importante para mí; pero se me olvidó quien fue y tampoco me lo devolvió. Tuve que recuperarlo, a través de una amiga que lo tenía, para no tener ese vacío en mi egoteca, que da un dolor enorme, es una pérdida, una interrogante que me persigue.

12-¿Lees solo libros impresos o también electrónicos?

Ambos, pero lo que me excita es el libro impreso, con sus olores, las posibilidades de subrayar, marcar, hacer anotaciones y a veces hasta provocar inspiraciones para futuros proyectos, escribir un texto corto, un minicuento, por ejemplo; pero el libro electrónico ofrece la posibilidad de acceder con mayor facilidad a un libro que deseas leer, tener una biblioteca que no ocupa espacio y andar con ella en tu móvil sin peso alguno, aunque aclaro que leer en el móvil me provoca dificultad, por la carencia de ciertas habilidades, que le sobran a los jóvenes.

Ando con mi biblioteca digital, y ya me he adaptado, pero no huele como los otros libros, no me habla como el impreso, pero me permite leer en determinadas circunstancias, solicitarlo de inmediato a alguien que tiene el que deseas leer, incluso de otro país, y sin costo alguno, sin peso en las maletas de viajes y sin que te lo revisen en las aduanas; también hay menos posibilidades que se pierda como el libro impreso, que además puedes olvidar en casa, maltratarse en la mochila, que a veces carga productos que nada tienen que ver con la literatura o dejarlo olvidado en cualquier parte, uno de los problemas que yo tengo como individuo . De la misma manera, últimamente escribo en el blog de notas del móvil, que me proporciona desarrollar ideas, en cualquier circunstancia, incluso en las peores. Creo que la combinación de la lectura de lo electrónico y lo impreso es una ganancia de nuestra época.

13-¿Acostumbras prestar libros a tus amistades?

Presto en ocasiones, pero es un peligro. La mayoría de las veces no regresan, la mayoría de las veces olvido a quien se los he prestado. He perdido libros queridos, por ese acto de prestar a los amigos, que son un problema de confiabilidad; aunque es difícil negarse, cuando te lo solicitan por una auténtica ansia de lectura, necesidad de aprendizaje o cuando se detienen ante el librero mirando tu colección y dicen: “Mira para eso, tienes este libro que tanto he buscado”. Y ponen una cara, que es difícil negarte a su petición. Y caes en la trampa. Hay libros que no presto, que por nada del mundo me separo de ellos: “Lo siento, puedo prestarte este y este, pero el que me pides es vedado”.

Hasta en la biblioteca La Selva Oscura son un peligro los préstamos externos, incluso a los más respetables usuarios. Casi nunca cumplen las exigencias de los préstamos bibliotecarios, muchas veces hay que perseguirlos para que los devuelvan y otras nunca más lo recuperas. Y quiero que lean, pero también ansío enriquecer la biblioteca y que no falten los imprescindibles, o como es el caso de La Selva Oscura, pretendo tener la colección más completa de dramaturgia cubana, y todavía no lo he conseguido, es muy difícil, pero me afano en que seamos referencia, sustentado en que con el investigador y dramaturgo Pedro Monge Rafuls, hemos creado el Banco de la Dramaturgia Cubana; pero es un comienzo que lleva esfuerzo, indagaciones, apoyo, constancia y pasión. Entonces, no puedo perder ejemplares, tengo que ganar, enriquecer los anaqueles.

14-¿Devuelves los libros que te prestan?

Los devuelvo casi siempre. Es una cuestión ética. Es como cuando tus padres, te hacían devolver lo que no era tuyo. Lo que no quiere decir, que a veces me demoro en devolverlos; pero es una cuestión profesional y de respeto a esa consideración del préstamo que han tenido conmigo. Ahora mismo, una profesora y amiga, me ha prestado un libro, que solo hizo conmigo, con toda la confianza y el respeto que le merezco, pero aún no se la he devuelto, y de eso depende incluso, que me vuelva a prestar otro de los que tiene en su biblioteca y que me interesan aún más leer. No puedo seguir demorándome. Prometo que lo devolveré antes de que salga a la luz esta entrevista.

15-¿Cuáles son tus hábitos de lectura? ¿Tienes un lugar y un horario fijos para leer?

En las mañanas, en las noches; preferiblemente las mañanas. En las clases aburridas, en las reuniones, en los viajes largos. En las esperas interminables, que son muchas y agobiantes, ante el cajero de nuestros bancos que es la única cola, que me han obligado a hacer y no he podido evadir, a la que no le he encontrado una alternativa en el país de las colas, aunque ya me estoy volviendo imaginativo y las evadiré.

Pues leo en esas esperas de la colección de libros digitales que guardo en el móvil y también escribo en el blog de notas, y así triunfo sobre el tedio y la pérdida de tiempo, sumergiéndome en el mundo de la imaginación, que es el que salva y purifica. Tengo muy buena concentración, que me dio el teatro, y por lo tanto estoy concentrado en la lectura, mientras a mí alrededor, todo se despedaza.

Leyendo uno es otro, la gente vocifera, pero uno está en Egipto, Grecia, La Habana o en Japón, en las situaciones más diversas, con personajes en acción, que uno ve y hasta se convierte a veces en uno de ellos, conversa, intercambia, ama como ellos, se sumerge en sus conflictos. Ese es el mundo que me salva, y por lo tanto leo casi todos los días, y no el mismo libro. Leo y en cada lectura, cambio de Espacio, de Tiempo.

16-¿Sueles subrayar y anotar los libros que lees?

Los subrayo, los anoto, y en algunos hasta escribo apuntes y fragmentos de proyectos futuros. Me gustan los libros escritos en los márgenes, adquieren vida, incluso los de otros, cuando descubres sus apuntes que son revelaciones, un viaje anatómico de su manera de entender el libro.

Una vez me regalaron parte de una biblioteca personal. Debía tener yo unos veinte y tres años, porque me había acabado de graduar y ya estaba trabajando en Unión de Reyes, en Teatro D´Sur. Ese es un pueblo, que tenía habitantes cultos, y con fervor por el teatro, motivados por una tradición que se remonta al siglo XIX, la tierra de los Guedes, Abelardo Estorino y Pedro Vera. Fue una amiga que el padre había fallecido, por cierto emparentado con Estorino, y me pidió que recogiera sus libros. Había muchos que eran difíciles de encontrar, por ejemplo, recuerdo el Teatro Completo de Virgilio Piñera de la Ediciones R, ahora tengo varios, o La noche de los asesinos, de Triana. También estaba Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat; Condenados de Condado, de Norberto Fuentes, La Montaña mágica, de Tomás Mann, algunos de Faulkner, como Mientras agonizo, entre otros libros.

Todos tenían el valor agregado de los autógrafos y también anotaciones de su dueño. No era libros muertos, eran libros con huellas de un buen lector, que los interrogaba y reflexionaba sobre lo que había leído. Y eso es interesante, y mucho más si pertenecen a alguien reconocido, porque te lleva a otros caminos, predilecciones, visiones personales sobre una determinada obra o pasaje.

En los míos, no en todos aclaro, he escrito poemas, diarios de vida, algún que otro minicuento. Siento el deseo de hacerlo.

17-¿Eres monógamo para leer o lees más de un libro a la vez?

Varios a la vez, de la misma manera que escribo varias cosas a la vez, y hago muchas cosas a la vez, para que la vida me alcance, y eso es una facultad que desarrollé desde joven, para mí es como entrar y salir del personaje, orgánicamente. Es un placer también lo de experimentar lecturas sobre temas diversos, porque se confrontan o intercambian. A veces las circunstancias te obligan hacerlo, porque estás trabajando en un texto o estudiando sobre un tema determinado, y lees para aprender, como ahora mismo que estoy estudiando una maestría y preparo una tesis sobre la metodología de archivo escénico, pues combino libros sobre este tema con otros, y paso de La broma de Kundera, a Manual de Archivología, de Londolini, por ejemplo. Hay un placer extra en no ser un lector monógamo, en ser un promiscuo literario.

18-¿Qué libro estás leyendo ahora?

La biografía de Alejo Carpentier, por Urbano Martínez Carmenate, que acaba de ser publicada por Ediciones Matanzas, en el aniversario de su nacimiento. Siempre me ha gustado leer biografías y entrevistas, forman parte de mis predilecciones, y este es un libro de uno de nuestros más importantes biógrafos, que es una novedad de este año, junto con otra del mismo autor sobre Fray Candil, el polémico periodista y escritor, nacido en Cárdenas, que empezaré cuando termine primero. Eso combinado con la relectura El ingenio, de Moreno Fraginals, La polifonía de la novela, de Kundera o los poemas de Economía nacional, de Gaudencio Rodríguez Santana, con un interés creativo, y ese cruce de géneros, ideas, producen un deseo, una profunda indagación.

A la vez no abandono, como consulta constante, Guamacaro: biografía de un municipio cubano, que es un libro del limonareño Mario Villar Roce, que para otros no tiene significación, pero nosotros los guamacarenses tiene un valor espiritual, y me sirve para los estudios antropológicos, que quisiera hacer en mi tierra natal. Son lecturas intercaladas con la principal, en este caso la biografía sobre Carpentier, y me ayudan mucho, me producen libido escritural.

19-¿Con qué personaje literario te gustaría tomar un café?

En una mesa de cuatro. Escojo, no uno, sino tres para que estén en esa mesa, porque tan pronto leí la pregunta, respondí: Ana Karenina, de León Tolstoi; pero después invite a la mesa el Ulises de la Odisea, con Alonso Quijano, de Cervantes y la fascinación que me propicia el Jean Valjean, de Los miserables, que me parece un personaje esencial, de una novela imprescindible, que resume varios de los valores del ser humano, un personaje que se crece ante las dificultades, aunque al final sea derrotado. Pero me pides un solo personaje, y me quedaría en esa mesa con Cándido, el de la novela de François Marie Arouet, más conocido como Voltaire, Cándido y el optimismo. Creo que se agotaría el primer café y tendríamos que seguir discutiendo sobre varias de las cuestiones, que el cuento plantea sobre el optimismo, el adoctrinamiento, el acto de hacer creer a los demás, que se vive en el mejor de los mundos posibles; conversar sobre la desilusión, el pesimismo. Creo que tengo varios aspectos sobre los que reflexionar con Cándido, y me inspiraría un texto dramático.

20-Si pudieras quedarte a vivir en un libro, ¿en cuál lo harías?

Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne, me gustaría vivir la experiencia de la aventura que propone el autor francés, llegar al corazón de la tierra, descubrir otro mundo, en las profundidades, teniendo en cuenta lo que la misma novela te advierte sobre los peligros de las conquistas aceleradas y el uso indiscriminado de las tecnologías. El otro día estuve leyendo un artículo sobre el tema de “viajar” al centro de la tierra, los intentos que se han hecho, cual es el avance más notable, y sigue siendo fascinante, aunque hasta ahora imposible; pero la novela de Verne te lo permite, entonces, el vivir esa experiencia es encomiable, y quien sabe, si estando dentro del libro, se concreta en la realidad.

21-Por último, si alguien quisiera iniciarse en la lectura y te pidiese ayuda, ¿qué diez títulos le recomendarías leer?

1-La Odisea, de Homero.

2-La Orestíada, de Esquilo.

3-Crimen y Castigo, de Dostoievski.

4-La guerra y la paz, de Tolstoi.

5-Cuentos fríos, de Virgilio Piñera.

6-Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

7-El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Cervantes.

8-El ruido y la furia, de William Faulkner.

9-Moby Dick, de Herman Melville.

10-Obras completas, de José Martí.