Actualizado: 29/02/2024 16:32
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Literatura

«Nunca he sido un escritor de izquierdas»

Entrevista con Alberto Lauro, Premio Odisea de literatura gay por la novela 'En brazos de Caín'.

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Pero no puedo evitar un gesto de descreimiento, un alzar las cejas y extraviar los ojos hacia la calle. Si a alguien me recuerda la imagen literaria de Alberto Lauro, es precisamente a Reinaldo Arenas. Y se lo comento, inquiero por su amistad con Reinaldo, como él lo llama, y enciende la voz, alegre: "a Reinaldo yo lo conocí en Holguín, 'su pueblo y el mío', cuando andaba con sus textos metidos en un saco de un sitio para otro. Era terrible. Pero mi gran amistad fue con su madre, una mujer encantadora, muy fuerte: imagínate, con todo lo que pasó; yo guardo sus cartas".

Y la evocación de Reinaldo Arenas, me devuelve una asociación que no me atrevo a comentarle. Por no sé que extraño mecanismo mental, no puedo evitar disociar a Reinaldo Arenas de Virgilio Piñera, y a los dos, de Alberto Lauro, que ahora está sentado frente a mí, bebemos de la misma cerveza y una pregunta se escurre filosa entre nosotros.

¿Qué fue primero, la fabulación, el sexo o el dolor?

"¿La verdad? La fabulación. El sexo no llegó sino muchos años después, ya adulto. Mientras tanto, no lo evité, sino que simplemente no existió. Yo no soy un escritor del deseo. Prefiero los cuestionamientos, las inculpaciones, a la complacencia. El dolor también llegó después, quizás, como la consecuencia directa de la fabulación. Sin embargo, la fabulación es para mí un acto íntimo, que no involucra para nada la publicación, el lector, las editoriales. Para mí son actos distintos, disociados".

"Creo que esto lo aprendí desde niño. La creación era importante por sí misma, como acto único y personal. En mi familia existe una tradición poética, mis tíos escribían poesía, pero lo asumían como una cuestión privada, como una necesidad, no como un oficio ni un entretenimiento y nunca publicaron".

"Tal vez por eso, están esas novelas mías ahí, sin publicar, y si mandé En brazos de Caínal Premio Odisea, fue más a instancias de Zoè Valdés, por complacerla, que por un interés particular de concurso y premio".

Alberto Lauro habla serio, se lleva las manos a la cabeza y a ratos se vuelve hacia mi novia, deja las preguntas en el aire, y comenta: "estos espaguetis están riquísimos, pero no tengo hambre, estos días he comido muy poco". Y levanta despacio el tenedor, como si comiera sólo por complacer nuestras exigencias. Está triste de alma y corazón y vida, y me pidió que pusiera un disco de Frank Sinatra, pero yo fingí no escucharlo y puse a Benny Moré, sus boleros, y le pregunté por el Premio Odisea.

"Fue una sorpresa. Una grata sorpresa. Pero también me produjo una sensación amarga, ya sabes, como de indiferencia o hastío. Llevaba muchos años dubitativo frente a mi obra narrativa, decidido más bien a no publicarla, o al menos a esperar un poco más de tiempo, y con el premio, los planteamientos que hasta ese momento me habían servido como protección a esa intimidad de la creación, cambiaron. Unos para mejor, otros, con los requerimientos que implica el propio fenómeno editorial".

La mesa quedó en silencio, y Benny Moré comenzó a cantar Fiebre de ti (y esto no es un recurso literario), el bolero que más nos gusta, y pareció que La Habana entraba por el este de Madrid y dejaba sus olores en la humedad del aire.

¿De dónde nació la idea para escribir En brazos de Caín?

"La novela nace aquí en España, una vez que el exilio me obliga a recapitular mi vida. Yo tuve una formación católica, de católico practicante, y cuando comienzo a poner las cuentas en claro, a procurar entender los años que había vivido, también cuestiono los principios de mi fe. Y termino por admitir que en el origen del hombre hay un componente incestuoso, pues el desarrollo humano parte del vientre de Eva, la única mujer".