Actualizado: 22/10/2020 10:32
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EEUU, Elecciones, Demócratas

Aviso a los demócratas: no se confíen en las encuestas

Lo que hasta el momento muestran los conteos, podría cambiar con la evolución de lo que ocurra durante los próximos tres meses

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Cualquiera que siga el resultado de las últimas encuestas realizadas en este país puede llegar a creer, o soñar, que Donald Trump tiene la reelección perdida. Es un error.

El actual presidente republicano no solo tiene suficientes posibilidades para recuperar terreno y continuar el próximo año en la Casa Blanca, sino —y es lo más importante— estas posibilidades no dependen en buena medida de si lo hace bien o mal.

Ello ocurre porque lo que hasta el momento muestran los conteos —el disgusto o rechazo al manejo que Trump ha hecho de determinados problemas y situaciones— podría cambiar con la evolución de lo que ocurra durante los próximos tres meses. Y esta evolución en gran medida puede depender de factores ajenos a la gestión presidencial, o simplemente circunstanciales, pero que implicarían un cambio de percepción en el electorado que le daría la victoria a Trump.

Las dos causas fundamentales que han llevado a una pérdida de popularidad del mandatario son la epidemia de coronavirus y el manejo del conflicto racial, colocado en primer plano tras la muerte de George Floyd.

Una tercera sería la situación económica, pero la realidad es que, pese a que la actual cifra de desempleo en Estados Unidos se sitúa alrededor del 11 por ciento, el plan de estimulo de abril ha servido para salvar de problemas financieros a muchos que se han quedado sin trabajo, e igual función desempeñará el segundo que actualmente se discute en el Congreso. Así que, de ocurrir una grave crisis económica en millones de familias estadounidenses, ello tendrá lugar el próximo año y será tarea para el presidente de turno, demócrata o republicano.

El aumento de los casos de coronavirus y la consecuente alza de muertes golpea con fuerza a la administración, pero esta fase de la pandemia podría estar superada o en buena medida reducida para noviembre, debido a características de la propia enfermedad y no por una mejor o peor actuación del gobierno.

Suecia, por ejemplo, que ha seguido la estrategia de buscar una inmunidad colectiva sin imponer medidas de aislamiento, ha visto disminuir su tasa de infección y mortalidad sin llegar a alcanzar el número de muertes que se esperaba ocurrieran tras el virus infectar al 70 por ciento de la sociedad y entonces aniquilarse por sí mismo.

Hay indicios, si bien no concluyentes, de que la inmunidad colectiva para este virus comienza a activarse una vez que alrededor del 20 por ciento de la población está infectada, no el 60 o 70 por ciento. Y ello favorecería a Trump y a todos.

Describir a sus detractores como seres violentos ha sido uno de los fundamentos de la retórica del mandatario desde finales de la década de 1980. Durante su campaña presidencial de 2016, no se cansó de describir a los inmigrantes como criminales.

En todos los casos, son menajes que promueven el miedo y la división, mientras él se presente como abanderado de la ley el orden.

El problema para los demócratas es que los actos de violencia, saqueos y daños a la propiedad pública y privada, que si bien han disminuido sustancialmente siguen ocurriendo, solo sirven para darle municiones a la campaña del mandatario.

Una encuesta reciente del Washington Post-ABC News, muestra que la mayoría de los estadounidenses apoyan el movimiento Black Lives Matter, pero al mismo tiempo se opone a transferir algunos fondos de la policía a los servicios sociales, eliminar las estatuas de los generales confederados y presidentes y políticos que fueron dueños de esclavos.

Así que un aumento de la violencia callejera —y la participación de agentes federales reprimiendo y realizando detenciones puede llevar a ello— tendría en muchos electores el efecto conocido de revalorar la frase de Goethe: “Prefiero cometer una injusticia antes que soportar el desorden”.

Lo grave de todo ello, para el Partido Demócrata, es esa ausencia de un programa hecho público, más allá de alguna que otra declaración oportuna y las afirmaciones de algunos de sus líderes. El primer paso a tomar es acabar de nominar a un vicepresidente que acompañe en la boleta a Biden, el virtual candidato presidencial.

Los demócratas no pueden seguir dejándolo todo “en manos de Trump”, confiando en que todo lo hace mal y alimentándose de las críticas diarias. Porque la casualidad, las circunstancias o el destino, no siempre resultan confiables.


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