Actualizado: 03/08/2020 12:54
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Castrismo obsceno

Hoy se deploran las prisiones, los fusilamientos y las redadas, pero se olvida cuánto ha vilipendiado la lengua del régimen.

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Se ha dicho que el castrismo es como una larga noche, como una noche oscura. Se olvida decir que no se trata de la noche de los amantes, ni de la madrugada de los cuerpos enamorados, sino de una noche obscena.

Tuve la mala pata de conocer la oscuridad total en la Seguridad del Estado, cuando me sacaban de mi celda y me conducían a una sala de interrogatorios, sin que me fuera posible saber si era de día o de noche. En 1968, en la Escuela Provincial de Arte de Cienfuegos, el director Antonio Añón organizó una redada contra los "desviados" sexuales, y durante una madrugada interminable, Edel Bordón y Noé González Morfa, dos peones de la Unión de Jóvenes Comunistas, me interrogaron despiadadamente en una oficina apagada.

El castrismo es un mirahuecos. Te mira por un hueco en el muro que separa a los cubanos. Y si la cosa se quedara ahí, si vigilara a los muchachos que se pasan de cama en una beca, todo estaría bien. A fin de cuentas, la función principal del Estado es mirar. El Estado es el ojo en el tope de la pirámide, y su visión es necesariamente super-visión. Somos objetos de observación del Estado dondequiera que nos encontremos.

Pero sucede que el castrismo, después de mirar, habla. El castrismo "chivatea", "echa pa'lante", "te la guarda", y ventila tus secretos en público. Los datos obtenidos mediante la observación detallada son engavetados con el fin de revelarlos en el momento propicio. Cierta vez, a la edad de 12 años, mientras me encontraba de visita en La Habana, conocí en casa de mi tía Delia a una vecina que militaba en los Chicos del Crucifijo, un inocente grupo de hippies cubanos de la época. La muchacha me pidió que le dibujara crucifijos en unos pulóveres. Niño al fin, firmé mis torpes bosquejos. Seis años más tarde, durante los interrogatorios en la Seguridad del Estado, me preguntaron por esa chica que ya no recordaba. Me refrescaron la memoria mostrándome una foto de los pulóveres con mi firma.

Síndrome de lucidez diferida

El castrismo habla cochinadas, difama a sus conejillos de Indias. Como la Linda Blair de El Exorcista, escupe mierda y salpica todo a su alrededor, especialmente lo más sagrado: el amor, la familia, la propiedad privada y el Estado. La Escuela Provincial de Arte de Cienfuegos ocupaba las oficinas expropiadas al senador Santiago Rey Perna. Mi interrogatorio por "desviado" tomó lugar en el antiguo despacho de quien fuera uno de los firmantes de la Constitución del 40.

En La tentación de San Antonio, de Flaubert, el personaje de Hilarión le recuerda al santo que "el que transgrede con hechos, escandalizará con la lengua". Esto es rigurosamente cierto respecto a la revolución cubana. Hoy se deploran las prisiones, los fusilamientos y las redadas, pero se olvida cuánto ha vilipendiado la lengua del castrismo.

Desde el principio se nos tildó de "gusanos", de "escoria", de "mercenarios", de "cochinos" y de "bandidos". El castrismo ha sodomizado lo mismo a los vecinos de cada cuadra, que a los muchachos en sus albergues, que a Michael Parmly en su Sección de Intereses, que a Vicente Fox en su palacio, que al canciller Castañeda en su cancillería, que a Martha Beatriz Roque en su cocina o a Yoani Sánchez frente a su computadora. A Lázaro González, durante el caso de custodia del niño Elián, se le acusó nada menos que de pedófilo.

El castrismo quiere que internalicemos su obscenidad: René Ariza dejó claro que el castrismo se lleva por dentro. Existe un síndrome de lucidez diferida que padecen las víctimas de las ofensivas del castrismo, que los hace verse como sujetos conscientes de la ofensa. Pero hay que aclarar que en el momento de recibir el insulto no sabemos lo que nos está pasando, y que si lo sabemos, será como intuición de una impureza no localizable. Nos autocensuramos, y sólo mucho más tarde, gracias a un aguzado instinto de conservación, podremos ensuciar sin remordimientos a Edel Bordón, a Antonio Añón, a Noé González Morfa y a la revolución cubana.


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