Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Cuba, EEUU, Trump

Cuba-EEUU: embullos de la tercera edad

Desde 1960 se vienen ensayando todas las modalidades de la guerra como continuación de la política y de la política como continuación de la guerra contra el castrismo

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A un tardocastrismo atorado con papeles y más papeles sin cambiar nada en esencia, no puede menos que corresponderle un anticastrismo tardío embozado con apariencias de cambios en la política de Estados Unidos hacia Cuba.

Al que no quiere caldo de socialismo burocrático, tres tazas: modelo (¿eterno?), lineamientos 2016-21 y bases hasta 2030 son los documentos claves que discute la Asamblea Nacional en sesión extraordinaria este primero de junio. Para mediados de mes se anunció ya que Trump largará en Miami un discurso, al estilo de mitin de campaña, con no se sabe qué medidas contra el castrismo, aunque se insinúan mayor control del relajo en los viajes a Cuba y cierto enfoque desalentador de las transacciones con entidades bajo el paraguas corporativo militar.

Demencia senil

Desde que la súper estación CIA en Miami se mudó a un efficiency en Miami Beach hacia 1968, la política de EEUU hacia Cuba no ha sido otra cosa que el giro que cada inquilino de la Casa Blanca da al mismo monigote que el historiador Louis A. Pérez definió como Cuba in the American Imagination: Metaphor and the Imperial Ethos (2011).

Al ritmo del cambio de partido en el poder ejecutivo, cada cuatro u ocho años, el presidente estadounidense toma ciertas decisiones sobre cómo seguir lidiando con el castrismo corriente. Ninguno aplica a rajatabla la ilusoria Ley Helms-Burton (1996), sino que pregona: ¡Ahora sí vamos…! Todos tienen que cambiar el paso, porque se les rompe el vestido de paladines de la libertad y la democracia. Y cada uno usa al anterior de trampolín para ejecutar su pirueta de clavado anticastrista en la piscina del Caribe.

Desde aquel Program of Covert Action against the Castro Regime (1960) que elaboró la CIA y Eisenhower aprobó, se vienen ensayando todas las modalidades de la guerra como continuación de la política y de la política como continuación de la guerra contra el castrismo. Así que Trump no podrá bajarse con ninguna ficha novedosa, sino apenas con dar agua al dominó de las mismas fichas sin esperanzas de pegarse ni de cerrar el juego con menos puntos.

A principios de campaña, Trump coqueteó con la estrategia de Obama: ejercer el poder blando del comercio y demás relaciones concurrentes. A fines de campaña y al pasar la caravana de la victoria por la Florida, Trump sugirió apretar las clavijas. Sin embargo, no había puesto reparos al cambio de política migratoria por Obama —abrogación de la regla pies secos/pies mojados— y subió la parada con un cambio en la política de inversión en la transición a la democracia en Cuba: cancelar la asignación de fondos del Departamento de Estado.

La jugada de Trump está cantada. A pesar de que no sabe, como nunca ha sabido ninguno de sus predecesores, qué hacer para sacar a la Isla de Cuba pintoresca del castrismo tardío, sabe que saldrá del paso tachando a Obama y haciendo algo —cualquier cosa— para marcar la diferencia —cualquier diferencia— con aquel presidente demócrata.

Y entonces, por cualquiera de las cosas que decida Trump para diferenciarse de Obama, el embullo cundirá entre los opositores y demás vectores del anticastrismo tardío que, sin tener ni poder pedir respaldo político ni siquiera a sus vecinos, piden y quieren que EEUU venga a meter las narices en algo que solo compete a ellos y eso que llaman pueblo cubano. Así parecen, en vez de víctimas de la represión, rebeldes con estatus de beligerancia reconocido.

Igualmente se embullarán los núcleos del anticastrismo tardío en el exilio, en especial la troika Rubio-Menéndez-Díaz-Balart, que viene pregonando el viraje trumpiano para aliviar una vez más el desespero implícito en saber de antemano, aunque se lo callen, que revertir, endurecer o hacer cualquier otra cosa con la política de EEUU hacia Cuba nunca pasará de machacar más o menos con las mismas medidas de siempre que siempre fallaron en eso de acabar con la dictadura e instaurar la democracia.

Coda

Y así como jugársela al modelo socialista con lineamientos y bases de planificación a largo plazo es locura del vejestorio en el Gobierno, el embullo con Trump es locura del vejestorio en la mentalidad de la oposición, en ambos casos por simple repetición de los mismos errores a la espera de resultados diferentes.


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