Actualizado: 03/07/2020 15:57
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| Opinión

Plaza de la Revolución, Performance, Tania Bruguera

Con Fidel, esto no pasaba

Hasta en el uso de la arbitrariedad Cuba está cambiando, y en este sentido hay que reconocerlo

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Tania Bruguera anunció a las autoridades que les cogería para el relajo —desde una perspectiva totalitaria— en nombre del arte, la sacrosanta Plaza de la Revolución. Lo haría, metiendo allí un micrófono para que la gente dijera lo que le diera la gana, vaya, como para que además de decir lo que les prohíben, sacar a ese Fidel Castro que cualquier cubano lleva dentro.

La cosa creó tremenda expectativa dentro de la disidencia y dejando a la zaga a la oposición establecida, que en el exilio no ha podido menos que emular la acción reuniendo cuatro gatos frente a la Torre de la Libertad, incluida entre ellos Rosa María Payá, vano intento de reactivar el protagonismo de un apellido cuya inercia política comienza agotarse.

¿Y qué hicieron ellos, los del gobierno? Actuar con desgano, reprimiendo por lo bajo, primero lanzando a la burocracia cultural de la UNEAC a desautorizar el acto, en lugar de comenzar por donde comienza toda dictadura establecida, por la acción de los tribunales ya sometidos, y luego pasaron a guardar a ratos a los principales implicados, usando para ello los policías menos brutales, incluso “con respeto”; como los describe la propia Tania en una de sus declaraciones, tras el primer arresto. ¡Que gran diferencia con respecto a los tiempos del caso Padilla, donde se reprimía al artista con auténtica vocación!

Incluso, se han inhibido, hasta el momento, de hacer dentro de la Isla la típica acusación contra la artista de ser agente de la Cía, recurso que se ha reservado a 90 millas, el vocero oficialista Edmundo García, cuando el mismo 30 de diciembre arremetiendo contra Tania Brugera desde su programa radial en Miami, La Tarde se mueve, acusó impunemente a la creadora de trabajar para un “servicio secreto”.

¿Y qué han logrado a cambio?: darle bombo a la noticia, que el mundo entero hable del acto evitado, más que si se hubiera realizado, hasta en Suecia se divulgó la denuncia. Un tal Erik de la Reguera ha entrevistado para el matutino Dagens Nyheter al antiguo responsable de Cuba en el Centro Internacional Liberal, Erik Jennische, hoy empleado del Civil Rights Defenders, el activista sueco ha informado del arresto de la artista Tania Bruguera, y del activista Antonio Rodiles (con cuyos familiares se acababa de comunicar) destacando que la represión en Cuba ya no puede culpar a la política de Estados Unidos hacia la Isla.

En la nota pasa por alto que la justificación para la represión en Cuba no está en que Estados Unidos tengan relaciones diplomáticas o no, de hecho la oficina de intereses funcionaban prácticamente como embajadas, sino en un embargo comercial que todavía no se ha levantado, pese a los cambios hacia la isla impulsados por Obama.

En realidad ha pasado lo que muchos deseaban, en particular en el exilio, quienes no habrían resistido un nuevo alarde de tolerancia por parte del gobierno, como el que se dio en la edición anterior del mismo experimento, el famoso Susurro de Tatlin en 2009, durante la 10ma Bienal de La Habana, donde hasta Yoani Sánchez pudo hablar.

Mas, lo que se está pasando por alto ahora, por parte de la mayoría de los analistas, es una nueva forma de actuar que marca la diferencia entre el Fidelato y el Raulato, dentro de la continuidad castrista.

Cuándo se vio en la Cuba de Fidel que un artista dentro de la Isla, por mucha residencia en el extranjero que tuviera, pudiera retar al poder por todos los medios y que este esperara el último minuto para actuar. Esto con Fidel no pasaba. A la primera llamada a la plaza, ya habrían convocado un mitin repudio con las brigadas de acción rápida, seguido del encarcelamiento, juicio y condena de Tania, por contrarrevolucionaria. ¿Alternativa? Llenarle la plaza de congas, turbas y demagogos para convertir la tribuna abierta en un acto de respaldo al sistema.

Nada de eso ha pasado, ha sido, aunque no quiera reconocerse, un acto de represión por lo bajo, casi con pinzas, sin que haya que restarle méritos por ello al coraje de la artista y a sus seguidores quienes podría haber salido peor parados.

El caso es que hasta en el uso de la arbitrariedad Cuba está cambiando, y en este sentido hay que reconocerlo; el Fidelismo está muerto y enterrado. Combatir a Raúl —o su heredero— como si actuara de la misma forma que su hermano ya retirado, sólo puede conducir a otros 50 años de fracaso.

PD: Ya había redactado esta nota cuando llegó la noticia de que Tania Bruguera había vuelto a ser raptada por el Estado[1] y una movilización internacional de artistas e intelectuales se había desatado, reclamando su liberación en una carta. Sigamos la pista al hecho a ver si se reactiva o no el viejo fantasma. Yo apuesto por que no se seguirá “empadillando” la cosa.



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