Actualizado: 14/09/2019 3:07
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Castro y compañía sordos ante la frustración de los cubanos

El régimen está en apuros, tanto en la arena nacional como internacional, y no es siquiera capaz de mirar a su propio pasado para encontrar una solución

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Las cosas no van bien para La Habana y el régimen sencillamente no lo entiende.

El 4 de abril Raúl Castro declaró en la clausura del Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas: “La batalla económica constituye hoy, más que nunca, la tarea principal”. Sí, la economía es una batalla, pero únicamente porque el régimen se niega obstinadamente a lidiar con el mercado. Sí, las empresas estatales deben deshacerse de hasta un millón de trabajadores en nómina, pero el régimen se niega a legalizar el sector de la pequeña empresa. Sí, el estado es paternalista y la agricultura lamentablemente improductiva, pero ¿a quién hemos de culpar sino a los que están en el poder desde hace ya demasiado tiempo?

Desde principios de marzo en La Habana vienen circulando rumores sobre un escándalo por corrupción. Están involucrados un alto general de gran pedigrí revolucionario y un veterano empresario chileno con vínculos cercanos a Fidel Castro. Las autoridades de Cubana de Aviación, el aeropuerto, las aduanas, el Ministerio de Transporte y agencias de viajes estaban utilizando los aviones de la línea aérea para transportar pasajeros extraoficialmente. ¿Será que se está produciendo una sigilosa privatización entre los viejos revolucionarios?

Pero es en la arena internacional donde el régimen está en sus mayores apuros. La muerte de Orlando Zapata y la decisión de Guillermo Fariñas de declararse en huelga de hambre el 24 de febrero han puesto en jaque al gobierno. La dirigencia cubana sólo se limita a ver en la protesta mundial por la muerte de Zapata una vasta conspiración. Para salvarle la vida a Fariñas sólo habría que liberar a dos docenas de prisioneros políticos en malas condiciones de salud.

Ante la UJC, Castro también afirmó: “No cederemos jamás al chantaje, de ningún país o conjunto de naciones por poderosas que sean, pase lo que pase.” Se dibuja a sí mismo acorralado cuando todo lo que tiene que hacer es mirar hacia el propio pasado del régimen para encontrar una solución.

En 1968 Fidel Castro despidió a Ramiro Valdés del Ministro del Interior y puso a Sergio del Valle al frente del MININT. Del Valle mejoró las condiciones carcelarias,inició conversaciones con los presos políticos y estableció un plan para liberarlos. Recientemente el Fiscal General de la Repúblico, Juan Escalona, fue removido de su cargo y el 16 de abril Darío Delgado tomo posesión de la fiscalía. ¿Por qué La Habana no toma nota de su pasado y traza otro camino para saldar la crisis actual?

¿Por qué la liberación de dos docenas de prisioneros políticos por razones humanitarias constituye tal afrenta a los “principios” del régimen cuando 3.600 fueron liberados a finales de los 70? La dirigencia entonces se sentía segura y pensaba que la Guerra Fría duraría para siempre. Washington y La Habana se estaban arreglando, lo que le brindaba al régimen cobertura para la liberación de los prisioneros.

El régimen se enfrenta hoy a una sociedad inquieta, sobre todo los jóvenes que sólo han conocido dificultades y líderes que viven en el pasado. En 2005 Fidel Castro advirtió que la revolución sólo podría ser derrotada desde dentro, y estoy de acuerdo. Sólo que sus recomendaciones –mantener las ideas correctas, eliminar los mercados, nunca hacer concesiones– constituyen una receta para el desastre. Quizás Raúl y otros de su generación lo sepan, pero no se deciden a desafiar al Comandante.

En cualquier caso, el escándalo de corrupción que aún continúa confirma que ciertos sectores de la élite también se inquietan. Funcionarios de segundo y tercer nivel probablemente se estén tirando de los pelos frente a tanta intransigencia, cuando sería tan fácil terminar con la protesta internacional ¡con sólo liberar a los presos!

Entrevistado por el periódico argentino Página 12, el cantautor Silvio Rodríguez afirmó: “Creo que hay que superar la lógica de la Guerra Fría y que nuestra política no debería articularse con la política de nadie. No me importaría que dijeran que los liberé por presión. Yo sabría que lo hice porque hay que cambiar la vieja lógica, porque no podemos ser prisioneros eternos de nuestro pasado”. Pero superar el pensamiento de Guerra Fría significa abrir la economía, prestar atención a las ideas nuevas y transigir. No hay cuadratura del círculo.

Quizá la mayor diferencia entre finales de los 70 y la actualidad radica en que la demanda proviene ahora desde Cuba. No se trata solamente de que los huelguistas hayan demandado la liberación de los prisioneros, sino de que muchos en el gobierno se están preguntando qué problema hay si se les libera. ¿O acaso su liberación no ayudaría a España en su argumento en contra de la Posición Común en la Unión Europea y retomar el diálogo con Washington?

Pero eso es ir cuesta abajo, dirían Fidel, Raúl y el resto de la gerontocracia. ¿Qué vendría después? ¿Firmar un tratado de cooperación con la Unión Europea con una cláusula democrática? ¿Legalizar el sector de la pequeña empresa? ¿Publicar la entrevista de Silvio en Juventud Rebelde?

¡Pues sí!


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