Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Cuba, Cambios, Castro

Algo se está cocinando en La Habana

Y no está demasiado claro cuál y cómo será el plato final

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Algo se cocina en La Habana bajo las órdenes del “chef” Raúl Castro. No está claro todavía cuál es la receta ni el plato final, pero es evidente la febril actividad en la cocina.

El 24 de febrero en Miami se concentraron en la Calle Ocho, para llamar “traidor” al presidente Obama por su nueva política frente al gobierno de Cuba, unas doscientas personas, entre las que estaban también quienes acudieron a rendir merecido tributo a los pilotos de Hermanos al Rescate arteramente derribados por MIGs castristas ese día de 1996, y venezolanos que se incorporaron a la manifestación reclamando libertad para el encarcelado alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma y todos los presos políticos venezolanos. En otras palabras, los fiscales cubanos contra Barack Obama que se animaron a reunirse para protestar no eran lo que se puede decir una multitud, teniendo en cuenta la cantidad de cubanos que vive en Miami-Dade.

No obstante, eso no es suficiente para llamar a capítulo, pues Miami es una ciudad —igual que La Habana— donde continuamente se observan grupos de personas haciendo siempre lo mismo con la esperanza de que alguna vez se obtengan resultados diferentes, aunque hace muchos años ya que “un tal” Albert Einstein sentenciara que comportarse así no era precisamente la forma más inteligente de actuar.

Inmersos en estos temas, o en otros como preguntarse cuánto costó trasladar un termo de esperma hasta Panamá para la esposa de uno de los espías de la Red Avispa encarcelado, después que ese espía había sido liberado y ya había nacido la criatura producto de tal procedimiento reproductivo, no queda tiempo para revisar el periódico Granma o mirar hacia La Habana sin creernos que sabemos todas las respuestas cuando ni siquiera se saben con certeza las preguntas.

Algo prepara el régimen que tiene que ver con la forma en que funciona. No un proyecto democratizador ni mucho menos, ni darle espacio a los opositores en alguna estructura, pero sin dudas algún menjunje se elabora. El 19 de abril de este año se realizarán en Cuba “elecciones” parciales de mitad de mandato, que se celebran cada dos años y medio y donde se eligen las Asambleas Municipales del Poder Popular y las Provinciales.

No hay nada nuevo en esto: ha sido así durante casi cuarenta años, sin que haya significado algo trascendente para el país, o la mejora (la palabrita perfeccionamiento me choca demasiado) de esos órganos, aunque los enredos nacieron al crearse el Poder Popular en 1976 y es ahora que se está tratando de deslindar funciones en tales órganos.

La noticia es que en esas próximas elecciones locales participarán “observadores”, que no está muy claro qué es lo que harán y por qué, teniendo en cuenta que los mismos que nombran “democráticamente” a los candidatos municipales y provinciales nombran a los “observadores”. Quizás pretendan dar cierta legitimidad internacional a esas “elecciones” con la presencia de fisgones oficiales, o se intente analizar más a fondo el funcionamiento del proceso eleccionario cubano, considerando que, según promesas, la actual legislatura hasta febrero de 2018 debería ser la última donde participen Raúl Castro y los llamados “históricos”, enquistados en el poder desde 1959.

No es casual que el plan con los “observadores” ocurra cuando acaban de anunciar que se celebró un Pleno del Comité Central del Partido Comunista el pasado 23 de febrero, y se “informó” públicamente —de forma parcial y sin la debida transparencia, como siempre— que el séptimo congreso del partido se celebrará en abril de 2016, y que se realizará una reforma a la ley electoral del país, aunque nada se dijo en detalles.

No se aclara nada sobre la reforma de la ley electoral, y aunque algunos quieran pronosticar o adivinar, por ahora queda a la especulación, con la única certeza de que la ley electoral debería estar acorde con lo que el régimen pretenda para 2018.

Por otra parte, está visto para lo que sirve un congreso del partido comunista, ahora o en cualquier momento, en Cuba y en todas partes del mundo: para nada. Su convocatoria, más que necesidad o para establecer programas, es producto de la mentalidad burocrática y administrativa —no de liderazgo— de Raúl Castro y su insistencia en que se cumplan los plazos establecidos y los calendarios, aunque no se resuelva nada. Así sucede con los congresos del partido, pero también con los plenos del comité central, las reuniones del consejo de ministros ampliado y los “congresitos” de las organizaciones de masas.

Ahora la maquinaria propagandística del régimen hablará del camino hasta el congreso y se avanzará sin prisa pero sin pausa hacia el máximo cónclave. Los ilusos y los perversos de allá o aquí repetirán —de hecho ya comenzaron— que ahora sí, que está vez sí es en serio, porque se trata del “relevo generacional”, poniendo como ejemplo cambiar a los Raúl Castro, Ramiro Valdés, Machado Ventura y Abelardo Colomé (casi 330 años de edad entre ellos cuatro) por los “jóvenes” Miguel Díaz-Canel, Marino Murillo, Bruno Rodríguez y Mercedes López Acea, todos del buró político. Aunque aclarando que los generales de Cuerpo de Ejército “Polo” Cintras Frías (y Álvaro López Miera, aunque no lo mencionen todavía) quedarán de guardia, “por si acaso”.

Así que, como puede verse, algo se está cocinando en La Habana y es necesario desentrañar en qué consiste y qué persigue, para saber como actuar. Poco nos servirán las quejas contra la administración Obama; o seguir repitiendo que el gobierno de Estados Unidos no contó con los cubanos para tomar una decisión soberana que le corresponde plenamente a Washington; o queriendo saber cuanto cuesta transportar esperma desde EEUU a Panamá.

Mejor tratar de entender lo que se está cocinando en La Habana.


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