Actualizado: 16/08/2019 16:52
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«Los cubanos me lo han dado todo»

La española Pilar Zumel; un personaje central de la cultura cubana en Madrid.

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A Pilar Zumel le arrebataron el apellido y le añadieron el nombre de una diosa, Yemayá. Ella dice que salió ganando. Y mucho. Se siente orgullosa de que se la relacione con la Orisha madre, dueña de las aguas, y la más respetada del panteón yoruba.

Me hablaron de Pilar en La Habana. De noche y en casa de Pedro Luis Ferrer cuando charlaba con el cantante sobre sus planes de pasar un tiempo en España. El comienzo sería complicado, pues Madrid era caro y difícil, pero contaba con los incondicionales que siempre le habían ayudado. Y fue entonces cuando por primera vez oí el nombre de "Pilar la del Yemayá".

Poco después fui yo la que regresé a Madrid. La misma semana de mi llegada un periódico madrileño publicaba una entrevista con Jorge Perugorría. El actor hablaba de una pequeña Habana madrileña, de un circuito minúsculo que compartían los cubanos de aquí y allí, de cualquier orilla, sin miedo a las distancias y las fronteras. Y volvió a resurgir de las aguas el nombre de Yemayá, el local de Pilar. Descubrí que se trataba de un pequeño bar ubicado en el barrio de Chueca y casualmente a sólo tres calles de mi casa.

En el Yemayá empecé a tomar mi café matutino, a leer y a escribir. Poco a poco lo fui convirtiendo en un espacio propio, una prolongación de mi pequeño apartamento. Así también fui conociendo a "Pilar la del Yemayá", diligente, conciliadora y comprensiva, y a toda su entrañable y cercana comunidad cubana.

¿Cómo nace su atracción hacia Cuba?

Es una historia bonita. Yo empecé a sentirme atraída por Cuba cuando tenía doce o trece años. Mi padre compraba el diario Pueblo, donde había anuncios para escribirse con gente de todo el mundo. Yo empecé a cartearme con gente de Cuba, de forma natural, porque me llamaba la atención ese país. Un poco más adelante conocí a Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, en un local de Madrid que se conocía como el Mesón del comunista. Era la época de la dictadura franquista. Siempre nos avisábamos entre amigos y pasábamos muchas noches en sus actuaciones. Así fui conociendo a músicos, artistas y gente de la cultura cubana.

O sea, que su relación con Cuba se consolidó a través de la música…

Sí. Esos mismos artistas venían a casa y grababan música de ellos mismos que yo tenía, pero que era difícil conseguir en Cuba. Poco a poco mi casa se fue convirtiendo en un espacio donde compartíamos cada uno lo que teníamos. El círculo de amigos se fue ampliando y mi casa se convirtió en una especie de lugar de paso para los que venían de fuera y los que estaban por aquí.

Siendo una persona que siempre he tirado a la izquierda, he tenido la idea y la esperanza de que a los pueblos se les une por la cultura. Yo viví la división de un país a través de mi padre, por la Guerra Civil española, y me parecía que el pueblo cubano se merecía estar unido por los lazos más fuertes que creo que hay, los culturales.

¿A quién recuerda con cariño de esos años?

Bueno, fueron muchos y de todos guardo recuerdos especiales. Gema y Pavel, por ejemplo, que pasaban los domingos; gente del cine como Alina Rodríguez, Mirta Ibarra, Vladimir Cruz, Lulo Pérez, escritores como Senel Paz… No sé, muchísimos.

Y después vino el Yemayá…

Sí. Decidí abrí un bar en el centro de Madrid, como modo de ganarme la vida. El nombre vino por casualidad. Yo, como amante de Cuba y de la religión yoruba, conocía los orishas. Un día me preguntaron cómo se iba a llamar el bar y se me ocurrió que Yemayá. Y evidentemente lo inauguramos un siete de septiembre. Detrás había todo un nexo, quizás inconsciente, entre el nombre del local y mi propia persona.

¿Por qué cree que el Yemayá se convierte en un espacio significativo para la cultura cubana?

Yo no pretendía en un principio que fuera un lugar "cubano". Pero, lógicamente, todos mis amigos cubanos se pasaban por el bar. Y lo es que más importante, se sentían a gusto y empezaron a acogerlo como un espacio propio. No tuve ni que ofrecérselo, ellos lo tomaron. Nunca fue nada programado. Se hizo solo, de allí su belleza. Lo cierto es que la gente sabía que simplemente yendo al Yemayá se iban a encontrar con amigos, compañeros del mundo de la cultura, y sobre todo con mucho arte.

En Madrid siempre ha habido lugares y locales cubanos, pero muy dedicados al turismo. Entonces, para todos los cubanos que estaban en Madrid el Yemayá fue "la casa". Cuando viene un extraño hay que llevarle a tu casa, y cuando llegaba alguien de Cuba u otro país, los cubanos lo llevaban al Yemayá, como si lo invitaran a su propia casa.


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