Actualizado: 05/04/2020 0:00
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Espías, Red Avispa

Avispa estará suelta muy pronto, al cumplir su condena

Al gobierno cubano le resultan más convenientes “Los Cinco héroes prisioneros del imperio” tras las rejas, que en libertad

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Muy pronto saldrá de una cárcel federal en Florida el señor René González, uno de los miembros de la “Red Avispa” al servicio del gobierno cubano, tras cumplir trece años de prisión, que deberá complementar con tres años más de libertad condicional y vigilada, de acuerdo a la sentencia de los tribunales de Estados Unidos.

La “Red Avispa” la conformaban cerca de dos decenas de personas con la misión de espiar en instalaciones militares de Estados Unidos, algunos de los cuales lograron escapar a la justicia y otros aceptaron cooperar con los tribunales norteamericanos para recibir sentencias más benignas —procedimiento típico de la justicia norteamericana para buscar la cooperación de eventuales encausados—, sin embargo, la propaganda castrista, se ha concentrado desde hace muchos años en una campaña por “Los Cinco”, como ha logrado que sean conocidos los espías que se mantuvieron fieles a La Habana.

Tan efectiva ha sido la campaña del régimen que, una buena parte de los cubanos en la Isla, y la gran mayoría de las personas que en el resto del mundo se pronuncian a favor de los “Cuban Five”, solamente conocen la versión oficial del Gobierno cubano, y se pronuncian a favor de los convictos en respuesta a una supuesta gigantesca injusticia orquestada por oscuras fuerzas anticubanas.

El manejo de esta situación por La Habana, desde los primeros momentos, se basó en una actitud de guapo de barrio sorprendido in fraganti, señalando que los detenidos en 1998 por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) no eran espías ni mucho menos, sino simplemente “luchadores antiterroristas” que necesitaban vigilar a los exiliados de línea dura para proteger la seguridad y la integridad de la nación cubana frente a macabros planes de “la mafia de Miami”. Según esta versión del Gobierno cubano, el cuartel general del Comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos y la Base Aérea de Homestead no serían instalaciones militares, sino instituciones al servicio del exilio anticastrista. Tal posición es un perfecto caso de estudio acerca de cómo no deben manejarse las cosas en casos como estos.

A manera de comparación, veamos lo siguiente: el año pasado fueron capturados por el FBI una decena de espías al servicio de Rusia y tras discretas negociaciones, semanas después, fueron canjeados por espías al servicio de Estados Unidos presos en la nación eslava.

Más que pretender que sus espías en Estados Unidos eran heroicos “luchadores por la paz”, como definía la antigua Unión Soviética a connotados espías a su servicio como Richard Sorge, Rudolf Abel o Kim Philby, Rusia mantuvo una postura de potencia mundial para manejar el caso el año pasado: silencio, discreción, y negociar con el gobierno norteamericano una oferta de canje de espías capturados, sin pretender justificaciones morales o ideológicas por una actividad que —desde tiempos remotos— realizan todas las naciones para proteger sus intereses. Ese enfoque de realpolitik rindió frutos inmediatamente, y los espías fueron canjeados.

El régimen cubano, por el contrario, pretendió disfrazar de arcángeles a sus espías capturados y lanzar una campaña nacional e internacional cada vez más extensa, sostenida y costosa, a favor de su liberación incondicional, sin ofrecer nada a cambio: simplemente, porque ese era el deseo de Fidel Castro, con su acostumbrada arrogancia.

La campaña ha sido tan intensa que hasta el mismo régimen llegó a creerse su propia propaganda y Fidel Castro proclamó el año pasado que “Los Cinco” estarían en Cuba antes del 31 de diciembre de 2010.

Sin embargo, lo que para el Gobierno cubano es asunto vital de propaganda y movilización, en Estados Unidos se maneja como lo que es: un tema de administración de justicia, que pronunció sentencia a los espías tras juicios realizados con garantías procesales, y que, frente a reclamaciones posteriores sobre aspectos eventualmente improcedentes; revisó el proceso, ordenó adecuaciones consecuentes en las sentencias dictadas, y revisó los casos nuevamente en instancias superiores de apelación.

La pretensión del Gobierno cubano de que René González cumpla lo que resta de su sanción, tres años de libertad vigilada, en Cuba y no en Estados Unidos, es grotesca, absurda, y prácticamente irrealizable, pues entre Cuba y Estados Unidos no existen mecanismos ni canales de cooperación policial o judicial efectivos y confiables, y tal “libertad vigilada” en la Isla se convertiría en una campaña antiimperialista más y una burla a la justicia norteamericana.

La oferta que llevó Bill Richardson a Cuba hace pocas semanas, de liberar a Alan P Gross por razones humanitarias y obtener a cambio el regreso de René González a Cuba inmediatamente después de su excarcelación, ni siquiera fue escuchada por los mandarines cubanos.

Este no es un asunto de venganzas personales, sino del funcionamiento del sistema judicial en Estados Unidos. El detenido que será muy pronto excarcelado tiene doble ciudadanía, pues nació en Estados Unidos. Se dice que su renuncia a la ciudadanía estadounidense podría agilizar un proceso de deportación casi automático, que le posibilitaría regresar a Cuba mucho antes de tener que cumplir los tres años de libertad condicional que se le impusieron.

Sin embargo, tal vez esta variante no le interese demasiado al Gobierno cubano, porque en realidad el caso de “Los Cinco”, más que reclamación de “justicia”, es un factor de movilización nacional y exaltación patriotera, que el régimen necesita desesperadamente en un momento en que el país, como ha reconocido oficialmente la gerontocracia, se encuentra al borde del abismo.


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